¿El diseño de las cocinas podría ser responsable de la obesidad?

Nuestros hábitos alimenticios están más influenciados por nuestro medio ambiente que por nuestro apetito o el significado afectivo de la comida.

La comida en el hogar puede convertirse en un símbolo de confort en momentos de alegría y crisis. Es el calor de la compañía a lo largo de la vida, como si se convirtiera en el recuerdo experimental del amor y apoyo. Sin embargo, ¿qué pasa cuando el simbolismo de la comida se altera por el estilo de vida?

Dr. Brian Wansink, director de Food and Brand Lab en Cornell University, explica que nuestros hábitos alimenticios están más influenciados por nuestro medio ambiente que por nuestro apetito o el significado afectivo de la comida. De hecho, uno de los principales culpables es el diseño de las cocinas modernas, donde se instalan las televisiones cerca de la presencia de los alimentos. Es decir que, si hay más comida, los miembros de un hogar tienden a comer más.

Para él, una posible solución de los trastornos alimenticios, como la obesidad y el sobrepeso, es convertir la cocina en un lugar menos habitable, obligando a la familia (o a la persona) a sentarse sin el distractor de la televisión o gadgets electrónicos como los teléfonos inteligentes), así como a dosificar las proporciones de los alimentos. Esto permite que se desarrollen con mayor intimidad las relaciones interpersonales y se disminuya la incidencia de los trastornos antes mencionados.

En otras palabras, comer en el comedor (o en otra recámara diferente a la cocina) permite concientizar el proceso de la comida, evidenciando la diferencia entre comer lo suficiente y tragar en exceso:

Nadie come ya en el comedor. Siempre he sido enemigo del desayunador. Creo que es un verdadero problema para la salud. Tengo un comedor en otra recámara, y eso convierte el hecho de sentarse a comer en una decisión consciente. La familia come en familia, no simplemente devora.



Ciudades céntricas VS Ciudades desbordadas: ¿Cuál provoca más obesidad por su infraestructura?

Los resultados mostraron que los vecinos con una estructura vial densa (compacta) tienen un índice de obesidad menor.

En los últimos hemos visto numerosas propagandas que denuncian la obesidad: folletos que recomiendan actividades que previenen esta condición, estudios que advierten sus posibles consecuencias en la salud, datos que resaltan la gravedad de su incidencia, entre otros. 

La obesidad y el sobrepeso se definen como la acumulación excesiva de grasa que es perjudicial para la salud (OMS, 2012). Estas condiciones son medidas con base en el índice de la masa corporal (IMC), que se calcula dividiendo el peso de una persona en kilos por el cuadrado de su talla en metros. En otras palabras, un IMC igual o superior a 25 se califica como sobrepeso; mientras que uno igual o superior a 30, es categorizado como obesidad. 

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2008, 1400 millones de adultos mayores de 20 años tenían sobrepeso; y dentro de esa misma población, más de 200 millones de hombres y 300 millones de mujeres eran obesos. Mientras que, en 2010, alrededor de 40 millones de niños menores de cinco años tenían sobrepeso.

Es sabido que el conjunto de hábitos alimenticios insalubres y la presencia del sedentarismo, son las dos principales causas del sobrepeso y la obesidad.   Sin embargo, un nuevo estudio de la Universidad de Colorado, en Denver, y de la Universidad de Connecticut consideró que había otro factor influyente: una posible correlación entre la infraestructura urbana y la salud pública. 

Tras la rigurosa observación de 24 ciudades en California, donde la mitad contaba con buenos registros de mortalidad vial y la otra, con pobres registros, los investigadores clasificaron cada ciudad según la densidad de redes de las calles, su conectividad y la configuración de sus calles. Después, compararon los índices de obesidad, diabetes, presión sanguínea alta, enfermedades cardiovasculares y asma. 

Los resultados mostraron que los vecinos con una estructura vial densa (compacta) tienen un índice de obesidad menor, así como de diabetes,  presión sanguínea alta, enfermedades cardiovasculares (mas no asma). Mientras que las ciudades con una estructura vial más amplia (para el flujo de los coches), cuentan con índices más altos de obesidad y diabetes; al igual que áreas de restaurantes de comida rápida. 

Los autores concluyeron que mientras es posible cambiar el estilo de vida a uno más saludable en cualquier tipo de ciudad, los resultados sugieren que las personas que viven en ciudades más compactas tienden a gozar de una mejor salud (en relación con el sobrepeso y obesidad). 



Este video revela el engañoso etiquetado de los alimentos en México

Un perspicaz experimento muestra cómo las etiquetas de los alimentos son indescifrables para los ciudadanos, y hasta para cualquier especialista.

Una mentira es cualquier intento expreso por ocultar la verdad. Si la información que debiera revelarnos una realidad es configurada para ser indescrifrable, se trata entonces de una mentira deliberada. México es el país con mayor obesidad en el mundo, y coincidentemente, es el país que más cantidades de refresco consume en todo el mundo. Los programas para paliar los altos grados de obesidad aún son ineficientes, y una de las políticas públicas más esenciales: que los consumidores conozcan las sustancias que ingieren con etiquetados reveladores, está fallando, aparentemente, con previa intención.

