La RAM: ¿Por qué apostar por un cambio de política energética desde la paz?

La transición hacia un nuevo sistema energético puede darse a través de dos vías: el orden, la paz y el tiempo o el caos, la violencia y una catástrofe

Todo parece indicar que, a menos que se produzca un desastre climático a escala global, nuestra demanda de consumo de energía seguirá aumentando. Parecería que el desafío civilizatorio del momento se juega en la transición hacia un nuevo sistema energético que puede darse a través de dos vías: el orden, la paz y el tiempo o el caos, la violencia y una catástrofe que, según Slajov Žižek, no estamos psíquicamente diseñados para imaginar. 

Ante este panorama, la Red Ambiental Mexicana (RAM) apuesta por la primera vía, en el intento de abrir canales de participación para construir nuevas alternativas de desarrollo que, desde la creatividad social, den a luz a nuevas políticas públicas y una nueva cultura política a favor del medio ambiente en medio del pantano democrático nacional. Necesitamos construir nuevas formas de participación social efectiva que construyan vínculos de acción entre las diferentes piezas del tablero sociopolítico, para encontrar soluciones a problemas complejos en una era cada vez más incierta. 

Siguiendo las ideas de Paul Roberts (2004), la economía energética actual va en camino a desaparecer y aún no existe un consenso claro de cómo será su reemplazo. Sin embargo, el sistema civilizatorio/energético ya está cambiando, y no siempre para bien; donde quiera que miremos aparecen señales de un sistema agotado que ha pasado de mala manera a una situación nueva: compañías petroleras que se reestructuran discretamente para vender gas natural, gobiernos que luchan por entender nuevos sistemas energéticos como la economía del hidrógeno, una búsqueda desesperada de nuevos yacimientos petrolíferos, tensiones crecientes entre productores e importadores de energía, escaramuzas diplomáticas sobre política climática e inflación, entre otros ejemplos. 

Bert Klandermans (1994) ha hablado de campos pluriorganizativos como puntos de encuentro entre personas y organizaciones en el estudio de los movimientos sociales. Ahí es construida la protesta mientras son compartidas identidades colectivas en constante reconstrucción. O bien, Ernesto Isunza (2004) define a las interfaces socioestatales como instrumentos diseñados para conectar a la sociedad civil, al gobierno y al mercado abriendo espacios de intercambio y disputa en geometrías sociales con relaciones asimétricas de poder. 

Tanto los campos pluriorganizativos como las interfaces socioestatales son dos lentes analíticos que nos ayudan a comprender nuevas formas de participación que conectan actores pertenecientes a diferentes dominios en el intento de solucionar problemáticas que, dado su nivel de complejidad, no pueden ser resultas por un solo actor. 

En ese sentido, la RAM es una red de participación que integra a un grupo heterogéneo de personas y organizaciones de la sociedad civil (OSC) convencidas de que a través de la defensa de nuestros derechos es posible mejorar la relación entre el ser humano y el medio ambiente, apostando por el equilibrio económico, social y ambiental, compartiendo experiencias y creando agendas para insertar el enfoque ambiental en las políticas públicas en México.

La RAM surgió en 2009 cuando el Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza A.C. (www.fmcn.org), fue invitado por el Centro Mexicano para la Filantropía (www.cemefi.org), que actualmente es plataforma del colectivo, a participar como líder en la creación de una red de OSC sobre medio ambiente. Y se trata de un movimiento social integrado hoy día por las organizaciones Alternare, Centro Latinoamericano de Estudios Ambientales, Centro Mexicano de Derecho Ambiental, Fondo para la Comunicación y Desarrollo Ambiental, Pronatura México, Reeduca, Reforestamos México, Telar Social y Tierra Nueva.

A lo largo de su historia, los focos de acción de la RAM han estado concentrados en los temas de educación ambiental, energía, cambio climático, agua y saneamiento y biodiversidad, y ha organizado acciones específicas como el  Foro de Derechos Humanos y Ambientales: La Corresponsabilidad Social y Ambiental ante los Megaproyectos de Desarrollo en México 2014. 

Actualmente, la RAM vive un proceso de reestructuración que apuesta por crear acciones efectivas desde la creación y seguimiento de agendas temáticas orientadas a producir aprendizajes colectivos de participación encaminados a la incidencia en políticas públicas a favor del medio ambiente, así como declaraciones sobre temas específicos, diagnósticos territoriales, señalamiento de responsabilidades y campañas informativas, entre otras acciones.

Desde luego, figuras de redes de OSC como la RAM son parte de un proceso de participación social amplio en México y en Latinoamérica que lleva varias décadas, donde la sociedad civil ha luchado por expandir las prácticas democráticas y la cultura política ciudadana frente al Estado y los embates del libre mercado.

Por todo ello, la RAM puede ser vista como el motor o pieza clave de una interfaz socioestatal democrática, creando y coordinando vínculos de acción tanto al interior de sí misma como al exterior, con diferentes tipos de actores, en la apuesta por construir nuevas formas de participación orientadas a impulsar políticas públicas a favor del medio ambiente.

