Sobre el carbono azul o cómo los océanos combaten el cambio climático

Detener la degradación de los sumideros de carbono marinos y frenar la deforestación de los bosques tropicales, podría mitigar hasta un 25% las emisiones de CO2 en toda la Tierra.

Los océanos son expresiones de la naturaleza que albergan una gran belleza y diversidad biológica. Sus profundidades han inspirado a poetas, escritores y aventureros. Además, de acuerdo con especialistas, el cuidado de los ecosistemas también podrían ser clave para mitigar la crisis ambiental.

Se llama carbono azul al dióxido de carbono (CO2) almacenado en diferentes ecosistemas marinos y costeros como arrecifes de coral, bosques de manglar, fitoplancton, fanerógamas, macro algas fotosintéticas y otros humedales.

Esta captura de carbono corresponde a un proceso natural en el cual las plantas de los océanos capturan las emisiones de carbono de la atmósfera y lo almacenan durante milenios en el sedimento.

El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) afirma que los ecosistemas marinos capturan 5 veces más carbono que los bosques tropicales. Ante ello, el organismo internacional y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) consideran al carbono azul esencial para combatir el cambio climático.

PNUMA asegura que los ecosistemas oceánicos con cubierta vegetal, en particular los manglares y las marismas, cubren menos del 0.5% del fondo del mar. Sin embargo, su eficiencia como sumideros de carbono logra capturar entre el 50% y 70% del total del carbono en el planeta.

Es así que resulta necesaria la protección y conservación de los ecosistemas marinos, debido a que la mayoría de las políticas internacionales asumen el cuidado de los bosques como medida para el equilibrio ambiental, restando importancia a la gran capacidad de los mares y océanos.16-01-27 ecoosfera (1)

El ritmo de pérdida de los ecosistemas marinos es mayor que el de cualquier otro ecosistema. De acuerdo con PNUMA en algunos casos es hasta 4 veces superior al de los bosques pluviales. En promedio se pierde entre el 2% y el 7% de los sumideros de carbono azul por año, es decir siete veces más rápido que hace 50 años.

Detener la degradación de los sumideros de carbono marinos y frenar la deforestación de los bosques tropicales, podría mitigar hasta un 25% las emisiones de CO2 en toda la Tierra.

Promover la conservación de los ecosistemas marinos es la mejor estrategia para apoyar al planeta ya que los océanos son el hogar de especies emblemáticas como las ballenas, corales, tiburones, entre otros. Además, gracias a los mares y zonas costeras, muchas personas obtienen una remuneración económica por actividades sustentables. Sin duda, las profundidades del mar no dejan de sorprendernos.

COLABORACIÓN DE EARTHGONOMIC MÉXICO, A.C. Nuestra misión es fomentar el desarrollo de la sociedad en armonía con el entorno natural y el respeto a los seres vivos. Para más información visita: www.earthgonomic.org @Earthgonomic y /Earthgonomic



Cambio climático causa migración de inuits en Alaska

La población inuit votó por la reubicación pero no han tenido los fondos suficientes para lograrlo.

El cambio climático ha provocado una serie de afectaciones ambientales, sociales y económicas. De acuerdo con la ONU, las poblaciones indígenas han sido las más afectadas por este fenómeno, pues han tenido que enfrentar temporadas críticas de sequía o inundaciones –que impactan negativamente en la agricultura y ganado–.  Como es el caso de la población inuit en Alaska, en un pequeño pueblo de la isla Sishmaref, justo al norte del Estrecho de Bering. 

Esta comunidad esquimal es de tan sólo 600 miembros indígenas, y planean mudarse a tierra firme debido a los efectos del cambio climático, como por ejemplo la erosión costera. Para ello han realizado un referéndum: 89 de los miembros están a favor de la reubicación, 78, optaron por quedarse siempre y cuando se añadiera una serie de acciones ambientales preventivas. 

Desgraciadamente ambas opciones requieren un alto costo: el mudarse implicaría un gasto de 180 millones de dólares; quedarse con protección de control de erosión, 110 millones de dólares. Sin embargo, esta no es la primera vez que la comunidad está siendo amenazada por la naturaleza: tanto en en 1970 como 2002, la población inuit votó por la reubicación pero no han tenido los fondos suficientes para lograrlo. 

