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La ecología de la energía sexual: ¿cómo deberías cuidarla?

La única cosa que los grandes iniciados, esos verdaderos alquimistas, nos enseñan es cómo comportarnos como abeja, cómo extraer lo mejor de la naturaleza y sobre todo de cada persona a quien miramos, con quien hablamos y verlos como una flor… y de ahí engendrar la miel que alimenta a los ángeles.

-OM Aïvanov

Si bien la sexualidad es un tema muy poco recurrido en los temas de ecología y ecosustentabilidad, la realidad es que se trata un área importante para prevenir numerosos tipos de contaminación, sobrepoblación e inclusive enfermedades tanto físicas como emocionales. De modo que gestionar una salud sexual para cuidar el medio ambiente y la salud, es una de las principales conductas que requieren nuestro equilibrio y desarrollo humano.

Una de las maneras de fomentar una salud sexual –además del riguroso uso del preservativo para prevenir Infecciones de Transmisión Sexual– es cuidar la energía sexual. Wilhelm Reich, psicoanalista austriaco-estadounidense, fue el primero en reconocer tanto la naturaleza como el propósito del orgasmo en función de una descarga del exceso de bioenergía, liberando sensaciones y beneficios.

Así como hay energía sexual fluyendo, también hay energía sexual bloqueada. De acuerdo con la premisa de Reich, cuando tenemos alguna práctica sexual con alguien más, compartimos miedos, cargas genéticas, patrones de conducta aprendidos de nuestros antepasados, ciclos inconscientes de relaciones pasadas, etcétera. De modo que durante el acto sexual no sólo se comparte el aura energética, también los problemas, adicciones y miedos que se cargan tanto en el consciente como inconsciente.

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Reich decía que mientras más interacción íntima haya entre dos personas, más profundas se hacen las conexiones en donde las auras se entrelazan entre sí. Algunas personas son altamente receptivas a estas energías, recibiendo una cantidad abominable de contaminación. Por ejemplo, cuando alguien acaba de terminar con alguien, se siente su tristeza y enojo, aún durante una plática.

Es decir que es posible contaminar nuestra aura en el momento en que intimamos con personalidades que pueden invadir nuestro bienestar emocional, mental y físico. Por ejemplo, personas agresivas –inclusive, pasivo-agresivas–, que transmiten a través del sexo su carga emocional, instalándola en nuestro interior y, por tanto, bloqueando nuestra propia energía sexual.

Esta energía, compuesta de azúcares, ácidos grasos, nucleótidos, amoniacoidos, entre otros, es un conjunto de átomos enlazados covalentes en un sistema neutro. Es decir que se responde a impulsos electromagnéticos que generan reacciones: desde la temperatura del sol hasta las emociones. Sin embargo, debido al estilo de vida, el sistema suprime la sensación de estas reacciones para lograr tener una vida normal.

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En ocasiones, cuando la contaminación de energía ya es demasiada, se requiere de una limpieza tanto de salud emocional como físico. Entre los métodos para prevenir y limpiar el aura sexual, se encuentra integrar en la rutina diaria dos horas de meditación a través de la danza, la respiración, mindfulness; llorar y sacar las emociones negativas que albergan creencias negativas sobre nosotros mismos; procurar desarrollar dopamina, prolactina y oxitocina por cuenta propia haciendo ejercicio, comiendo alimentos que provean estos neurotransmisores, etcétera. Tomar actividades introspectivas que permitan dirigirnos hacia dentro, descubriendo cuáles son las verdaderas emociones que sentimos y qué necesitamos hacer para mejorar.

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