Buenas noticias: están creciendo aceleradamente los cultivos ecológicos en el mundo

El mercado de alimentos y productos ecológicos está creciendo, y por ello también este tipo de cultivos.

A muchos nos asusta el notable avance de los transgénicos en el mundo; las principales y globales empresas de estos cuestionables cultivos parecieran avanzar a pasos agigantados. Que lo están haciendo no está en cuestión pero hay un frente que va avanzando también con fuerza: los cultivos ecológicos. 

Para darnos una idea, según un estudio de la International Service for the Acquisition of Agri-Biotech (ISAAA), en el 2014 los cultivos transgénicos en el mundo fueron de 181’5 millones de hectáreas, 6’5 millones más que el 2013; parece demasiado si consideramos que en 1996, que inició el cultivo de los transgénicos, la totalidad de la superficie sembrada fue de 1,7 millones, y en 2010 unos 15,4 millones. Sin embargo, aunque es un hecho su considerable expansión, los cultivos ecológicos también están creciendo aceleradamente por el crecimiento de este mercado en el mundo. 

Un nuevo estudio de  The World of Organic Agriculture devela que en 2013 los cultivos ecológicos del mundo llegaron a las 43,1 millones de hectáreas, 6 millones de hectáreas más que un año anterior: muy similar al crecimiento que tuvieron en el último años los cultivos transgénicos en el mundo. 

El avance de los cultivos ecológicos se debe a una crecimiento exponencial en este mercado, concentrado sobre todo en Estados Unidos y en países Europeos como Alemania, Francia, Reino Unido,  Dinamarca, Suiza y Austria. 

En algunos países como China se espera que cada vez más crezca también un mercado de cultivos ecológicos (lo cual es tendencia) y lo que finalmente daría una gran batalla a los cultivos transgénicos, que pierden cada vez más reputación pese al apoyo de los gobiernos. 

Estas estadísticas nos recuerdan el gran poder de la sociedad como consumidores  ¿no somos nosotros (ahora en la era del consumo) con nuestra decisión de compra quienes podemos hacer subir o caer corporaciones?

Twitter del autor: @anapauladelatd



18 frutas y verduras que no necesitas comprar orgánicas

El tipo de cultivo influye en que hayan algunos más sanos que otros; algunas opciones son más libres de tóxicos.

En el mundo de la agricultura hay frutas y verduras más limpias que otras en cuanto a pesticidas y otros aditamentos químicos. La necesitad de producir más, bajo el entendido del crecimiento de la población, en mancuerna con una búsqueda casi incondicional de ganancias bajo el paradigma capitalista, ha generado un sistema alimenticio en el que la salud ha quedado como un criterio menos importante.

Por ello lo orgánico ha crecido exponencialmente, en la búsqueda por una alimentación más sana, pero este tipo de productos son mucho más costosos y numerosas personas no pueden acceder a este.

Es conocido como las manzanas, duraznos y nectarines son de los alimentos menos sanos en cuanto a pesticidas, por ejemplo. Hoy te compartimos un análisis de alternet sobre cuáles son las frutas y verduras más sanas (limpias) al alcance; ahórrate dinero con esta información.

1.Espárragos

2.Aguacate

3.Col

4.Melón

5.Zanahoria

6.Coliflor

7.Berenjena

8.Toronja

9.Kiwi

10.Cebolla

11.Mango

12.Hongos

13.Papaya

14.Piña

15.Maíz

16.Chícharo

17.Batata

18.Sandía



La agricultura transgénica como megaproyecto ¿Por qué debes verla así?

Más allá de proyectos aislados, la agricultura transgénica es un paradigama, un proyecto en conjunto…

Al referirnos a megaproyectos pensamos en grandes proyectos extractivos como la minería  o de infraestructura como presas, carreteras, entre otros. Algunos criterios que se consideran para definirlos son la inversión que involucra su desarrollo, el tiempo de ejecución o su alta complejidad tecnológica, jurídica y ambiental. Sin embargo, pocas veces se habla de los proyectos agrícolas como megaproyectos aún cuando sus efectos tengan un impacto significativo en el territorio y medio ambiente de las comunidades; además de provocar desplazamientos y violaciones a los derechos humanos.

De acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) hasta el 2001 de los 52 millones de ha de cultivos transgénicos, el 63% correspondía a soya, 19% a maíz, 13% a algodón y 5% a canola. Para esta misma superficie el 69% se cultivó en Estados Unidos, 22% en Argentina, 6% en Canadá, 3% en China y menos de 2% en Australia y Sudáfrica. Datos más recientes del International Service for Acquisition of Agro-Biotech Applications (ISAAA), calculan que en el 2010 ésta área se había al menos triplicado; México contribuye con 0.2 millones de ha en cultivos de soya y algodón.

Este ensayo pretende analizar el efecto de la implementación proyectos agrícolas basados en la modificación genética de los organismos. Iniciaremos explicando a grandes rasgos qué son los organismos transgénicos u organismos genéticamente modificados (OGM), y se analizarán algunos aspectos de esta agroindustria y sus implicaciones. En las reflexiones finales si discutirá si es posible y pertinente clasificar determinados tipos de proyectos agrícolas como megaproyectos.

La seguridad alimentaria ha sido tema de interés internacional. A fin de atender esta preocupación, en la década de los cincuentas la revolución verde transformó al sector agrícola de forma muy importante. Grandes extensiones de tierra se dedicaron a la siembra de monocultivos, se desarrollaron semillas mejoradas y agroquímicos, se mecanizó el arado y se establecieron sistemas de riego tecnificado. Estas modificaciones, que resultaron en mejoras de la productividad en los cultivos, contribuyeron al deterioro ambiental (Pérez y Landeros 2009), encarecieron la producción y generaron cambios socio-culturales del sector rural y campesino en México (Pichardo, B. 2006).

Según predicciones de la FAO (2002) la producción agrícola mundial para el 2050 deberá incrementarse un 70% sin embargo, señala que restricciones como la disminución en el acceso a tierras cultivables y al agua potable, afectarán la capacidad de los países de lograr este crecimiento. Plantea como alternativa el uso de la biotecnología en lo que ella misma ha llamado una revolución doblemente verde.

Las nuevas técnicas agrícolas, consisten en transferir genes entre especies que de manera natural no pueden cruzarse (Greenpeace, 2006); los organismos transgénicos se crean insertando secuencias genéticas entre bacterias, plantas y/o animales, para conferir a los cultivos características que los hacen resistentes a herbicidas, a insectos, a condiciones ambientales adversas, a enfermedades, alargan su vida comercial, incrementan su tasa de crecimiento y aceleran su producción de masa (Leo, 2002; Pérez y Landeros, 2009). Sin embargo este nuevo tipo de manipulación nos pone ante un panorama cuyas consecuencias económicas, en la salud humana y en el equilibrio ecológico, no podemos prever con certeza (Leo 2002; Greenpeace, 2006).

Los paquetes tecnológicos, asociados a esta forma de producir son muy costosos. Están diseñados para grandes superficies de monocultivo con riego tecnificado, que utilizan maquinaria y aplican fertilizantes y herbicidas. Cada temporada de siembra, el productor debe adquirir nuevas semillas y los agroquímicos necesarios para su cultivo -herbicidas, fertilizantes o sustancias activadoras de las características transgénicas de las semillas-. Así se beneficia a un pequeño grupo de grandes agroindustriales y se pone en riesgo al 80% de los productores del campo en México; contribuye a desplazar la mano de obra de una actividad productiva fundamental para países en desarrollo, la agricultura (Greenpeace, 2006; Leo, 2002).

