Una nueva ley prohibe desperdiciar la comida en las tiendas de Francia

Los comercios deberán vender a bajo costo la comida próxima a vencerse, o bien, donar la caduca a los granjeros para el alimento de sus animales o para su composta.

Hace pocos días publicamos un caso sobre un supermercado en Inglaterra que evitará a toda costa el desperdicio de comida convirtiéndola en una opción para las personas que no pueden acceder a ella. 

El desperdicio de comida es un problema global; según un estudio de Oxfam se desperdicia más en el mundo de la que podrían consumir las personas con hambre. Otro estudio publicado por Reuters apunta a que se desperdicia diariamente el 50% de la comida que se produce en el mundo.

Este es un problema global pues tiene que ver con la seguridad alimentaria y el deterioro ambiental, pues de aprovecharse la comida en su totalidad, ahorraríamos recursos en los cultivos, que gastan el suelo, y que finalmente terminan desperdiciándose, por ejemplo. 

Para comenzar a hacer frene al problema de desperdicio de comida, en Francia, una nueva ley obliga a los comercios a vender a bajo costo la comida que está próxima a caducarse (deberán ponerse en contacto con centros de caridad).  En el caso de que esta se pase de su fecha de vida, habrán de donarla a granjeros como alimento para los animales, o bien, para composta.

Se trata de una victoria mundial en el cambio del paradigma sobre las implicaciones  de considerar las cosas como desperdicios, pues en realidad, en el mundo de la energía, simplemente nada es un desperdicio: una mentalidad que habríamos de tomar de la misma naturaleza para que el planeta sobreviva a nuestra presencia. 



Las insólitas consecuencias del desperdicio de alimentos

Cerca de 1 300 millones de toneladas de alimentos se desperdician cada año, 842 millones de personas sufren de hambre crónica.

El mundo desperdicia alrededor de 1.4 miles de millones de toneladas de lo que produce. Es decir que cada año, los alimentos producidos no ingeridos engullen un volumen agua equivalente al flujo anual del río Volga, en Rusia; producen 3.3 miles de millones de toneladas de gases de efecto invernadero a la atmósfera del planeta, y elevan a 750 miles de millones de dólares en consecuencias económicas al año.

En palabras de Ren Wang, durante el segundo Congreso Internacional SAVE FOOD de Düsseldorf, “Si la pérdida y el desperdicio mundial de alimentos fuera un país, sería el tercer mayor emisor de gases de efecto invernadero y el mayor usuario del agua de riego […] La superficie de tierra utilizada para producir alimentos que nadie come, equivaldría al segundo país más grande en el mundo.”

La pérdida de alimentos se realiza durante varias etapas de producción: desde la recolección, transporte hasta el almacenamiento. El desperdicio ocurre a nivel minorista y el consumidor, al final de la cadena de suministro alimentario.

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Cerca de 1 300 millones de toneladas de alimentos se desperdician cada año, 842 millones de personas sufren de hambre crónica. Por lo que abordar este problema podría convertirse en la clave para reducir el hambre y la pobreza en el mundo. Según la FAO –Food and Agriculture Organization of the United Nations–, calcula que los alimentos producidos que nunca llegan a comerse, serán suficientes para alimentar a 2 000 millones de personas.

Reducir a la mitad el nivel actual de las pérdidas produciría un impacto en el aumento del 60 por ciento en la disponibilidad para una población mundial para el 2050. Es decir, aproximadamente 9 000 millones de personas.

Wang invita a las organizaciones públicas a asociarse con el sector privado para resolver este problema con las condiciones correctas de inversión: “Sólo las personas que producen alimentos pueden reducir las pérdidas en una escala significativa”.

En caso que quieras cambiar los hábitos de consumo y desperdicio, aquí te ofrecemos algunos consejos para evitar que esto siga sucediendo y aumentando.

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Reinterpretando la función de los supermercados en la comunidad

El que sea más barato no quiere decir que sea mejor: la sustentabilidad a largo plazo debe construirse desde el presente, en un camino compartido donde quepan emprendedores, productores, público y espacio urbano.

Los supermercados constituyen tanto un recurso pragmático para conseguir alimentos y productos varios cerca de cualquier centro urbano, a la vez que una amenaza para la salud y para las economías comunitarias.

Ahí donde una gran cadena comercial abre sus puertas, decenas de pequeños comerciantes deben cerrar sus puertas y salir del negocio: competir a nivel de precios es sencillamente imposible, además de la disponibilidad de productos importados y servicios agregados. Más de la mitad de la comida producida en el mundo se desperdicia por diversas razones, y una de ellas es precisamente el hecho de que los supermercados envasan y sellan la comida con fechas de caducidad estrictas, las cuales no toman en cuenta el buen estado de los alimentos, sino simplemente calendarios de producción, esquemas de relleno de inventarios y otras variables organizacionales.

