Creativas maneras de incorporar las almendras a tu dieta

Su sabor, a veces amargo o a veces dulce, puede parecer muy fuerte; sin embargo, con las combinaciones adecuadas, es posible (y delicioso) añadirlo a nuestra dieta diaria.

El consumo diario de almendra, del latín amygdăla, brinda múltiples beneficios a la salud. Como por ejemplo, ayuda a reducir el colesterol malo y, por lo tanto, la grasa acumulada en el vientre.  Gracias a sus valores nutricionales, esta pequeña fruto cuenta altas dosis de vitamina B1, B2, B3, B5, B6, B9 y vitamina E; zinc, hierro, calcio, magnesio, fósforo y potasio.

Su sabor, a veces amargo o a veces dulce, puede parecer muy fuerte; sin embargo, con las combinaciones adecuadas, es posible (y delicioso) añadirlo a nuestra dieta diaria. Te compartimos algunas recetas sencillas de realizar:

En smoothies. Necesitas una copa de cerezas congeladas, un puñado de espinacas, media taza de leche de almendras, agua, hielos, una cucharada de mantequilla de almendra, una cucharada de cocoa, media cucharada de extracto de vainilla y una vaina de canela. Mezcla todos los ingredientes en una licuadora y listo.

Aderezo para una ensalada. Necesitas almendras picadas, hierbas de tu preferencia, mostaza Dijon, limón y vinagre. Mezcla todos los ingredientes y úsalo en una ensalada.

Salsa para postres. Necesitas dos cucharadas de mantequilla de almendra, 1/4 taza de avena y especias de calabaza o manzana. Colócalo encima de manzanas o peras sautées, con un poco de agua y jugo de limón.

Como saborizantes de los platillos. Sólo es cuestión de cortar finamente las almendras y agregarlas a los platillos; como ensaladas, postres, entre otros.



Sofía Gatica, la mujer que desterró a Monsanto de Maldivas argentinas

Sofía Gatica, la mujer que luchó pública y ampliamente contra los transgénicos de la transnacional agroquímica en tierras argentinas.

Desde hace más de un siglo, Monsanto se ha relacionado con la destrucción de hábitats naturales y la creciente presencia de enfermedades y mutaciones en habitantes cercanos a estas regiones, principalmente cáncer, desórdenes cutáneos, supresión inmune, anemia, diabetes, problemas de hígado, entre otros. 

Pese a los esfuerzos de varias organizaciones no gubernamentales de detener tanto los productos de Monsanto, tales como Dioxin, Glifosato y PCB, como sus consecuencias devastadoras, las fábricas continúan expandiéndose a lo largo del mundo.

Un ejemplo actualmente, en México, las instituciones gubernamentales Sagarpa y Semarnat se han encargado de promover la siembra de soya transgénica de Monsanto en 253 mil 500 hectáreas en varios estados del país. Tan sólo en la zona maya de este país, Monsanto importa “10 millones de toneladas de grano al año, todo biotecnológico de EE.UU.”, ya que es “necesario darle la oportunidad a agricultores mexicanos de usarlas, en lugar de estarle pagando 50 000 millones de pesos al año a productores norteamericanos.” Esto provoca, en consecuencia, no sólo una pérdida de diversidad nacional de sus productos, también la afectación en la salud de los habitantes que consumen sus alimentos genéticamente modificados. Y si bien en México se ha buscado maneras para prohibir la siembra de productos genéticamente modificados, como la soya, la lucha continúa. 

Son estas luchas las que han marcado una diferencia en la biodiversidad, el cuidado del medio ambiente y la salud pública de la población. Como lo es el caso de Sofía Gatica, la mujer que luchó pública y ampliamente contra los transgénicos de la transnacional agroquímica en tierras argentinas. Ella, al relatar su historia para la revista feminista Pikara Magazine, ha dado plasmado su oposición al glifosato y la ruptura de las mayores construcciones logrando el destierro de Monsanto en Maldivas Argentinas.