Desde luego no se trata de un proceso sencillo y, como mencionamos anteriormente, vivimos ya en una transición del sistema energético que no da ninguna muestra de certeza y que parece jugarse entre dos caminos: la apuesta por soluciones ordenadas y pacíficas, o bien, por otras caóticas y violentas; la RAM, desde luego, apuesta por el primer camino. 

@David_Ordaz_B

Coordinación de Redes de OSC del Centro Mexicano para la Filantropía

Referencias: 

Isunza, E. (2004). El reto de la confluencia: los interfaces socioestatales en el contexto de la transición política mexicana: dos casos para la reflexión. Xalapa, UAV. 

Klandermans, B. (2001). La construcción social de la protesta y los campos pluriorganizativos. En Laraña E. y Gusfield J. (Coord.), Los nuevos movimientos sociales de la ideología a la identidad. Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas.  

Roberts, P. (2004). El fin del petróleo. Biblioteca del Pensamiento Crítico. España, Editorial Sol 90, Diario Público. 

Žižek, S. (21 de marzo de 2011). La ecología como “nuevo opio de los pueblos”. Recuperado de: http://alebica.blogspot.mx/2011/03/la-ecologia-como-nuevo-opio-de-los.html



Crónica de un conversatorio sobre megaproyectos en México hacia la sostenibilidad 2030

Un México Sostenible en donde de la suma de visiones, la integración de objetivos y metas comunes, trascienden lo inmediato, permitiéndonos decidir el país que queremos para las próximas décadas

Todo parece indicar que no habrá un alto al “progreso” hasta que toquemos pared como civilización, en ese sentido llega a la mente el comentario de Noam Chomsky* donde explica cómo, a diferencia de la extinción de los dinosaurios producida por un meteorito, nosotros somos nuestro propio meteorito y la extinción ha comenzado desde hace tiempo.

¿Qué puede hacer la sociedad civil frente a los megaproyectos?, ¿qué rol juegan las poblaciones y dónde está el poder de decisión?, ¿es posible lograr alguna convención mínima entre esquemas de desarrollo?, ¿cuál es la diferencia entre megaproyecto y proyecto?, ¿seguimos apostando y subsidiando modelos de desarrollo caducos?, ¿qué tanto sabemos del tema?

Este breve registro es un intento por plasmar el crisol de opiniones escuchadas el pasado jueves 4 de febrero en las instalaciones de la Escuela Bancaria Comercial en el Conversatorio Sostenibiladad 2030 visiones y retos de los Megaproyectos en México, organizado por la plataforma SostenibilidadMx (http://www.sostenibilidadmx.org/), apoyado por la Red Ambiental Mexicana, que da inicio a sus acciones que tienen como objetivo fortalcer las agendas públicas desde la sociedad civil. Durante el evento estuvieron presentes, ponentes de organizaciones, think tanks y un organismo gubernamental: Centro Mexicana de Derecho Ambiental, Centro de Colaboración Cívica, Unidad Nacional de Asociaciones de Ingenieros (UNAI) Fundar, World Wild Fund, Centro Prodh, Bo.Vo. Asesores Integrales y CONABIO.

Desde nuestras miradas, el tema de los megaproyectos como fenómenos que transforman por completo un territorio ya sea urbano o rural, resulta un reflejo de la atrocidad de nuestros tiempos y creo que no faltan razones para creer en ello. Basta poner la lupa en cualquier punto del territorio mexicano para encontrar desastres ecológicos causa del esquizofrénico contraste entre las leyes y la realidad.

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De acuerdo con los especialistas nos enfrentamos a un escenario donde los megaproyectos emergen bajo marcos legales de hace veinte años para satisfacer necesidades que ya no existen, mientras son presentados como necesidades cuando en realidad fomentan la desigualdad. De ahí el llamado a que las luchas no estén aisladas frente a la legalización de lo ilegal de la Reforma Energética que nos condena a la servidumbre legal.

Al respecto, el Centro Mexicano de Derechos Ambiental, A.C. (CEMDA), habló del caso de la carretera Huejuquilla-Bolaños en la sierra huichola, que atravesó territorios sagrados y fue dejada a medias después de un amparo agrario por violar leyes ambientales interpuesto por la comunidad de Santa Catarina Cuexcomatitlán o Tuapurie.2 Por otra parte, el Centro Pro Derechos Humanos, A.C; fue una muestra de acciones desde las comunidades y sociedad civil que apuestan por las decisiones tomadas desde la información y el consenso, el Buen Vivir y la defensa de los derechos humanos, sobre el mero crecimiento económico para hacer frente a la imposición de los megaproyectos, tal es el caso de Magdalena, Teitipac, pueblo oaxaqueño en lucha contra la minería.3

O bien, en la urgente defensa de líderes comunitarios como Idelfonso Zamora a quién defender el medio ambiente le ha costado su libertad y la vida de uno de sus hijos. Ildefonso Zamora, es un líder indígena tlahuica y protector de los bosques mexicanos, encarcelado injustamente acusado de un delito que no cometió, en venganza por su combate a la tala clandestina en el Estado de México. 4

Sin embargo, también dentro del conversatorio encontramos enfoques de personas con experiencia directa en el trabajo de mediación entre empresas y comunidades. Y hablaban de una mirada a los megaproyectos como una oportunidad para que los pueblos tomen sus propias decisiones (sean buenas o malas), a la vez de ser una alternativa al desarrollo que permita mitigar las condiciones de pobreza y desigualdad que detonan la migración de los jóvenes o su inserción en el narcotráfico, ¿estamos hablando de una oportunidad hacia agendas de convivencia entre visiones de desarrollo?

