¿Podemos aprender mientras dormimos?

Se cree que las ondas lentas que se registran en el cerebro mientras dormimos, actúan como un eco en la data de la memoria que se retoma a la hora de despertar.

Dormir no sólo brinda un placer excesivo, también una diversa lista de beneficios para el cuerpo y la mente: renueva las células corporales, refuerza los procesos congitivos como la memoria y el aprendizaje, regula las emociones y el estado de ánimo, e inclusive reduce el riesgo de contraer enfermedades graves.

De acuerdo con las últimas investigaciones del neurocientífico Jordan Lewis, dormir ayuda tanto a recuperar energía invertida en las actividades diurnas, como a potencializar el aprendizaje y la memoria mientras se está en los brazos de Morfeo. Se cree que las ondas lentas que se registran en el cerebro mientras dormimos, actúan como un eco en la data de la memoria que se retoma a la hora de despertar.

En palabras de Lewis, las ondas lentas durante el sueño profundo forman una especie de consolidación de la memoria de corto y largo plazo: “Durante el sueño profundo, el cual suele suceder durante la primera mitad de la noche, las células del cerebro están altamente sincronizadas. Cuando se mide el sueño con electrodos pegados al cuero cabelludo, el sueño profundo aparece con oscilaciones de amplitudes largas y lentas.”; lo cual es un fenómeno ideal para el proceso del aprendizaje.

Por decirlo de algún modo, el cerebro desarrolló un mecanismo increíble que facilita numerosos procesos cognitivos, principalmente el del aprendizaje y la memoria. Así que si estás en época de exámenes académicos o en entregas importantes en el trabajo, lo indispensable será dormir las horas con las que tu cuerpo esté cómodo y vital.

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6 hacks que la ciencia recomienda para dormir más y mejor

Existen hacks para asegurar un buen sueño y reducir las consecuencias de un mal descanso.

Dormir es una de las principales actividades que el cuerpo y la mente requieren a diario. En el caso de que no se poseen las suficientes horas de descanso de calidad, probablemente surjan enfermedades físicas y emocionales hasta alcanzar la muerte. 

De acuerdo con el experto del sueño y profesor asociado en neurología en Harvard Medical School, Patrick Fuller, existen hacks para asegurar un buen sueño y reducir las consecuencias de un mal descanso. Te las compartimos: 

– Despertar siempre a la misma hora. 

Muchas personas no suelen tener un “calendario” de sueño, en el que puedan acostumbrarse a dormir a una hora y a despertar a otra sin importar el día –aún si es fin de semana–. Cuando las personas se despiertan cada vez más tarde, explica Fuller, tienen menos sueño desregularizando sus horarios. 

 

 

– Evitar estimulantes pasando medio día. 

Si bien es tentador beber un latte o un refresco después de la comida para poder trabajar en la tarde, la cafeína es capaz de mantenerse en el cuerpo durante ocho horas después de su consumo. Una alternativa para mantenerse activo a lo largo del día es el té verde. 

– Realizar ejercicio durante 20 o 30 minutos al día. 

Además de ser un tónico que previene enfermedades, como el estrés, enfermedades del corazón, diabetes, demencia y ciertos tipos de cáncer, el ejercicio es un estimulante para el sueño. 

– Reducir el consumo de alcohol en las noches. 

Si bien puede considerarse en ocasiones como un elixir nocturno para calmar músculos, nervios y estrés, las personas que consumen alcohol en la noche no gozan de un buen descanso restaurativo. 

– Establecer una rutina para dormir. 

Se trata de un ritual del sueño, y como tal se requiere poner atención a cada actividad previa al sueño. El objetivo es inducir neurológicamente al sueño mediante actividades relajantes y rutinarias.

– Disminuir la incidencia de pantallas de la televisión, computadoras o teléfonos celulares antes de ir a dormir. 

La iluminación de estas pantallas producen melatonina, impidiendo la posibilidad de fomentar el sueño. Además, explica Fuller, con el tiempo la luz de estas pantallas puede dañar la memoria e incrementa el riesgo de depresión, obesidad y ciertos tipos de cáncer. Es recomendable dejar de ver las pantallas dos horas antes de dormir. 

 

 



Este sencillo test te mostrará si se sufre un déficit de sueño

Para realizar la prueba el individuo debe debe acostarse en una habitación silenciosa y a oscuras, aguantar en la mano una cuchara sobre el borde de la cama y justo debajo, en el suelo, coloca la bandeja de metal.

El buen dormir es indispensable para la salud tanto física como emocional en el día a día; de lo contrario puede provocar fatiga, ansiedad, depresión, trastornos de memoria, disminución en la atención, irritabilidad, nerviosismo, entre otros. Sin embargo, ¿cómo saber si estamos durmiendo bien? 

