La belleza de un verano con niños sin tablets ni computadoras (FOTOS)

Una madre polaca documenta en expresivas fotos la diferencia del tiempo para los niños sin tecnología que los sustraiga.

Entre algunos de los efectos nocivos de la tecnología, están la pérdida de la memoria, y quizá su más dañina consecuencia es la sustracción. Vamos inmersos en la información o “contactos sociales” por medio de los dispositivos pero perdemos el contacto profundo con los que nos rodean.

Estamos y no estamos, es quizá esta la premisa de nuestra época; el tiempo que damos a los otros y a nosotros mismos no es de calidad; “compartimos” pero en realidad no lo hacemos.

Por su parte, en el caso de los niños, no existen estudios todavía que nos hablen sobre la imaginación y su estado de posible apagamiento. Para las generaciones pasadas de niños su imaginación era su principal instrumento de distracción: un palo podía ser un rayo de poder o una piedra una isla. Las tables, y las computadoras, sobre todo por medio de juegos interactivos, simplemente hacen el trabajo a los niños; mostrándoles una realidad preconcebida en la que ellos sencillamente siguen las reglas del juego.

Ahora que estamos en verano, ¿has pensado en renunciar a tu comodidad para que, en lugar de que los niños estén enajenados, vuelvan a perderse pero en el entorno? Lo anterior implica más esfuerzo y atención de tu parte, pero vale la pena.

Izabela Urbaniak, una madre polaca muy consciente de la necesidad del contacto real entre sus hijos y otros niños y la naturaleza, ha hecho una serie que documenta unas vacaciones en el campo fuera del contacto con la tecnología como el internet, PlayStation, las tabltes o computadoras: las fotos hablan por sí mismas.

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[Boredpanda]

*También en Ecoosfera:¿Por qué procurar que tu hijo tenga contacto con la naturaleza y se desapegue de la tecnología?



La cura al estrés está en un Baño de bosque

La solución a los problemas causados por el estrés laboral, lejos de consistir en un alto gasto por parte del sistema de salud pública o de los bolsillos propios, puede estar a tan solo un paseo por el parque.

Karoshi es el término acuñado en Japón, a partir de finales de los años ochenta, para referirse al lamentable fenómeno laboral que afecta, hasta nuestros días, a la nación del sol naciente: el alto índice de muertes causadas por derrames cerebrales o infartos cardíacos provocados por exceso de trabajo.

Tener malos hábitos, como sentarse frente a una pantalla después de trabajar o ir a la escuela sin darse tiempo para disfrutar de las bellezas paradisíacas que la naturaleza ofrece de manera gratuita, puede resultar perjudicial para nuestra salud, al tener como resultado una baja en la eficiencia del sistema inmune y un empeoramiento de los estados de ánimo.

Como un medio de solución a este problema, la Agencia del Bosque de Japón propuso al país la práctica del Shinrin Yoku, método de relajación que consiste en dar paseos por áreas verdes bajo la premisa de dejar entrar al bosque dentro de uno mismo: a los pulmones al respirar el aroma de la hierba, a los ojos al admirar la belleza del entorno, a nuestra piel al sentir la brisa de los árboles y a los oídos al escuchar el canto de las aves.

Esta táctica, cada vez es más frecuente en la sociedad japonesa e impulsada por un gran número de empresas que fomentan en sus empleados el tomar estos “baños de bosque”, está basada en los resultados de pioneros en la investigación sobre el impacto de, medio ambiente en la salud.

Yoshifumi Miyazaki, antropólogo fisiológico y Vicerrector del Centro de la Universidad de Chiba para el Medio Ambiente, la Salud y las Ciencias del Campo, declaró para la revista Outside Magazine: “Durante nuestra evolución hemos estado el 99,9% en entornos naturales. Nuestras funciones fisiológicas están todavía adaptadas a este medio”. Con ello sostiene que la especie humana está naturalmente acondicionada a desenvolverse en áreas verdes, como bosques y parques, en los que encuentra de manera innata y con mayor facilidad el bienestar y confort.

El investigador Miyazaki, originario de la prefectura de Kobe, realizó un estudio junto con su colaborador Juyoung Lee en el cual se demostró que el organismo de los sujetos que suelen dar paseos por zonas naturales muestran una baja media del 1,4% en la presión sanguínea, un descenso de un 12,4% de la hormona cortisol, responsable de causar enfermedades como la diabetes y el Alzheimer, así como una reducción del 5,8% en la probabilidad de sufrir un infarto.