Para este pueblo inuit en Sishmaref es una cuestión importante pues implicaría un cambio de paradigma de la cultura misma. Han estado en esa isla por más de 10 000 años, por lo que la reubicación impactaría en cada una de las generaciones que han crecido –y crecerán– ahí. Pero hay algo seguro: “Cualquier decisión que se tome, necesitamos pensar hacia el futuro.”



Cambio climático incrementa número de guerras, estudio confirma

Los desastres climáticos no son los detonadores directos del conflicto, sino facilitadores que aumentan el riesgo de un conflicto violento dentro del contexto de las etnias.

Fotografía principal: porttada.com

Sequías e inundaciones son sólo algunas de las afectaciones más populares del cambio climático. Estas han conllevado a pobreza extrema de las poblaciones rurales, migración de etnias o trabajadores del campo hacia zonas urbanas para sobrevivir, expropiación de terrenos rurales por parte de grandes empresas que buscan recursos básicos como agua, madera, fosas petroleras, etcétera. Y parece relacionarse también con el incremento de guerras en el mundo.

En su investigación por parte del Potsdam Institute for Climate Impact Research, el Dr. Carl Schleussner explica que a lo largo de 30 años ha analizado estadísticamente la relación entre los conflictos armados y los desastres naturales causados por el cambio climático. Descubrió que al menos uno de cuatro conflictos en países divididos por etnias, coincidía con calamidades climáticas. Para él, las guerras deberían también agregarse en la lista de las consecuencias asociadas con el cambio climático: “Los desastres naturales asociados con el devastador cambio climático tienen un potencial disyuntivo que parece jugar un rol importante en sociedades étnicamente fraccionadas, en una manera particularmente trágica.”

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Los desastres climáticos no son los detonadores directos del conflicto, sino facilitadores que aumentan el riesgo de un conflicto  violento dentro del contexto de las etnias. La idea de asociar la violencia con desastres naturales es controversial. Pero se ha comenzado a considerar la diversidad étnica de un país como un factor indispensable en el surgimiento de guerras; principalmente con un bagaje de conflictos históricos, pobreza y desigualdades comunitarias. 

Globalmente hay un 9 por ciento de coincidencia entre un conflicto armado y un desastre natural como sequías y olas de calor; pero en los países con diversidad étnica, como en África, Asia Central y América Latina, aumenta hasta un 23 por ciento. Los países con mayor diversidad étnica son los más “fraccionados” y los “focos rojos” de conflictos violentos. 

En las proyecciones del cambio climático se ignoran las efectos sobre estas regiones que están necesitando apoyo para contener no sólo los efectos inmediatos de los desastres naturales, también prevenir la incidencia de eventos violentos. Por ello, el autor invita a considerar el efecto del cambio climático sobre la alta incidencia de guerras en el mundo y así reforzar una educación ecosustentable. 



Empresa mexicana y Coca-Cola evitan 8 655 toneladas de dióxido de carbono mediante reciclaje de PET

En 2015, ambas lograron evitar la producción de 8 655 toneladas de dióxido de carbono –CO2–, lo cual equivale a la energía utilizada en 790 hogares durante un año.

Imagen: detektor.fm

Las dos plantas de reciclado de PET en México, tanto América Latina Industria Mexicana de Reciclaje –Imer– y PetStar, empresa mexicana Coca-Cola, logran convertirse en las mayores empresas recicladoras de envases PET. En 2015, ambas lograron evitar la producción de 8 655 toneladas de dióxido de carbono –CO2–, lo cual equivale a la energía utilizada en 790 hogares durante un año. 

Estos son los resultados más relevantes de sus iniciativas en favor del bienestar ambiental a través de tres ejes de acción: agua, empaques y energía; los cuales permitirán mitigar el cambio climático que impacta en numerosas regiones del planeta: “Es una oportunidad para reflexionar acerca de la responsabilidad que tenemos con el cuidado de nuestro planeta y convertirnos además de sus custodios, en agentes de cambio”. 

Actualmente millones de los envases de PET están siendo elaborados con materiales 100 por ciento reciclados, incorporando además 28 por ciento de resina reciclada o proveniente de fuentes renovables; además, de acuerdo con el reporte:

Utilizamos energía proveniente de fuentes renovables como eólica y biomasa e integramos tecnologías de uso eficiente en nuestros equipos de refrigeración, red de distribución y los diferentes procesos que intervienen en nuestra cadena de suministro. Además, fuimos pioneros en el uso de equipos que utilizan CO2 como refrigerante natural, lo que evita en un 99 por ciento las emisiones directas de gases de efecto invernadero.