De acuerdo con el doctor Michael Mosley, presentador británico sobre temas de la salud, para averiguar si se sufre de déficit de sueño basta realizar un test casero realizado por Nathaniel Kleitman, el pionero de las investigaciones sobre el sueño. Basta con realizar una prueba para ayudar a medir la duración del periodo de latencia antes del inicio del sueño. Es decir que el test debe realizarse durante las primeras horas de la tarde con una cuchara y una bandeja de metal. 

 

Para realizar la prueba el individuo debe debe acostarse en una habitación silenciosa y a oscuras, aguantar en la mano una cuchara sobre el borde de la cama y justo debajo, en el suelo, coloca la bandeja de metal. Antes de cerrar los ojos, mira el reloj. Después, cuando una persona se queda dormida, la cuchara se caerá de las manos y golpeará la bandeja, creando un ruido para despertar. Cuando eso ocurra, se volverá a ver el reloj para comprobar cuánto tiempo ha pasado. 

Según Kleitman, si uno se queda dormida antes de cinco minutos después de cerrar los ojos quiere decir que se tiene una falta severa de sueño; si se hace dentro de un periodo de diez minutos, existe una “cierta falta de sueño”; si se permanece despierto durante al menos 15 minutos, se está durmiendo lo suficiente. 

Una versión más sencilla de este test sería poner una alarma a los 15 minutos y comprobar si te quedas dormido antes de que suene. 

 

 



¿Cómo mejorar el aprendizaje? Consejos de la neurociencia para lograrlo

De acuerdo con un reciente estudio de Nature Neuroscience, se requiere un poco de manipulación de los neurotransmisores, forzado por la práctica, para fortalecer el aprendizaje en el día a día.

El aprendizaje, junto con la atención y la memoria, ayuda al ser humano a desarrollar numerosas herramientas para la supervivencia y la cotidianidad. Y de acuerdo con un reciente estudio de Nature Neuroscience, se requiere un poco de manipulación de los neurotransmisores, forzado por la práctica, para fortalecer el aprendizaje en el día a día. 

Para los investigadores, el comprender el efecto del sobreaprendizaje sobre el desarrollo de un nuevo recurso, fue un proceso vital para un mejor entendimiento del cerebro. Para lograrlo dividieron en dos grupos a los voluntarios. 

El primero fue expuesto a ejercicios de aprendizaje sobre un tema, al haber mejoría en la habilidad en práctica tomaban un descanso de 30 minutos y regresaban para más ejercicios de aprendizaje sobre otro tema. Al día siguiente realizaban una post-prueba, en donde los individuos tenían buenos resultados en último tema practicado y pésimos en el primero. Estos resultados fueron como si el grupo no hubiese sido entrenado en nada.  En palabras de Takeo Watanabe, profesor de Ciencias Cognitivas, Lingüísticas y Psicológicas en Brown University, en EE.UU., y autor del estudio, “Cuando uno deja de entrenar inmediatamente después de haber adquirido una habilidad nueva, el área del cerebro asociada con esta habilidad aún es plástico”. Es decir, débil. El cerebro es flexible y se adapta en función del aprendizaje de nuevas herramientas; por lo que si uno se detiene justo después de haber adquirido una de ellas, el cerebro está en un estado plástico, en un estado “preparado-para-el-aprendizaje”, y absorberá la información del segundo conocimiento –y no del primero–. 

El segundo grupo practicó el tema por más tiempo y más repeticiones, un descanso de 30 minutos y un nuevo tema que aprender. Al día siguiente, en el post-test, los individuos obtuvieron mejores resultados en aquellos temas que pasaron un poco más de 20 minutos extras en practicar, sin que un tema pudiese interferir con el otro. 

De modo que aunque el primer grupo no “sobreaprendió”, tuvo un mejor resultado en el último tema; el segundo mostró un una mejoría global con un lapso mayor de práctica y aprendizaje. Para comprender las causas, Watanabe y sus colegas realizaron fMRI, escanografías del cerebro mediante el registro de oxígeno; es decir que requirieron ver las áreas cerebrales que se activaban usando más oxígeno, carbono y nitrógeno –traducido en la presencia de neurotransmisores– permitiendo deducir cuáles químicos incrementan en niveles durante el proceso de aprendizaje.