La problemática es sumamente compleja y nos deja, vale decirlo nuevamente, con más preguntas que respuestas: ¿es posible crear otros modelos de desarrollo social y territorial?, ¿es el emprendimiento social una vía de solución?, ¿existen megaproyectos sustentables?, ¿podemos actuar desde esquemas de gobernanza que integren las diferentes visiones de desarrollo? Sin duda necesitamos más espacios de encuentro y diálogo como este conversatorio para conectar nuestras acciones.

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SostenibilidadMx, impulsada por Telar Social México y Reforestamos México, integrantes de la Red Ambiental Mexicana #RAM, nos facilitan una alternativa que pone en práctica nuevas vías de colaboración, gestión de conocimientos, co-creación y trabajo en red entre las y los ciudadanos. a fin de robustecer la participación y representación ciudadana en la integración de la sostenibilidad en el Plan Nacional de Desarrollo 2024, como estrategia la 2050.

Esta nueva plataforma híbrida 3.0 de inteligencia colaborativa, nos invita vislumbrar un México Sostenible, donde de la suma de visiones, la integración de objetivos y metas comunes, trascienden lo inmediato, permitiéndonos decidir el país que queremos para las próximas décadas, ante los desafíos sociales, políticos, económicos y ambientales regionales y globales del Siglo XXI.

Ser conscientes del gran desafío y su problematización hoy en día ya no es suficiente. El desarrollo de sociedades sostenibles, no puede pensarse, sin la gestión de un modelo sistémico, un pensamiento holístico y un sentido de cooperación.

Te invitamos a dialogar,colaborar e incidir a través de www.sostenibilidadmx.org o través de sus redes sociales y el hashtag #SostenibilidadMx.

Monserrat Salazar Gamboa y David Ordaz Bulos



¿Seremos la generación que de la vuelta a nuestra civilización de aquí al 2030?

¿Qué rol elegimos jugar en nuestra comunidad para cambiar la historia de nuestro planeta? ¿seremos la generación que de la vuelta a nuestra civilización?

Hace 15 años ,189 países se reunían para firmar los Objetivos del Milenio (ODM), que apuntaban hacia al desarrollo y construcción de una sociedad diferente, con foco en la erradicación de la pobreza, la promoción del bienestar entre los ciudadanos y la protección del medio ambiente.

A finales del mes de septiembre las y los líderes del mundo se reunirán en la la Cumbre de las Naciones Unidas ,en Nueva York ,para aprobar de manera oficial la agenda que dará continuidad a los ODM a través de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)

La nueva agenda de Desarrollo Sostenible surge después de más de 2 años y medio de negociaciones intergubernamentales, mecanismos de consultas temáticas y la participación sin precedentes de la ciudadana. Una persona por cada 1000 en el mundo fue consultada a través de  la plataforma MyWorld2015.

Una agenda ambiciosa fue plasmada el pasado mes de agosto, en el documento “Transformando nuestro mundo: la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible”, donde se logró diseñar el plan de acción para las personas, el planeta, la prosperidad, la paz y el trabajo conjunto.

Los Estados miembros (193 países), acordaron trabajar bajo la luz de una agenda universal, transformadora e integral, bajo tres principios básicos: terminar con la pobreza extrema, luchar contra la desigualdad y la injusticia y poner soluciones al cambio climático.

Es importante resaltar que en esta nueva agenda compuesta por 17 objetivos y 169 metas, están incluidos de manera independiente la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres, así como el impulso de sociedades pacíficas, justas e inclusivas , escritas en su mayoría con sensibilidad de género, por primera vez.

Cabe señalar que al analizar el documento de manera estricta, se queda corto al plasmar las llamadas metas. Éstas debieran contener resultados numéricos y plazos, y en su mayoría no son expresados en su totalidad.

Expertos aseguran que “los ODS contienen 169 artículos, pero en realidad, hay menos de 30 metas genuinas. Con toda honestidad, los ODS son una mezcla de ideales y generalidades, salpicados con algunas metas concretas.

El nuevo programa de desarrollo sostenible se basa en el éxito de los ODM que ayudaron a más de 700 millones de personas salir de la pobreza. Por lo que en el centro de la agenda se destaca la erradicación de la pobreza, pero hoy en día integrando las dimensiones del desarrollo sostenible (Económicas-sociales y ambientales).

Por ello alguno, a quien ha cuestionado de manera dura el sueño o ideal de erradicar la pobreza al 2030.

El The Economist, expresa que el modelo planteado ha sido diseñado de manera débil y que eso podría generar expectativas entre los países emergentes (recibir más financiamientos) y dejarlos con una utopía que no se podría cumplir en los términos de la financiación para el desarrollo.