 De esta manera se pretende contribuir a mitigar el impacto de los efectos del cambio climático, para que así se reduzca un 10 por ciento la huella de carbono en toda la cadena de suministro para el año 2020; y así construir un presente y futuro sustentable para el medio ambiente y la población. De modo que a través del reuso, reducción y reabastecimiento, se pretende asegurar la existencia y renovación de los recursos naturales del planeta. Inclusive, en el reporte, se asegura que desde el 2014, la empresa devuelve a la naturaleza más del 100 por ciento del agua se utilizan en las bebidas de Coca-Cola, mediante la plantación de más de 68 millones de árboles que han contribuido a la absorción del agua en la tierra, “reabasteciendo manantiales, ríos y lagos.”

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La Tierra es hoy más verde gracias al CO2

Josep Pañuelas explicó que se ha podido atribuir el “el enverdecimiento del planeta al aumento de los niveles de CO2 atmosféricos provocado por el consumo de combustibles fósiles.”

Imagen: http://scenerybook.tumblr.com/

Se estima que el 0.04 por ciento del aire que respiramos son los gases de efecto invernadero acumulados en la atmósfera. De acuerdo con un artículo de la revista Nature Climate Change, esta cifra sería mayor si no fuera por la capacidad de las plantas por atraparlos y aprovecharlos para su crecimiento. Según parece, la Tierra ha ganado 36 millones de km2 de superficie verde –es decir, un equivalente de tres veces la extensión de Europa–. 

Este artículo, en el que participó la CREAF, centro adscrito a la Universidad Autónoma de Barcelona –UAB– tomó como referencia los últimos 33 años. Fue así que se descubrió que la biomasa terrestre aumentó un 40 por ciento de la superficie de la Tierra, en contraste con el 4 por ciento de lo que se redujo. Se cree que este fenómeno se encuentra relacionado con las altas concentraciones de CO2 producidas por un “potente fertilizante que se desconocía cómo había afectado a nivel planetario”.

http://photocosma.tumblr.com/
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Josep Pañuelas, científico del CREAF, escribió que se ha podido atribuir el “el enverdecimiento del planeta al aumento de los niveles de CO2 atmosféricos provocado por el consumo de combustibles fósiles.” Esto quiere decir que al haber más dióxido de carbono, las plantas han podido generar más hojas capturándolo de la atmósfera a través de la fotosíntesis: “Gracias a ello, el incremento de la concentración de este gas de efecto invernadero se ha visto frenado.” Inclusive, se atribuye al dióxido de carbono un 70 por ciento del enverdecimiento de la Tierra, mientras que el resto, los científicos consideran que el aumento de la biomasa proviene un 8 por ciento del cambio climático, 9 por ciento del nitrógeno atmosférico y un 4 por ciento de los cambios de usos del suelo. 

Desgraciadamente, “no todo lo que es bueno para las plantas lo es para el resto del planeta”. Los efectos CO2 en la atmósfera provocan una serie de alteraciones que impacta en los ecosistemas, la biodiversidad y en los humanos. Por ejemplo, el cambio climático ha producido un aumento en la temperatura global, incrementando a su vez el nivel del mar ante el deshielo de los glaciares o la radicalización de las tormentas tropicales. Estos son algunos de los efectos “que ya estamos sufriendo y que no remitirán si no dejamos de usar combustibles fósiles”, sentenció Pañuelas.

Para el experto, la fórmula es sencilla: “cuanta más biomasa, las plantas necesitarán también más agua y otros nutrientes, sobre todo el fósforo, ambos recursos limitados y vitales en el planeta.” Por lo que el efecto del dióxido de carbono, al cual las plantas están acostumbrándose y aclimatándose, no es suficiente ya para seguir creciendo. 



4 estrategias para enfrentar el cambio climático a nivel local

Con base en estudios y el trabajo comunitario realizado por expertos del Colegio de Geografía de la UNAM y Tierra Nueva en México, nos comparten estos métodos de activación.