Fue así que repitiendo el experimento con la máquina MRS, con dos cambios principales –uno, que los dos grupos estarían entrenando la misma cantidad de veces sin el segundo entrenamiento; dos, antes y durante tanto del entrenamiento como la prueba se estaría escaneando la actividad cerebral. El resultado fue sorprendente: si uno no “sobreaprende”, el cerebro consigue niveles altos de glutamato-dominante –el cual facilita al cerebro a entrar en modo plástico o “preparado-para-el-aprendizaje”–; pero si se sobre carga de información, los niveles de glutamato disminuyen y los de GABA incrementan –encargado de estabilizar el cerebro–. Para Watanabe, “Si se sobreaprende la habilidad, el estado del cerebro cambia muy rápido de ser plástico a estable”, lo cual significa que el cerebro tiene más tiempo de “congelar” la habilidad previniendo de olvidarla. 

Es decir que para aprender un tema es recomendable “sobreaprender” –repetir y repetir– la base para comprender así lo complejo. Si bien se dice que hay un riesgo del olvido con el paso del tiempo, la realidad es que existen numerosas técnicas para mantener el conocimiento en un periodo a largo plazo; como por ejemplo, dar tiempo a que suceda el aprendizaje sin necesidad de mezclar los temas. 



Tribus comprueban que quizá no necesitamos dormir tanto como creemos

Las 8 horas de sueño recomendadas globalmente quizá lo sean mucho en comparación con el tiempo que duermen comunidades que aún viven como tribus.

 

Foto:photography.nationalgeographic.com

 

Todo lo que vemos o parecemos es solamente un sueño dentro de un sueño

Edgar Allan Poe.

El sueño es la necesidad quizá más poética. En esas horas de reposo, los niveles de actividad del organismo bajan más que nunca, y los estímulos externos afectan a lo mínimo a los sentidos. Estos últimos parecieran apagarse para activar la maquinaria de imágenes formadas en nuestro cerebro mientras ocurre esta no-actividad.

Un buen sueño está ligado naturalmente a una buena calidad de vida, y su contraparte puede resultar en problemas físicos como obesidad, diabetes, depresión, alta presión sanguínea, etc. Por ello, millones de personas en el mundo se esfuerzan diariamente por alcanzar como mínimo las 8 horas de sueño que recomiendan múltiples estándares en el mundo ( aunque se reconoce que esta puede variar también según la persona).

Pero ¿cuánto dormían nuestros ancestros? Estos solían seguir más los ritmos naturales del día, levantarse al amanecer y acostarse simplemente al oscurecer. No existía la luz eléctrica y mucho menos los dispositivos electrónicos que hoy absorben nuestra atención nocturna. Para resolver este interrogante, un grupo de científicos investigó a 3 tribus actuales, que aún viven bajo las condiciones prístinas de los primeros asentamientos humanos, e incluso algunas son cazadoras.

Este trabajo publicado en el diario Current Biology, estudió los hábitos de sueño de los Tsimané (Chimané), cazadores y horticultores de Bolivia; los Hadza, cazadores que viven cerca del Parque Nacional Serengeti de Tanzania y los San, cazadores que habitan en el desierto Kalahari de Namibia.

Los resultados apuntan a que en este trío de tribus las horas de sueño son de un promedio de 6 horas, uno que en occidente sería considerado como deficitario. Los resultados están basados en las necesidades de sueño de los adultos de la tribu. La mayoría duermen unas tres horas luego de que se ha puesto el sol y despiertan al inicio del amanecer.



Tomar la siesta podría salvarte la vida; un estudio

No solo te da alivio mental; también tiene compensaciones cardiovasculares extraordinarias.

En numerosas culturas, desde la totalidad de las hispanohablantes hasta en Oriente Medio, India y algunos sitios de Asia como China o Taiwán, la siesta, un remanente también de la cultura romana, es una costumbre añeja.

Asociada con la palabra romana de sexta, era la hora en que se hacía pausa en el día para reponer la energía (alrededor de las 14 hrs). Esta costumbre permitía hacer un “receteo” de la mente y el organismo; y si eres una persona que la acostumbra, sabrás que verdaderamente pareciera que a tu cerebro le inyectan una fresca dosis de oxígeno.

Más allá de los mitos, numerosos estudios prueban cómo la siesta tiene efectos muy positivos para tu vida; no solo en el tema psicológico, también con efectos físicos contundentes. Un estudio de Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism mostró como la siesta puede ayudarte a compensar tu déficit de sueño en las noches malas, con resultados positivos para tu sistema inmunológico y neuroendocrino.

Por su parte, otro estudio reciente, encabezado por el doctor Manolis Kallistratos, cardiólogo del Hospital General de Asklepieion Voula en Atenas, ha comprobado que el hábito de la siesta podría salvarte la vida pues esta reduce la presión en la sangre en los niveles suficientes, en comparación con personas que no la toman, como para evitar un ataque cardíaco, por ejemplo.

[Treehugger]

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