TOP: 6 alimentos que no sabías que eran probióticos

El alimento probiótico más reconocido es el yogur fresco, pues ayuda a mejorar los síntomas y problemas de defensas, periodos de lactancia así como a reforzar el sistema inmunitario.

En nuestro intestino existen una serie de microorganismos que ejercen una serie de efectos beneficiosos para el aparato digestivo. Esta clase de microorganismos es posible conseguirlos a través de alimentos que permiten mantenerlos activos en el intestino para contribuir el equilibrio de la microbiota intestinal y potenciar el sistema inmune. 

El alimento probiótico más reconocido es el yogur fresco, pues ayuda a mejorar los síntomas y problemas de defensas, periodos de lactancia así como a reforzar el sistema inmunitario. De hecho el consumo reiterado del yogur probiótico en cantidades relativamente abundantes posee un efecto terapéutico contra Helicobacter pylori, infecciones en el tracto digestivo e inflamación.

Existen otros alimentos probióticos que también pueden brindar una serie de beneficios a tu flora intestinal. Te los compartimos:

  • Kombucha u hongo chino. Es una bebida endulzada china compuesta de una colonia de bacterias. Ayuda a prevenir artritis y otras enfermedades. 2015-04-06-Kombucha-12
  • Kéfir. Es un producto similar al yogur búlgaro originario de la región Caucásica en Rusia. 
    Kefir
    Kefir
  • El chucrut es una comida típica de Alemania, Alsacia, Polonia y Rusia que se prepara haciendo fermentar las hojas del coliflor en agua con sal. raw-vegan-fermented-cabbage-sauerkraut
  • El kimchi es un plato típico de Corea. Se usa la col china, pimiento rojo, ajos o cebollas tiernas. Es un alimento fermentado salado y picante que puede estar sazonado con ajo o jengibre. Kimchi-007
  • Sopa de miso. Es una receta japonesa típicamente hecha con soya. Contiene alrededor de 160 cepas de bacterias. sopa-de-miso
  • Pulque. Es una bebida mexicana espesa y de color blanco, el cual se obtiene de la fermentación del jugo de maguey. pulque


Sofía Gatica, la mujer que desterró a Monsanto de Maldivas argentinas

Sofía Gatica, la mujer que luchó pública y ampliamente contra los transgénicos de la transnacional agroquímica en tierras argentinas.

Desde hace más de un siglo, Monsanto se ha relacionado con la destrucción de hábitats naturales y la creciente presencia de enfermedades y mutaciones en habitantes cercanos a estas regiones, principalmente cáncer, desórdenes cutáneos, supresión inmune, anemia, diabetes, problemas de hígado, entre otros. 

Pese a los esfuerzos de varias organizaciones no gubernamentales de detener tanto los productos de Monsanto, tales como Dioxin, Glifosato y PCB, como sus consecuencias devastadoras, las fábricas continúan expandiéndose a lo largo del mundo.

Un ejemplo actualmente, en México, las instituciones gubernamentales Sagarpa y Semarnat se han encargado de promover la siembra de soya transgénica de Monsanto en 253 mil 500 hectáreas en varios estados del país. Tan sólo en la zona maya de este país, Monsanto importa “10 millones de toneladas de grano al año, todo biotecnológico de EE.UU.”, ya que es “necesario darle la oportunidad a agricultores mexicanos de usarlas, en lugar de estarle pagando 50 000 millones de pesos al año a productores norteamericanos.” Esto provoca, en consecuencia, no sólo una pérdida de diversidad nacional de sus productos, también la afectación en la salud de los habitantes que consumen sus alimentos genéticamente modificados. Y si bien en México se ha buscado maneras para prohibir la siembra de productos genéticamente modificados, como la soya, la lucha continúa. 

Son estas luchas las que han marcado una diferencia en la biodiversidad, el cuidado del medio ambiente y la salud pública de la población. Como lo es el caso de Sofía Gatica, la mujer que luchó pública y ampliamente contra los transgénicos de la transnacional agroquímica en tierras argentinas. Ella, al relatar su historia para la revista feminista Pikara Magazine, ha dado plasmado su oposición al glifosato y la ruptura de las mayores construcciones logrando el destierro de Monsanto en Maldivas Argentinas.

Te compartimos su historia que compartió con Pikara Magazine

[…] Aquel atlas de las desgracias cercanas, una especie de orografía arrugada con ira por el paso del tiempo, se transformó en un informe archivado en el Ministerio de Salud del país suramericano. Entre sus páginas, la constatación ciudadana de que las fumigaciones con glifosato (el herbicida más vendido del mundo) provocaban cáncer y leucemia: “Encontramos 300 casos de cáncer y casi 80 fallecidos, sin contar con las malformaciones. Registramos ratios muy superiores a los normales”.

