Un exuberante árbol soporta la fachada de un edificio en Rusia ¿la naturaleza está de regreso en la arquitectura moderna?

Se trata realmente de una expresión de la cogniscividad del ser humano, el cual intrínsicamente busca su bienestar

La perfecta combinación entre los estándares de lo clásico y lo moderno es sólo una transición que permite espejear una rigurosa reflexión acerca del compromiso con el pasado, el presente y el futuro. Se trata realmente de una expresión de la cogniscividad del ser humano, el cual intrínsicamente busca su bienestar (e inclusive, su supervivencia).

Con esta idea, la empresa Antica, originaria de Rusia, tuvo como objetivo comprometer al Ministerio de Agricultura en Tatarstan (de la federación rusa) a construir un imperio a favor del medio ambiente.
¿La manera? Darle vida a un hermoso y exuberante árbol de hierro como parte del edificio del ministerio, el cual tiene como objetivo inspirar a través de imágenes pastorales para el mejor provecho de la agricultura del país. Les compartimos las imágenes:



Alba, el orangután albino que sobrevive contra todo pronóstico

Él, junto con otros 500 orangutanes, se encuentran en el centro de rehabilitación después de permanecer encerrados y al borde de la desnutrición y deshidratación.

Alba es el nombre del orangután albino recientemente rescatado por la Borneo Orangután Survival Foundation. Él, junto con otros 500 orangutanes, se encuentran en el centro de rehabilitación después de permanecer encerrados y al borde de la desnutrición y deshidratación; sin embargo, esta es la primera vez en la historia de la fundación que se está cuidando un orangután albino. 

Actualmente los orangutanes se encuentran en grave peligro de extinción; y en el caso de los orangutanos albinos, como el gorila albino Copito de Nieve y el mono araña en Honduras, son especialmente inusuales. Por esta razón, la fundación ha dado cobijo a Alba con el fin de estudiar el albinismo en simios y en determinar la mejor forma de ayudarlo. Hasta lo que han descubierto los científicos, el abinismo puede afectar a nervios y órganos sensoriales, como los ojos, así como estrés medioambiental y la endogamia en poblaciones aisladas. 

De acuerdo con un estudio realizado por la UICN, 104 000 orangutanes viven en Borneo –un número mucho menor al de 1973–, cuando se estimaba que vivían unos 288 000 orangutanes en la isla. Las principales causas de la extinción de estas especies residen en la casa y la deforestación. Esta destrucción de la naturaleza a través de sequías e incendios, se ha relacionado con una alta demanda de pulpa de papel y plantaciones del árbol de palma. 

Entre las opciones más viables para apoyar la permanencia de los orangutanes es respaldar el trabajo de investigación y de cuidado de proyectos como los de la Borneo Orangután Survival Foundation o la del The Orangutan Project –TOP–; así como reducir el consumo de productos que se relacionan con la deforestación de árboles de palma o pulpa de papel, como es el caso del dulce de avellanas y chocolate Nutella. 

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Nubes, árboles y ríos: espejos del espíritu

La naturaleza tiene mucho que enseñarnos, quizá porque en un nivel básico, al observarla nos reconocemos en sus formas.

En la actualidad es fácil ignorar a la naturaleza. No tenemos tiempo, corremos constantemente de un lado al otro, si tenemos suerte puede ser a pie y si no pasamos horas en automóviles o en el transporte público. Estamos desconectados, lo cual conlleva serios problemas mentales y físicos relacionados a la depresión y al estrés.

Ya lo hemos dicho antes, la mejor manera de combatir los males de nuestra época es a través de la reconexión con la naturaleza. Varios estudios científicos han demostrado que las zonas con más árboles se comenten menos crimenes, que tener plantas en la oficina nos hace más eficientes, y que el sol combate el insomnio. Lo que necesitamos es darnos un breve respiro, y para hacerlo basta con voltear a ver las nubes, los árboles y ríos, cuerpos naturales como el nuestro.

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¿Cómo podemos identificarnos con las nubes? Quizá se trata de no hacerlo, de aceptar que ellas flotan a su propio ritmo, indiferentes a lo que podemos sentir o querer de ellas. Si observamos las nubes vemos que se unen y separan, siempre aparentemente ligeras, un ejemplo de desapego absoluto. Sus ritmos no son constantes, pueden tener remolinos, tornarse negras en cualquier momento, sin embargo los momentos más fuertes son transitorios. En la vida de las nubes y en la nuestra, ningún estado es permanente.

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Los árboles, en su silencio, nos hablan de soportar el paso de los años. Sus troncos muestran el daño causado por plagas, insectos, y demás fuerzas naturales. La vida de los árboles no es fácil, sin embargo ellos no se rinden; mientras más arraigan sus raíces en la tierra más crecen con ramas extendidas hacia el cielo. El crecimiento es simultáneamente interno y externo. Los árboles permanecen de pie en los tiempos más difíciles, inviernos, sequías y tormentas, se adaptan, sobreviven. Pueden perder sus hojas y ramas, pero se mantienen. En tiempos de abundancia crecen, dan flores y frutos embelleciendo el mundo.

