El hombre que encontró “la inteligencia de la naturaleza”, Jeremy Narby

Trabajando en el Amazonas, Jeremy Narby cree haber atisbado la existencia de una inteligencia inherente en la naturaleza.

Foto:biancaatwell.com

El biólogo Jeremy Narby ha dedicado los últimos veinte años de su vida a investigar la forma en la que los indígenas del Amazonas obtienen información de las plantas. Viviendo en diferentes comunidades en el Amazonas después de terminar su doctorado en Stanford y siendo director de la ONG Nouvelle Planète, Narby ha intentado crear un modelo científico para describir la comunicación que dicen sostener los chamanes con plantas y espíritus de la naturaleza.

El chamanismo tradicional, que se basa en una especie de alianza entre los chamanes y la naturaleza, bajo la óptica Narby, es una relación molecular, en la que a través de una serie de técnicas, los curanderos, icareros y demás líderes de comunidad logran obtener información directamente del ADN de un organismo.

En su libro “The Cosmic Serpent”, una metáfora del ADN, Narby relata como el descubrimiento de ciertas medicinas, como el curare o la ayahuasca, las cuales están basadas en una interacción sinergística de diferentes plantas, habrían sido casi imposibles de encontrar a través de un método de prueba y error. Esto sugiere que existe una especie de inteligencia embebida en la naturaleza, la cual teoriza Narby se comunica a través de biofotones –se ha demostrado que el ADN emite una radiación débil de fotones. Narby describe lo que quiere decir con una “inteligencia en la naturaleza”:

Inteligencia viene de la palabra latina inter-legere, elegir entre dos o más cosas. Parece que existe una capacidad para elegir operando dentro de las células de nuestro cuerpo, al nivel incluso de proteínas y enzimas. El ADN en sí mismo es una especie de “texto” que funciona a través de un sistema de codificación llamado “código genético”, el cual es notablemente similar a los códigos usados por el ser humano. Algunas enzimas editan la transcripción del RNA del texto del ADN y añaden nuevas letras; cualquier error durante esta edición puede ser fatal para un organismo; así que las enzimas consistentemente están tomando decisiones acertadas; si o lo hacen, algo sale mal y se llega al cáncer y a otras enfermedades. Las células envían señales entre sí, en la forma de proteínas y moléculas. Estas señales significan: divide, o no dividas, muévete o no te mueves, mátate o mantente vivo. Cada una de las células está escuchando cientos de señales en cada momento y tiene que integrarlas y decidir que hacer. ¿Cómo opera esta inteligencia es la cuestión?

El ADN entra en acción aquí. Narby lo concibe como un código de programación universal –literalmente lenguaje viviente. Es posible que vivamos en un “mundo inherentemente simbólico”, y quizás por esto, sugiere Narby, exista la imagen de una serpiente –similar a la doble hélice del ADN– recurrentemente en numerosas historias de creación.

A fin de cuentas lo que sugiere Narby es radical para la biología establecidad. La inteligencia en su teoría no es sólo el resultado de la complejidad de la materia en sus funciones más elevadas –organizada en un cerebro, por ejemplo—sino es una propiedad de toda la materia viva, que en cada uno de sus componentes refleja una capacidad de hacer elecciones inteligentes y comunicarlas.



25 fotos que prueban que los animales son increíbles tomándose selfies

Las selfies de animales generan una especie de ternura y emoción: una mezcla entre emotividad y sorpresa.

A modo de moda, los autoretratos o selfies continúan dominando el mundo de las redes sociales para tener una prueba contundente de haberse encontrado con alguien o haber realizado alguna actividad y pasatiempo interesante. Es una tendencia que ha requerido cada vez más cierta creatividad a la hora de tomar la fotografía, editarla y colocarle un copy o frase trascendental. No obstante, ¿qué pasa si se trata de un miembro del reino animal que, consciente o inconscientemente, decide formar parte de esta tendencia fotográfica? 

