800 toneladas de transgénicos fueron liberadas por accidentes en México, según transnacionales

En siete distintos y sospechosos accidentes, algodón y maíz transgénicos fueron liberados al ambiente

Uno de los grandes temores alrededor del uso de semillas transgénicas es que los cultivos que las emplean pueden contaminar a otros que no lo hicieron. De esta manera, al cultivar transgénicos, van perdiéndose casi ineludiblemente las semillas nativas como resultado de la contaminación inminente. 

En un artículo reciente de Elva Mendoza para la revista Contralínea se dio a conocer que, según datos de la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad de los Organismos Genéticamente Modificados (CIBIOGEM) perteneciente al gobierno federal, de 2010 a 2013 fueron liberadas al ambiente hasta 800 toneladas de productos transgénicos, en distintos accidentes. 

Para José Antonio Serratos de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad y profesor de la UNAM “llama la atención la cantidad”; pues, según Mendoza, “resultan muy convenientes para las transnacionales que cuentan con la propiedad industrial de los granos derramados”.

Según CIBIOGEM, de 2010 a 2013 se registraron siete accidentes en México. El caso más grave fue por parte de la empresa CPIngredientes, S.A. de C.V., que liberó 631 toneladas de grano de maíz amarillo transgénico; en 2010 notificó a las autoridades del descarrilamiento en Veracruz de 12 tolvas de ferrocarril con cargamento de grano de maíz amarillo genéticamente modificado, que procedía de Estados Unidos.

Por su parte, Almidones Mexicanos (Almex) derramó 20 toneladas de maíz amarillo en Guanajuato. También, Monsanto y Bayer notificaron, en tres accidentes distintos, el derramamiento de hasta 190 toneladas de algodón modificado. 

Además de que los anteriores “sucesos” ponen en entredicho los lineamientos de bioseguridad en México, también saltan sospechosos ante la voracidad que ha caracterizado a las empresas transnacionales precursoras de los transgénicos. 

Este tipo de “accidentes” surgen novedosos entre las noticias de los desastres ecológicos en México, un nuevo renglón en el que habrá que poner atención en la lucha activista medioambiental. 



Monsanto apuesta por cultivos de transgénicos en México

Estro traería numerosas consecuencias para el pueblo mexicano y su biodiversidad, principalmente para generaciones futuras que poseen el derecho humano de utilizar la diversidad de maíces nativos, en el entorno donde se desarrollaron.

Como un plan nacional de desarrollo, la próxima reforma agraria pretende incluir la siembra de semillas genéticamente modificadas. Como respuesta, Manuel Bravo, director de Monsanto Latinoamérica, tiene la esperanza que, una vez resueltos los problemas legales que enfrentan en tribunales, la compañía podrá realizar negocios de larga duración con el Gobierno federal.

“El Gobierno ha sido muy claro de lo importante de estas tecnologías en el campo”, recalcó Manuel Bravo, quien ha sostenido pláticas con Secretaría de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural –Sagarpa– acerca del uso de los productos transgénicos en los cultivos. “Por la abrumadora información científica que habla (a favor) de estas tecnologías estamos seguros de que se va a favorecer a los productores con la posibilidad de tener esta opción y competir cara a cara con los productores de otros países”.

Sin embargo, asociaciones e institutos activistas, como Greenpeace y Demanda Colectiva Maíz, han encontrado relaciones de los transgénicos y un impacto negativo en el medio ambiente, la salud de sus consumidores –o habitantes cercanos a los campos de cultivo– y el mercado nacional. Y pese a que Monsanto niega la veracidad de estos datos, actualmente esta empresa posee 27 permisos de maíz detenidos: unos para la etapa experimental, otros para la piloto y unos más para la comercial.

Más información: Descubre cómo apoyar la suspensión definitiva de la siembra del maíz transgénico en México

Actualmente Monsanto “exporta 10 millones de toneladas de grano al año, todo biotecnológico de Estados Unidos”, pues es “necesario darle la oportunidad a agricultores mexicanos de usarlas, en lugar de estarle pagando 50 000 millones de pesos al año a productores norteamericanos.” Mientras tanto, en México no sólo se está perdiendo la diversidad nacional de sus productos, también el el 73, 9 por ciento de la población considera que el consumo frecuente de alimentos genéticamente modificados puede ser dañino para la salud (INEGI).

