Este no es el primer animal que encuentran muerto en las playas de Yucatán

Estas son las primeras alertas de un problema mayor: el descuido del medio ambiente frente a la contaminación, el calentamiento global, derrames de petróleo y las construcciones hoteleras en zonas con especies vegetal y animal de suma importancia para el planeta.

De aproximadamente 5 metros de largo y 2 toneladas, una ballena encalló muerta en Yucatán. Se trata del primer arribo de esta especie en la historia moderna del estado de Mérida, ya que hasta el momento no se había documentado otra situación similar en los últimos 50 años de la zona.

Sin embargo, no ha sido el único animal que ha recalado en estas condiciones en los últimos meses del 2016: el último sábado del mes de enero llegó a estas playas, un delfín en estado de putrefacción; y el día seis de enero, una tortuga de carey. Inclusive, de acuerdo con el primer informe del departamento de Ecología del Ayuntamiento de Progreso, la ballena recaló con signos evidentes de putrefacción en diversas partes del cuerpo que fueron masticadas y arrancadas por otros animales marinos.

Estas son las primeras alertas de un problema mayor: el descuido del medio ambiente frente a la contaminación, el calentamiento global, derrames de petróleo y las construcciones hoteleras en zonas con especies vegetal y animal de suma importancia para el planeta.

En el caso que quieras formar parte del movimiento para reducir que numerosas especies lleguen al punto de la extinción, te compartimos diez maneras de proteger especies en peligro de extinción.

 

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Las aves del mundo están muriendo, y la causa es realmente desoladora:

El 80% de las aves marinas en el planeta tienen restos de plástico en su estómago.

Las aves marinas, como las gaviotas, flamingos, albatros, pardelas y pingüinos, son aquellas especies que se alimentan en ecosistemas acuáticos, como lo es el Golfo de México, las costas del Pacífico y las islas caribeñas. De acuerdo con el Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa (ILCE), algunas de estas aves solo necesitan alimentarse de organismos que viven en las costas o playas, otras viven de los seres vivos que se asoman a la superficie de los mares e incluso algunas especies se sumergen en el agua para encontrar su alimento.

Para adaptarse a las circunstancias de su hábitat, las aves marinas presentan diferencias tangibles respecto a las aves terrestres, ya que suelen tener picos más largos para sumergirse en suelos blandos, como la arena de una playa. Sin embargo, un estudio presentado en 2015 por la agencia de investigación australiana Csiro y el Colegio Imperial de Londres, descubrió que estas aves también se alimentan de plástico, debido a la alta contaminación en regiones acuáticas.

El estudio estuvo liderado por los científicos Denise Hardesty, Chris Wilcox y Erik van Sebille y fue publicado en la revista PNAS. De acuerdo con CSIRO, el 80% de las aves marinas en el planeta tienen restos de plástico en su estómago.

Esta cifra es alarmante cuando se compara con la cantidad de plástico encontrado en aves en la década de 1960, la cual era menor al 5%, además, de acuerdo con los datos presentados por la agencia de investigación, se estima que para 2050 el número aumentará a un 99%.

Al tomar en cuenta el análisis de los datos históricos, el estudio afirma que cerca del 90% de estas aves ha ingerido al menos una vez en su vida plástico, especialmente tapas de botellas, bolsas y ropa sintética. Estos restos llegan al océano, generalmente, a través de ríos urbanos, depósitos de residuos y alcantarillas.

CSRIO afirma que al encontrarse con restos plásticos, las aves se sienten atraídas por sus colores llamativos, pero los efectos de su consumo son severos, ya que pueden generar daños intestinales, pérdida de peso y en el peor de los casos, la muerte.

El centro de investigación científica australiano también menciona que la presencia de aves marinas saludables es un símbolo de un ecosistema en equilibrio, es decir, la cantidad de plástico en sus estómagos es un indicador de la contaminación marina.

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La doctora Hardesty informó que su equipo de trabajo llegó a encontrar hasta 200 piezas plásticas en el estómago de una sola ave. Hay que agregar que de acuerdo con los expertos de dicho estudio, el océano Antártico, Sudáfrica, las costas de Australia y América del Sur son las regiones con mayor cantidad de plástico que afecta a la fauna local.

Las regiones donde habitan mayor diversidad de especies son los blancos perfectos para los efectos negativos del plástico contaminante, especialmente por las aves que cuentan con alguna categoría de riesgo de extinción, ya que su conservación es prioritaria para el equilibrio ambiental.

Por ejemplo, en México habita la pardela de Revillagigedo (Puffinus auricularis auricularis), la cual es considerada el ave marina en mayor peligro de extinción del continente americano, de acuerdo con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Esta ave se encuentra amenazada por la contaminación de plástico y la fauna invasora.