A diferencia de las selfies de humanos, que pueden provocar admiración, los autoretratos de animales generan una especie de ternura y emoción: una mezcla entre emotividad y sorpresa. La duda surge entonces, si los animales son seres vivos cargados de instinto sin raciocinio, ¿cómo es que logran realizar una actividad puramente humana?

La respuesta se la reserva Allan Dixon, fotógrafo autoproclamador “susurrador de animales”, quien pasa tiempo con cada una de las criaturas que fotografia para ganar su confianza y, en el momento adecuado, dispara la cámara. También está el caso del fotógrafo David Slater, el cual, en un viaje en Indonesia, dejó su cámara por unos momentos y a su regreso encontró que un mono macaco había utilizado su aparato electrónico con unas cuantas fotos encantadoras. 

A continuación te compartimos 25 selfies de animales. ¿Cuáles te has encontrado tú? 



Sofía Gatica, la mujer que desterró a Monsanto de Maldivas argentinas

Sofía Gatica, la mujer que luchó pública y ampliamente contra los transgénicos de la transnacional agroquímica en tierras argentinas.

Desde hace más de un siglo, Monsanto se ha relacionado con la destrucción de hábitats naturales y la creciente presencia de enfermedades y mutaciones en habitantes cercanos a estas regiones, principalmente cáncer, desórdenes cutáneos, supresión inmune, anemia, diabetes, problemas de hígado, entre otros. 

Pese a los esfuerzos de varias organizaciones no gubernamentales de detener tanto los productos de Monsanto, tales como Dioxin, Glifosato y PCB, como sus consecuencias devastadoras, las fábricas continúan expandiéndose a lo largo del mundo.

Un ejemplo actualmente, en México, las instituciones gubernamentales Sagarpa y Semarnat se han encargado de promover la siembra de soya transgénica de Monsanto en 253 mil 500 hectáreas en varios estados del país. Tan sólo en la zona maya de este país, Monsanto importa “10 millones de toneladas de grano al año, todo biotecnológico de EE.UU.”, ya que es “necesario darle la oportunidad a agricultores mexicanos de usarlas, en lugar de estarle pagando 50 000 millones de pesos al año a productores norteamericanos.” Esto provoca, en consecuencia, no sólo una pérdida de diversidad nacional de sus productos, también la afectación en la salud de los habitantes que consumen sus alimentos genéticamente modificados. Y si bien en México se ha buscado maneras para prohibir la siembra de productos genéticamente modificados, como la soya, la lucha continúa. 

Son estas luchas las que han marcado una diferencia en la biodiversidad, el cuidado del medio ambiente y la salud pública de la población. Como lo es el caso de Sofía Gatica, la mujer que luchó pública y ampliamente contra los transgénicos de la transnacional agroquímica en tierras argentinas. Ella, al relatar su historia para la revista feminista Pikara Magazine, ha dado plasmado su oposición al glifosato y la ruptura de las mayores construcciones logrando el destierro de Monsanto en Maldivas Argentinas.

Te compartimos su historia que compartió con Pikara Magazine

[…] Aquel atlas de las desgracias cercanas, una especie de orografía arrugada con ira por el paso del tiempo, se transformó en un informe archivado en el Ministerio de Salud del país suramericano. Entre sus páginas, la constatación ciudadana de que las fumigaciones con glifosato (el herbicida más vendido del mundo) provocaban cáncer y leucemia: “Encontramos 300 casos de cáncer y casi 80 fallecidos, sin contar con las malformaciones. Registramos ratios muy superiores a los normales”.

No había marcha atrás, apenas futuros posibles que construir. Así que las mujeres, bautizadas en 2003 como ‘las Madres de Ituzaingó’, se inmiscuyeron en una carrera de obstáculos en la que no se trataba de ganar o perder sino de aguantar. Lo siguen haciendo 16 años después. Más de 180 meses después han ocurrido muchas cosas, a veces demasiadas, como cuando se contabilizan las muertes, otras históricas, como cuando las crónicas resaltan que una de las transnacionales más poderosas del sector agroquímico inclinó la rodilla.