Los supermercados son hoy en día parte del espacio público de las ciudades: además de comprar comida y otros productos necesarios para la vida diaria, podemos encontrar tiendas dedicadas a todo tipo de servicios, lo cual le agrega valor al conjunto comercial en sí. Sin embargo, cada vez más los supermercados se vuelven bunkers de almacenamiento alentando las decisiones de compra por la vida de los descuentos, en lugar de potenciales constructores de comunidad.

Son solamente nuestros hábitos de consumo desaforados los que nos dicen que debemos almacenar comida, productos de limpieza y, en fin, todo eso que es más barato comprar al mayoreo pero que en realidad no utilizamos. Se trata de un asunto de practicidad: nadie tiene tiempo de ir al supermercado, y si lo hacen, esperan que las compras duren lo suficiente para no tener que ir en mucho tiempo. Aunque práctico, este esquema no es sostenible a largo plazo.

Los materiales utilizados en los empaques terminan en medio del océano; para ofrecer comida y productos perecederos a bajo costo, los supermercados necesitan tener enormes inventarios, gran parte de los cuales, como dijimos, terminarán en la basura, pues es necesario tener disponibles más productos de los que la demanda requiere.

Esta catástrofe puede evitarse si revaloramos lo que entendemos por “supermercado”: no se trata de una enorme tienda que vende todo tipo de cosas, sino de un esquema espacial de eficiencia. En lugar de promover una cultura de consumo que deviene en obesidad y un surtido excesivo de productos diferenciados, los supermercados del futuro podrían consistir en acuerdos de productores para ofrecer su mercancía en un mismo lugar, proponiendo un trato justo tanto para compradores como para vendedores, además de construir una nueva noción de comunidad.

Los supermercados verdes, las ferias de comercio urbano y otras iniciativas en las grandes ciudades pueden nutrirse de la creatividad de diseñadores y arquitectos que propongan nuevos esquemas para integrar a la comunidad en el espacio público y permitir que los lugares de comercio sean también lugares de encuentro entre pares.

No se trata de regresar al trueque necesariamente, sino de no permitir que nuestros hábitos de consumo sigan minando nuestras posibilidades de supervivencia en un paradigma económico de ilusoria abundancia. 8 de cada 10 personas en el mundo se van a dormir con hambre en el mundo. Es preciso que las dos que duermen con el estómago lleno se planteen seria y personalmente la causa de la sustentabilidad en el corto plazo.



El video que muestra, más claro que nunca, que tirar la comida es desperdiciar dinero

Cocinar dinero (valor), de algún modo, eso es exactamente lo que hacemos diariamente.

En este mundo capitalista pareciera que todo debiera medirse en dinero para entender su importancia. Los ecologistas, por ejemplo, han debido convertir en dólares las pérdidas por el cambio climático, en un desesperado intento porque los economistas y financieros del mundo entiendan su peligrosidad…

Es muy burdo, poco elegante, y superficial, pero en ocasiones convertir los problemas a dinero hace que estos llamen más la atención, y por ello, encuentre probablemente más prontas soluciones.

Sabemos que todos los días es producida en el mundo el doble de comida de la que es consumida, y simultáneamente, unos 805 millones de personas en el planeta carecen de lo suficiente para comer y llevar una vida sana.

Hace poco fue anunciado que en Francia, por ejemplo, los supermercados deberán donar la comida no vendida antes de que caduque para evitar su desperdicio, en Inglaterra está sucediendo algo parecido. Lo cierto es que cada vez más crece la consciencia sobre el sinsentido del desperdicio en un mundo, que además, pronto tendrá hasta 9 mil millones de bocas para alimentar.

Este video producido por algunas organizaciones como BeGreen o Stop Food Waste.ie nos confronta con imágenes el valor desperdiciado con cada bocado no aprovechado.



El lado oscuro de los supermercados: los secretos del consumismo

Utilizando técnicas de psicología y de marketing, los especialistas del tema analizan y ejecutan programas diseñados para influir en el comportamiento voluntario del target.

La tendencia inmoderada a adquirir bienes materiales ha alterado los principios básicos de la naturaleza. El consumismo desplazó al ser humano como el centro de todo bienestar social, y en su lugar condecoró a los intereses físicos y económicos.

Se innovaron ciencias con el fin de estudiar las demandas de los consumidores, de incrementar las ventas de las empresas interesadas. Utilizando técnicas de psicología y de marketing, los especialistas del tema analizan y ejecutan programas diseñados para influir en el comportamiento voluntario del target. Les compartimos algunas de los recursos mercadotécnicos que utilizan los supermercados: 