Por ello, para disminuir el número de aves que son víctimas de este material, es fundamental que como turistas o habitantes de regiones marinas, se evite dejar residuos fuera de depósitos preestablecidos. La contribución de cada ciudadano es la respuesta para rescatar a las especies en riesgo.

COLABORACIÓN DE EARTHGONOMIC MÉXICO, A.C. Nuestra misión es fomentar el desarrollo de la sociedad en armonía con el entorno natural y el respeto a los seres vivos. Para más información visita:www.earthgonomic.org @Earthgonomic y /Earthgonomic



Conoce dónde viven las especies de animales protegidas en México con este mapa

Desde el oso negro, el águila real, el flamenco o el tiburón ballena; mira las regiones donde tienen sus hogares.

En México existen al menos 2 500 especies protegidas por las leyes. El tráfico ilegal de estas y el deterioro ambiental son las principales causas de que estén amenazadas, sobre todo desde hace unos 50 años.

Este país está entre los cinco más diversos, posee por ejemplo el mayor número de tipos de colibríes; tiene el primer lugar en diversidad de reptiles y sorprendentemente es el segundo en mamíferos con 448 especies.

Conocer esa diversidad es de alguna manera honrar esta tierra y para ello es importante, cada cierto periodo, dedicar algunos minutos a reencontrarnos con datos e información sobre su diversidad y de las distintas regiones del mundo (esta base de datos online puede serte muy útil por cierto).

Para generar más conocimiento sobre las especies protegidas en México, la revista México Desconocido ha elaborado sencillo mapa donde nos ilustra dónde viven. Encontrarás algunas de las que muy probablemente desconocías sobre su presencia en el país; un buen inicio para cuidarlas.

 

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Puedes ver a más detalle el mapa acá.



46% de las especies vegetales mexicanas está en peligro de extinción: UNAM

Al menos 90 especies ya están siendo preservadas mediante cultivo in vitro

México es famoso por su megadiversidad, pues figura entre los cinco países con mayor número de ecosistemas; sin embargo, la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) ha anunciado que de sus 30 mil especies de plantas 46% se encuentra, en mayor o menor grado, en peligro de extinción. 

El principal problema con la extinción de especies vegetales es que por cada una desaparecida, de 10 a 3 organismos asociados en flora y fauna desaparecen, lo que se convierte en una cadena muy compleja. 

En este escenario se advierte además del contrabando de especies, pues cuanto más se suma la lista de especies amenazadas, también crecen los contrabandistas que lucrarán con estas para venderlas a los coleccionistas. Aun con una realidad en contra, algunos investigadores están comenzando a preservar las especies gracias al cultivo in vitro (literalmente, en vidrio); hoy más de 90 plantas en peligro de extinción se están preservando de esta manera.

También recientemente se anunció un programa de adopción de plantas en extinción del Jardín Botánico de la UNAM, una estrategia que se suma a los esfuerzos por paliar esta abrupta disminución de especies. Para el investigador Víctor Manuel Chávez Ávila es necesario que las personas, sobre todo los campesinos que viven donde se encuentran las especies amenazadas, tengan los incentivos para sobrevivir y no lucrar por necesidad con las especies que están en peligro de extinción, para lo cual ya se realizan también algunos programas.



Quedan sólo 97 vaquitas de mar; invitan a firmar para protegerlas

En sólo 2 años, más de la mitad de su población ha desaparecido; de seguir esta tendencia, en 3 años se habrán extinguido

La vaquita de mar es, curiosamente, un animal poco conocido, aunque es precioso. Es muy parecido a un delfín, sólo que con unas manchas alrededor de los ojos muy parecidas a las de un oso panda. Esta especie es endémica del Mar de Cortés mexicano, pero los ambientalistas han estado muy preocupados en los últimos años por la abrupta desaparición de numerosos miembros de su especie. 

Hoy en México, según datos de organizaciones como Greenpeace, sólo quedan unos 97 ejemplares; así de inminentes serán las acciones que la sociedad deberá tomar para salvar a esta especie. En el lapso de solo 2 años, más de la mitad de la población de vaquita marina ha desaparecido, sobre todo, por la persistente pesca ilegal. 

En opinión de los especialistas, aún no se han tomado acciones contundentes ni se ha dado la importancia necesaria para salvar a la vaquita marina. Según algunas proyecciones, de continuar así la tendencia de desaparición de esta especie, en sólo 3 años estará extinta. 

Por todo lo anterior, algunas organizaciones y ambientalistas se han unido para presionar al gobierno mexicano para que tome acciones categóricas y urgentes para salvar a la vaquita marina. Aunque como decíamos en un inicio, esta especie es en realidad poco conocida, esta campaña está ayudando para que miles de personas conozcan el peligro que viven.