Te compartimos su historia que compartió con Pikara Magazine

[…] Aquel atlas de las desgracias cercanas, una especie de orografía arrugada con ira por el paso del tiempo, se transformó en un informe archivado en el Ministerio de Salud del país suramericano. Entre sus páginas, la constatación ciudadana de que las fumigaciones con glifosato (el herbicida más vendido del mundo) provocaban cáncer y leucemia: “Encontramos 300 casos de cáncer y casi 80 fallecidos, sin contar con las malformaciones. Registramos ratios muy superiores a los normales”.

No había marcha atrás, apenas futuros posibles que construir. Así que las mujeres, bautizadas en 2003 como ‘las Madres de Ituzaingó’, se inmiscuyeron en una carrera de obstáculos en la que no se trataba de ganar o perder sino de aguantar. Lo siguen haciendo 16 años después. Más de 180 meses después han ocurrido muchas cosas, a veces demasiadas, como cuando se contabilizan las muertes, otras históricas, como cuando las crónicas resaltan que una de las transnacionales más poderosas del sector agroquímico inclinó la rodilla.

Fue hace apenas unas semanas, el pasado diciembre, cuando las calles de Malvinas Argentinas, una pequeña localidad de Córdoba, celebraron la salida de Monsanto. La multinacional salía por la puerta de atrás, echando el cerrojo al que estaba llamado a convertirse en uno de sus proyectos más emblemáticos, por tamaño e inversión: “Una de las mayores plantas de acondicionamiento de semillas de maíz no destinadas al consumo del mundo”, tal y como reflejaron en el momento del lanzamiento (junio de 2012, bajo el mandato de Cristina Kirchner) los informes técnicos de la propia compañía, que preveía destinar unos 1.500 millones de dólares (más de 1.400 millones de euros) al proyecto, desembolsos en concepto de investigación y desarrollo aparte.

De los golpes y amenazas

El relato de lo sucedido está sazonado de ambiciones, bloqueos, ganancias, cortes, asambleas, presiones y declaraciones, amenazas verbales y físicas, ilegalidades, alegalidades e incluso leyes redundantemente ilegales. Avances y retrocesos, los de la empresa frente a un amalgama de colectivos de toda Córdoba, entre los que destacan la Asamblea de Vecinos Malvinas Lucha por la Vida, la Asamblea del Bloqueo a Monsanto y las Madres de Ituzaingó. La vida, dejó escrito Shakespeare, es un cuento narrado por un idiota, que las llena de sus ruidos y furias. Tres siglos más tarde, Walter Benjamin matizó que está en todo caso contada por los vencedores.

[…] Un año más tarde, activistas y personas concienciadas organizaron un festival (Primavera sin Monsanto, que continúa celebrándose) en la misma entrada a las instalaciones que ya comenzaban a asomarse. Recibieron el apoyo de parte de la comunidad científica (entre ellos, el médico fallecido Andrés Carrasco) y académica (las universidades de Córdoba, Católica y Río Cuarto rechazaron la instalación de la planta), la artística (músicos como Manu Chao y René Pérez, de Calle 13) e incluso activistas internacionales como el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel o la india Vandana Shiva, se han sumado en algún momento a la causa.

Antes, durante y después, recuerda Gatica, un bloqueo de más de tres años, hasta la expulsión de Monsanto. “Ha sido muy difícil porque eran 37 hectáreas y, aunque cerrábamos sucesivas entradas con diez personas en cada puesto, ellos trataban de entrar por cualquier sitio”. Los problemas con los trabajadores de la empresa no tardaron en aparecer: “Al principio impedíamos únicamente la entrada a los camiones, por ejemplo metiéndonos bajo las ruedas, hasta que descubrimos que introducían herramientas incluso escondidas en sus maletines, cuando venían vestidos de traje”, añade esta líder argentina, que en 2012 recibió el Premio Goldman, conocido como el Nobel del Medio Ambiente.

Al mes de bloqueo llegó el primer desalojo, “cuando más de 300 policías nos sacaron a la fuerza a un centenar de personas”. Dos compañeras terminaron presas y Sofía, hospitalizada con un traumatismo craneoencefálico. “Pero nos dimos cuenta de que el pueblo es el que manda”, añade Gatica nada más terminar de extenderse con su parte médico: “Pedí el alta voluntaria y regresé con mis compañeros para quedarme. Poco a poco se sumó mucha gente y se empezaron a construir casas. Jamás pudieron ingresar como hubieran querido, pero soportamos casi cuatro años de frío, sin luz, sin agua, de hambre. Mujeres y hombres de todas las edades, con mucha gente joven”.