Fue hace apenas unas semanas, el pasado diciembre, cuando las calles de Malvinas Argentinas, una pequeña localidad de Córdoba, celebraron la salida de Monsanto. La multinacional salía por la puerta de atrás, echando el cerrojo al que estaba llamado a convertirse en uno de sus proyectos más emblemáticos, por tamaño e inversión: “Una de las mayores plantas de acondicionamiento de semillas de maíz no destinadas al consumo del mundo”, tal y como reflejaron en el momento del lanzamiento (junio de 2012, bajo el mandato de Cristina Kirchner) los informes técnicos de la propia compañía, que preveía destinar unos 1.500 millones de dólares (más de 1.400 millones de euros) al proyecto, desembolsos en concepto de investigación y desarrollo aparte.

De los golpes y amenazas

El relato de lo sucedido está sazonado de ambiciones, bloqueos, ganancias, cortes, asambleas, presiones y declaraciones, amenazas verbales y físicas, ilegalidades, alegalidades e incluso leyes redundantemente ilegales. Avances y retrocesos, los de la empresa frente a un amalgama de colectivos de toda Córdoba, entre los que destacan la Asamblea de Vecinos Malvinas Lucha por la Vida, la Asamblea del Bloqueo a Monsanto y las Madres de Ituzaingó. La vida, dejó escrito Shakespeare, es un cuento narrado por un idiota, que las llena de sus ruidos y furias. Tres siglos más tarde, Walter Benjamin matizó que está en todo caso contada por los vencedores.

[…] Un año más tarde, activistas y personas concienciadas organizaron un festival (Primavera sin Monsanto, que continúa celebrándose) en la misma entrada a las instalaciones que ya comenzaban a asomarse. Recibieron el apoyo de parte de la comunidad científica (entre ellos, el médico fallecido Andrés Carrasco) y académica (las universidades de Córdoba, Católica y Río Cuarto rechazaron la instalación de la planta), la artística (músicos como Manu Chao y René Pérez, de Calle 13) e incluso activistas internacionales como el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel o la india Vandana Shiva, se han sumado en algún momento a la causa.

Antes, durante y después, recuerda Gatica, un bloqueo de más de tres años, hasta la expulsión de Monsanto. “Ha sido muy difícil porque eran 37 hectáreas y, aunque cerrábamos sucesivas entradas con diez personas en cada puesto, ellos trataban de entrar por cualquier sitio”. Los problemas con los trabajadores de la empresa no tardaron en aparecer: “Al principio impedíamos únicamente la entrada a los camiones, por ejemplo metiéndonos bajo las ruedas, hasta que descubrimos que introducían herramientas incluso escondidas en sus maletines, cuando venían vestidos de traje”, añade esta líder argentina, que en 2012 recibió el Premio Goldman, conocido como el Nobel del Medio Ambiente.

Al mes de bloqueo llegó el primer desalojo, “cuando más de 300 policías nos sacaron a la fuerza a un centenar de personas”. Dos compañeras terminaron presas y Sofía, hospitalizada con un traumatismo craneoencefálico. “Pero nos dimos cuenta de que el pueblo es el que manda”, añade Gatica nada más terminar de extenderse con su parte médico: “Pedí el alta voluntaria y regresé con mis compañeros para quedarme. Poco a poco se sumó mucha gente y se empezaron a construir casas. Jamás pudieron ingresar como hubieran querido, pero soportamos casi cuatro años de frío, sin luz, sin agua, de hambre. Mujeres y hombres de todas las edades, con mucha gente joven”.

