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¿Una limpieza espiritual con la eliminación de toxinas?

Foto:nanciyaga.com 

La lucha por la limpieza tiene orígenes espirituales: la contaminación de nuestro planeta es sólo la última cadena de una serie de batallas libradas por todas las filosofías tradicionales por mantener limpio y libre de residuos nocivos el microcosmos del cuerpo, al igual que nuestro hogar y nuestro lugar de origen, a veces con indeseadas consecuencias.

Los chinos usaban hierbas para liberar toxinas del cuerpo hace más de 3,000 años; los gurús de la India recomiendan Saucha, el sánscrito para “limpieza”, desde las sociedades védicas que tuvieron su apogeo hace 15 mil años. Hidroterapia, herbolaria, prácticas yóguicas de ayuno y limpieza, los saunas en la antigua Roma, los rituales de purificación Shinto en Japón, el baño marino ritual de los aborígenes Kumu, originarios de Oceanía, e incluso el bautismo cristiano son formas de deshacerse de todo lo indeseado del cuerpo y el espíritu en pos de un equilibrio perdurable.

Algo que tienen en común todas estas tradiciones es su énfasis en la limpieza de los siete canales del cuerpo: el hígado, los riñones, los pulmones, ganglios linfáticos, sangre, intestinos y piel. Algunos estudios afirman que más del 60% de las toxinas del cuerpo son causadas por la dieta y los cigarrillos; sin embargo, no es noticia decir que el nuestro es un planeta muy sucio, al borde de lo tóxico y lo cancerígeno en muchos lugares.

Y es que a diferencia de nuestro cuerpo, el enorme cuerpo de la Tierra no puede limpiarse rápidamente con aromaterapia: la radiación producida por las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki no sólo terminó con una gran cantidad de vidas humanas, sino que los gases volaron por el planeta, al igual que durante el accidente nuclear de Chernobyl en los años 80. La guerra en Irak también ha producido 17 veces más defectos de nacimiento que en etapas anteriores, y los desechos de la guerra, tanto físicos como intangibles, siguen siendo una amenaza.

Mente sana en cuerpo sano: la verdadera salud se alcanza con la ausencia de toxinas en el cuerpo. Esto que parece tan simple en realidad es hoy en día una utopía.

“Civilización” se ha vuelto sinónimo de “ocupación” y también de desperdicio. Alimentarnos con productos orgánicos es bueno, sin duda, pero no es suficiente. Es necesario seguir una rutina de ejercicios y reducir nuestros hábitos de consumo. Sí los primeros pobladores estaban ocupados en la limpieza del cuerpo como factor de equilibrio espiritual, en nuestros días la limpieza es mucho más que un lujo: a nivel personal y planetario es hacer espacio para que lo nuevo entre, deshaciéndonos de lo anterior.

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