La Alianza por la Salud Alimentaria realizó una campaña crítica al etiquetado que el gobierno mexicano autorizó como una estrategia de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris). La organización civil asegura que se autorizó un etiquetado frontal para los alimentos, que es confuso y engañoso. En un estudio realizado por el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), sólo el 1.8% de los estudiantes de nutrición pudo descifrar el contenido de las etiquetas.

Conoce este interesante experimento elaborado por La Alianza por la Salud Alimentaria, donde se reta a la población a comprender el etiquetado oficial. Además, te sorprenderá conocer la cantidad de azúcar que contiene un refresco común, y la manera en que los consumidores están lejos de dimensionar este dato con los etiquetados aprobados por el gobierno federal.



4 alimentos con pésima reputación que son fantásticos para la salud

Gracias a la proliferación de estudios y revisiones científicas en torno a los alimentos, ahora sabemos que muchas cosas que nos recomienda el ministerio de salud pública están completamente equivocadas.

En las últimas décadas, la lista de recomendaciones gubernamentales acerca de alimentos sanos o dañinos es muy poco confiable. Hay numerosos ejemplos de alimentos que según ellos no debemos comer, pero que ahora están aumentando su producción gracias al público conocedor que ya no se deja engañar por recomendaciones irresponsables basadas en intereses corporativos.  Nos hemos informado más acerca de los consejos de nutriólogos retrógrados, quienes tienen muy poco entendimiento de la nutrición en general. Aquí están las top 4 cosas que ahora sabemos que son buenas para tu salud.

1. Aceite de coco

El aceite de coco fue demonizado por años por su alto contenido en grasas saturadas. La mayoría de su grasa saturada está compuesta de triglicéridos de cadena media, que el cuerpo muy bien. El ácido láurico es el principal contribuyente, con más de 40 por ciento del contenido, seguido del ácido cáprico, ácido caprílico, mirístico y palmítico.

Los beneficios del aceite de coco son muchísimos: el cuidado del cabello, cuidado de la piel, alivio de estrés, pérdida de peso, incremento de inmunidad, buena digestión y metabolismo, alivio de problemas de riñón, enfermedades del corazón, disminución de la presión arterial, diabetes, HIV y cáncer, cuidado dental y fuerza de los huesos. Estos beneficios del aceite se pueden atribuir a la presencia del ácido láurico, cáprico y caprílico, y sus propiedades son antimicrobiales, antioxidantes, fungicidas, antibacteriales y tranquilizantes.

2. Hemp/cáñamo

La planta de cáñamo es extraordinaria. Puede ayudar a resolver los problemas que enfrentamos con el petróleo, la deforestación, el cáncer y la contaminación ambiental.  Quizá porque es tan amable con el medio ambiente, tan nutritiva y benéfica para la salud, los gobiernos se rehúsan a admitir la increíble diversidad del hemp;  proporciona demasiados riesgos para los intereses de las corporaciones.

Sobre todo, el mayor beneficio del cáñamo reside en la composición de su aceite, el cual contiene todos los aminoácidos esenciales en cantidades significativas y en un radio deseable. La proteína de hemp también tiene una calidad excepcional en términos de aminoácidos y estructura de la proteína. La última afecta la digestión y la utilización del alimento por parte del cuerpo humano.

Puesto sencillamente, cuando ingerimos semillas o aceite de hemp, nuestro cuerpo obtiene mucho de lo que necesita sin el golpe de calorías de los nutrientes no-esenciales.

3. Huevos (orgánicos)

Por años, este alimento ha sido malentendido: es bajo en calorías, alto en vitaminas (D, B12, ácido fólico) y casi perfecto en proteínas. El huevo contiene cada una de las vitaminas (excepto C).

Algunos científicos que trabajan con el gobierno han decretado que la yema del huevo es pésima para la salud. Sin embargo ahora sabemos que el huevo produce proteínas que imitan la acción de poderosas drogas que bajan el ritmo cardiaco, conocidas como inhibidoras Ace.

La única manera de saber si un huevo está sano es, o visitar la granja, o comprarlo en tiendas orgánicas certificadas. Las fábricas de huevo son de las peores que existen en el mundo en cuanto a procedimientos y manipulaciones. Un huevo no-orgánico puede contener químicos, hormonas, organismos genéticamente modificados y otras cosas de estilo. Asegúrate de consumir sólo huevos orgánicos.

4. Sal

La sal también ha sido demonizada en las últimas décadas de manera irresponsable. En México incluso entró en vigor una ley que dicta que no puede haber saleros en las mesas de los restaurantes. Pero nuevos reportes han afirmado que la sal ya no se considera un peligro para la salud.