No había marcha atrás, apenas futuros posibles que construir. Así que las mujeres, bautizadas en 2003 como ‘las Madres de Ituzaingó’, se inmiscuyeron en una carrera de obstáculos en la que no se trataba de ganar o perder sino de aguantar. Lo siguen haciendo 16 años después. Más de 180 meses después han ocurrido muchas cosas, a veces demasiadas, como cuando se contabilizan las muertes, otras históricas, como cuando las crónicas resaltan que una de las transnacionales más poderosas del sector agroquímico inclinó la rodilla.

Fue hace apenas unas semanas, el pasado diciembre, cuando las calles de Malvinas Argentinas, una pequeña localidad de Córdoba, celebraron la salida de Monsanto. La multinacional salía por la puerta de atrás, echando el cerrojo al que estaba llamado a convertirse en uno de sus proyectos más emblemáticos, por tamaño e inversión: “Una de las mayores plantas de acondicionamiento de semillas de maíz no destinadas al consumo del mundo”, tal y como reflejaron en el momento del lanzamiento (junio de 2012, bajo el mandato de Cristina Kirchner) los informes técnicos de la propia compañía, que preveía destinar unos 1.500 millones de dólares (más de 1.400 millones de euros) al proyecto, desembolsos en concepto de investigación y desarrollo aparte.

De los golpes y amenazas

El relato de lo sucedido está sazonado de ambiciones, bloqueos, ganancias, cortes, asambleas, presiones y declaraciones, amenazas verbales y físicas, ilegalidades, alegalidades e incluso leyes redundantemente ilegales. Avances y retrocesos, los de la empresa frente a un amalgama de colectivos de toda Córdoba, entre los que destacan la Asamblea de Vecinos Malvinas Lucha por la Vida, la Asamblea del Bloqueo a Monsanto y las Madres de Ituzaingó. La vida, dejó escrito Shakespeare, es un cuento narrado por un idiota, que las llena de sus ruidos y furias. Tres siglos más tarde, Walter Benjamin matizó que está en todo caso contada por los vencedores.

[…] Un año más tarde, activistas y personas concienciadas organizaron un festival (Primavera sin Monsanto, que continúa celebrándose) en la misma entrada a las instalaciones que ya comenzaban a asomarse. Recibieron el apoyo de parte de la comunidad científica (entre ellos, el médico fallecido Andrés Carrasco) y académica (las universidades de Córdoba, Católica y Río Cuarto rechazaron la instalación de la planta), la artística (músicos como Manu Chao y René Pérez, de Calle 13) e incluso activistas internacionales como el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel o la india Vandana Shiva, se han sumado en algún momento a la causa.

Antes, durante y después, recuerda Gatica, un bloqueo de más de tres años, hasta la expulsión de Monsanto. “Ha sido muy difícil porque eran 37 hectáreas y, aunque cerrábamos sucesivas entradas con diez personas en cada puesto, ellos trataban de entrar por cualquier sitio”. Los problemas con los trabajadores de la empresa no tardaron en aparecer: “Al principio impedíamos únicamente la entrada a los camiones, por ejemplo metiéndonos bajo las ruedas, hasta que descubrimos que introducían herramientas incluso escondidas en sus maletines, cuando venían vestidos de traje”, añade esta líder argentina, que en 2012 recibió el Premio Goldman, conocido como el Nobel del Medio Ambiente.

Al mes de bloqueo llegó el primer desalojo, “cuando más de 300 policías nos sacaron a la fuerza a un centenar de personas”. Dos compañeras terminaron presas y Sofía, hospitalizada con un traumatismo craneoencefálico. “Pero nos dimos cuenta de que el pueblo es el que manda”, añade Gatica nada más terminar de extenderse con su parte médico: “Pedí el alta voluntaria y regresé con mis compañeros para quedarme. Poco a poco se sumó mucha gente y se empezaron a construir casas. Jamás pudieron ingresar como hubieran querido, pero soportamos casi cuatro años de frío, sin luz, sin agua, de hambre. Mujeres y hombres de todas las edades, con mucha gente joven”.