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Los representantes de Monsanto, como Manuel Bravo y Jesús Madrazo Yris, vicepresidente global de asuntos corporativos de Monsanto, están confiados que en unos meses todo se resolverá a su favor, una vez que los oponentes a la biotecnología decidan entablar un diálogo abierto: “Hay declaraciones sobre el maíz transgénico y yo respeto mucho la opinión de estos líderes y estoy sensibilizado con su preocupación, pero creo que la mejor manera de resolver los problemas no es haciendo una declaración, sino teniendo una conversación sobre qué significan estas tecnologías para el agricultor y la sociedad, cuáles son los riesgos y cómo podemos trabajar juntos para enfrentarlos”. Por ello, Bravo e Yris, esperan que una vez que concluyan los litigios y se avance en la reforma al campo, se comiencen a destrabar los permisos. De hecho, en el Plan Nacional de Desarrollo elaborado por el Gobierno federal pretende “orientar la investigación y desarrollo tecnológico hacia la generación de innovaciones que aplicadas al sector agroalimentario eleven la productividad y competitividad”, por tanto darle importancia a los transgénicos desde el inicio de la gestión.

Estro traería numerosas consecuencias para el pueblo mexicano y su biodiversidad, principalmente para generaciones futuras que poseen el derecho humano de utilizar la diversidad de maíces nativos, en el entorno donde se desarrollaron –sin transgénicos–.

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[El País]



La batalla contra los transgénicos en México

El campo mexicano es hoy escenario de una batalla, asimétrica y decisiva, entre corporaciones multinacionales de semillas transgénicas y comunidades de indígenas y campesinos.

Foto:apiculturauruguay.blogspot.com

Actualmente México se encuentra lidiando con la siembra y comercialización de organismos transgénicos para la agricultura. Justo cuando se pensaba que la entrada de esta biotecnología era ya inminente, la semana pasada se estableció un gran precedente para la prohibición de la siembra de transgénicos en nuestro territorio.

Para entender cabalmente este asunto es necesario considerar que el abandono del campo y del sector agrario está empujándonos a depender, cada vez más, del mercado internacional. Las corporaciones multinacionales de semillas transgénicas (Monsanto, Pioneer, Cargill, Dow AgroSciences, Syngenta) han aprovechado esta situación para intentar controlar el mercado nacional. La estrategia que han implementado en México y en otros países incluye un intenso cabildeo en los poderes Ejecutivo y Legislativo, la práctica de “puertas giratorias’’ (rotación de altos cargos entre el sector público y el sector privado) para asegurar la toma de decisiones a su favor, la formación de alianzas entre las empresas y algunos miembros de la comunidad científica –como la recién formada Alianza Pro Transgénicos (1)– y el lanzamiento de campañas propagandísticas como esta de Monsanto: “Food is More Than Just a Meal, It’s Love” (el alimento es más que una comida, es amor).

El maíz y la soya transgénicos se caracterizan por tener una tolerancia al herbicida glifosato y por producir sustancias tóxicas para resistir el ataque de ciertos insectos. El glifosato es una sustancia catalogada como posible cancerígeno por la Organización Mundial de la Salud y es una pieza fundamental en la implementación de esta tecnología agrícola. Debido a que los transgénicos no mueren con el glifosato, este se rocía en los campos para asegurar que lo único que crezca sea la planta transgénica resistente. Por lo tanto, para entender los efectos de la tecnología transgénica es importante siempre enlazar los efectos tanto de los organismos como los del glifosato. En muchos casos, el glifosato se rocía por medio de avionetas; con el viento, el riego y las lluvias este herbicida se dispersa y alcanza otros cultivos, ecosistemas y cuerpos de agua superficiales y subterráneos. Esto supone un riesgo potencial para las poblaciones humanas vecinas y para la biodiversidad. Por ejemplo, se han detectado concentraciones de glifosato en agua subterránea en Chiapas, generando un riesgo para las comunidades que dependen del consumo de agua de pozo (2). En el caso de la biodiversidad, la mariposa monarca ha disminuido su población en los últimos años debido al aumento de glifosato en su ruta migratoria, lo que causa la muerte de las plantas en las que se refugia (3).

