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Algunos fragmentos de famosos escritores sobre sus mascotas

Quizá una de las marcas más reconocibles de un escritor, pensador o poeta es la soledad. El tipo de personalidad general para un autor suele estar inmersa en la introspección; para ello los momentos a solas son incluso muy importantes. Sin embargo, la soledad lleva un arma de doble filo; aunque es exquisita para quien sabe degustarla, una vez emprendida su maquinaria, puede ser también dolorosa.

En este sentido las mascotas han jugado un rol realmente profundo. La relación de los artistas con sus animales ha sido muy importante. Como dictaba George Elliot en una conocida cita: “los animales son buenos amigos, no hacen preguntas y tampoco critican”.

Más allá de su cómoda compañía, su nobleza casi inherente y su enternecedora inocencia, han sido inspiración de poetas, artistas, escritores, pensadores y demás miembros de la tribu que más ha legado a la cultura universal. Los siguientes fragmentos fueron recopilados de memorias, cartas, escritos o apuntes de escritores famosos por el sitio de Brainpickings.

 

Bambino fue el gato que Mark Twain regaló a su hija, y el cual se perdió una temporada. Twain entonces publicó el siguiente anuncio en el New York American:

Largo e intensamente negro; robusto, pelaje aterciopelado; tiene un apenas perceptible flequillo en su pecho; no muy fácil de encontrar con luz ordinaria.

 

Robert Pole, conocido como el esposo de la costa oeste de Anaïs Nin intercambia con ella una serie de cartas que documentan la enfermedad del perro Tavi (y el dolor de ambos):

Sé lo que significa para nosotros, la edad madura es tan cruel que sería mejor no estar vivos- y el Tavi que hemos conocido últimamente no es el verdadero Tavi. Él ha tenido tanto cariño y cuidado, más que cualquier perro que yo haya conocido.

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 Pole con Tavi

Charle Dickens tuvo un cuervo que fue un personaje recurrente en sus relatos. En una carta a su amigo Daniel Maclise hace una especie de despedida a los últimos momentos de su ave:

Estarás atónito y afligido de escuchar que Raven no está más aquí. Murió solo unos minutos luego de la media noche. Había estado enfermo (…) su noche fue apacible.

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Por su parte William Burroughs fue un amante de los gatos. Sobre su relación telepática y amor por ellos, llegó a escribir en su diario:

Ginger me toca con su vieja pata cuando desea algo. Simplemente me toca, y yo la dejo salir.

Pensar no es suficiente. Nada lo es. No hay un final suficiente para la sabiduría, experiencia- cualquier cosa. Lo único que puede resolver el conflicto es el amor, como el que yo siento por Fletch, Ruski, Spooner y Calico. Puro amor.

 

 

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