Poner fin a la pobreza de casi 1 mil millones de personas que viven en no más de $ 1,25 al día, requiere atención en las causas, a las raíces, focalizar los esfuerzos solo en atender la desigualdad y la injusticia, no son suficientes. Se necesita profundidad en el diseño de los objetivos y metas, que contemplen mejorar la gobernanza, fomentar la transparencia entre otros, para así reducir la desigualdad sucesivamente. Pero sobre todo alinear muchas de las tendencias mundiales que apuntan al lado contrario.

Para 2030, los gobiernos de todo el mundo tendrán que hacer frente a factores críticos cruciales, por ejemplo, el crecimiento demográfico global, que provocará una enorme tensión en torno del suministro de alimento y agua. Para entonces, casi dos tercios de la población mundial residirá en ciudades, y se espera que el mundo en desarrollo asuma de 75% a 80% de los costos de las adaptaciones requeridas.

Hoy nuestro planeta es my diferente a hace 15 años, es más evidente las consecuencias de nuestras ausencias en las decisiones. Es diferente también por que una parte de  la sociedad civil cambio, la sociedad de hoy en día cuestiona, debate participa, se involucra. Hemos aprendido a interactuar en este ambiente complejo, hemos ganados espacios de diálogos públicos, a través de múltiples medios digitales o físicos.

Los ODS son un llamado a pensar acerca del desarrollo de una manera diferente. Re-significar el desarrollo y sus implicaciones. Pensar en cooperar en lugar de competir, dar nuevas escalas a los valores y hábitos de consumo. Es imperante impulsar y exigir dicha agenda como una plan de inversión en el desarrollo sostenible y no como una agenda en acciones de caridad.

Identificar las oportunidades de mejora de los ODS, nos compromete a exigir su implementación, medición, pero sobre todo ejercitar nuestro músculo de ciudadanía participativa, que demanda pero actúa.

En la Red Ambiental Mexicana, buscamos actores arriesgados y disruptivos que propongan soluciones creativas a problemas sociales, a través de la innovación social, el seguimiento a la agenda pública que hemos cabildeado en los últimos meses y sobre todo la participación de los y los  ciudadanos en la construcción de un México Sostenible.

Sí la sostenibilidad es el fin y el desarrollo sostenible el medio, ¿qué ruta estamos construyendo para alcanzar dicho fin?¿qué rol elegimos jugar en nuestra comunidad para cambiar la historia de nuestro planeta? ¿seremos la generación que de la vuelta a nuestra civilización?

Sí quieres conocer más y participar de estos ODS sigue la conversación en las redes sociales con los hashtags #GlobalGoals #Action2015 #Acción2015 #2030Now #en2015Actuamos y en México #Acción2015 , #ActúaMéxico .

¿Y tú ya trazaste tu ruta?, compártela en @RedAmbientalMx y Red Ambiental Mexicana en Facebook.

 

 

Autora: Montserrat Salazar Gamboa de la organización Telar Social México que forma parte de la Red Ambiental Mexicana. 

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1.http://www.un.org/sustainabledevelopment/es/objetivos-y-metas-de-desarrollo-sostenible/

2.elpais.com · by Jan V andemoortele · September 8, 2015

3.http://www.economist.com/news/leaders/21647286-proposed-sustainable-development-goals-would-be-worse-useless-169-commandments

4.https://accion2015mx.wordpress.com/

 

 

 

 

 

 



Las ciencias de la sostenibilidad y las políticas públicas (un nuevo escenario)

Las CS están en camino de convertirse en una herramienta imprescindible para los gobiernos. Sus éxitos y fracasos estarán influenciados por el (des)acoplamiento con las PP y los tomadores de decisiones.

Las Ciencias de la Sostenibilidad (CS) y las Políticas Públicas (PP) son dos caras de una misma moneda. Ambas disciplinas están enfocadas en resolver problemas. Las CS los definen como problemas “perversos” y las PP se limitan a definirlos como problemas públicos. El problema de los valores es otra característica que comparten, siendo fundamental admitir que los tomadores de decisiones tendrán siempre una carga valorativa que influirá en su elección. Comprender las dos disciplinas en conjunto ayudará a generar decisiones mejor fundamentadas y – muy posiblemente – con mayor probabilidad de éxito.

Las CS se definen como el cuerpo de investigaciones transdisciplinarias que aborda las interacciones entre los sistemas naturales y sociales, buscando la reducción sustancial de la pobreza y la conservación de los ecosistemas (Kates et al., 2011). A diferencia de las ciencias exactas y positivistas, sus criterios se basan en el realismo crítico, el cual propone que nada es absoluto. El conocimiento es falible, corregible y tiene sesgos culturales. Por lo tanto, no existe una mejor solución o una formulación definitiva de un problema. La finalidad de las CS es proporcionar una gama de soluciones que sean factibles y que consideren los stakeholders clave de los sistemas socio-ecológicos.