[…] “Pronto llegaron las amenazas. Me esperaban a la salida del trabajo, me perseguían y me golpeaban. Me amenazaron de muerte junto a mis hijos. Me han llamado de todo: ‘gringa sucia’, ‘zurda’…”. Las presiones, denuncia, se reforzaban con “los palos de la policía”, con “los grupos de choque de la empresa” y con “órdenes de represión” contra los vecinos. “Hubo una vez que los camiones lograron entrar y entonces decidimos impedir también la salida, salvo que se llevaran todo el material. Los obreros nos acusaron de haberles secuestrado”, añade Gatica entre su dilatada retahíla de reconstrucción de los hechos, presentados sin tapujos como “una guerra, en la que Monsanto contrataba matones y nosotros, para sobrevivir, tuvimos que armarnos: maderas con clavos, zanjas gigantes en la tierra, pinchazos a las ruedas de los camiones…”.

A los extremistas violentos

[…] Y es que, allí donde (en los transgénicos) hay quien ve enfermedades y muerte, otros contemplan “oportunidades de progreso y crecimiento para la comunidad y la provincia, sin riesgo ninguno”, afirma la empresa, que vaticinó 400 puestos de trabajo directos. En otra de sus notificaciones, identifica a Sofía Gatica (y a otras personas) como responsable de “agresiones verbales y físicas” que ponen en riesgo la integridad física y vulneran el derecho de expresión”, en referencia a una charla que empleados de Monsanto impartían en la Universidad Nacional del Litoral. Acciones que fueron calificadas de “vandalismo” y posteriormente denunciadas ante las Fiscalía

1.140 días de bloqueo (el número exacto lo tiene clavado en la memoria Gatica), hasta el 1 de noviembre de 2016, en los que la estrategia de Monsanto ha sido la de denunciar las “violaciones al derecho a trabajar” de sus empleados, recordando en sucesivos avisos que cumplían “con todos los requerimientos legales para la construcción de la planta”, citando, entre otras, diferentes ordenanzas, al Concejo Deliberante de Malvinas Argentinas, al Tribunal Superior de Justicia de Córdoba, el Estudio de Impacto Ambiental (elaborado por ellos mismos) y autoridades gubernamentales varias. Su defensa de que “no hay evidencia científica de que el glifosato sea cancerígeno” es radicalmente diferente al que presentan instituciones como la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC, en sus siglas en inglés) que, perteneciente la Organización Mundial de la Salud (OMS) de Naciones Unidas, lo consideró en 2015 como “probablemente cancerígeno para los humanos”. Las conclusiones siguen abiertas y recientemente la OMS, en este caso en una publicación conjunta con la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación), concluyó que era “improbable” que el glifosato presente riesgos carcinogénicos.

Sentencias firmes

Los entresijos jurídicos, que acompañaron a la lucha activista, dieron un primer vuelco radical en enero de 2014, cuando la Sala II dela Cámara de Trabajo detuvo la construcción, declarando inconstitucionales los permisos emitidos tanto por la Municipalidad como por la Provincia. Un mes más tarde, la Secretaría de Ambiente provincial también rechazó el estudio de impacto ambiental presentado por la compañía.

Paradójicamente (o no), la empresa guarda un celoso silencio de estos reveses. Tampoco ha querido manifestarse antes las repetidas apelaciones en las que Pikara Magazine le ha brindado su micrófono. Ha preferido mantenerse al margen también de su salida de Malvinas Argentinas, de la que no existe postura oficial alguna por parte de la compañía, si bien una “alta fuente” de la multinacional admitió a un portal argentino de actualidad y análisis económico que “no se pudo avanzar con la planta y esto también influyó. Pero lo más trascendente fue que el negocio cambió y dejó de ser conveniente para Monsanto”.

Los cambios que anónimamente denuncia Monsanto se refieren a modificaciones legales introducidas por las nuevas políticas agropecuarias, que han disminuido la expansión máxima de la superficie del maíz: “La pauta de procesamiento de la planta estaba en el orden de 3,5 millones de hectáreas pero, en los últimos años, apenas se pasó de los 2,5 millones. Una inversión así no tiene sentido desde el punto de vista del negocio”.

Jamás van a admitir que el pueblo los venció. No se fueron por la Justicia”, subraya Gatica, convencida de que fue Cristina Kirchner, la anterior presidenta del país, quien “negoció con la salud del pueblo. Seguramente bajo su mandato no hubiera sido posible nuestra victoria, si bien es cierto el actual Gobierno [de Mauricio Macri] también responde a las corporaciones y no a la gente”.

Una victoria, pero ¿de quién?

Malvinas Argentinas aún está resacosa de celebraciones. Forzosa o voluntariamente, Monsanto se ha ido de la localidad, pero no del país. Falta por escribir qué sucederá a partir de ahora, cuando el municipio adquiera la verdadera dimensión de lo logrado. La transnacional no solamente sigue operando en Argentina, sino que los insumos destinados al fracasado proyecto han sido trasladados a la próxima localidad de Rojas, unos 500 kilómetros al oeste y próxima a Buenos Aires.

