Reinterpretando la función de los supermercados en la comunidad

El que sea más barato no quiere decir que sea mejor: la sustentabilidad a largo plazo debe construirse desde el presente, en un camino compartido donde quepan emprendedores, productores, público y espacio urbano.

Los supermercados constituyen tanto un recurso pragmático para conseguir alimentos y productos varios cerca de cualquier centro urbano, a la vez que una amenaza para la salud y para las economías comunitarias.

Ahí donde una gran cadena comercial abre sus puertas, decenas de pequeños comerciantes deben cerrar sus puertas y salir del negocio: competir a nivel de precios es sencillamente imposible, además de la disponibilidad de productos importados y servicios agregados. Más de la mitad de la comida producida en el mundo se desperdicia por diversas razones, y una de ellas es precisamente el hecho de que los supermercados envasan y sellan la comida con fechas de caducidad estrictas, las cuales no toman en cuenta el buen estado de los alimentos, sino simplemente calendarios de producción, esquemas de relleno de inventarios y otras variables organizacionales.

Los supermercados son hoy en día parte del espacio público de las ciudades: además de comprar comida y otros productos necesarios para la vida diaria, podemos encontrar tiendas dedicadas a todo tipo de servicios, lo cual le agrega valor al conjunto comercial en sí. Sin embargo, cada vez más los supermercados se vuelven bunkers de almacenamiento alentando las decisiones de compra por la vida de los descuentos, en lugar de potenciales constructores de comunidad.

Son solamente nuestros hábitos de consumo desaforados los que nos dicen que debemos almacenar comida, productos de limpieza y, en fin, todo eso que es más barato comprar al mayoreo pero que en realidad no utilizamos. Se trata de un asunto de practicidad: nadie tiene tiempo de ir al supermercado, y si lo hacen, esperan que las compras duren lo suficiente para no tener que ir en mucho tiempo. Aunque práctico, este esquema no es sostenible a largo plazo.

Los materiales utilizados en los empaques terminan en medio del océano; para ofrecer comida y productos perecederos a bajo costo, los supermercados necesitan tener enormes inventarios, gran parte de los cuales, como dijimos, terminarán en la basura, pues es necesario tener disponibles más productos de los que la demanda requiere.

Esta catástrofe puede evitarse si revaloramos lo que entendemos por “supermercado”: no se trata de una enorme tienda que vende todo tipo de cosas, sino de un esquema espacial de eficiencia. En lugar de promover una cultura de consumo que deviene en obesidad y un surtido excesivo de productos diferenciados, los supermercados del futuro podrían consistir en acuerdos de productores para ofrecer su mercancía en un mismo lugar, proponiendo un trato justo tanto para compradores como para vendedores, además de construir una nueva noción de comunidad.

Los supermercados verdes, las ferias de comercio urbano y otras iniciativas en las grandes ciudades pueden nutrirse de la creatividad de diseñadores y arquitectos que propongan nuevos esquemas para integrar a la comunidad en el espacio público y permitir que los lugares de comercio sean también lugares de encuentro entre pares.

No se trata de regresar al trueque necesariamente, sino de no permitir que nuestros hábitos de consumo sigan minando nuestras posibilidades de supervivencia en un paradigma económico de ilusoria abundancia. 8 de cada 10 personas en el mundo se van a dormir con hambre en el mundo. Es preciso que las dos que duermen con el estómago lleno se planteen seria y personalmente la causa de la sustentabilidad en el corto plazo.



Una nueva ley prohibe desperdiciar la comida en las tiendas de Francia

Los comercios deberán vender a bajo costo la comida próxima a vencerse, o bien, donar la caduca a los granjeros para el alimento de sus animales o para su composta.

Hace pocos días publicamos un caso sobre un supermercado en Inglaterra que evitará a toda costa el desperdicio de comida convirtiéndola en una opción para las personas que no pueden acceder a ella. 

El desperdicio de comida es un problema global; según un estudio de Oxfam se desperdicia más en el mundo de la que podrían consumir las personas con hambre. Otro estudio publicado por Reuters apunta a que se desperdicia diariamente el 50% de la comida que se produce en el mundo.

Este es un problema global pues tiene que ver con la seguridad alimentaria y el deterioro ambiental, pues de aprovecharse la comida en su totalidad, ahorraríamos recursos en los cultivos, que gastan el suelo, y que finalmente terminan desperdiciándose, por ejemplo. 

Para comenzar a hacer frene al problema de desperdicio de comida, en Francia, una nueva ley obliga a los comercios a vender a bajo costo la comida que está próxima a caducarse (deberán ponerse en contacto con centros de caridad).  En el caso de que esta se pase de su fecha de vida, habrán de donarla a granjeros como alimento para los animales, o bien, para composta.