[…] “Pronto llegaron las amenazas. Me esperaban a la salida del trabajo, me perseguían y me golpeaban. Me amenazaron de muerte junto a mis hijos. Me han llamado de todo: ‘gringa sucia’, ‘zurda’…”. Las presiones, denuncia, se reforzaban con “los palos de la policía”, con “los grupos de choque de la empresa” y con “órdenes de represión” contra los vecinos. “Hubo una vez que los camiones lograron entrar y entonces decidimos impedir también la salida, salvo que se llevaran todo el material. Los obreros nos acusaron de haberles secuestrado”, añade Gatica entre su dilatada retahíla de reconstrucción de los hechos, presentados sin tapujos como “una guerra, en la que Monsanto contrataba matones y nosotros, para sobrevivir, tuvimos que armarnos: maderas con clavos, zanjas gigantes en la tierra, pinchazos a las ruedas de los camiones…”.

A los extremistas violentos

[…] Y es que, allí donde (en los transgénicos) hay quien ve enfermedades y muerte, otros contemplan “oportunidades de progreso y crecimiento para la comunidad y la provincia, sin riesgo ninguno”, afirma la empresa, que vaticinó 400 puestos de trabajo directos. En otra de sus notificaciones, identifica a Sofía Gatica (y a otras personas) como responsable de “agresiones verbales y físicas” que ponen en riesgo la integridad física y vulneran el derecho de expresión”, en referencia a una charla que empleados de Monsanto impartían en la Universidad Nacional del Litoral. Acciones que fueron calificadas de “vandalismo” y posteriormente denunciadas ante las Fiscalía

1.140 días de bloqueo (el número exacto lo tiene clavado en la memoria Gatica), hasta el 1 de noviembre de 2016, en los que la estrategia de Monsanto ha sido la de denunciar las “violaciones al derecho a trabajar” de sus empleados, recordando en sucesivos avisos que cumplían “con todos los requerimientos legales para la construcción de la planta”, citando, entre otras, diferentes ordenanzas, al Concejo Deliberante de Malvinas Argentinas, al Tribunal Superior de Justicia de Córdoba, el Estudio de Impacto Ambiental (elaborado por ellos mismos) y autoridades gubernamentales varias. Su defensa de que “no hay evidencia científica de que el glifosato sea cancerígeno” es radicalmente diferente al que presentan instituciones como la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC, en sus siglas en inglés) que, perteneciente la Organización Mundial de la Salud (OMS) de Naciones Unidas, lo consideró en 2015 como “probablemente cancerígeno para los humanos”. Las conclusiones siguen abiertas y recientemente la OMS, en este caso en una publicación conjunta con la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación), concluyó que era “improbable” que el glifosato presente riesgos carcinogénicos.

Sentencias firmes

Los entresijos jurídicos, que acompañaron a la lucha activista, dieron un primer vuelco radical en enero de 2014, cuando la Sala II dela Cámara de Trabajo detuvo la construcción, declarando inconstitucionales los permisos emitidos tanto por la Municipalidad como por la Provincia. Un mes más tarde, la Secretaría de Ambiente provincial también rechazó el estudio de impacto ambiental presentado por la compañía.

Paradójicamente (o no), la empresa guarda un celoso silencio de estos reveses. Tampoco ha querido manifestarse antes las repetidas apelaciones en las que Pikara Magazine le ha brindado su micrófono. Ha preferido mantenerse al margen también de su salida de Malvinas Argentinas, de la que no existe postura oficial alguna por parte de la compañía, si bien una “alta fuente” de la multinacional admitió a un portal argentino de actualidad y análisis económico que “no se pudo avanzar con la planta y esto también influyó. Pero lo más trascendente fue que el negocio cambió y dejó de ser conveniente para Monsanto”.

Los cambios que anónimamente denuncia Monsanto se refieren a modificaciones legales introducidas por las nuevas políticas agropecuarias, que han disminuido la expansión máxima de la superficie del maíz: “La pauta de procesamiento de la planta estaba en el orden de 3,5 millones de hectáreas pero, en los últimos años, apenas se pasó de los 2,5 millones. Una inversión así no tiene sentido desde el punto de vista del negocio”.