Los reveses sufridos por Monsanto en Malvinas Argentinas y el hecho de que siga sin poder modificar la Ley de Semillas (por la que pretenden garantizarse ganancias por los derechos de uso de casi toda la soja, el maíz y el algodón que siembran en el país americana) les sepa seguramente mejor con el balance comercial cosechado en 2016, que la sitúan como dominadora absoluta en el negocio del maíz y en la venta de glifosato. Según los datos de la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (CASAFE), sus ingresos en este sentido aumentaron con respecto al ejercicio anterior.

Además de las instalaciones de Rojas, Monsanto mantiene otras 36 plantas en el país. La transnacional “desarrolla los planes a largo plazo, por lo que mover su inversión a otro lado tiene su lógica. Seguirá proveyendo a semillas al área de Córdoba. Que no tenga una planta levantada no significa que dejará de tener presencia”, según analizaron expertos en la materia a  un medio uruguayo.

“Es una batalla que vamos a ganar, nos va a costar, pero se la vamos a ganar”, vaticinó Sofía Gatica en octubre de 2012, al poco de saberse las intenciones de Monsanto en Malvinas Argentinas. Muchas “sangres” después (“América se ha escrito con sangre y seguirá escribiéndose con sangre. Vamos a luchar dejando nuestras vidas”, respondía la protagonista en una entrevista posterior, publicada por el autor en formato e-book), Sofía Gática, parte de esa Argentina que desterró a Monsanto, lo tiene claro: “Hemos ganado una pequeña batalla porque Monsanto está aislado en distintas partes del país. Vamos a seguir ahí, dándoles batalla y resistiendo”.

La dueña de las semillas

Monsanto ya no es sólo una empresa. Atrás quedaron sus inicios, allá por el arranque del siglo XX, en los que producía sacarina para Coca-Cola. Ahora es una transnacional con pies, dedos, garras, manos y tentáculos en casi cada esquina del globo, aunque sus principales mercados son Estados Unidos, Brasil, Argentina y Canadá. La producción de semillas transgénicas y el herbicida glisofato comercializado bajo la marca Roundup son dos de sus principales negocios, que la convierten prácticamente en dueña de la agricultura mundial.

Sobre todo tras su reciente fusión con Bayern, otra de las agroquímicas más grandes del mundo. “Con la transacción se fusionan dos negocios diferentes pero altamente complementarios. El negocio conjunto sacará partido del liderazgo de Monsanto en el ámbito de semillas y (…) por una parte, y del amplio abanico de productos de protección de cultivos de Bayern (…)  por la otra”, decía la compañía.

La sospecha siempre está detrás de cualquier acción de Monsanto, tanto por los temores hacia los organismos modificados genéticamente (OMG), como por las investigaciones que han sufrido varios de sus productos (la controversia sobre el glisofato es muy alta y ha sido prohibido su uso en varios territorios), las condenas por soborno en Indonesia, la venta de productos tóxicos o por el oligopolio que ejerce sobre la alimentación.

Y las resistencias también se multiplican. El pasado mes de octubre La Haya acogió en el Tribunal Internacional Monsanto, una “iniciativa de la sociedad civil para que Monsanto se responsabilice por violaciones a derechos humanos, crímenes contra la humanidad y ecocidio”, a la que la transnacional respondió. La sentencia estará en abril de 2017.

 
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Increíbles beneficios de los alimentos fermentados

La proliferación de lactobacilos en verduras fermentadas mejora la digestibilidad e incrementa los niveles de vitaminas.

Imagen: http://foodandtravel.mx/

Los alimentos fermentados, como el pulque, chucrut o encurtidos modernos, poseen numerosos beneficios para el cuerpo; principalmente para el sistema inmunitario, intestinal e inclusive emocional.

Dado que la vida en la época del Paleolítico no era impoluta ni esterilizada, no existía el jabón para lavarse las manos ni la carne no solía estar envasada al vacío ni almacenada en neveras para evitar su proceso de putrefacción. Sin embargo no fueron algunos siglos después del XVII, cuando se descubrieron los microorganismos podían causar enfermedades y que el hecho de hervir o calentar sustancias era capaz de atenuar o acabar su daño: 

Nos hemos estado alimentando con comidas repletas de bacterias durante cientos, miles y millones de años. Nuestros antepasados no esterilizaban ni pasteurizaban lo que ingerían. La vida, según nuestros valores actuales, era sucia, y sufríamos de enfermedades infecciosas. Pero al menos teníamos más armas para lidiar con ellas […] Los primeros indicios de viticultura se remontan a 8 000 años atrás en el área caucásica de Georgia. Y existe evidencia de que se fermentaban bebidas en Babilonia alrededor de 5 000 AC, en Egipto alrededor de 3 150 AC, en México prehispánico alrededor de 2 000 AC y Sudan alrededor de 1 500 AC.  También existe evidencia de que se producía pan con levadura en el antiguo Egipto tan temprano como 1 500 AC y que se fermentaba leche en Babilonia cerca del 3 000 AC. 