Se trata de una victoria mundial en el cambio del paradigma sobre las implicaciones  de considerar las cosas como desperdicios, pues en realidad, en el mundo de la energía, simplemente nada es un desperdicio: una mentalidad que habríamos de tomar de la misma naturaleza para que el planeta sobreviva a nuestra presencia. 



El lado oscuro de los supermercados: los secretos del consumismo

Utilizando técnicas de psicología y de marketing, los especialistas del tema analizan y ejecutan programas diseñados para influir en el comportamiento voluntario del target.

La tendencia inmoderada a adquirir bienes materiales ha alterado los principios básicos de la naturaleza. El consumismo desplazó al ser humano como el centro de todo bienestar social, y en su lugar condecoró a los intereses físicos y económicos.

Se innovaron ciencias con el fin de estudiar las demandas de los consumidores, de incrementar las ventas de las empresas interesadas. Utilizando técnicas de psicología y de marketing, los especialistas del tema analizan y ejecutan programas diseñados para influir en el comportamiento voluntario del target. Les compartimos algunas de los recursos mercadotécnicos que utilizan los supermercados: 

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  • Refuerzan la asociación del color rojo con descuentos. Este color se asocia con el estímulo placentero de ahorrar dinero, razón por la cual estamos inclinados a comprar en tiendas de autoservicio que cuenten con muchos anuncios de este aspecto.
  • Los carros de la tienda son más grandes de lo que realmente necesitamos comprar. Por ello, cuando vemos que no está tan lleno, tendemos a consumir más.
  • Colocan la fruta y la verdura al inicio del recorrido, ya que genera cierta sensación positiva y confortable al entrar al establecimiento. Además, científicos creen que existe la tendencia a comprar productos precocinados al adquirir comida saludable desde el principio.
  • Generan confusión al comparar precios por kilo, unidad, paquete, cuarto, gramos, etcétera. Aun cuando muestren los precios de un producto de la competencia, en muchas ocasiones la unidad realmente varía (y por lo tanto, ahí el engaño).
  • Procuran aparentar que las frutas y verduras son productos frescos. Para lograrlo, cuidan desde la forma de colocarlas hasta rociarlas con agua fresca. El objetivo es engendrar una sensación de cuidado y salud.
  • Provocan la sensación de hambre. Tanto el aroma de comida recién preparada como la visión de los productos activan los crepúsculos sensoriales, suscitando el hambre y la propensión a compras compulsivas.
  • Los productos están tan dispersos que, al recorrer pasillo por pasillo, fomenta el consumo de otros artículos (que ni se tenía pensado llevar).
  • Los productos de las repisas de la derecha son más caros que los de la izquierda.
  • Los productos más caros están siempre a una altura fácil de encontrar a la vista; por lo que, los artículos que les gustan a los niños, están a su altura.
  • Con las supuestas promociones, hacen pensar que sus productos son más baratos (cuando no lo son).
  • Sugieren, de manera subliminal, los condimentos para diferentes tipos de comida. Por ejemplo, los refrescos y las papas fritas siempre están uno a lado del otro.
  • Venden la carne y el pescado con fondos blancos, para que se vean más frescos.
  • Los productos adquieren una mejor presentación para que consumas más. Incluso, los promocionales implicarán que las personas que lo compren, son de un rango social o económico, serán apreciados por los demás y por lo tanto serán felices.
  • Las paredes de los supermercados siempre son de colores cálidos, generando una sensación de bienestar y comodidad; y por consiguiente, puedas pasar más tiempo comprando.
  • Eso también incluye en la música tranquila o alegre. Algunos experimentos han demostrado que escuchar música francesa en el área de vinos, incrementa la venta de vinos franceses.
  • Ubican artículos en la caja para incitar las compras impulsivas y “de último momento”. Por ejemplo, pilas, desodorantes, rastrillos y ¡hasta dulces!



Impresionantes eco esculturas hechas de desechos electrónicos

Gracias al ingenio y la conciencia ecológica, un grupo de artistas de distintas latitudes crearon estas esculturas que más allá de ser un mero objeto decorativo, son ejemplo de la transformación de objetos contaminantes a objetos que deleitan los sentidos.

Gracias al ingenio de estos artistas, algunos desechos electrónicos ya no dañarán el planeta.

A partir de la premisa de reciclar, fue como estas piezas fueron creadas. En ellas converge el diseño, lo práctico y lo estético. Se pretende que a partir de este ejercicio, escultores y personas a fin a las artes plásticas comienzan a utilizar la basura y los desperdicios como materia prima para su quehacer artístico.

Con un poco de imaginación, la “última tecnología de ayer” puede transformarse en piezas que transformen su entorno y embellezcan distintos espacios con un toque futurista y ecológico a la vez.

Criaturas mitológicas

El artista coreano Lee Woo creó una serie de esculturas a partir de desperdicio de viejas computadoras. Cada pieza representa una mezcla de mitología y tecnología.