A su vez, las PP son un proceso integrador de decisiones, acciones, acuerdos e instrumentos, ejecutado por autoridades públicas encaminado a solucionar una situación definida como problemática. La política pública hace parte de un sistema, el cual se pretende modificar o mantener (Velásquez, 2009). La mejor política pública muy pocas veces será la que esté basada en una propuesta técnica, por el contrario se considera que la mejor política pública será aquella que este legitimizada entre los diversos actores que serán impactados por sus resultados (Arellano y Blanco, 2013). Un enfoque que actualmente predomina en la estructuración de PP es el económico, ya que los gobiernos siempre trabajan con recursos limitados. No obstante, este enfoque ha sido criticado por no considerar los problemas de manera holística (Sour, 2009). Además del enfoque económico, se tienen que considerar el organizativo, el político y el legal (Aguilar, 2006).

Los conflictos que actualmente apremian a la humanidad son de una naturaleza compleja. Por tal motivo se requiere mayor información para poder formular una solución – o por lo menos un paliativo – que pueda ser efectivo. Las CS se convierten en una vía para conocer las distintas dimensiones de un problema. Considerando el ciclo de políticas públicas propuesto por Eugene Bardach (1998) las CS se insertarían en los primeros tres pasos: Conceptualización del problema, obtención de información y construcción de alternativas. Para que las CS tengan un mayor impacto es imprescindible que la construcción de alternativas contemple los enfoques que están utilizando los policy makers para la instrumentación de las soluciones. De lo contrario, las propuestas no podrán ser aterrizadas porque no se cuentan con las condiciones necesarias para ello.

El economista Otto Neurath escribió hace tiempo la “metáfora del marinero” la cual es útil para describir el quehacer de las personas dedicadas a las CS y a las PP: como marineros que en alta mar tienen que cambiar las formas de su embarcación para hacer frente a los destrozos de la tempestad. Para transformar la quilla tendrán que usar maderos a la deriva o tal vez tablas de la vieja estructura. No podrán, sin embargo, llevar la nave a puerto para reconstruirla de nuevo. Y mientras trabajan tendrán que permanecer sobre la vieja estructura y luchar contra el temporal, las olas desbocadas y los vientos desatados.  

Ambas (SC y PP) trabajan constantemente con recursos limitados (tecnológicos, humanos, temporales, económicos e institucionales). Por tal motivo tienen que hacer uso de los recursos disponibles en el momento (maderos a la deriva) para poder sortear las olas desbocadas y los vientos desatados (problemas emergentes). En este sentido “llegar a puerto” se vuelve un anhelo inalcanzable ya que una de las características de los problemas perversos es que las soluciones a los mismos generan otros problemas.

En conclusión, las CS están en camino de convertirse en una herramienta imprescindible para los gobiernos. Sus éxitos y fracasos estarán influenciados por el (des)acoplamiento con las PP y los tomadores de decisiones.

¡La suerte está echada!

 

Twitter del autor: @Erick_ARS

Erick Alberto Rodríguez estudia la maestría en el Laboratorio Nacional de Ciencias de la Sostenibilidad en la UNAM

Una colaboración de la Red Ambiental Mexicana.

 

Bibliografía

Aguilar Villanueva, Luis F. (2006), Gobernanza y Gestión Pública, FCE. 500pp.

Arellano, D. y Blanco, F. (2013). Políticas Públicas y Democracia. Cuadernos de Divulgación de la Cultura Democrática, No. 30. México: Instituto Federal Electoral. íntegro, 63 pp.

Kates R.W. 2011.What kind of a science is sustainability science?. Proceedings of the National Academy of Sciences, 108(49):19449-19450.

Laswell, Harold D. (1994) “La orientación hacia las políticas”, en: Luis F. Aguilar Villanueva (comp. Y ed.) op. Cit, pp. 79-103.

Sour, Laura (2009). “El enfoque económico en el estudio de las políticas públicas”, en Mauricio Merino et al., Enfoques de políticas públicas, México, CIDE, pp. 133-156.

Velásquez, Raúl. (2009) Hacia una nueva definición del concepto “política pública”. En Revista Desafíos, Bogotá, Colombia (20) 149-187.

Bardach, Eugene (1998). Los ocho pasos de las políticas públicas. CIDE. México, 254pp.



4 estrategias para enfrentar el cambio climático a nivel local

Con base en estudios y el trabajo comunitario realizado por expertos del Colegio de Geografía de la UNAM y Tierra Nueva en México, nos comparten estos métodos de activación.

En los últimos años el tema del cambio climático ha cobrado una gran relevancia debido a los efectos adversos que ha tenido en los distintos sectores de la población; sin embargo, el cambio climático no es el causante de todos los males de la humanidad, algunos grupos humanos serán más vulnerables dependiendo de su grado de exposición. La capacidad de los diversos grupos sociales de adaptarse al cambio climático dependerá de su capacidad de gestionar su territorio y sus recursos ante este nuevo reto ambiental. Se espera que las comunidades o sectores de la población con menos recursos sean los más vulnerables, por lo que será necesario contribuir al desarrollo de capacidades de gestión y toma de decisiones en la población local con la finalidad de hacer frente a este problema.