En los últimos años el tema del cambio climático ha cobrado una gran relevancia debido a los efectos adversos que ha tenido en los distintos sectores de la población; sin embargo, el cambio climático no es el causante de todos los males de la humanidad, algunos grupos humanos serán más vulnerables dependiendo de su grado de exposición. La capacidad de los diversos grupos sociales de adaptarse al cambio climático dependerá de su capacidad de gestionar su territorio y sus recursos ante este nuevo reto ambiental. Se espera que las comunidades o sectores de la población con menos recursos sean los más vulnerables, por lo que será necesario contribuir al desarrollo de capacidades de gestión y toma de decisiones en la población local con la finalidad de hacer frente a este problema.

Pero, ¿Qué es  vulnerabilidad y que es adaptación y por qué ambos conceptos son importantes para hacer frente a los efectos locales del cambio climático? La vulnerabilidad está determinada por las condiciones sociales, económicas y ambientales de un sistema que le permitirán o no hacer frente a una amenaza climática (IPCC, 2001). Al mismo tiempo, la vulnerabilidad también depende del carácter, magnitud y rapidez del cambio climático (lluvias torrenciales, sequías prolongadas, etc.) influyen además la sensibilidad y el grado de exposición.  La vulnerabilidad es una medida de cuan bien preparados estamos ante las amenazas. Por otro lado, la adaptación permite reducir los impactos del cambio climático a través de iniciativas y medidas enfocadas a reducir la vulnerabilidad de los sistemas naturales y humanos ante los efectos esperados o reales del cambio climático. Según los expertos, la adaptación consiste en disminuir la vulnerabilidad.

Puesto que los sistemas actuales son una mezcla de elementos sociales y ambientales (los llamados socioecosistemas), la participación social debiera jugar un papel fundamental para ayudar a entender y hacer frente a este fenómeno. Esta participación social en el conocimiento de la ciencia y como afecta a nuestras vidas se refleja en el concepto de la ciencia ciudadana que se basa en la generación de datos que ayuden a comprender mejor el funcionamiento de los diferentes sistemas naturales y sociales a través de la creación de redes voluntarias de observación de los diferentes componentes ambientales, hasta la puesta en marcha de distintas estrategias para disminuir su propia vulnerabilidad y adaptación al cambio climático.

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A nivel mundial existen algunos ejemplos de este tipo de estrategias; la creación de redes fenológicas (estudio de la relación del clima con las plantas) para entender el efecto del cambio climático en la vegetación es una de ellas, tal es el caso de la Red Fenológica de los Estados Unidos (USA-National Phenology Network https://www.usanpn.org/). Dicha red comunitaria de observación cuenta con casi diez años de observaciones realizadas por voluntarios y que ayudan  a entender el funcionamiento de las relaciones clima-planta en el mediano y largo plazo.  En el caso de México, existen  distintas iniciativas para incluir a las comunidades y hacer frente a este problema a nivel local, estas iniciativas han quedado plasmadas en documentos como: La Estrategia Nacional de Cambio Climático (SEMARNAT, 2013), La Ley General de Cambio Climático (Cámara de diputados del H. Congreso de la Unión, 2012), la Estrategia de Cambio Climático para Áreas Protegidas (CONANP, 2010), entre otros.

El Colegio de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México está generando investigación para desarrollar herramientas de uso comunitario por las personas que viven en las Áreas Naturales Protegidas para entender su entorno y así reducir su vulnerabilidad y mejorar su capacidad adaptativa. Uno de los instrumentos es la conformación de una Red de Observación Fenológica Comunitaria,  que monitorea desde hace cuatro años, la respuesta de la vegetación ante un clima cambiante. Cada voluntario observa y registra las fases de crecimiento de las plantas de uso agrícola o especies forestales de importancia local. Se registran los cambios que experimenta la vegetación y su relación con la marcha del clima a lo largo del año. Por ejemplo, se asocia el aumento de la temperatura y cambios en la precipitación con la presencia de plagas y enfermedades de las plantas, se encuentran relaciones de la presencia de incendios con la condición de sequías prolongadas y se identifica la aptitud climática de los sitios conforme a los cambios últimos del clima local (años cada vez más cálidos y cambio en la cantidad y estacionalidad de las lluvias)

El grupo de investigadores plantea que, indirectamente las comunidades serán parte de estos efectos adversos. La deforestación, la degradación ambiental y la contaminación del agua a escala local y regional, pueden ser la causa de una mayor sequedad en el aire, un aumento en la temperatura y la prolongación de los periodos de sequía. Por lo cual han llegado a la conclusión de afirmar que aún es necesario puntualizar y contar con más evidencias y registros en distintos aspectos ambientales, sociales y económicos para entender la adaptación comunitaria al cambio climático.