Son pocas las empresas que concentran toda la producción de semillas y plantas transgénicas a nivel mundial: Monsanto ocupa el primer lugar con el 80% del mercado, seguida por Aventis con el 7%, Syngenta con el 5%, BASF con el 5% y DuPont con el 3%. Dada la creciente adopción de este tipo de agricultura y que, estas empresas producen el 60% de los plaguicidas y el 23% de las semillas comerciales que se utilizan en la actualidad (Control Biológico de Plagas, 2015), es posible inferir que a corto plazo la seguridad alimentaria mundial estará en manos de unas pocas transnacionales (Greenpeace, 2006).

Cuando la biotecnología modifica a los organismos para hacerlos resistentes a herbicidas, contribuye a incrementar su uso y por tanto su concentración en el medio ambiente. La Organización Mundial de la Salud ha señalado que por el uso de pesticidas mueren cada año en el mundo 220 mil trabajadores del campo y se producen entre 3.5 y 5 millones de envenenamientos no mortales (Leo, 2002).

El paquete tecnológico para el cultivo de soya transgénica RR[1]que incluye el herbicida Roundup Ready cuyo principio activo es el glifosfato, es un buen ejemplo de lo anterior. Para obtener el máximo rendimiento, los agricultores aplican grandes cantidades de herbicida que, en principio acaban con las malezas sin afectar sus cultivos, pero eventualmente pueden generar resistencia en dichas malezas (Riley,Cotter,Contiero y Watts, 2011). Cuando esto ocurre, Monsanto provee a los productores fórmulas herbicidas mucho más agresivas o semillas nuevamente modificadas, a las que agregan genes para conferirles resistencia a sustancias herbicidas distintas al glifosfato (Riley et al, 2011). Así se establece un circulo difícil de romper, se consolida la dependencia del productor hacia la empresa proveedora, y se vuelve imposible predecir el tipo de impactos que en el mediano y largo plazos podrán manifestarse en la salud humana, en el funcionamiento de los ecosistemas y a nivel económico.  

Glifosfato_greenpeace

 El glifosfato tiene efectos perjudiciales probados científicamente. En términos de salud se le ha vinculado a la incidencia de cancer, de problemas reproductivos y de condiciones neurológicas como el Parkinson. Es arrastrado por la lluvia hacia cuerpos de agua superficial, puede filtrarse hacia los acuíferos y contamina también el suelo. Al ser trasladado por el aire, puede ocasionar diversos efectos sobre la flora y la fauna fuera de las áreas de producción, reduce la expectativa de vida de algunos organismos, inhibe la reproducción y aumenta la mortandad, entre otros efectos (Riley et al, 2011)

Cuando las semillas genéticamente modificadas se introducen el campo, su comportamiento ante condiciones climáticas no previstas, puede tener efectos inesperados (Leo, 2011), no obstante se ha comprobado que a través de procesos naturales de dispersión y polinización la probabilidad de que los OGM alcancen otras plantas o actividades productivas, es alta. Datos de Greenpeace (2013) muestran que en el 2007 México ocupó el 2o. lugar de contaminación transgénica en America y el 8o. a nivel mundial.

Además su efecto en los organismos, este tipo de contaminación tiene también implicaciones legales, económicas y/o comerciales. Las semillas transgénicas, propiedad de quienes las producen, están patentadas. Las empresas biotecnológicas ejercen el control sobre su uso, comercialización y cultivo (Greenpeace, 2013; Leo,2011). Aludiendo a esta condición inspeccionan tierras  agrícolas alrededor de sus zonas de producción y cuando encuentran transgénicos, demandan a los agricultores por sumas millonarias, aún cuando esta presencia sea producto de contaminación transgénica accidental (Greenpeace, 2013).

En conclusión, hemos revisado aquí sólo algunos aspectos de la agricultura transgénica. Además de los impactos inherentes a esta actividad, la forma de proceder de las empresas biotecnológicas atenta contra los esquemas de producción tradicional. Al apropiarse directa o indirectamente de los recursos naturales van minando también la vida cultural y comunitaria en las zonas rurales. Nuevamente en la búsqueda de la modernidad y el progreso, se socializan los impactos negativos y se privatizan los beneficios, excluyendo de estos, a los propietarios originales de los territorios y sus recursos naturales. Es posible afirmar que la agricultura transgénica, es un nuevo tipo de megaproyecto.