De hecho, y de acuerdo con su libro Nourishing Tradition, Sally Fallon, explica que la proliferación de lactobacilos en verduras fermentadas mejora la digestibilidad e incrementa los niveles de vitaminas. Gracias a la presencia de estos organismos producen numerosas enzimas útiles a través de sustancias antibióticas y anticancerígenas: “Su principal subproducto, el ácido láctico, no sólo conserva las verduras y las frutas en un estado perfecto, sino que promueve el crecimiento de una flora bacteriana saludable en todo el intestino.”

Por ejemplo, la leche –yogur, piima, matsoni y otros lácteos fermentados– que se somete a este tipo de fermentación, es un cultivo inoculado que aporta más vitaminas en comparación con la leche cruda o pasteurizada o uperisada. Estos lácteos fermentados contienen un alto nivel de folato, vitamina B12 y biotina. 

Esto quiere decir que el proceso de fermentación no sólo descompone la lactosa, también atenúa la presencia del azúcar y carbohidratos potencialmente problemáticos. Inclusive puede lograr que ciertos alimentos considerados como incomibles o peligrosos puedan volverse medianamente nutritivos. Fallon explica que se pueden reducir las lectinas, el gluten y los fitatos de los cereales al fermentarlos: “No estoy proponiendo que volvamos a comer pan, pero si en algún momento te quieres dar el capricho, lo ideal sería hacerlo con un poco de pan de masa fermentada tradicional.”

www.chicanol.com
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Los alimentos fermentados son, además, la mejor fuente de probióticos y vitamina K2, los cuales son reconocidos al ayudar a restaurar el equilibrio de bacterias en el sistema digestivo. Es decir que este tipo de alimentos son ideales en caso de padecer estreñimiento, colon irritable, intolerancia a la lactosa o al gluten, candidiasis, alergias o asma. Los fermentos mejoran la función digestiva para absorber los nutrientes, vitaminas y minerales que ingerimos: “al introducir bacterias beneficiosas en nuestros cuerpos estamos restaurando un equilibrio de la flora intestinal que solía ser la norma para quienes se alimentaban con comida real y tradicional y se exponían a las bacterias de manera regular.” 

La soja, el yogur, el chucrut, el kimchi, el kefir e inclusive el chocolate son alimentos con una biodisponibilidad de aminoácidos, en particular la lisina, con sus efectos antivirales, y la metionina, rica en vitamina C y A. Por ejemplo, en el caso del chocolate y la fermentación de los granos del cacao, no sólo se potencializa el sabor y color del cacao, también se eliminan la mayor parte de los taninos.  

[Eva muerde la manzana]



Probióticos y salud cerebro-emocional

¿ Es posible que nuestras bacterias intestinales puedan afectar nuestro estado de ánimo?. La investigación actual sobre el tema resulta cada ves más asombrosa y contribuye a arrojar nueva luz sobre la famosa sentencia hipocrática “QUE TU ALIMENTO SEA TU MEDICINA”.

La depresión y la ansiedad son los dos trastornos psicoemocionales más frecuentes en la actualidad y alcanzan ya proporciones epidémicas. La investigación reciente sobre el papel de las bacterias intestinales en los estados de ánimo ofrece una alternativa práctica y eficaz para enfrentar este fenómeno: los probióticos pueden usarse a titulo preventivo y/o terapéutico , y no generan los  efectos secundarios nocivos que tienen los fármacos ansiolíticos y antidepresivos.

Citemos, como ejemplo, un trabajo publicado en el 2013 por investigadores de la UCLA, en el cual se demostró que el consumo de lactofermentos , 2  veces por día, durante 4 semanas, modificaba favorablemente la actividad de regiones  cerebrales que  controlan el procesamiento de las sensaciones y las  emociones. El estudio fue encabezado por el Dr. Emeran Meyer, médico gastroenterólogo, reconocido mundialmente como una autoridad en la investigación sobre los vínculos entre los probióticos, el cerebro intestinal y la salud humana en general. (El lector interesado puede consultar sus trabajos en : www.gutmicrobiotaforhealth.com). 