Jamás van a admitir que el pueblo los venció. No se fueron por la Justicia”, subraya Gatica, convencida de que fue Cristina Kirchner, la anterior presidenta del país, quien “negoció con la salud del pueblo. Seguramente bajo su mandato no hubiera sido posible nuestra victoria, si bien es cierto el actual Gobierno [de Mauricio Macri] también responde a las corporaciones y no a la gente”.

Una victoria, pero ¿de quién?

Malvinas Argentinas aún está resacosa de celebraciones. Forzosa o voluntariamente, Monsanto se ha ido de la localidad, pero no del país. Falta por escribir qué sucederá a partir de ahora, cuando el municipio adquiera la verdadera dimensión de lo logrado. La transnacional no solamente sigue operando en Argentina, sino que los insumos destinados al fracasado proyecto han sido trasladados a la próxima localidad de Rojas, unos 500 kilómetros al oeste y próxima a Buenos Aires.

Los reveses sufridos por Monsanto en Malvinas Argentinas y el hecho de que siga sin poder modificar la Ley de Semillas (por la que pretenden garantizarse ganancias por los derechos de uso de casi toda la soja, el maíz y el algodón que siembran en el país americana) les sepa seguramente mejor con el balance comercial cosechado en 2016, que la sitúan como dominadora absoluta en el negocio del maíz y en la venta de glifosato. Según los datos de la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (CASAFE), sus ingresos en este sentido aumentaron con respecto al ejercicio anterior.

Además de las instalaciones de Rojas, Monsanto mantiene otras 36 plantas en el país. La transnacional “desarrolla los planes a largo plazo, por lo que mover su inversión a otro lado tiene su lógica. Seguirá proveyendo a semillas al área de Córdoba. Que no tenga una planta levantada no significa que dejará de tener presencia”, según analizaron expertos en la materia a  un medio uruguayo.

“Es una batalla que vamos a ganar, nos va a costar, pero se la vamos a ganar”, vaticinó Sofía Gatica en octubre de 2012, al poco de saberse las intenciones de Monsanto en Malvinas Argentinas. Muchas “sangres” después (“América se ha escrito con sangre y seguirá escribiéndose con sangre. Vamos a luchar dejando nuestras vidas”, respondía la protagonista en una entrevista posterior, publicada por el autor en formato e-book), Sofía Gática, parte de esa Argentina que desterró a Monsanto, lo tiene claro: “Hemos ganado una pequeña batalla porque Monsanto está aislado en distintas partes del país. Vamos a seguir ahí, dándoles batalla y resistiendo”.

La dueña de las semillas

Monsanto ya no es sólo una empresa. Atrás quedaron sus inicios, allá por el arranque del siglo XX, en los que producía sacarina para Coca-Cola. Ahora es una transnacional con pies, dedos, garras, manos y tentáculos en casi cada esquina del globo, aunque sus principales mercados son Estados Unidos, Brasil, Argentina y Canadá. La producción de semillas transgénicas y el herbicida glisofato comercializado bajo la marca Roundup son dos de sus principales negocios, que la convierten prácticamente en dueña de la agricultura mundial.

Sobre todo tras su reciente fusión con Bayern, otra de las agroquímicas más grandes del mundo. “Con la transacción se fusionan dos negocios diferentes pero altamente complementarios. El negocio conjunto sacará partido del liderazgo de Monsanto en el ámbito de semillas y (…) por una parte, y del amplio abanico de productos de protección de cultivos de Bayern (…)  por la otra”, decía la compañía.

La sospecha siempre está detrás de cualquier acción de Monsanto, tanto por los temores hacia los organismos modificados genéticamente (OMG), como por las investigaciones que han sufrido varios de sus productos (la controversia sobre el glisofato es muy alta y ha sido prohibido su uso en varios territorios), las condenas por soborno en Indonesia, la venta de productos tóxicos o por el oligopolio que ejerce sobre la alimentación.

Y las resistencias también se multiplican. El pasado mes de octubre La Haya acogió en el Tribunal Internacional Monsanto, una “iniciativa de la sociedad civil para que Monsanto se responsabilice por violaciones a derechos humanos, crímenes contra la humanidad y ecocidio”, a la que la transnacional respondió. La sentencia estará en abril de 2017.