La clave es poder diferencial la buena sal de la mala sal. La sal de mesa es recristalizada y se trata con químicos que precipitan casi todos los minerales que contiene y se le añade toda una gama de químicos que pueden causar muchos problemas en el cuerpo. Pero el problema no es la sal, es el tipo de sal que usamos.

La sal de mar que no es refinada ni tratada con químicos es, de hecho, buena para la salud. “Estas sales minerales son idénticas a los elementos de los que está hecho nuestro cuerpo y fueron encontrados en el primer océano de dónde se originó la vida”, apunta Barbara Hendel, investigadores u coautora de Water & Salet, The Essence of Life. “Tenemos lágrimas saladas y sudor salado. La composición química y mineral de nuestra sangre y fluidos corporales es similar al agua de mar. Desde los comienzos de la vida, al igual que los bebés que aún no nacen, estamos envueltos en un fluido salino”.

Las sales minerales, apunta la doctora, son sanas porque le dan al cuerpo una variedad de iones minerales necesarios para balancear sus funciones y permanecer sano y sanar.



Programa contra la obesidad en Dubái paga oro por cada kilo de peso perdido

El creciente problema del sobrepeso en esta ciudad inmensamente rica, ha llevado al gobierno a tomar medidas drásticas para solucionarlo.

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Dubái es una de las ciudades más prosperas económicamente en el mundo gracias a su enorme reserva de petróleo, sin embargo, no todo es perfecto en esta ciudad de los Emiratos Árabes Unidos. Con el rápido desarrollo de la economía local, el porcentaje de la población con sobrepeso ha crecido rápidamente en los últimos veinte años, y ahora afecta a más de la mitad de la población. Para lidiar con dicho problema, el gobierno ha ideado un sistema para motivarlos a bajar de peso —por cada kilo que estos pierdan, se les dará un gramo de oro.

Parece ser que la misma riqueza que llevó a la popularización de restaurantes y zonas de comida rápida en centros comerciales, ahora es utilizada como incentivo para lograr que sus habitantes alcancen un peso más sano. Los participantes fueron pesados por primera vez el 19 de julio, y tendrán un mes para bajar todo el peso que puedan.

Los problemas del sistema son evidentes, y seguramente en vez de incitar a los ciudadanos a bajar de peso al seguir un estilo de vida sano (dieta y ejercicio), algunos participantes recurrirán a métodos cuestionables (si es que se toman la molestia de participar). Según el Philips Healthcare, menos del 25% de los individuos con sobrepeso están conscientes de que tienen un problema, por lo que la iniciativa está obviando la raíz del problema, las personas no están conscientes de su sobrepeso. Otro problema con la iniciativa es que el Producto Interno Bruto por persona en el país es de $45,000 dólares, por lo que un poco de oro puede no ser un verdadero incentivo para ellos.

Este sistema, que sin duda alguna fallará a largo plazo, nos invita a reflexionar sobre los actuales problemas del sistema capitalista, donde unos cuantos tienen en exceso —al grado que se les tiene que recompensar por limitar su gula, mientras que 800 millones de personas sufren de hambre o malnutrición en el mundo.

[Fast Co.Exist]



Una alimentación más justa para todos desde el comedor universitario: el propósito de Real Food

Los comedores universitarios pueden convertirse en un factor de cambio de alto impacto en las prácticas y hábitos en torno a la alimentación, haciendo de esta un proceso amplio que genere beneficios para todos los involucrados.

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La comida que se sirve en comedores universitarios tiene fama de paupérrima, de tener una calidad que va de lo poco agradable a lo pésimo, esto a pesar de que tienen potencial suficiente para convertirse en un factor de cambio, un lugar donde los hábitos y las prácticas en torno a la alimentación se transformen para bien tanto del individuo como de la comunidad a la que este pertenece.

Partiendo de esto, la organización Real Food Challenge, dirigida por David Schwartz, impulsa una campaña para modificar la alimentación que se ofrece en las universidades de Estados Unidos, comenzando por la calidad de los alimentos que se ofrecen pero, sobre todo, ayudando a generar conciencia de todo lo que se encuentra implicado en la elección de estos y cómo hasta cierto punto se requiere una información mínima para impactar positivamente en ámbitos más allá del en apariencia trivial comedor universitario.

Local, justo, sustentable y humano son los requisitos que Real Food plantea como indispensables para los insumos que se convertirán en el menú de las universidades que se alinean con el proyecto. Sumadas, estas categorías aseguran un beneficio compartido y común entre casi todos los involucrados en la cadena de producción y consumo, desde el personal que cultiva hasta el estudiante que desayuna, e incluso otros elementos como, por ejemplo, los animales que se utilizan en las actividades rurales.

Según Schwartz, este cambio de perspectiva no vuelve más costosa la alimentación, un argumento que se invoca con cierta frecuencia al momento de preferir la comodidad de la comida industrializada y de producción masiva.

Pero incluso si este fuera el caso, el costo sigue siendo mínimo cuando se considera que, en última instancia, se trata de una buena oportunidad para transformar la posición que generaciones enteras tienen frente a la manera en que se alimentan.

[Co.Exist]

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