Paisajes urbanos

El italiano Franco Rechhia creó paisajes urbanos donde los edificios son los actores principales.

Un par de deportivos

Quizá este par de zapatillas deportivas sacrifique la comodidad por el diseño, pero el diseño simplemente genial.

Fósil electrónico

Peter McFarlane explora este concepto con fósiles hechos a partir de tarjetas electrónicas.

[THECREATORSPROJECT]



Los productos chatarra están estratégicamente colocados en el supermercado

Los dulces y comida chatarra pagan un monto extra para estar cerca de las cajas del supermercado. Mientras esperas en la línea, es fácil sucumbir a la tentación de echarlos al carrito. No caigas en la trampa.

Un estudio publicado en New England Journal of Medicine, argumenta que la disposición de los productos chatarra en los supermercados contribuye a las cifras de obesidad, por lo que deberían tomarse medidas al respecto.

Las elecciones de los alimentos no son racionales, sino que están controladas por los estímulos y señales exteriores, afirman Deborah Cohen del RAND Health en Santa Mónica y Susan Babey del UCLA Center for Health Policy Research.

El problema es llegar a la caja del supermercado y, mientras se espera en la línea, encontrar una fila de dulces y productos chatarra y no sucumbir ante la tentación.

Obviamente las marcas de estos productos pagan un monto extra para que sus productos aparezcan en estos lugares estratégicos. Y esto es precisamente lo que los autores del estudio quieren evitar. Proponen regular la disposición de los productos chatarra y con ello proteger a los consumidores. Especialmente para beneficio de los millones de personas con enfermedades y condiciones crónicas.

“La disposición de la comida enubicaciones prominentes, incrementan la taza en la que se compran; su compra conduce al consumo; y el consumo de comida alta en azúcar, grasa y sal incrementa los riesgos de enfermedades crónicas”.

Es difícil que se aprueben estas propuestas, pues dependen del dinero de las enormes compañías. Mientras tanto, uno mismo puede tomar medidas, por ejemplo, no ir compras con hambre, sino después de comer y de lavarse los dientes: sirve para bajar la comida y para no sucumbir a los antojos.

[Washington Post]

 



Supermercados en España desperdician anualmente 50 mil toneladas de comida

En España se desperdician miles toneladas de comida anualmente que bien podrían ser destinadas a la gente de menos recursos, pero esto no es una realidad.

Todo supondría que esta inmensa cantidad de alimentos tendría que ser destinada a la gente de escasos recursos, pero el Ministerio de Sanidad lo impide porque las regiones a las que se destinaría no cuentan con la infraestructura necesaria para el mantenimiento y distribución de los alimentos, por lo que el gobierno español prefiere mandarla a la basura que destinarla a la gente que en realidad lo necesita.

Tan solo con los desechos de los supermercados se podría alimentar a 43 mil familias, según datos de la Federación Española de Bancos de Alimentos (FESBAL). Sin embargo, esta cifra crecería si todos los distribuidores donaran este tipo de mercancía: solamente el 20.5% lo hacen, por lo que se estima que se desperdicia 457 mil toneladas anualmente.

Pese a las prohibiciones del gobierno, varias asociaciones de Madrid, Barcelona y Bilbao se han dedicado a recoger y distribuir los alimentos.

FESBAL hará una petición a la ministra de Sanidad, Ana Mata, para que se flexibilicen las normas y se permita aprovechar la comida fresca que diariamente se desperdicia. “Nosotros hablaríamos con los comercios, pero serían las asociaciones de barrio las que recogerían la comida cada día y harían el reparto”, señaló Juan Raúl Sanz, director general de FESBAL.

Con todo, el desperdicio de alimentos no es exclusivo de los supermercados.  En realidad, de los 9 millones de toneladas de comida que se producen en toda España, 41% procede de los hogares; 40% de la industria alimentaria ; 14% de los restaurantes y 5% de los supermercados.

Entrada la medianoche, los encargados de las grandes tiendas sacan los contenedores repletos de comida a punto de caducar y no ponen trabas para que la gente comience la pepena. “El problema es que cada día viene más gente, la mayoría inmigrantes, y eso provoca alguna que otra discusión. Además, dejan la calle bastante sucia y los vecinos se quejan de los olores y de algunas de la personas que vienen. Muchos de ellos viven en la calle y no tienen muy buena pinta”, dijo el dueño de una tienda situada en en Madrid.

Pese a tanta pobreza, resulta contradictorio que el gobierno español siga permitiendo  “La Tomatina” (festival que consiste en lanzar miles de toneladas de tomates frescos unos a otros) y no legisle a favor de los pobres. Aunque hay casos excepcionales, donde los políticos realmente sí dan la cara por el pueblo, como este alcalde que roba alimentos perecederos para los pobres.

[20MINUTOS]

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