[…] “Pronto llegaron las amenazas. Me esperaban a la salida del trabajo, me perseguían y me golpeaban. Me amenazaron de muerte junto a mis hijos. Me han llamado de todo: ‘gringa sucia’, ‘zurda’…”. Las presiones, denuncia, se reforzaban con “los palos de la policía”, con “los grupos de choque de la empresa” y con “órdenes de represión” contra los vecinos. “Hubo una vez que los camiones lograron entrar y entonces decidimos impedir también la salida, salvo que se llevaran todo el material. Los obreros nos acusaron de haberles secuestrado”, añade Gatica entre su dilatada retahíla de reconstrucción de los hechos, presentados sin tapujos como “una guerra, en la que Monsanto contrataba matones y nosotros, para sobrevivir, tuvimos que armarnos: maderas con clavos, zanjas gigantes en la tierra, pinchazos a las ruedas de los camiones…”.

A los extremistas violentos

[…] Y es que, allí donde (en los transgénicos) hay quien ve enfermedades y muerte, otros contemplan “oportunidades de progreso y crecimiento para la comunidad y la provincia, sin riesgo ninguno”, afirma la empresa, que vaticinó 400 puestos de trabajo directos. En otra de sus notificaciones, identifica a Sofía Gatica (y a otras personas) como responsable de “agresiones verbales y físicas” que ponen en riesgo la integridad física y vulneran el derecho de expresión”, en referencia a una charla que empleados de Monsanto impartían en la Universidad Nacional del Litoral. Acciones que fueron calificadas de “vandalismo” y posteriormente denunciadas ante las Fiscalía

1.140 días de bloqueo (el número exacto lo tiene clavado en la memoria Gatica), hasta el 1 de noviembre de 2016, en los que la estrategia de Monsanto ha sido la de denunciar las “violaciones al derecho a trabajar” de sus empleados, recordando en sucesivos avisos que cumplían “con todos los requerimientos legales para la construcción de la planta”, citando, entre otras, diferentes ordenanzas, al Concejo Deliberante de Malvinas Argentinas, al Tribunal Superior de Justicia de Córdoba, el Estudio de Impacto Ambiental (elaborado por ellos mismos) y autoridades gubernamentales varias. Su defensa de que “no hay evidencia científica de que el glifosato sea cancerígeno” es radicalmente diferente al que presentan instituciones como la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC, en sus siglas en inglés) que, perteneciente la Organización Mundial de la Salud (OMS) de Naciones Unidas, lo consideró en 2015 como “probablemente cancerígeno para los humanos”. Las conclusiones siguen abiertas y recientemente la OMS, en este caso en una publicación conjunta con la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación), concluyó que era “improbable” que el glifosato presente riesgos carcinogénicos.

Sentencias firmes

Los entresijos jurídicos, que acompañaron a la lucha activista, dieron un primer vuelco radical en enero de 2014, cuando la Sala II dela Cámara de Trabajo detuvo la construcción, declarando inconstitucionales los permisos emitidos tanto por la Municipalidad como por la Provincia. Un mes más tarde, la Secretaría de Ambiente provincial también rechazó el estudio de impacto ambiental presentado por la compañía.

Paradójicamente (o no), la empresa guarda un celoso silencio de estos reveses. Tampoco ha querido manifestarse antes las repetidas apelaciones en las que Pikara Magazine le ha brindado su micrófono. Ha preferido mantenerse al margen también de su salida de Malvinas Argentinas, de la que no existe postura oficial alguna por parte de la compañía, si bien una “alta fuente” de la multinacional admitió a un portal argentino de actualidad y análisis económico que “no se pudo avanzar con la planta y esto también influyó. Pero lo más trascendente fue que el negocio cambió y dejó de ser conveniente para Monsanto”.