Los investigadores dividieron en 3 subgrupos a 36 mujeres saludables: 12 consumieron yogurt 2 veces al día por 4 semanas, 11 consumieron leche y las 13 restantes no tomaron leche, ni yogurt.

Antes del estudio todas las participantes fueron sometidas a un test que utilizando imágenes del cerebro obtenidas mediante resonancia magnética, mide la respuesta inmediata consiente y preconsciente a estímulos emocionales. Durante las 4 semanas las mujeres que consumían yogurt y leche fueron monitoreadas mediante dicho test en repetidas ocasiones. También se aplicaron otros test para medir la respuesta cerebral al estímulo emocional y para medir la actividad cerebral durante las horas de sueño. 

Después de las 4 semanas quienes ingerían   yogurt, mostraron cambios significativos en su actividad cerebral. Su respuesta a las pruebas mejoró y la actividad en las regiones cerebrales asociadas con la respuesta emocional cambió para bien de manera dramática, la interconectividad en el cerebro medio se incrementó ( lo cual podría explicar la mejor respuesta a las pruebas). Los investigadores calificaron estos cambios como “ robustos” y “amplios” refiriéndose a que fueron grandes y se presentaron en numerosas áreas del cerebro. También se observó una modulación de la actividad cerebral en áreas asociadas con la respuesta a los estímulos emocionales.

Todos estos cambios ocurrieron sólo en el grupo que consumió yogurt, por lo cual -comentaron los investigadores- pueden atribuirse a los cambios generados en las bacterias intestinales por  la ingesta de yogurt. Los investigadores reportaron que esta es la primera ves que tal cosa se demuestra para humanos confirmando los resultados obtenidos en numerosos estudios realizados con roedores y añaden que la investigación por venir, podría confirmar otros beneficios asociados con la  mejora de las bacterias intestinales,  observados el los estudios con animales, como:

  • modulación de la sensibilidad al dolor,
  • modulación de la respuesta al estrés,
  • modulación del estado de ánimo,
  • reducción de la ansiedad.

Así mismo señalan que apenas comenzamos a comprender los mecanismos de interacción entre nuestro cerebro y la salud intestinal, en especial el equilibrio de las bacterias intestinales.(1).

En otro estudio, llevado a cabo por el Dr Phil Burnet y su equipo de colaboradores,  del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Oxford, la utilización de una fibra rica en galactooligosacáridos (BIMUNO), produjo una disminución en los niveles de cortisol, una disminución en los síntomas de ansiedad entre quienes consumieron el producto, así como también una mayor capacidad de tolerancia al estrés. 

Según estos autores la investigación actual aporta fuertes evidencias sobre un vínculo estrecho entre las bacterias intestinales y el funcionamiento cerebral: las bacterias intestinales influyen profundamente en la respuesta neuroendócrina al estrés y modulan  procesos cerebrales de respuesta a información que se asocia fuertemente con la depresión y la ansiedad. La escases de estudios con humanos llevó a los autores al desarrollo del presente estudio: observar el efecto de la ingesta de prebióticos ( fibra soluble que nutre a  las bacterias intestinales)  en la respuesta al estrés y a la información entre individuos sanos. Lo más impresionante de este estudio, señalado por los autores en sus conclusiones, es que el consumo de prebióticos que mejoran el estado de nuestras bacterias intestinales, genera en los consumidores un cambio en el procesamiento de la información según el cual estos ¡priorizan el registro de la  información positiva vs la negativa¡ (en un test realizado frente a una computadora)(2).

Los datos se acumulan día a día. Los estudios con humanos son recientes y escasos, pero las evidencias reunidas en los estudios con animales demuestran que las  bacterias intestinales influyen sin lugar a dudas en la bioquímica cerebral y en los patrones de comportamiento. 

EL CEREBRO INTESTINAL.

Desde hace una década, aproximadamente, se retomó la investigación sobre lo que se ha dado en llamar “el segundo cerebro” o “ cerebro intestinal”. Se trata del conjunto de neuronas que revisten el tubo gastrointestinal, y que se encargan de regular el complejo conjunto de funciones necesarias para una buena digestión. El cerebro intestinal comprende unas 400 mil neuronas, más que cualquier otro órgano periférico y sintetiza gran cantidad de sustancias neuromediadoras. Se ha demostrado la existencia de una estrecha interacción entre el “ cerebro intestinal “ y nuestro sistema nervioso. La investigación reciente también ha demostrado que las bacterias intestinales influyen profundamente en el funcionamiento del cerebro intestinal, pero también sobre  sistema nervioso central a través de mecanismos que involucran aspectos neurológicos, neuroendócrinos, neuroinmunológicos, bioquímicos y otros. En una palabra, esta investigación ha descubierto – o redescubre, podríamos decir- una importante ventana para el desarrollo de la medicina: la interacción entre el sistema nervioso central y la salud intestinal,  y sus  implicaciones para el normal funcionamiento de todo nuestro organismo. Al interior de esta novel investigación, mucho interés ha despertado la correlación entre salud intestinal y salud emocional, entendida como un sistema de interacción bidireccional , así como también, el papel del equilibrio de nuestras bacterias intestinales en este mecanismo ( interconexión cerebro-intestinos) básico para la homeostasis de nuestro organismo.