Con base en estos estudios preliminares y con la experiencia del trabajo comunitario sobre vulnerabilidad y adaptación al cambio climático que el grupo de expertos del Colegio de Geografía de la UNAM y Tierra Nueva ha realizado en los últimos años, compartimos algunos temas básicos para  entender el principio de  la adaptación y enfrentar al cambio climático a escala ciudadana o local:

PROMOVER LA CULTURA DEL DATO EN LAS COMUNIDADES: México es un país con una amplia riqueza sociocultural, el mosaico de comunidades y personas que viven en los ecosistemas naturales y dependen de los mismos para su desarrollo hacen que el registro de datos tan solo del clima sea complicado o en muchos casos escaso o nulo. Comparado con Europa tenemos un atraso de al menos 20 años de registros históricos del clima y no se diga de la respuesta en los elementos bióticos como la flora o la fauna lo que nos invita a comprender, promover y concientizar a la población sobre la importancia de la observación y monitoreo ambiental. Si no entendemos cómo funciona un sistema, no podremos entender cómo adaptarnos ante un clima cambiante.

LA ADAPATACIÓN AL CAMBIO CLIMÁTICO DEBE SER A NIVEL LOCAL: En un país como el nuestro los paisajes geográficos son variados. En tan solo un trayecto conocido, por ejemplo de la Ciudad de México al Puerto de Acapulco, la diversidad de ecosistemas y altitudes es variada, si agregamos como variable la llegada de un fenómeno climático como puede ser un huracán, podría expresarse de manera negativa de muchas formas: no es lo mismo las afectaciones que tendrá a nivel del mar, que en los bosques de pino-encino, por lo que las estrategias para prevenir, actuar y responder ante un fenómeno de esta naturaleza se tienen que diseñar desde la base y de manera participativa, teniendo en cuenta las implicaciones regionales del mismo.

INCLUIR LOS CONCEPTOS DE VULNERABILIDAD Y ADAPTACIÓN EN LA POLÍTICA PÚBLICA: Aunque México ha sido pionero en desarrollar iniciativas de trascendencia internacional desarrollando instrumentos de política pública que consideran al cambio climático en las propuestas, aún tenemos muchas áreas de oportunidad para poder mejorar y seguir construyendo mecanismos participativos que contemplen la visión local, regional y nacional para aterrizar el concepto de adaptación y vulnerabilidad.

PROMOCIÓN DE LA CULTURA DE ADAPTACIÓN AL CAMBIO CLIMÁTICO: La falta de divulgación responsable del tema y de iniciativas que permitan fortalecer el conocimiento climático y ambiental en donde todos los sectores de la sociedad participen es fundamental. No es suficiente con agregar el término cambio climático a cada slogan o título de programa o iniciativa, promovamos ejercicios conscientes e incluyentes para motivar una reflexión más profunda del tema que implica adaptarnos. Ejemplos que suceden en nuestro país y que aún son poco conocidos son el primer concurso de fotografía organizado por el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) en el año 2014. Mientras que el Colegio de Geografía de la UNAM está organizando un coloquio sobre redes de observación fenológica y climática a realizarse en noviembre del presente año.

Finalmente, reflexionamos que es un buen momento para actuar de manera colectiva y consciente, dejando de ver al cambio climático como una crisis negativa. Nuestro papel como personas integrantes de un sistema más complejo, tendría que ser innovar y desarrollar estrategias para aprovechar las oportunidades que vendrán en un futuro sin descuidar el equilibrio ambiental que esto implica.

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Twitter:@TierraNueva0

Autores:

Geog. Erika Rocío Reyes González, Posgrado en Geografía Ambiental, Universidad Nacional Autónoma de México.

Ing. Atzin Elihu Calvillo Arriola, Coordinador de la iniciativa de Adaptación Local al Cambio Climático de Tierra Nueva. www.tierranueva.com.mx

Dra. Leticia Gómez Mendoza, Profesora de Tiempo Completo del Colegio de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México.

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