Los cambios que anónimamente denuncia Monsanto se refieren a modificaciones legales introducidas por las nuevas políticas agropecuarias, que han disminuido la expansión máxima de la superficie del maíz: “La pauta de procesamiento de la planta estaba en el orden de 3,5 millones de hectáreas pero, en los últimos años, apenas se pasó de los 2,5 millones. Una inversión así no tiene sentido desde el punto de vista del negocio”.

Jamás van a admitir que el pueblo los venció. No se fueron por la Justicia”, subraya Gatica, convencida de que fue Cristina Kirchner, la anterior presidenta del país, quien “negoció con la salud del pueblo. Seguramente bajo su mandato no hubiera sido posible nuestra victoria, si bien es cierto el actual Gobierno [de Mauricio Macri] también responde a las corporaciones y no a la gente”.

Una victoria, pero ¿de quién?

Malvinas Argentinas aún está resacosa de celebraciones. Forzosa o voluntariamente, Monsanto se ha ido de la localidad, pero no del país. Falta por escribir qué sucederá a partir de ahora, cuando el municipio adquiera la verdadera dimensión de lo logrado. La transnacional no solamente sigue operando en Argentina, sino que los insumos destinados al fracasado proyecto han sido trasladados a la próxima localidad de Rojas, unos 500 kilómetros al oeste y próxima a Buenos Aires.

Los reveses sufridos por Monsanto en Malvinas Argentinas y el hecho de que siga sin poder modificar la Ley de Semillas (por la que pretenden garantizarse ganancias por los derechos de uso de casi toda la soja, el maíz y el algodón que siembran en el país americana) les sepa seguramente mejor con el balance comercial cosechado en 2016, que la sitúan como dominadora absoluta en el negocio del maíz y en la venta de glifosato. Según los datos de la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (CASAFE), sus ingresos en este sentido aumentaron con respecto al ejercicio anterior.

Además de las instalaciones de Rojas, Monsanto mantiene otras 36 plantas en el país. La transnacional “desarrolla los planes a largo plazo, por lo que mover su inversión a otro lado tiene su lógica. Seguirá proveyendo a semillas al área de Córdoba. Que no tenga una planta levantada no significa que dejará de tener presencia”, según analizaron expertos en la materia a  un medio uruguayo.

“Es una batalla que vamos a ganar, nos va a costar, pero se la vamos a ganar”, vaticinó Sofía Gatica en octubre de 2012, al poco de saberse las intenciones de Monsanto en Malvinas Argentinas. Muchas “sangres” después (“América se ha escrito con sangre y seguirá escribiéndose con sangre. Vamos a luchar dejando nuestras vidas”, respondía la protagonista en una entrevista posterior, publicada por el autor en formato e-book), Sofía Gática, parte de esa Argentina que desterró a Monsanto, lo tiene claro: “Hemos ganado una pequeña batalla porque Monsanto está aislado en distintas partes del país. Vamos a seguir ahí, dándoles batalla y resistiendo”.

La dueña de las semillas

Monsanto ya no es sólo una empresa. Atrás quedaron sus inicios, allá por el arranque del siglo XX, en los que producía sacarina para Coca-Cola. Ahora es una transnacional con pies, dedos, garras, manos y tentáculos en casi cada esquina del globo, aunque sus principales mercados son Estados Unidos, Brasil, Argentina y Canadá. La producción de semillas transgénicas y el herbicida glisofato comercializado bajo la marca Roundup son dos de sus principales negocios, que la convierten prácticamente en dueña de la agricultura mundial.

Sobre todo tras su reciente fusión con Bayern, otra de las agroquímicas más grandes del mundo. “Con la transacción se fusionan dos negocios diferentes pero altamente complementarios. El negocio conjunto sacará partido del liderazgo de Monsanto en el ámbito de semillas y (…) por una parte, y del amplio abanico de productos de protección de cultivos de Bayern (…)  por la otra”, decía la compañía.

La sospecha siempre está detrás de cualquier acción de Monsanto, tanto por los temores hacia los organismos modificados genéticamente (OMG), como por las investigaciones que han sufrido varios de sus productos (la controversia sobre el glisofato es muy alta y ha sido prohibido su uso en varios territorios), las condenas por soborno en Indonesia, la venta de productos tóxicos o por el oligopolio que ejerce sobre la alimentación.