 
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Descubren dragón rubí en las aguas de Australia (VIDEO)

El dragón marino rubí es una especie que sólo se conocía en bosquejos de museos y libros escolares.

El dragón marino rubí es una especie que sólo se conocía en bosquejos de museos y libros escolares; sin embargo recientemente se descubrieron dos ejemplares nadando en las profundidades de las aguas de Australia. Mediante un vehículo operado por control remoto, los investigadores de Scripps Institution of Oceanography en la Universidad de California San Diego y la Western Australian Museum lograron grabar durante media hora y a más de 50 metros de profundidad en el Archipiélago Recherche. 

Gracias a esto, los investigadores lograron recolectar mayor información sobre su anatomía, hábitat y patrones de comportamiento. Por ejemplo, a diferencia de otros subespecies similares, los dragones rubí no cuentan con apéndices para camuflajearse; poseen una cola enroscada como los caballos de mar y su color hace referencia a un cambio evolutivo. 

Para los investigadores se trata de tan sólo un descubrimiento de los varios que se planean realizar en la zona sureste de Australia, en especial en lo que se refiere en la diversidad de hábitats, especies animales y vegetales. 

Te compartimos el video del dragón rubí: 

 

 

 



La sorprendente inteligencia de las cabras

Las cabras no solo son hábiles en la solución de problemas, también poseen una memoria a largo plazo y su inquisitiva naturaleza las lleva a conquistar rápidamente escenarios novedosos.

La cabra (Capra aegagrus hircus) es un animal fascinante, tal vez por eso fue incluida en los zodiacos tanto occidental, como chino, y es partícipe de innumerables relatos mitológicos –los faunos, los sátiros, el dios Pan, y Amalthea la madre de Zeus. Además de su linaje histórico, las cabras poseen otras múltiples bondades, por ejemplo su admirable destreza para caminar en zonas montañosas –gozan de una envidiable coordinación motriz y son el único rumiante que puede trepar árboles. También está el hecho de que, a pesar de haber sido una especie domesticada hace diez mil años, son, junto con los gatos, el único animal doméstico que fácilmente puede regresar a un estado feral.

Quizá la mayor cualidad que distingue a estos animales es su inteligencia. Aunque pocas personas lo saben, y a pesar de que generalmente se les percibe como seres predecibles y elementales, lo cierto es que poseen una naturaleza inquisitiva, curiosa, que las lleva no solo a explorar y descifrar las particularidades de todo entorno al que se enfrentan, también denotan un rápido aprendizaje. Por ejemplo, es bien sabido entre criadores que si una de las cabras del rebaño logra detectar una falla en la cerca de su corral, no solo explotará esta deficiencia incansablemente para salir de ahí, sino que sus compañeras rápidamente aprovecharían el descubrimiento.

Un reciente estudio de la Universidad Queen Mary de Londres, publicado en el diario científico Frontiers in Zoology, descubrió que el potencial cognitivo de estos animales es mucho mayor de lo que se pensaba. Los investigadores entrenaron a las cabras a extraer comida de una caja mediante una secuencia de pasos –jalar una palanca con la boca y luego levantarla para liberar la recompensa. En promedio les tomó solo doce intentos completar la misión y, aún más notable, durante los diez meses que duró la prueba lograron recordar la solución cada mes en menos de dos minutos.

La doctora Elodie Briefer, coautora del estudio, se mostro sorprendida por los resultados: “La velocidad con la cual las cabras completaron el reto a los diez meses, en comparación con cuánto les tomó aprender la solución, indica una excelente memoria a largo plazo.” Otro de los aspectos más notorios de los resultados, es que las cabras prefieren aprender mediante la experiencia directa, por sobre el aprendizaje imitativo: “Encontramos que aquellas que no habían visto una demostración de sus predecesoras aprendían tan rápido como las que si la habían tenido. Esto sugiere que las cabras prefieren aprender por su propia cuenta que por observar a otras hacerlo”.