México es el centro del origen y la diversificación del maíz –esto significa que la domesticación de esta planta surgió en nuestro territorio hace más de cinco mil años. En el país existen 64 razas de maíz y miles de variedades que se mantienen como resultado de una herencia milenaria de la interacción entre las comunidades humanas y los ecosistemas agrícolas. Actualmente, en la dieta nacional, el maíz representa el 53% de la ingesta calórica y el 39% de la proteínica (4). Lamentablemente, hace cinco años se detectaron maíces con contaminación transgénica en Oaxaca. Esto es particularmente grave porque los genes de plantas transgénicas pueden migrar a las plantas silvestres aun si se encuentran a kilómetros de distancia, representando un riesgo potencial de contaminación para la diversidad nativa de plantas (5). El problema se agrava porque no existen medidas que puedan garantizar la bioseguridad y controlar la dispersión de estos organismos. Esto derivaría a largo plazo en la pérdida de las variedades de maíz nativo, uno de los legados bioculturales más importantes de México.

En el caso del maíz, en julio de 2013 se presentó una demanda de acción colectiva contra la siembra de maíz transgénico. El tema central de este juicio es el derecho de generaciones presentes y futuras a la diversidad biológica de los maíces nativos o criollos. En solo tres años ha habido 97 impugnaciones interpuestas por las corporaciones afectadas, incluso por el gobierno federal a través de la SAGARPA. En los diecisiete amparos que han sido resueltos por tribunales federales se ha decidido mantener el principio precautorio mediante una suspensión provisional. Esta suspensión impide tramitar y otorgar permisos de siembra, o liberación al ambiente, de maíz transgénico en territorio nacional. Sin embargo, en agosto de este año un juez invalidó esta medida precautoria, permitiendo la siembra mientras se resuelve la demanda original. Ante esta situación, los miembros de Acción Colectiva Maíz impugnaron la resolución y fue el pasado 3 de noviembre cuando se informó que un tribunal federal confirmó que la suspensión provisional debía mantenerse debido a que la siembra podría generar un daño irreversible.

En cuanto a la soya, en 2012 la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), el entonces Instituto Nacional de Ecología (actualmente Inecc) y la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) realizaron un análisis de riesgo de la solicitud de liberación comercial de soya transgénica y determinaron que era inadecuado otorgar el permiso debido a los altos riesgos que suponía. Sin embargo, ese mismo año la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) aprobó un permiso a la empresa Monsanto para la siembra de soya transgénica en 253,500 hectáreas en los estados de Tamaulipas, San Luis Potosí, Veracruz, Chiapas, Campeche, Yucatán y Quintana Roo. Así, la soya transgénica comenzó a sembrarse en la península de Yucatán en 2012. Durante los siguientes años, los apicultores de la región comenzaron a detectar la muerte de colonias de abejas en Campeche; estas muertes se atribuyeron a la dispersión de los insecticidas aplicados de forma regular en los cultivos transgénicos, pues en muchos casos dicha aplicación se lleva a cabo por medio de avionetas. Por si no fuera suficiente, en 2014 se descubrió que las abejas recolectan el polen de organismos transgénicos y lo incorporan a su miel. Como consecuencia, la comunidad apicultora vio afectada su producción y su prestigio debido a que su miel es exportada como un producto orgánico. Asimismo, el sabor de la miel cambió, pues este depende de la diversidad de flores de las cuales las abejas recolectan el polen.