Pero, ¿Qué es  vulnerabilidad y que es adaptación y por qué ambos conceptos son importantes para hacer frente a los efectos locales del cambio climático? La vulnerabilidad está determinada por las condiciones sociales, económicas y ambientales de un sistema que le permitirán o no hacer frente a una amenaza climática (IPCC, 2001). Al mismo tiempo, la vulnerabilidad también depende del carácter, magnitud y rapidez del cambio climático (lluvias torrenciales, sequías prolongadas, etc.) influyen además la sensibilidad y el grado de exposición.  La vulnerabilidad es una medida de cuan bien preparados estamos ante las amenazas. Por otro lado, la adaptación permite reducir los impactos del cambio climático a través de iniciativas y medidas enfocadas a reducir la vulnerabilidad de los sistemas naturales y humanos ante los efectos esperados o reales del cambio climático. Según los expertos, la adaptación consiste en disminuir la vulnerabilidad.

Puesto que los sistemas actuales son una mezcla de elementos sociales y ambientales (los llamados socioecosistemas), la participación social debiera jugar un papel fundamental para ayudar a entender y hacer frente a este fenómeno. Esta participación social en el conocimiento de la ciencia y como afecta a nuestras vidas se refleja en el concepto de la ciencia ciudadana que se basa en la generación de datos que ayuden a comprender mejor el funcionamiento de los diferentes sistemas naturales y sociales a través de la creación de redes voluntarias de observación de los diferentes componentes ambientales, hasta la puesta en marcha de distintas estrategias para disminuir su propia vulnerabilidad y adaptación al cambio climático.

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A nivel mundial existen algunos ejemplos de este tipo de estrategias; la creación de redes fenológicas (estudio de la relación del clima con las plantas) para entender el efecto del cambio climático en la vegetación es una de ellas, tal es el caso de la Red Fenológica de los Estados Unidos (USA-National Phenology Network https://www.usanpn.org/). Dicha red comunitaria de observación cuenta con casi diez años de observaciones realizadas por voluntarios y que ayudan  a entender el funcionamiento de las relaciones clima-planta en el mediano y largo plazo.  En el caso de México, existen  distintas iniciativas para incluir a las comunidades y hacer frente a este problema a nivel local, estas iniciativas han quedado plasmadas en documentos como: La Estrategia Nacional de Cambio Climático (SEMARNAT, 2013), La Ley General de Cambio Climático (Cámara de diputados del H. Congreso de la Unión, 2012), la Estrategia de Cambio Climático para Áreas Protegidas (CONANP, 2010), entre otros.

El Colegio de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México está generando investigación para desarrollar herramientas de uso comunitario por las personas que viven en las Áreas Naturales Protegidas para entender su entorno y así reducir su vulnerabilidad y mejorar su capacidad adaptativa. Uno de los instrumentos es la conformación de una Red de Observación Fenológica Comunitaria,  que monitorea desde hace cuatro años, la respuesta de la vegetación ante un clima cambiante. Cada voluntario observa y registra las fases de crecimiento de las plantas de uso agrícola o especies forestales de importancia local. Se registran los cambios que experimenta la vegetación y su relación con la marcha del clima a lo largo del año. Por ejemplo, se asocia el aumento de la temperatura y cambios en la precipitación con la presencia de plagas y enfermedades de las plantas, se encuentran relaciones de la presencia de incendios con la condición de sequías prolongadas y se identifica la aptitud climática de los sitios conforme a los cambios últimos del clima local (años cada vez más cálidos y cambio en la cantidad y estacionalidad de las lluvias)

El grupo de investigadores plantea que, indirectamente las comunidades serán parte de estos efectos adversos. La deforestación, la degradación ambiental y la contaminación del agua a escala local y regional, pueden ser la causa de una mayor sequedad en el aire, un aumento en la temperatura y la prolongación de los periodos de sequía. Por lo cual han llegado a la conclusión de afirmar que aún es necesario puntualizar y contar con más evidencias y registros en distintos aspectos ambientales, sociales y económicos para entender la adaptación comunitaria al cambio climático.

Con base en estos estudios preliminares y con la experiencia del trabajo comunitario sobre vulnerabilidad y adaptación al cambio climático que el grupo de expertos del Colegio de Geografía de la UNAM y Tierra Nueva ha realizado en los últimos años, compartimos algunos temas básicos para  entender el principio de  la adaptación y enfrentar al cambio climático a escala ciudadana o local:

PROMOVER LA CULTURA DEL DATO EN LAS COMUNIDADES: México es un país con una amplia riqueza sociocultural, el mosaico de comunidades y personas que viven en los ecosistemas naturales y dependen de los mismos para su desarrollo hacen que el registro de datos tan solo del clima sea complicado o en muchos casos escaso o nulo. Comparado con Europa tenemos un atraso de al menos 20 años de registros históricos del clima y no se diga de la respuesta en los elementos bióticos como la flora o la fauna lo que nos invita a comprender, promover y concientizar a la población sobre la importancia de la observación y monitoreo ambiental. Si no entendemos cómo funciona un sistema, no podremos entender cómo adaptarnos ante un clima cambiante.

LA ADAPATACIÓN AL CAMBIO CLIMÁTICO DEBE SER A NIVEL LOCAL: En un país como el nuestro los paisajes geográficos son variados. En tan solo un trayecto conocido, por ejemplo de la Ciudad de México al Puerto de Acapulco, la diversidad de ecosistemas y altitudes es variada, si agregamos como variable la llegada de un fenómeno climático como puede ser un huracán, podría expresarse de manera negativa de muchas formas: no es lo mismo las afectaciones que tendrá a nivel del mar, que en los bosques de pino-encino, por lo que las estrategias para prevenir, actuar y responder ante un fenómeno de esta naturaleza se tienen que diseñar desde la base y de manera participativa, teniendo en cuenta las implicaciones regionales del mismo.