Lo más prometedor de estos trabajos, en cuanto al estudio de las bacterias intestinales se refiere, es el descubrimiento de su influencia en la intercomunicación intestinos-cerebro y la comprensión de las vías por las cuales nuestras bacterias intestinales pueden generara efectos en la fisiología intestinal con impactos enormes en nuestra salud global, pues involucran la salud del sistema inmunológico -recordemos , por ejemplo, que el 80% de la actividad inmunológica ocurre a nivel intestinal- la absorción y síntesis de nutrientes, procesos metabólicos,  mecanismos nueroendócrinos de respuesta inflamatoria, la función de órganos vitales como el hígado, etc. Pero no sólo, poco a poco se a demostrado que las bacterias intestinales influyen en la salud cerebral al punto de que pueden determinar  en nuestros estados de ánimo y en nuestro comportamiento.

Según el especialista en autismo y salud intestinal, Derrick MacFabe: “Las bacterias que viven en nuestro tracto gastrointestinal pueden cambiar  quienes y qué somos, desde la susceptibilidad o la resistencia  a determinadas enfermedades, hasta nuestro cerebro, comportamiento e inclusive nuestra personalidad.”. Sabemos, insiste el mismo autor,  que nuestras bacterias superan 10:1 en número a nuestras células, que de diversas maneras influyen en la bioquímica cerebral y que representan una enorme masa de información genética en interacción constante con los genes de nuestras células. Hay quienes proponen, a la luz de los nuevos conocimientos, señala el  Dr.MacFabe, del departamento de Neurociencias y Psiquiatría de la Universidad de Oeste de Ontario, Canadá,  que en un proceso de simbiosis evolutiva aprendimos a provechar la presencia de las bacterias intestinales no sólo por sus beneficios para nuestros procesos digestivos, metabólicos e inmunológicos sino también por su influencia sobre nuestro sistema nervioso central y nuestro comportamiento. La alteración de la alimentación moderna, el abuso en la medicación de antibióticos, el estrés y las sustancias deletéreas con que hemos inundado nuestro medio ambiente generan cambios profundos de nuestras bacterias intestinales y pueden de esta manera predisponernos a enfermedades diversas y cambios neuroemocionales desventajosos (3). 

QUE TU ALIMENTO SEA TU MEDICINA.

A luz de este conocimiento adquiere renovada importancia la tesis hipocrática arriba citada: el papel esencial de nuestra alimentación en el cuidado de nuestra salud.

Son numerosas las áreas de la investigación en curso, misma que poco a poco va develando una complejísima interacción entre los procesos digestivos, la salud intestinal, nerviosa, inmunológica, cerebral y emocional, por mencionar sólo los ejes principales que se entrecruzan en esta investigación. Y de nuevo  nuestra alimentación es la gran olvidada en todos estos trabajos, con la salvedad de algunos pocos autores.

Se insiste en el equilibrio de las bacterias intestinales y en las diversas vías por las cuales dicho equilibrio influye en este sistema, pero no se extrae la conclusión lógica evidente: la dieta moderna resulta sumamente agresiva para las bacterias intestinales y para todo el tubo digestivo, lo cual permite comprender el origen de muchas patologías, la masificación de diversas enfermedades crónico degenerativas típicas del mundo moderno ( desde la depresión hasta la obesidad) y ofrece una explicación plausible para comprender la causa de patologías incomprendidas por la medicina moderna como las enfermedades autoinmunes.

CONSEJOS PRÁCTICOS.

Una dieta rica en frutas y verduras, evitar el abuso en el consumo de azúcar y harinas refinadas, así como también   de grasas saturadas, resulta esencial para el equilibrio de las bacterias intestinales. Destaquemos  el uso frecuente de antibióticos como  factor  sumamente agresivo para dicho equilibrio. Si usted ha tomado antibióticos con frecuencia, debe buscar otra forma de resolver el problema que lo aqueja y utilizar , por lo menos durante 6 a 12 meses, diferentes medidas para regenerar el equilibrio de sus bacterias intestinales.