Por Silvia Iliana Philippe Cárdenas

Twitter de la autora: @silianaphi

Referencias bibliográficas

Control Biológico de plagas (2015) Los Transgénicos en el Mundo: El Qué, Quién, Cuánto, Cuándo, Dónde y Porqué de los Transgénicos. Recuperado de: http://www.infoagro.com/agricultura_ecologica/transgenicos.htm.

García López, L. (2010). Modelo de sustitución de Importaciones. Recuperado de  http://modsus.blogspot.mx/

Greenpeace México (2006) Guía Roja y Verde de Alimentos Transgénicos. 2a.Edición Recuperado de:http://www.greenpeace.org/mexico/es/Footer/Descargas/reports/ Agricultura-sustentable-y-transgenicos/copy-of-gu-a-roja-y-verde-de-a/

Greenpeace México (2013) Cultivos transgénicos ¿Quién pierde?. Recuperado de:http://www.greenpeace.org/mexico/Global/mexico/report/2013/FOLLETO%20TRANSGENICOS%2022%20julio-corregidoweb.pdf

Guillen, G. (30 de julio de 2000) México, sexto en venta de transgénicos:UE. El Universal, pp. A4

International Service for de acquisition of Agri-Biotech Applications (2010) Informe Anual sobre la situación mundial de la comercialización de cultivos biotecnológicos genéticamente modificados. Recuperado de: http://www.isaaa.org/resources/ publications/default.asp

Leo, J. (2002) Comercio Internacional y Ambiente en América del Norte. Tesis de Licenciatura  Universidad Nacional Autónoma de México. Recuperado de:  http://www.economia.unam.mx/secss/docs/tesisfe/LeoLJA/cap4-2.pdf

Mendoza, E. (2013) Soya Transgénica Invade México. Contralinea.com.mx. Recuperado de: http://contralinea.info/archivo-revista/index.php/2013/03/10/soya-transgenica-invade-mexico/

Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (2002). Agricultura Mundial: Hacia los años 2015 a 2030, Informe Resumido. Roma Italia: Editado por FAO.

Pérez, A. y C. Landeros (2009). Agricultura y deterioro ambiental. Elementos, 23, 19-25.

Pichardo, B. (2006) La Revolución Verde en México. Revista Agraria, Sao Paulo, 4 , 40-68.

Riley, P., J. Cotter, M. Contiero y M. Watts (2011) Tolerancia a herbicidas y cultivos transgénicos Por qué el mundo debería estar preparado para abandonar el glifosato  Editado: Becky Price y Myrto Pispini. Publicado por Greenpeace International,


[1]                Estas RR brindan información del tipo de modificación que incluye una semilla. En este caso las semillas RR han sido modificadas para resistir las aplicación de herbicidas con glifosfato. 



Microcultivos caseros te permitirán cosechar todo lo que comes

¿Te imaginas poder cultivar fresas, lavanda, hierbas de olor y demás cultivos desde tu casa? SproutsIO te permite hacerlo de la manera más fácil posible.

Cualquier jardinero sabe que cada cultivo tiene su estación. Dependemos en gran parte del sol, clima y lluvia cuando sembramos y cuidamos de plantas. Los cultivos urbanos son aún más dependientes del clima de la ciudad (al menos que cuenten con un sistema acuapónico sofisticado), y muchas frutas y verduras que nos gustaría cosechar en casa sencillamente no se dan. Unos estudiantes de MIT han decidido cambiar esto y han creado un sistema de microcultivo que te permite cosechar todo tipo de plantas, todo el año, en casa.