Por su parte, el profesor de la Escuela de Medicina de Tokio, Qing Li, demostró que el contacto constante con árboles y la naturaleza ayuda a mejorar la resistencia del sistema inmunológico de las personas, haciéndolas menos propensas a contraer infecciones y enfermedades. Lí asegura que respirar el aire puro de los árboles lleva a un aumento en la producción de glóbulos blancos, las células sanguíneas responsables de la respuesta inmunitaria.

La solución a los problemas causados por el estrés laboral, lejos de consistir en un alto gasto por parte del sistema de salud pública o de los bolsillos propios, puede estar a tan solo un paseo por el parque.

Si bien no todos cuentan con la posibilidad de dar paseos dentro de algún bosque debido a que actualmente la mayoría de las personas viven dentro de grandes urbes en las que esa opción es limitada, la posibilidad de salir al pequeño parque de la colonia y el disfrutar los sencillos contactos con la naturaleza. No te desanimes, sal a disfrutar de la naturaleza.

COLABORACIÓN DE EARTHGONOMIC MÉXICO, A.C. Nuestra misión es fomentar el desarrollo de la sociedad en armonía con el entorno natural y el respeto a los seres vivos. Para más información visita: www.earthgonomic.org @Earthgonomic y /Earthgonomic



Esto es lo que hace la energía de la naturaleza a tu mente y cuerpo

Entre las actividades más comunes que permiten recrear la energía que fluye es el gounding, earthing o forest bathing; las cuales son actividades que, al estar en contacto con la energía de la naturaleza, alteran positivamente la vibración del cuerpo humano.

En el mundo de la actualidad, el éxito profesional y la estabilidad económica son considerados los elementos base para un bienestar global. Sin embargo, contadas son las personas y las actividades que se enfocan en la ecología de la energía que fluye a lo largo del planeta hacia nosotros y viceversa.

Entre las actividades más comunes que permiten recrear la energía que fluye es el gounding, earthing o forest bathing; las cuales son actividades que, al estar en contacto con la energía de la naturaleza, alteran positivamente la vibración del cuerpo humano. Estos son los efectos más frecuentes de esta conexión con la naturaleza:

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Una sensación del infinito en el aquí y ahora. Se trata de la toma de consciencia de un tiempo real, en el que el pasado y el futuro son distorsiones del ahora. En ese momento se experimenta un increíble sentido de libertad de lo que realmente apasiona, desde adentro, generando un futuro activo en el presente.

Sincronicidad. Parecerá que eventos comienzan a coincidir, como si se manifestara la realidad de uno en la existencia misma del pensamiento. Cosas simples como ver siempre el reloj a las 11h11 o 12h34, pensar en alguien y de pronto aparece algo relacionado con él o ella. Pareciera como si el universo está llevándote a una dirección en particular, basado en el timing de estos eventos.

Sueños proféticos y experiencias místicas, como déjà-vus.

Desinterés en los bienes materiales. La riqueza económica deja de ser lo más importante; pero la riqueza emocional, en donde tener tiempo de calidad con los vínculos afectivos, pasa a ser una prioridad. La necesidad del trabajo se convierte al placer de hacerlo.

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Empezar a usar las habilidades naturales como parte de una profesión. Al enfocar la energía en una búsqueda creativa y emprendedora, la vida comienza a alinearse hacia un objetivo trascendental, orgánico, natural.

Disfrutar de los momentos de soledad. Se experimenta la necesidad de explorar la creatividad y conexión con la naturaleza, de meditar y mejorar la relación entre uno y uno mismo.

Viejos recuerdos y emociones intensas brotan a la superficie para sanar. Sin necesidad de reprimir los errores del pasado, nuestra esencia se libra del ego y sus represiones, por lo que uno comienza a ser más gentil con el proceso de la naturaleza y la humanidad.



La naturaleza aumenta la cohesión en las comunidades y reduce el crimen; estudio

Las conclusiones apuntan a una mayor conexión con el entorno, incluyendo a las personas.

Si la naturaleza está relacionada con la alegría y niveles de felicidad; ello por que detona en nosotros hormonas como serotonia, sus efectos pueden ir mucho más allá. Además de la poesía y reducir el estrés en tu vida, sus repercusiones sociales son hasta ahora insospechadas.

Por ejemplo, ha sido comprobado cómo los niños que estudian cerca de un área verde tienen mejores resultados, así,  su presencia lleva un efecto incluso en la educación. Por su parte, sus efectos en la violencia de las comunidad está siendo comprobado en últimos estudios.