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  • Refuerzan la asociación del color rojo con descuentos. Este color se asocia con el estímulo placentero de ahorrar dinero, razón por la cual estamos inclinados a comprar en tiendas de autoservicio que cuenten con muchos anuncios de este aspecto.
  • Los carros de la tienda son más grandes de lo que realmente necesitamos comprar. Por ello, cuando vemos que no está tan lleno, tendemos a consumir más.
  • Colocan la fruta y la verdura al inicio del recorrido, ya que genera cierta sensación positiva y confortable al entrar al establecimiento. Además, científicos creen que existe la tendencia a comprar productos precocinados al adquirir comida saludable desde el principio.
  • Generan confusión al comparar precios por kilo, unidad, paquete, cuarto, gramos, etcétera. Aun cuando muestren los precios de un producto de la competencia, en muchas ocasiones la unidad realmente varía (y por lo tanto, ahí el engaño).
  • Procuran aparentar que las frutas y verduras son productos frescos. Para lograrlo, cuidan desde la forma de colocarlas hasta rociarlas con agua fresca. El objetivo es engendrar una sensación de cuidado y salud.
  • Provocan la sensación de hambre. Tanto el aroma de comida recién preparada como la visión de los productos activan los crepúsculos sensoriales, suscitando el hambre y la propensión a compras compulsivas.
  • Los productos están tan dispersos que, al recorrer pasillo por pasillo, fomenta el consumo de otros artículos (que ni se tenía pensado llevar).
  • Los productos de las repisas de la derecha son más caros que los de la izquierda.
  • Los productos más caros están siempre a una altura fácil de encontrar a la vista; por lo que, los artículos que les gustan a los niños, están a su altura.
  • Con las supuestas promociones, hacen pensar que sus productos son más baratos (cuando no lo son).
  • Sugieren, de manera subliminal, los condimentos para diferentes tipos de comida. Por ejemplo, los refrescos y las papas fritas siempre están uno a lado del otro.
  • Venden la carne y el pescado con fondos blancos, para que se vean más frescos.
  • Los productos adquieren una mejor presentación para que consumas más. Incluso, los promocionales implicarán que las personas que lo compren, son de un rango social o económico, serán apreciados por los demás y por lo tanto serán felices.
  • Las paredes de los supermercados siempre son de colores cálidos, generando una sensación de bienestar y comodidad; y por consiguiente, puedas pasar más tiempo comprando.
  • Eso también incluye en la música tranquila o alegre. Algunos experimentos han demostrado que escuchar música francesa en el área de vinos, incrementa la venta de vinos franceses.
  • Ubican artículos en la caja para incitar las compras impulsivas y “de último momento”. Por ejemplo, pilas, desodorantes, rastrillos y ¡hasta dulces!



Inicia tu propia revolución contra el desperdicio de comida

La mitad de la comida del año pasado se desperdició. Mil millones de personas están hambrientas. La siguiente revolución alimenticia se trata de lo que no estas comiendo.

Sabemos que el mundo desperdicia un tercio de lo que produce, o, lo que es lo mismo, 1.4 mil millones de toneladas al año, y que este es uno de los grandes problemas de la agricultura en la actualidad. Uno de los mayores promotores de este desperdicio es que tanto agricultores como consumidores desperdician, por ejemplo, pepinos en perfecto estado (pero que están doblados), fresas demasiado maduras, jitomates con pequeños defectos, duraznos mallugados y ajos un poco secos, sólo porque no son “verduras perfectas”, pero que tienen el mismo valor nutricional y saben delicioso.

El desperdicio afecta cada eslabón de la cadena de abastecimiento entre la granja y el tenedor. En países en vías de desarrollo, 50% de la pérdida sucede en etapas tempranas de la vida de la comida: cosecha ineficiente, pudrimiento, procesos inadecuados, transportes obsoletos y otros problemas sistemáticos. En naciones occidentales, los problemas se inclinan hacia el consumidor y los distribuidores.

L1007209_fReducir las pérdidas tan sólo en un 15%, apunta un reciente estudio del Consejo de Recursos Naturales, sería suficiente para alimentar a 25 millones de personas cada año. Pero la comida de supermercado está anunciada para convencer a los compradores que se lleven más de lo que necesitan.

Estamos en un momento urgente para considerar lo que guardamos en el refrigerador y para rescatar las sobras inapetecibles de terminar en el bote de basura. El sándwich a medio comer, la pasta que sobró, las verduras a punto de ser irrescatables. Además, el costo del desperdicio de comida es gigantesco: el gas metano emitido del desperdicio de alimentos y la cantidad de dinero tirado a la basura es insostenible para el mundo.

De acuerdo con este estudio, las papas son el alimento número uno en desperdiciarse. Entre los restaurantes de comida rápida que tiran papas que llevan esperando más de diez minutos, los transportes y almacenes, los procesadores de papas fritas, puré de papa etc., que tiran gran parte de la papa y los hogares que las desechan cuando comienzan a sacar brotes o se suavizan, la cantidad es altísima.

Las fechas de caducidad son otro de los factores graves para este comportamiento. No hay una ley federal que regule estas fechas, así que los productores pueden poner lo que les parezca razonable en ellas (y no siempre son razonables). Raramente estas fechas indican el día exacto en los alimentos se echan a perder. Uno se puede basar en la apariencia y el olor de la comida en lugar de en la etiqueta y mucha comida se salvaría de la basura.

En fin, es momento de cambiar los hábitos de consumo y desperdicio, aquí te ofrecemos algunos consejos para evitar que esto siga sucediendo y aumentando.

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