SproutsIO es un sistema que utiliza tecnología de punta para cuidar de cultivos en una escala pequeña. Utiliza aeropónicos para regar las plantas con una brisa nutritiva, y todo se controla a través de una aplicación para smartphones.3031326-slide-sproutsioprofessional

Uno de los creadores de SproutsIO explicó al sitio FastCo. que otro factor que lo inspiró a crear este producto fue la cantidad de energía y recursos que son desperdiciados durante la producción de alimentos, desde su cultivo, su transportación y hasta que llegan a nuestra mesa. El SproutsIO utiliza 90% menos agua y 60% menos fertilizantes. Adicionalmente, el diseño es elegante, blanco y plateado, una ecológica adición al hogar.

Estas microgranjas inteligentes estarán a la venta dentro de un año. El SproutsIO es uno de esos gadgets que nos podría ayudar a apreciar el origen de los alimentos, transparentando un mercado que hoy en día explota a muchos trabajadores y al planeta.

 



Los alimentos genéticamente modificados son menos nutritivos que los orgánicos

A la hora de escoger entre un alimento genéticamente modificado y un producto orgánico debemos tomar en cuenta que el segundo es mucho más nutritivo.

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Entre los beneficios de consumir comida orgánica se encuentra la posibilidad de comer un producto libre de químicos tóxicos, niveles de antioxidantes más altos, prácticas de agricultura más sanas y muchos más.

Los jitomates orgánicos por ejemplo tienen más ácidos fenólicos que aquellos que son cultivados de manera comercial.

Las manzanas orgánicas contienen 15% más capacidades antioxidantes que las comerciales.

El maíz orgánico es 20 veces más nutritivo que el comercial o aquel que ha sido genéticamente modificado.Un estudio encontró que el orgánico tiene más calcio, potasio, magnesio y manganeso que el comercial:

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Lo alarmante de estos resultados no es que la comida orgánica sea más sana, sino que los científicos que buscan investigar estos hechos tienen que pedir permiso a las corporaciones que producen los alimentos genéticamente modificados para publicarlos.

Adicionalmente, hoy en día hay pocos países que intenten proteger a sus ciudadanos de los potenciales daños de los alimentos genéticamente modificados. Entre los países que lo hacen se encuentran Ecuador, Perú, Venezuela, Egipto y Rusia. En países como Estados Unidos, Canadá, Australia, México, la mayor parte Suramérica, Asia y África el uso de “semillas mejoradas” sigue siendo parte de la invasiva práctica moderna de explotación y manipulación de recursos.

[Waking Times]



Consejos para convertir tu jardín en un bosque de alimentos

Habita en tu propia permacultura: aprende a planear, crecer y cuidar un jardín orgánico que podrá dar alimentos hasta por 80 años.

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Estamos experimentando una especie de implosión ambiental, hemos sobre explotado nuestros recursos al grado que nuestro planeta se encuentra al borde de una crisis. La mayoría de nosotros goza del privilegio de tener acceso a comida cuando la queremos, salimos de nuestra casa, vamos al supermercado más cercano, escogemos lo que queremos, pagamos y nos vamos. Se nos ha acostumbrado a pensar que la comida es infinita, que viene de una bodega que siempre está llena. Se nos ha inculcado una cultura que se enorgullece de distanciarse de la producción alimenticia, una que ve al campesino cómo un ser inferior o peor —un ser invisible— mientras que disfrutamos de nuestra cómoda pasividad. El cambio ambiental no sólo afecta a las miles de caras del campo que no tienen los medios para seguir laborando al enfrentar sequías, cambio climático y plagas. Afecta a miles de especies y miles de cultivos.

Para enfrentar a las multinacionales sólo nos queda revelarnos —no con violencia, sino con amor—. Debemos tomar las riendas de nuestro futuro en nuestras manos, rechazar la pasividad que caracteriza a los consumidores del Occidente y plantar nuestros propios cultivos en un bosque de alimentos. Para hacerlo les compartimos las sugerencias de Hatchet and Seed Contracting:

1.        Planea bien qué es lo quieres y puedes hacer con tu espacio:

  • Para hacer sustentable y dar variedad a tu espacio considera construir un estanque, incluye árboles frutales, hongos comestibles, plantas herbáceas, jardines de lluvia, raíces de cultivos, plantas que fijen nitrógeno y senderos permanentes (idealmente con virutas de madera).
  • Sé realista y considera cuánto tiempo le puedes dedicar a tu jardín, hay plantas que prácticamente se cuidan solas y otras que requieren mucha atención. ¿Quién las va a cuidar y regar?
  • Analiza tu presupuesto, el primer año gran parte del dinero será invertido en la construcción y diseño del espacio y la tierra. No tienes que comprar de un jalón todas las plantas que deseas tener algún día en tu bosque de alimentos, empieza de poco a poco y deja que el espacio te dicte que puedes hacer con él. Haz un mapa de tu espacio.
  • Piensa en la lluvia: planta tus cultivos para maximizar la cantidad de agua que recibirán durante la época de lluvia.
  • Construye senderos con 90 cm de ancho y camas de cultivo de 120 cm para evitar pisar tu tierra.
  • Planea el uso de tu espacio empezando con los árboles más grandes y cuánto van a crecer, pero no planees de más: toma en cuenta que en los próximos años, la producción de tus cultivos serán anuales como chícharos, calabazas y papas. Agrega algunas flores para embellecer tu espacio.
  • Siente lo que haces: una vez que hayas  investigado las plantas que sabes que puedes usar, experimenta, mete algunas que quieras. Ve cómo responde tu espacio a tus planes y siente tu conexión con la madre naturaleza y sigue tus instintos.

2.       Aplica tus planes:

  • Usa palos y banderas para marcar tu espacio, toma en cuenta que al hacerlo tienes que transmitir tu plan de la manera más precisa posible.
  • No olvides la importancia de los senderos, sin ellos no podrás tener acceso a tu cultivos sin pisarlos.

3.       Preparación y explanación:

  • Quita el pasto: el pasto hace que la tierra sea dominada por bacterias, quieres que tu tierra sea dominada por fúngicos.
  • Si vas a acolchar tu tierra usa cartón que no tenga plástico, estampas, grapas u hoyos. Acumúlalo en capas de 15 centímetros de grosor.
  • Dale forma a la tierra: crea vías de captación de agua, jardines de lluvia y estanques en cualquier lado que tenga sentido para ti. Una vez que lo hayas hecho planta de inmediato (o te enfrentaras a invasiones de especies menos útiles de naturaleza).
  • Puede que en esta fase necesites ayuda adicional. Contratar a algún profesional con máquinas para excavar es una posibilidad.
  • Cubre la tierra con materia orgánica: astillas de madera y composta darán nueva vida a tu tierra, este paso es muy importante si quieres cultivos sanos.
  • Si tu presupuesto es grande utiliza piedras para crear pequeños nichos y masa térmica.

4.       Planta:

  • Usa inoculantes microbianos para fortalecer tu tierra.
  • No caves hacia abajo, mejor concéntrate en soltar la tierra en dónde vas a plantar. Si tu hoyo es demasiado profundo la planta se puede hundir y pudrir.
  • Riega bien tu tierra y plantas: el agua es vida.

5.       Mantenimiento:

  • Riega: Al menos durante los primeros 4 o 5 años tendrás que regar tu jardín seguido, más si vives en un clima cálido y seco. Recuerda que para minimizar la cantidad de agua que se evapora y desperdicia, riega de noche o muy temprano en la mañana.
  • Quita la mala hierba: durante los primeros dos años tendrás que dedicarle tiempo a deshacerte de malas hierbas, para minimizar su impacto puedes plantar chicharos y calabaza.
  • Poda: otra manera de cuidar tus plantas y evitar la mala hierba.
  • Controla: recoge los cultivos para evitar que estos acaparen el espacio de nuevas plantas. Reduce la competencia entre las plantas para que todas tengan una oportunidad de crecer.

Recuerda que la ganadora del premio Nobel Wangari Maathai dijo “Hasta que caves un hoyo, plantes un árbol, lo riegues y lo hagas sobrevivir, no has hecho nada“.

[Waking Times]

 

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