Ante esta situación, diversos miembros de comunidades indígenas de Campeche y Yucatán promovieron juicios de amparo al considerar que la Sagarpa había violado su derecho a ser consultadas previamente sobre un permiso que vulnera el ejercicio de sus derechos fundamentales, como la identidad cultural, la autonomía, el territorio y el acceso a los recursos naturales tradicionalmente manejados. El pasado 4 de noviembre los ministros de la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación determinaron por unanimidad que los pueblos y comunidades indígenas del país tienen derecho a ser consultados en aquellos casos en los que algún proyecto, obra o programa pueda afectar su vida y entorno de manera relevante. Como resultado se revocaron los permisos de siembra y se condicionó la siembra futura a una consulta previa, libre, informada y culturalmente apropiada a las comunidades afectadas. Realizar este tipo de consultas no es ni será una tarea fácil, sobre todo si la intención real es la de consultar a las comunidades y no solo la de montar un protocolo para validar un proyecto que ya ha sido pactado con alevosía.

La sociedad civil está advirtiendo sobre la necesidad de cuestionarnos: ¿por qué debemos aceptar la siembra comercial de organismos que atentan contra la diversidad biológica, agrícola y cultural de México? Desde hace casi treinta años, los cultivos transgénicos han navegado con la falsa bandera de la erradicación del hambre y de la autosuficiencia alimentaria, promesa aún sin cumplir. En México la falta de autosuficiencia alimentaria involucra una compleja situación que está relacionada con el abandono del campo y del sector campesino en un entorno sumergido en una competencia desleal con mercados internacionales, por lo que la entrada de transgénicos en el país solamente agravaría la situación. Monsanto se ha caracterizado por disfrazar los peligros de soluciones. Sin duda, México debe unirse a la creciente lista de países que prohíben la siembra de organismos transgénicos en sus territorios. No hay argumento que justifique poner en juego nuestra soberanía alimentaria.

Twitter del autor: @FerCordovaTapia

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* Fernando Córdova Tapia es Candidato a Doctor en Ciencias por la UNAM, coordinador del Grupo de Análisis de Manifestaciones de Impacto Ambiental de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (GAMIA/UCCS) y coordinador académico del Laboratorio de Restauración Ecológica del IBUNAM.

Notas

(1) Empresas y científicos miembros de la Alianza Pro Transgénicos (lista).

(2) Ruiz-Toledo et al., 2014. “Occurrence of Glyphosate in Water Bodies Derived from Intensive Agriculture in a Tropical Region of Southern México”. Bulletin of Environmental Contamination and Toxicology 93: 289-293.

(3) Brower et al., 2012. “Decline of monarch butterflies overwintering in Mexico: is the migratory phenomenon at risk?” Insect Conservation and Diversity 5: 95-100.

(4) Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad, 2013. “El maíz transgénico en México, en 15 píldoras” (descargar).

(5) Ellstrand, 2003. “Current knowledge of gene flow in plants: implications for transgene flow”. Philosophical Transactions of the Royal Society: Biological Sciences 358: 1163-1170. Watrud et al., 2004. “Evidence for landscape-level, pollen-mediated gene flow from genetically modified creeping bentgrass with CP4 EPSPS as a marker”. Proceedings of the National Academy of Sciences 101: 14533-14538.

*Puedes consultar más información sobre los transgénicos en www.uccs.mx y www.semillasdevida.org.mx



La agricultura transgénica como megaproyecto ¿Por qué debes verla así?

Más allá de proyectos aislados, la agricultura transgénica es un paradigama, un proyecto en conjunto…

Al referirnos a megaproyectos pensamos en grandes proyectos extractivos como la minería  o de infraestructura como presas, carreteras, entre otros. Algunos criterios que se consideran para definirlos son la inversión que involucra su desarrollo, el tiempo de ejecución o su alta complejidad tecnológica, jurídica y ambiental. Sin embargo, pocas veces se habla de los proyectos agrícolas como megaproyectos aún cuando sus efectos tengan un impacto significativo en el territorio y medio ambiente de las comunidades; además de provocar desplazamientos y violaciones a los derechos humanos.

De acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) hasta el 2001 de los 52 millones de ha de cultivos transgénicos, el 63% correspondía a soya, 19% a maíz, 13% a algodón y 5% a canola. Para esta misma superficie el 69% se cultivó en Estados Unidos, 22% en Argentina, 6% en Canadá, 3% en China y menos de 2% en Australia y Sudáfrica. Datos más recientes del International Service for Acquisition of Agro-Biotech Applications (ISAAA), calculan que en el 2010 ésta área se había al menos triplicado; México contribuye con 0.2 millones de ha en cultivos de soya y algodón.