Y las resistencias también se multiplican. El pasado mes de octubre La Haya acogió en el Tribunal Internacional Monsanto, una “iniciativa de la sociedad civil para que Monsanto se responsabilice por violaciones a derechos humanos, crímenes contra la humanidad y ecocidio”, a la que la transnacional respondió. La sentencia estará en abril de 2017.

 
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Descubren dragón rubí en las aguas de Australia (VIDEO)

El dragón marino rubí es una especie que sólo se conocía en bosquejos de museos y libros escolares.

El dragón marino rubí es una especie que sólo se conocía en bosquejos de museos y libros escolares; sin embargo recientemente se descubrieron dos ejemplares nadando en las profundidades de las aguas de Australia. Mediante un vehículo operado por control remoto, los investigadores de Scripps Institution of Oceanography en la Universidad de California San Diego y la Western Australian Museum lograron grabar durante media hora y a más de 50 metros de profundidad en el Archipiélago Recherche. 

Gracias a esto, los investigadores lograron recolectar mayor información sobre su anatomía, hábitat y patrones de comportamiento. Por ejemplo, a diferencia de otros subespecies similares, los dragones rubí no cuentan con apéndices para camuflajearse; poseen una cola enroscada como los caballos de mar y su color hace referencia a un cambio evolutivo. 

Para los investigadores se trata de tan sólo un descubrimiento de los varios que se planean realizar en la zona sureste de Australia, en especial en lo que se refiere en la diversidad de hábitats, especies animales y vegetales. 

Te compartimos el video del dragón rubí: 

 

 

 



Descubre los sorprendentes beneficios de comer cuatro almendras cada día

Con las combinaciones y dosis adecuadas, la almendra brinda numerosos beneficios a nuestra salud tanto física como psicológica.

Las almendras, ricas en proteína, vitamina E, magnesio, fibra y aminoácidos esenciales, son ideales para reducir los efectos de deficiencias de cobre, vitamina B, calcio, potasio, fósforo, hierro y grasas saludables. Con las combinaciones y dosis adecuadas, la almendra brinda numerosos beneficios a nuestra salud tanto física como psicológica. 

Con tan sólo consumir cuatro almendras al día, el cuerpo psíquico y físico puede evolucionar de manera muy positiva. Por ejemplo:

Las habilidades cognitivas mejoran significativamente; tales como la memoria y el aprendizaje. Gracias a que son ricas en vitamina E, las almendras ayudan a prevenir trastornos cognitivos, agilizando las funciones cognitivas como la memoria. Además, la almendra es fuente del zinc, un mineral que se encarga de proteger las células cerebrales en contra del daño causado por los radicales libres. Incluso, la vitamina B-6 agiliza el metabolismo, proceso que es indispensable para reparar las células cerebrales. En otras palabras, cuatro almendras al día mejora la memoria y estimula el cerebro. 

Ayuda a perder peso. Las almendras poseen una densidad nutriente –gracias a su alto contenido de fibra, proteína y grasas mono nosaturadas– por lo que agilizan el proceso metabólico. Comer almendras como snack ayudan a sentirnos más satisfechos y por tanto, consumir menos alimentos grasosos y azucareros. Esto quiere decir que las almendras son consideradas parte esencial de los programas para bajar de peso. 

Previene defectos de nacimiento. Un alimento básico en la dieta durante el embarazo es la almendra, pues ésta no sólo ayudará a un desarrollo óptimo del feo, también reducirá situaciones de riesgo. Las almendras poseen cantidades considerables de ácido fólico, ayudando al crecimiento saludable de las células y las formaciones del tejido. 

– Fortalece los huesos. Las almendras son ricas en calcio y fósforo, dos nutrientes esenciales para mantener la estructura ósea en un estado saludable. Este fruto seco es fuente de magnesio, manganesio y potasio, los cuales protegen al cuerpo óseo de los radicales libres previniendo así enfermedades como la osteoporosis. 

