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¿Por qué la protección a la vaquita marina debe ser una política de Estado?

El presidente Enrique Peña Nieto hizo el anuncio formal de las medidas para proteger a la vaquita marina, una serie de acciones entre las que se destaca una compensación para los pescadores de las comunidades del Alto Golfo y el reforzamiento de la vigilancia para combatir la ilegal pesca de totoaba en el Mar de Cortés. 

La medida más compleja y que tomó casi un año de negociaciones entre comunidad pesquera de San Felipe y Santa Clara fue la de aceptar dejar las redes agalleras y salir del mar durante dos años a cambio de cierta cantidad de dinero equivalente a lo que los pescadores dejarán de ganar al detener esta actividad. 

Son dos años en los que la vaquita marina tendrá un respiro, sin embargo, la pregunta obligada es: ¿Son suficientes estos dos años de veda para intentar recuperar a la especie de la que sólo quedan 97 ejemplares?

Desde el punto de vista de Greenpeace, los dos años de veda de pesca en el Alto Golfo y las medidas de vigilancia para intentar recuperar a la vaquita marina son acciones positivas pero que requieren continuidad y seguimiento para realmente garantizar la conservación de esta especie.

Más que medidas temporales se requiere una política de Estado de respeto y protección de la biodiversidad y las especies en peligro de extinción; se requieren mecanismos que no puedan ser eliminados o ignorados con el cambio de administración, de lo contrario, carecen de sostenibilidad.

La vaquita marina, según los cálculos de los expertos del Comité Internacional para la Recuperación de la Vaquita, podría extinguirse en 2018, año en el que Enrique Peña Nieto dejará el poder y si no establece medidas permanentes dejará una gran incertidumbre sobre el futuro de esta especie endémica de México.

Para Greenpeace si el compromiso de Peña Nieto es serio, entonces deberá tomar acciones que vayan más allá de evitar que la vaquita se extinga en su sexenio.

Las medidas presentadas tendrán un impacto positivo aunque limitado si no se toman en cuenta otros desafíos urgentes como el desarrollo de artes de pesca amigables con el ecosistema, el combate frontal a la pesca ilegal de totoaba y a la corrupción al interior de las instituciones encargadas de vigilar la zona de veda de pesca en el Alto Golfo.

Las lanchas rápidas y el uso de drones, por ejemplo, serán efectivos en la medida en que las inspeccionen se realicen con eficiencia y se eviten actos de corrupción entre inspectores y pescadores de totoaba, como se señala en algunos medios de comunicación locales. La vejiga o buche de totoaba se ha convertido en un órgano altamente cotizado en el mercado asiático, producto altamente rentable para los pescadores ilegales, quienes en su intento por capturar más ejemplares de esta especie, terminan aniquilando incidentalmente con las redes totoaberas a la vaquita marina.

Además, la responsabilidad no sólo es del gobierno mexicano, las autoridades de China y Estados Unidos, países involucrados en el tráfico y consumo de totoaba, deben seguir el ejemplo de México y tomar acciones conjuntas que contribuyan a la protección de ambas especies. Esto debido a que la vejiga de totoaba es pescada en México, llevada a Estados Unidos para luego ser exportada a países de Oriente pero principalmente China. 

Greenpeace agradece el apoyo de las más de 470 mil personas que firmaron una petición en línea para que el presidente Enrique Peña Nieto tomara acciones para salvar a la vaquita, sin embargo, agradece especialmente a los Pescadores de San Felipe y Santa Clara por haber aceptado llegar a un acuerdo con el gobierno federal aceptando hacer un ultimo esfuerzo por evitar la extinction de esta especie. 

 Twitter del autor: @greenpeacemx

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