INCLUIR LOS CONCEPTOS DE VULNERABILIDAD Y ADAPTACIÓN EN LA POLÍTICA PÚBLICA: Aunque México ha sido pionero en desarrollar iniciativas de trascendencia internacional desarrollando instrumentos de política pública que consideran al cambio climático en las propuestas, aún tenemos muchas áreas de oportunidad para poder mejorar y seguir construyendo mecanismos participativos que contemplen la visión local, regional y nacional para aterrizar el concepto de adaptación y vulnerabilidad.

PROMOCIÓN DE LA CULTURA DE ADAPTACIÓN AL CAMBIO CLIMÁTICO: La falta de divulgación responsable del tema y de iniciativas que permitan fortalecer el conocimiento climático y ambiental en donde todos los sectores de la sociedad participen es fundamental. No es suficiente con agregar el término cambio climático a cada slogan o título de programa o iniciativa, promovamos ejercicios conscientes e incluyentes para motivar una reflexión más profunda del tema que implica adaptarnos. Ejemplos que suceden en nuestro país y que aún son poco conocidos son el primer concurso de fotografía organizado por el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) en el año 2014. Mientras que el Colegio de Geografía de la UNAM está organizando un coloquio sobre redes de observación fenológica y climática a realizarse en noviembre del presente año.

Finalmente, reflexionamos que es un buen momento para actuar de manera colectiva y consciente, dejando de ver al cambio climático como una crisis negativa. Nuestro papel como personas integrantes de un sistema más complejo, tendría que ser innovar y desarrollar estrategias para aprovechar las oportunidades que vendrán en un futuro sin descuidar el equilibrio ambiental que esto implica.

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Twitter:@TierraNueva0

Autores:

Geog. Erika Rocío Reyes González, Posgrado en Geografía Ambiental, Universidad Nacional Autónoma de México.

Ing. Atzin Elihu Calvillo Arriola, Coordinador de la iniciativa de Adaptación Local al Cambio Climático de Tierra Nueva. www.tierranueva.com.mx

Dra. Leticia Gómez Mendoza, Profesora de Tiempo Completo del Colegio de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México.



¡Adiós manglares! ¡Hola legislación!

En este artículo se nos devela el enmarañado mundo de las leyes mexicanas y se explica puntualmente por qué finalmente están perjudicando a los manglares.

Actualmente y desde hace tiempo escuchamos en diferentes medios acerca del cambio climático y de sus repercusiones negativas. De tal forma que hemos empezado a dirigir ciertas acciones para tratar de atender este problema: invertimos en investigación para escribir papers que nos ayuden a escapar de este leviatán, optamos por volvernos vegetarianos, enviamos a los líderes a las reuniones mundiales para negociar una solución o simplemente no hacemos nada. No obstante – dentro de este mainstream- los recursos naturales siguen desapareciendo lentamente. Esto nos lleva a pensar que la megadiversidad de este mundo no es compatible con la especie humana, o dicho de una manera menos antropocéntrica, la especie humana no está hecha para este mundo. Ya hace tiempo que Garrett Hardin puso a discusión la tragedia de los comunes: “muchos individuos actuando racionalmente para su propio interés pueden, en última instancia, destruir un recurso compartido y limitado, incluso cuando es evidente que esto perjudica a todos a largo plazo”.

México, uno de los pocos países megadiversos de este planeta, tiene que enfrentar un problema muy grande: instrumentar políticas públicas para la protección de sus recursos naturales, a la par de brindar trabajo, salud y educación a sesenta millones de personas (la mitad de su población) que viven en pobreza extrema. El reto que tiene por delante no es menor. Desde esta perspectiva y teniendo en cuenta todos los convenios, tratados, protocolos, etc. que hemos firmado para notificarle al mundo que estamos alineados en este camino que lleva a la sustentabilidad, hemos olvidado los lastres que nos impiden  subir a la carreta que lleva a ese utópico paraíso llamado “Un Mundo Sustentable”. ¿Quiénes tenemos mayor responsabilidad sobre el problema? ¿ricos o pobres? ¿vegetarianos o  carnívoros? ¿conservadores o agnósticos?

Responder estas preguntas no ayudará mucho, lo importante en este momento es evaluar nuestras acciones actuales e identificar cuáles son nuestros errores. Para tal efecto este artículo analiza el caso de los manglares en México y su marco regulatorio que intenta protegerlos en un acto fallido.

La Ley General de Cambio Climático (LGCC), la cual se ha convertido en la bandera que ondeamos en todas las reuniones sobre cambio climático, estipula en su artículo 26: “En la formulación de la política nacional de cambio climático se observarán los principios de conservación de los ecosistemas y su biodiversidad, dando prioridad a los manglares […]”. Ademas, también tenemos la NOM-022 SEMARNAT que estipula: “[…] el manglar deberá preservarse como comunidad vegetal. En la evaluación de las solicitudes en materia de cambio de uso de suelo, la autorización de aprovechamiento de la vida silvestre e impacto ambiental se deberá garantizar en todos los casos la integridad del mismo […]”.