En Gran Bretaña un estudio dirigido por Harris Poll de la Universidad de Cardiff encontró en un análisis de data proveniente de 2,079 hombres y mujeres, que aquellas zonas con mayores áreas verdes tenían menores índices de criminalidad, asimismo, que estas personas con mayor contacto con la naturaleza solían manifestar una mayor cercanía con su comunidad.

De alguna manera,  el hecho de que las personas se sientan conectadas con la naturaleza, apunta el estudio, podría hacer que se sientan más cercanas a su entorno general, incluyendo las personas.

El autor advierte que estas son solo correlaciones, es decir, efectos indirectos. Lo que resulta sorpresivo es que la relación es notablemente coincidente. No podría no vincularse al fenómeno de una mayor cohesión social.

[psmag]



Conoce las historias más extraordinarias de niños salvajes (FOTOS)

Algunos de los casos resultaron ser niños perdidos –u olvidados– que fueron adoptados por animales salvajes, volviéndose ellos mismos parte de este salvajismo; los niños ferales.

Existen increíbles historias de resilientes salvajes –estos personajes que, por derecho a la naturaleza misma, fueron criados por la madre naturaleza, lejos de una civilización–. Quizá entre las más conocidas sea el caso de Rómulo y Remo, los fundadores del Imperio romano, quienes fueron criados desde su más tierna infancia por una loba –teorías consideran que se trataba realmente de una prostituta–.

Estas historias, por supuesto, se componen de intrigas y misterios, donde impera la coordinación entre la empatía del lado más instintivo del ser humano con el de los animales salvajes –distantes de la domesticación, sino que neurosis, de las civilizaciones y culturas–. Y a pesar de los posibles defectos que esta empatía podría generar –como el poco desarrollo neurosecuencial, traducido en la ausencia de lenguaje o de conductas socialmente esperadas–, la realidad es que esta supervivencia es una joya que merecería la pena atender a conciencia.

Quizá por esta razón les compartimos esta serie fotográfica de la angloalemana Julia Fullerton-Batten llamada Feral Children. Para ella, esta serie es apasionante como intrigante, pues algunos de los casos resultaron ser niños perdidos –u olvidados– que fueron adoptados por animales salvajes, volviéndose ellos mismos parte de este salvajismo. Pero lo que es seguro es que existen casos documentados en cuatro de cinco continentes. Conócelos:

La niña de los lobos, en México

En 1845, los habitantes de México vieron a una niña corriendo en cuatro patas con una manada de lobos atacando a un rebaño de cabras. Un año después, se le vio con esos mismos lobos comiendo a una cabra. En 1852, se le volvió a ver amamantando a dos cachorros lobos pero corrió hacia el bosque. Nunca se le volvió a ver.

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Oxana Malaya, en Ucrania

En 1991, Oxana vivía con algunos perros en una perrera. Ella tenía ocho años de edad y llevaba viviendo con perros durante seis. Sus padres eran unos alcohólicos y una noche, la dejaron a fuera. En búsqueda de calor, la pequeña de tres años de edad se adentró a la perrera y se acurrucó con los perros mestizos. Este acto se convirtió, seguramente, en el parteaguas que le salvó la vida. Ella solía comportarse más como un perro que como un humano, debido a la poca interacción con los humanos. Ella sólo aprendió a decir “sí” o “no”. Ahora, tras 30 años de terapia intensiva, Oxana aprendió habilidades verbales y sociales básicas similares a las de un niño de cinco años. Desde entonces trabaja en una granja veterinaria.

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Shamdeo, en India

Cuando se descubrió a Shamdeo en 1972, él sólo tenía cuatro años de edad. Él estaba jugando con cachorros de lobos: su piel era sumamente oscura y tenía los dientes y las uñas afiladas, cabello enmarañado y callos en las palmas, codos y rodillas; le encantaba cazar pollos, comer tierra y ansiaba sangre. Se vinculaba excesivamente bien con los perros. Eventualmente se acostumbró a dejar la carne cruda, a nunca hablar aunque a usar algunos signos lingüísticos, hasta que lo admitieron en Mother Theresa’s Home for Destitute and Dying, en Lucknow, India, donde fue rebautizado como Pascal. Murió en febrero de 1985.

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Prava, el niño pájaro, en Rusia

Tenía tan sólo siete años cuando lo encontraron en 2008 en un departamento de dos recámaras. Vivía con su madre de 31 años, quien lo encerró en una recámara llena de jaulas de pájaros, alimentos y desechos. Ella trataba a su hijo como si fuera otra mascota, otro pájaro. Si bien nunca lo golpeaba, ella nunca le hablaba ni interactuaba con él. La única comunicación que Prava tenía era con los pájaros. No podía hablar, sólo piaba. Cuando no entendía, lo único que hacía era mover sus brazos y manos como un ave. Finalmente su madre lo dejó en un hospital, donde acudió al área de psicología donde los doctos intentan rehabilitarlo.