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Nunca imaginaste los sorprendentes efectos de las almendras en nuestro cuerpo

Con las combinaciones adecuadas, la almendra puede brindar numerosos beneficios –aún si se trata de tan sólo de una colación–.

La almendra, del latín amygdăla, brinda numerosos beneficios para el cuerpo y la psique. Con tan sólo el consumo diario, de alrededor siete almendras al día, se reduce el colesterol malo y la grasa acumulada en el vientre; además que aumenta la dosis de nutrientes como las vitaminas B1, B2, B3, B5, B6, B9 y vitamina E; zinc, hierro, calcio, magnesio, fósforo y potasio.

Con las combinaciones adecuadas, la almendra puede brindar numerosos beneficios –aún si se trata de tan sólo de una colación–. Te los compartimos: 

Ayuda a prevenir el cáncer. Esto se debe gracias a que contienen altos niveles de vitamina E, un antioxidante que reduce el riesgo de padecer cáncer de colon, mama y próstata. 

Optimiza el funcionamiento del cerebro. Las almendras son una fuente indispensable de carnitina y vitamina B2, los cuales ayudan a impulsar la actividad neuronal saludable y a reducir las inflamaciones cerebrales. También se ha encontrado evidencia que reducen el riesgo de padecer Alzheimer. 

– Brindan suavidad, brillo y tonalidad a la piel. La vitamina E también brinda efectos muy positivos en la dermis, brindándole un cuidado desde el interior del cuerpo. 

– Previene enfermedades como la diabetes. Ayuda a controlar los niveles de azúcar en la sangre, reduciendo peso y mejorando la circulación en la sangre. 

– Mejora el sistema digestivo. Consumir 56 gramos de almendras al día, durante ocho semanas, elimina las enfermedades digestivas. 

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– Fortalecen huesos y dientes. Al contener magnesio y calcio, benefician los cuidados de dientes y sistema óseo. De hecho, el consumo diario de almendras reducen el riesgo de tener fracturas en huesos así como caídas de dientes. 

– Reduce la incidencia de enfermedades cardiovasculares. Al ayudar al funcionamiento de las arterias, las almendras reducen el colesterol malo y sus consecuencias sobre la salud –principalmente enfermedades como diabetes y paros cardíacos–. 

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EcoReceta: fritura de calabacín con salsa de piñones

Este mismo procedimiento puede aplicarse a las berenjenas . En cuanto a la salsa de piñones , también puede hacerse exactamente igual, si se prefiere con con almendras.

Ingredientes:

450 g de calabacines

3 cucharadas de harina

1 cucharada de pimiento

1 huevo grande

2 cucharadas de leche

abundante aceite para freír, el de su preferencia

sal marina gruesa

Para la salsa de piñones:

100 g de piñones

1 diente de ajo pelado

3 cucharadas de aceite de oliva extra virgen

1 cucharada de zumo de limón

3 chucaradas de agua

1 cucharada de prejil fresco picado

sal y pimienta.

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Si ha optado por acompañar la fritura de calabacín con la salsa de piñones, empiece preparándola,  ponga los piñones y el ajo en el recipiente del robot de cocina o licuadora, y haga un puré, con el motor aun en marcha añada un poco de aceite de oliva, el zumo de limón, y el agua para obtener una salsa fina. Agregué el perejil y salpimiente al gusto. vuelque la salsa en un bol.

Corte los calabacines en diagonal en rodajas de unos 5 mm de grueso, mezcle la harina y el pimientón en una bolsa de politeno y bata  juntos en un recipiente la leche y el huevo.

Meta en la bolsa con la harina y el pimentón las rodajas de calabacin y agítela un poco para que queden bien rebozadas. Al sacarlas sacuda el exceso de harina. Eche el aceite en un sartén grande, sumerja las rodajas de calabacín de una en una en la mezcla de huevo y luego échelas en el aceite caliente. Fría las rodajas de calabacín por tandas hasta que estén crujientes y doradas, saque las frituras de calabacín y deje que se escurran sobre papel de cocina para absorber lo máximo posible de grasa, sírvalas muy calientes ligeramente espolvoreadas con sal marina.

Twitter del autor @lucia_mtz93

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