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Los ríos, riachuelos y otros cuerpos de agua son, literalmente, las fuentes de la vida, pero también sonorizan todo lo que los rodea, nos arrullan y crean ambientes de reflexión. En temporadas de lluvia su caída es más fuerte, al igual que los árboles se adaptan a las temporadas y nunca son el mismo. Nada nos remueve del ajetreo de las ciudades como el sonido de un río, un movimiento azaroso y extrañamente melódico que nos permite los más bellos momentos de introspección.

Pero en el mundo en el que vivimos la mayoría, en enormes ciudades de asfalto y concreto, no podemos esperar a que se den los momentos para observar a la naturaleza, hay que crearlos. Tómate un tiempo para ir a caminar después de comer, para regar las plantas de tu oficina, para asomarte por la ventana y observar los árboles. Es la naturaleza la que detona los más afortunados momentos de introspección, un tesoro que debemos conservar para sentir las vibraciones que nos unen al planeta. 



Clonan un sequoia gigante para recordar a John Muir

Horticultores de California confirman que han clonado una semilla del árbol que John Muir plantó en su rancho a finales del siglo XIX.

El naturalista John Muir pasó a la historia como uno de los primeros defensores de la preservación ambiental. Sus ensayos, libros y demás textos han inspirado a millones de personas a cuidar de la naturaleza, así como a maravillarse con su grandeza. Dado que uno de los árboles tipo sequoia que John Muir plantó en 1880 está plagado por un hongo, un grupo de científicos se dio a la tarea de clonarlo y plantarlo en California.

Una increíble historia relata como Muir dio con la semilla del árbol: el naturalista recogió la semilla cuando estaba de viaje en Sierra Nevada, y la llevó consigo hasta su rancho envuelta en un pañuelo húmedo. Plantó la semilla cerca de un cobertizo para carruajes en Martínez, donde él y su familia tenían cultivos de fruta.

El árbol, que mide más de 20 metros y se encuentra en el Rancho de Muir en Martínez, California, es “el último testigo de la vida y la época de Muir”. Una vez que el árbol mida 45 centímetros lo mandarán al rancho para que sea plantado en el mismo lugar. Cada año crecerá alrededor de un metro.

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Keith Park, un horticultor del Parque Nacional cortó dos docenas de muestras sanas de las ramas del árbol y las mandó a Archangel, un centro que tiene experiencia clonando árboles. Ahí,  Jake Milarch cortó las muestras en 400 piezas y las trató con una combinación de luces artificiales, nutrientes, hormonas y una temperatura de 23° Celsius.

Milarch espera clonar más árboles que serán donados a parques nacionales.



Crece un árbol extinto plantado de semillas que arqueólogos desenterraron en Israel

La palma dactilera de Judea, extinta en el año 70 de nuestra era, ha vuelto a brotar gracias al descubrimiento de una jarra con semillas que llevaba enterrada 2 mil años bajo el palacio del Rey Herodes.

Por miles de años la Phoenix dactylifera, o palma datilera de Judea fue una de las especies más abundantes del Medio Oriente. Se cultivaba en toda la región de Judea por su fruta dulce y la fresca sombra que ofrecía a las personas del desierto.

Desde su aparición hace unos 3 mil años hasta los albores de la Era Común, los árboles fueron una fuente de ingresos esencial del Reino de Judea, incluso apareciendo en varias partes de la Biblia. El Rey David llamó a su hija “Tamar” en honor al nombre hebreo de esa palma.

Pero debido a que esta palma era base de la economía del reino, cuando llegaron los romanos, en el año 70 AD, acabaron con ella y la llevaron a la extinción para efectuar su conquista. En los siglos que le siguieron, el conocimiento de primera mano de este árbol se convirtió en leyenda. Hasta hace poco tiempo.

Durante la excavación en el palacio del Gran Herodes en Israel a principios de 1960, arqueólogos desenterraron un pequeño cúmulo de semillas guardadas en una jarra de barro que data de hace 2 mil años. Por las primeras cuatro décadas, las antiguas semillas fueron guardadas en la Universidad Bar-Ilan de Tel Aviv, pero en 2005 la investigadora botánica Elaine Solowey decidió plantar una y ver si algo crecía.

Sorprendentemente, la semilla multimilenaria brotó, produciendo una especie de árbol que no se había visto en siglos y convirtiéndose en la semilla de árbol más antigua en germinar.

Hoy el tesoro arqueológico continúa creciendo e incluso ha sacado una flor.



Los humanos son solo una rama en el Árbol de la Vida (INFOGRÁFICO)

Esta gráfica es resultado de un proyecto en línea. Muestra los 3,500 millones de años de evolución de la vida en la Tierra en una elegante espiral de colores. Denota el origen y extinción de las especies. Y señala al ser humano como sólo una ramita que puede borrar el resto del árbol.

Esta gráfica del Tree of Life web project y del diseñador Leonard Eisenberg muestra los 3,500 millones de años de evolución de la vida en la Tierra en una elegante espiral de colores.

La disposición de cada reino es en orden cronológico de izquierda a derecha. Encontrarás la historia de cada origen y cada extinción.

Por ejemplo, la gran extinción de los dinosaurios hace 65 millones de años, que resultó en el inicio del dominio de los mamíferos, está marcado con un hueco blanco entre las ramas.

¿Los humanos? Ocupamos sólo una de las pequeñas y últimas ramas. Y aún así, somos lo suficientemente peligrosos como para borrar por completo el resto del árbol.

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