Además de lo que ya mencioné, el consumo de alimentos fermentado, como el yogurt,  los tibicos,  el kombucha,  el tepache, o el pulque ( con moderación), son muy benéficos; también el uso de suplementos probióticos (que proporcionan bacterias).

 

1. Gastroenterology. 2013 Jun;144(7):1394-401, 1401.e1-4.Consumption of fermented milk product with probiotic modulates brain activity.Tillisch K1, Labus J, Kilpatrick L, Jiang Z, Stains J, Ebrat B, Guyonnet D, Legrain-Raspaud S, Trotin B, Naliboff B, Mayer EA.

2. (Psychopharmacology (Berl). 2014 Dec 3. Prebiotic intake reduces the waking cortisol response and alters emotional bias in healthy volunteers.Schmidt K1, Cowen PJ, Harmer CJ, Tzortzis G, Errington S, Burnet PW.) 

3. ( Macfabe D., Autism: metabolism,mitocondria, and microbiome, Glob adv Health Med, 2013 Nov; 2(6):52-66.)



Comprueban que los probióticos pueden ayudar a combatir el cáncer

Las bacterias de los productos fermentados fortalecen el sistema inmunológico y disminuyen la muerte celular

Los probióticos son bacterias benéficas que ayudan a digerir algunos alimentos y fortalecen nuestro sistema inmunológico. En los últimos años los probióticos han acumulado popularidad, pues se han demostrado algunos de sus sanos beneficios: podemos encontrarlos en los alimentos fermentados y en algunas bebidas tan comunes como el yogurt.

De entre las cualidades probadas de los probióticos, algunos científicos han descubierto que son alicientes para combatir el cáncer. Por su propiedad inmunológica y otros atributos, como el hecho de que pueden combatir el crecimiento de los procarcinógenos, los probióticos estimulan la mucosa secreción de INF-gamma, que revierte la programación genética que provoca la muerte celular.

En los tratamientos tradicionales contra el cáncer, las células benignas suelen ser afectadas simultáneamente cuando son atacadas las malignas, pero los probióticos no causan esta nociva secuela. Los probióticos no son considerados una cura para el cáncer sino un aliciente para combatirlo.

Afortunadamente los estudios abren cada vez más el conocimiento hacia el mundo de las bacterias; tras ser consideradas malignas por mucho tiempo, se está encontrando que, de hecho, estamos conformados por ellas: 90% de nuestro organismo está hecho de bacterias y microorganismos, más de 250 familias distintas.

Aquí puedes conocer algunos alimentos probióticos y porqué son benéficos para tu organismo.



¿Por qué deberíamos comer más alimentos fermentados?

Conoce los beneficios de la comida fermentada, la cual aumenta la proliferación positiva de los probióticos en nuestros intestinos.

¿Quién no se ha enfermado por haber comido algún alimento en estado dudoso? Si lo has experimentado, o el amigo de un amigo, entonces estarás de acuerdo que la proliferación de bacterias en la comida aumenta el riesgo de infecciones y enfermedades; y que, por consiguiente, la esterilización ha salvado miles de vida a lo largo de su historia.

Pero por el otro lado, esta fobia contra las bacterias que ha crecido paulatinamente al grado de afectar la producción industrial de la comida. Actualmente nos es difícil encontrar un alimento que no sea alterado químicamente para evitar la introducción de una bacteria. En consecuencia, nuestra preocupación cultural por los alimentos 100% estériles de bacterias, ha provocado una pérdida considerable de bacterias buenas en nuestro cuerpo; las cuales son necesarias para el funcionamiento adecuado de la digestión y para proteger nuestro cuerpo de diversas enfermedades.

La fermentación puede ayudar a que alimentos difíciles de digerir entren fácilmente a nuestro sistema. Además que, la comida fermentada aumenta la proliferación de los probióticos en nuestros intestinos, reforzando así al sistema inmunológico: nos protegen de posible cáncer de colon; nos ayudan a prevenir intolerancia a la lactosa, virus como la diarrea, síndrome del intestino irritado, infecciones; nos mejora el proceso de la digestión, y por ende de la energía; y generan un equilibrio hormonal.

Es evidente que no comeremos cualquier alimento fermentado que, probablemente, nos causará más que un dolor de estómago. Por ello, te compartimos algunos alimentos fermentados que puedes mantener en tu dieta diaria:

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Una compilación de lecturas (libros, ensayos, etc) disponibles en PDF sobre temas como sustentabilidad, medioambiente y salud.

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