Si te suena, puedes firmar la petición aquí.



“El océano está roto”, relato de un marinero en su viaje al mar

El marinero aun está tratando de asimilar el horror que encontró en su último viaje en barco.

El marinero Ivan Macfayden relata la colosal desilusión que experimentó en su último viaje por lo océanos de Australia, Osaka, Japón, Nueva Guinea y Estados Unidos. Un testimonio devastador sobre cómo los mares están siendo destruidos por el hombre… Y nadie parece estar haciendo nada al respecto.

“Fue el silencio lo que hizo a este viaje distinto de todos los anteriores”, apuntó Macfadyen para el Herald. “El viento todavía azotaba las velas y chiflaba en las escotas. Las olas aún rompían contra el casco de fibra de vidrio. Y había muchos otros sonidos… Pero lo que faltaba eran los alaridos de los pájaros que, en viajes previos, habían rodeado al barco. Los pájaros faltaban porque los peces faltaban”.

Exactamente diez años antes, el marinero Macfadyen había veleado exactamente el mismo curso desde Melbourne hasta Osaka, y lo único que tenía que hacer para pescar era tirar una línea con carnada.

 Esta vez, en esa gran porción del océano, el total de peces que pescamos durante 28 días fueron dos”, apuntó. “Sólo la desolación del océano rodeó nuestro barco mientras recorríamos un mar fantasma”.

Después de esto, al norte del ecuador, arriba de Nueva Guinea, los marineros vieron un gran barco pesquero trabajando en un arrecife a la distancia.

Estuvo ahí toda la noche y todo el día. Y en la mañana nos dimos cuenta que habían mandado un bote de motor hacia nuestro barco. Obviamente me preocupé. Estábamos desarmados y los piratas están por todas partes en esas aguas. […] Pero no eran piratas, o al menos no en el sentido convencional. El bote llegó a nosotros y los malayos nos ofrecieron cinco bolsas de azúcar llenas de pescado. Era pescado bueno, grande, de todos los tipos. Algunos estaban frescos, pero algunos evidentemente habían estado en el sol por algún tiempo.

Les dijimos que no podíamos comer todo ese pescado, sólo éramos dos, sin lugar donde almacenar todo eso. Sólo se encogieron de hombros y nos dieron que los tiráramos por la borda. Que eso es lo iban a hacer de todas maneras.

Nos dijeron que esa sólo era una pequeña fracción de la pesca del día. Que ellos sólo estaban interesados en el atún y que para ellos todo lo demás era basura.

Macfadyen pensó en todos los barcos como ese, que se están acabando el océano poco a poco. Con razón el mar está muerto. Con razón sus líneas con carnada no pescaron nada. No había nada qué pescar. La historia continuó empeorando mientras avanzaban desde Osaka a San Francisco.

Cuando dejamos Japón, se sintió como si el mar estuviera en sí muerto. Casi no vimos cosas vivas. Vimos una ballena que estaba dando vueltas en la superficie con lo que parecía un gran tumor en su cabeza. En mi vida he recorrido muchas millas en el océano y estoy acostumbrado a ver tortugas, delfines, tiburones y grandes parvadas de aves de caza. Pero esta vez, por 3 mil millas náuticas no había nada vivo que ver.

En lugar de vida había basura en volúmenes impresionantes. Parte de ello era el debris del tsunami que atacó a Japón hace un par de años. La ola levantó una cantidad inconcebible de cosas y las llevó al mar. Y ahí siguen, en todas partes a donde volteas.

Macfadyen y su hermano encontraron nudos gigantes de cuerda sintética, hilo de pecar y redes; millones de pedazos de espuma de polietileno; manchas de petróleo y aceite; postes de luz con todo y cables que fueron arrancados por el tsunami; botellas de refresco; contenedores gigantes flotando en la superficie; una chimenea de una fábrica; y mucho más cosas. Tantas que no podían encender su motor por miedo a enredarse con algo si lo hacían.

“Estábamos serpenteando alrededor de toda la basura. Era como velear en un pozo de basura”.

De regreso en New Castle, Ivan Macfadyen aún está tratando de asimilar el horror que vivió en su viaje. “El océano está roto”, dijo.

Reconocer este problema es una tarea vasta, y parece que ninguna organización o gobierno tiene interés en hacer algo al respecto. Macfadyen panea convocar a ministros del gobierno, esperando que ayuden. Más inmediatamente se acercará a los organizados de competencias marítimas de Australia para que enlisten marineros en un plan internacional que utilice marineros voluntarios para monitorear el debris de la vida marina.

También en Ecoosfera: Cómo ayudar al océano desde tu casa

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