No satisfechos con nuestro prolífico trabajo legal también tenemos la Ley Federal de Responsabilidad Ambiental, la Ley General de Vida Silvestre, la NOM-059-SEMARNAT (para especies en riesgo), la Ley General del Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente, Ordenamientos Territoriales, Manifestaciones de Impacto Ambiental, Normas Oficiales, Reglamentos, etc. (Todas escritas con mayúscula al principio, porque al parecer esto le da mayor oportunidad de que se respete). Y así perennemente me sigue sorprendiendo la capacidad de los juristas mexicanos para manufacturar más y más leyes en materia ambiental para los diputados. Mientras tanto los manglares allá en la costa se los sigue llevando la… elevación del mar.

¿Necesitamos más leyes para proteger nuestros recursos? ¿Dónde está nuestro error? Pienso que no hacen falta más leyes, al contrario, tenemos que reducir el número de leyes para evitar que se traslapen. El error se encuentra en que la regulación de los recursos naturales está dirigida a preservar a las especies y/o ecosistemas. No obstante, hace falta regular el uso del suelo donde se encuentran estas especies. El mejor de los ejemplos para explicar esto son los manglares. Están “protegidos” por infinidad de leyes nacionales e internacionales pero el suelo donde coexisten estas especies está regulado principalmente por la Ley General de Bienes Nacionales (LGBN), la cual en su artículo 119 menciona: “[…] En el caso de lagos, lagunas, esteros o depósitos naturales de agua marina que se comuniquen directa o indirectamente con el mar, la faja de veinte metros de zona federal marítimo terrestre se contará a partir del punto a donde llegue el mayor embalse anual o límite de la pleamar, en los términos que determine el reglamento […]”

De esta manera, nuestros manglares que gustan de vivir en las lagunas y esteros de México, pasan a habitar sobre algo llamado “zona federal marítimo terrestre”. ¿Qué implicaciones tiene esto? El principal problema es que la zona federal marítimo terrestre (zofemat) es un instrumento jurídico que sirve para regular el uso del suelo y cuasi-privatizar las zonas costeras de México. El artículo 119 (LGBN) prescribe: “Todos los habitantes de la República pueden usar los bienes de uso común, sin más restricciones que las establecidas por las leyes y reglamentos administrativos. Para aprovechamientos especiales sobre los bienes de uso común, se requiere concesión, autorización o permiso otorgados con las condiciones y requisitos que establezcan las leyes.”

La pregunta que surge es ¿cuáles son estos “aprovechamientos especiales”? Para esto aparece la Ley Federal de Derechos (LFD) que, en su artículo 232, menciona cuatro (¡únicamente cuatro!) usos que se le pueden dar a la zona federal marítimo terrestre:

General (lucrativo)

Protección (no toques nada)

Ornato (adorna sin impactar al ambiente)

Acuacultura

Para todos estos usos tienes que pagar, el monto depende de los ingresos económicos que tenga la región costera donde deseas obtener la concesión. Desde aquí podemos notar que “el suelo” donde viven los manglares puede ser destinado para la acuacultura (la principal actividad por la que se pierden manglares en todo el mundo). Además, resulta absurdo que tengas que pagar al gobierno si deseas proteger los manglares, en todo caso el gobierno te tendría que pagar a ti por prestar un servicio que él está obligado a realizar por todas las leyes que ha decretado. Otra objeción radica en no contemplar los usos y costumbres que los pueblos indígenas dan a ciertos sitios en las zonas costeras, como un uso religioso.

El artículo 233 (LFD) contempla otorgar concesiones gratuitas pero únicamente a asociaciones civiles (legalmente constituidas) que realicen acciones de conservación/restauración. El problema de este artículo es que está alejado de la realidad que se vive en las costas mexicanas. Lo más frecuente es encontrar zonas de manglar colindando con comunidades de pescadores que usufructúan las lagunas costeras. También es frecuente encontrar que los manglares están dentro de un territorio ejidal. Otras veces, encontramos que los manglares colindan con comunidades que ni están constituidas por una cooperativa pesquera ni tampoco por un ejido, ni tienen un título de propiedad, es decir que viven en irregularidad total.

Estas son las condiciones de las comunidades costeras en nuestro México. ¿Son las comunidades las que tienen que ajustarse a lo que dicta la ley? o ¿Son las leyes las que deben adecuarse a la realidad social? Mientras nuestros diputados y funcionarios públicos responden a estas preguntas, nuestras comunidades costeras siguen en espera de una oportunidad para coadyuvar en la conservación de los manglares y ayudarnos a entrar lentamente al camino que lleva a un México más incluyente.

Twitter del autor: @Erick_ARS

Erick Alberto Rodríguez trabaja para el departamento de Políticas Públicas de Pronatura Sur A.C. y es Coordinador del Centro Latinoamericano de Estudios Ambientales sede México.

Una colaboración de la Red Ambiental Mexicana.

 

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