Las cabras son animales que por su inteligencia y su afán explorador, colonizan rápidamente nuevos escenarios. Y me da la impresión que estos seres, además de proveernos con la leche para manufacturar exquisitos quesos y otros productos, como la cajeta, parecen tener valiosas lecciones que aportar al ser humano. Así que si el perro es “el mejor amigo del hombre”, la cabra bien podría ser nuestra mejor amiga.

Twitter del autor: @ParadoxeParadis



Inteligencia animal: delfines se llaman unos a otros por su nombre

Un estudio reciente de la Universidad de St. Andrews indica que los delfines emiten sonidos particulares que identifican a sus compañeros cercanos.

dellf1Desde hace mucho tiempo, los científicos han intentado descubrir cómo funciona la comunicación entre delfines. Ahora, un estudio de la universidad escocesa de St. Andrews, con ayuda del Sarasota Dolphin Research Program, parece indicar que son capaces de imitar sonidos característicos de otros delfines para llamarlos.

Hasta el momento los científicos de St. Andrews no pueden asegurar que sus resultados realmente confirmen que los delfines se llaman entre sí al emitir algunos sonidos, pero creen que el hecho de que algunos delfines aprendan a emitir los sonidos distintivos e individuales de sus compañeros refleja que quieren comunicarse específicamente con un individuo.

En el estudio publicado el 19 de febrero pasado en Proceedings of the Royal Society B, los biólogos Stephanie King y Vincent Janik, investigan el fenómeno que descubrieron en el 2006: los delfines nariz de botella reconocen silbidos distintivos de delfines que conocen.

Las madres enseñan a sus crías silbidos o sonidos distintivos, por lo que el reconocimiento de los mismos pronto popularizó la idea de que eran nombres, sin embargo, la teoría se puso en duda ya que los delfines tienden a imitar los sonidos distintivos de otros.

No se sabe si al imitar los silbidos los delfines se están retando de la misma manera que lo hacen las aves al comparar sus cantos, o si lo hacen como parte de un ritual reproductivo, o si realmente están intercambiando información con sus conocidos en una especie de diálogo.

Para investigar más a fondo el fenómeno, el equipo de King y Janik analizó grabaciones de delfines hechas a través de varias décadas por el Sarasota Dolphin Research Program. Las grabaciones se hacían después de separar a los delfines en redes diferentes por varias horas. Los delfines no se podían ver a través de las redes pero podían oírse y comunicarse. Al analizar las grabaciones, King y Janik se percataron de la imitación de sonidos, y más importante aún, que los delfines que tendían a imitar los sonidos de otros eran madres y sus crías o machos aliados.

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Mientras que King y Janik creen que los resultados prueban que los delfines emiten ciertos silbidos para comunicarse con individuos específicos, otros biólogos como Robert Barton, de la universidad de Durham, advierte que es un error interpretar demasiado la comunicación entre delfines, ya que aunque los delfines del estudio de Sarasota sí repiten los sonidos de otros, lo hacen de manera poco frecuente.

La bióloga Shane Gero de la Universidad de Dalhousie nos recuerda que durante el siglo XX comportamiento humano se atribuía a algunos animales para demostrar su inteligencia, de manera que si la inteligencia de un animal no se podía comprobar dentro de un ambiente controlado en experimentos, se les consideraba tontos. Probar la inteligencia de algunos animales, como los delfines, en un ambiente controlado es muy complicado por lo que podemos cometer el error de menospreciar su inteligencia. Según la bióloga son estás tensiones las que ponen en duda el significado de los resultados de King y Janik.

Gero nos explica que la importancia de los resultados es que fomentan más investigaciones: “Todo se reduce a cómo se perciben estos llamados. Es difícil conseguir el significado. ¿Los delfines que copian y los delfines copiados comparten el significado? Todavía tenemos que demostrar eso en un experimento, pero es por eso que es tan emocionante.”

[Wired]

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