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Marina Chapman, en Colombia

En 1954, Marina fue secuestrada con tan sólo cinco años de edad. Sus secuestradores la abandonaron en la selva, donde una familia de monos capuchinos la adoptó durante cinco años. Desde entonces ella comía raíces, plátanos y arándanos; dormía en huecos de árboles y caminaba en cuatro paras. Una vez, se enfermó del estómago. Un mono mayor la llevó a un lago a tomar agua, la forzó a beberla a vomitar y entonces empezó a recuperarse. Se solía llevar bien con los monos más jóvenes y aprendió a montar árboles y a descubrir los alimentos saludables.

Marina había dejado de hablar por completo cuando los cazadores la rescataron –por lo que la vendieron a un burdel, de donde escapó y vivió en la calle. Después una familia de la mafia la esclavizó. Sin embargo, un vecino la salvó, la mandó a Bogotá a vivir con su hija y su esposo. La adoptaron para vivir con sus otros cinco hijos naturales. Cuando Marina alcanzó la adolescencia, le ofrecieron un trabajo de niñera, y hasta entonces se ha ido recuperando. Ahora vive en Reino Unido. Se casó y tuvo hijos.

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Genie, en EE.UU.

Cuando el padre de Genie decidió considerarla “retardada” y contenerla en un asiento de baño para niños en una pequeña recámara de la casa, fue cuando la condenó a vivir encerrada durante más de diez años. Ella incluso dormía en la silla. Cuando tenía 13 años, en 1970, su madre la llevó a cuidados pediátricos, donde una trabajadora social notó su condición. No sabía controlar sus esfínteres y caminaba a manera de conejo. No podía hablar ni emitir sonido alguno. Poco a poco aprendió a hablar con pequeñas palabras, aunque no podía estructurarlas gramaticalmente. Aprendió también a leer textos simples y a desarrollar algunas herramientas sociales. Sin embargo, sus capacidades continuaban siendo limitadas. En algún punto, volvió a vivir con su madre pero pasó varios años donde familias adoptivas abusaron de ella. Regresó al hospital sin volver a hablar.

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Conoce más historias de niños salvajes aquí.

 



¿Por qué procurar que tu hijo tenga contacto con la naturaleza y se desapegue de la tecnología?

Desgraciadamente los niños están alejándose cada vez más de la naturaleza, perdiendo esa conexión básica con su instinto

En los últimos años el estrés, la famosa “enfermedad del siglo XXI”, ha impactado en gran parte de la población mundial. Tanto adultos como infantes se encuentran afectados por los síntomas del ir y venir de los caminos de concreto de las ciudades, de sus ruidos y temperamentos, de la tensión y frustración. Pareciera casi imposible escapársele a estas rutinas.

No obstante, la educación (ambiental) es una de las herramientas básicas para revertir los efectos del sedentarismo tecnológico y laboral. Pues esta disciplina aborda no sólo métodos para el mejoramiento en la salud física y emocional de las personas en contacto con la naturaleza, sino también alternativas para contribuir a la solución de problemas ambientales y ecológicos.

De modo que, al permitir que nuestro cuerpo regrese a su nostra mater, se empieza a valorar el medio ambiente, a cuidarlo y a respetarlo. Inclusive, se habla de un vínculo emocional directamente relacionado con la vida de cada uno, incluyendo la del planeta.

Desgraciadamente los niños están alejándose cada vez más de la naturaleza, perdiendo esa conexión básica con su instinto, la cual no se logra al leerlo en la computadora o en revistas, sino a través de conductas que generen consciencia y salud ambiental tanto en adultos como en niños. Un reciente estudio demostró que los niños que veían más televisión de pequeños (hábito comparable con el uso actual de iPads y dispositivos) tienen una salud notablemente peor cuando son adultos, en comparación con aquellos que en su infancia pasaron mayor tiempo al aire libre. También se probó que, generalmente, los hábitos adquiridos desde niños son patrones que se repiten en la edad madura.

El tiempo que los niños pasan afuera, al aire libre, puede ser renovador, ya que fomenta el estado de exploración a fin de que se generen habilidades físicas y emocionales para el mundo. El contacto con la naturaleza es la oportunidad para descubrir parte de uno mismo, formando un vínculo único con el medio ambiente.

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