Este ensayo pretende analizar el efecto de la implementación proyectos agrícolas basados en la modificación genética de los organismos. Iniciaremos explicando a grandes rasgos qué son los organismos transgénicos u organismos genéticamente modificados (OGM), y se analizarán algunos aspectos de esta agroindustria y sus implicaciones. En las reflexiones finales si discutirá si es posible y pertinente clasificar determinados tipos de proyectos agrícolas como megaproyectos.

La seguridad alimentaria ha sido tema de interés internacional. A fin de atender esta preocupación, en la década de los cincuentas la revolución verde transformó al sector agrícola de forma muy importante. Grandes extensiones de tierra se dedicaron a la siembra de monocultivos, se desarrollaron semillas mejoradas y agroquímicos, se mecanizó el arado y se establecieron sistemas de riego tecnificado. Estas modificaciones, que resultaron en mejoras de la productividad en los cultivos, contribuyeron al deterioro ambiental (Pérez y Landeros 2009), encarecieron la producción y generaron cambios socio-culturales del sector rural y campesino en México (Pichardo, B. 2006).

Según predicciones de la FAO (2002) la producción agrícola mundial para el 2050 deberá incrementarse un 70% sin embargo, señala que restricciones como la disminución en el acceso a tierras cultivables y al agua potable, afectarán la capacidad de los países de lograr este crecimiento. Plantea como alternativa el uso de la biotecnología en lo que ella misma ha llamado una revolución doblemente verde.

Las nuevas técnicas agrícolas, consisten en transferir genes entre especies que de manera natural no pueden cruzarse (Greenpeace, 2006); los organismos transgénicos se crean insertando secuencias genéticas entre bacterias, plantas y/o animales, para conferir a los cultivos características que los hacen resistentes a herbicidas, a insectos, a condiciones ambientales adversas, a enfermedades, alargan su vida comercial, incrementan su tasa de crecimiento y aceleran su producción de masa (Leo, 2002; Pérez y Landeros, 2009). Sin embargo este nuevo tipo de manipulación nos pone ante un panorama cuyas consecuencias económicas, en la salud humana y en el equilibrio ecológico, no podemos prever con certeza (Leo 2002; Greenpeace, 2006).

Los paquetes tecnológicos, asociados a esta forma de producir son muy costosos. Están diseñados para grandes superficies de monocultivo con riego tecnificado, que utilizan maquinaria y aplican fertilizantes y herbicidas. Cada temporada de siembra, el productor debe adquirir nuevas semillas y los agroquímicos necesarios para su cultivo -herbicidas, fertilizantes o sustancias activadoras de las características transgénicas de las semillas-. Así se beneficia a un pequeño grupo de grandes agroindustriales y se pone en riesgo al 80% de los productores del campo en México; contribuye a desplazar la mano de obra de una actividad productiva fundamental para países en desarrollo, la agricultura (Greenpeace, 2006; Leo, 2002).

Son pocas las empresas que concentran toda la producción de semillas y plantas transgénicas a nivel mundial: Monsanto ocupa el primer lugar con el 80% del mercado, seguida por Aventis con el 7%, Syngenta con el 5%, BASF con el 5% y DuPont con el 3%. Dada la creciente adopción de este tipo de agricultura y que, estas empresas producen el 60% de los plaguicidas y el 23% de las semillas comerciales que se utilizan en la actualidad (Control Biológico de Plagas, 2015), es posible inferir que a corto plazo la seguridad alimentaria mundial estará en manos de unas pocas transnacionales (Greenpeace, 2006).

Cuando la biotecnología modifica a los organismos para hacerlos resistentes a herbicidas, contribuye a incrementar su uso y por tanto su concentración en el medio ambiente. La Organización Mundial de la Salud ha señalado que por el uso de pesticidas mueren cada año en el mundo 220 mil trabajadores del campo y se producen entre 3.5 y 5 millones de envenenamientos no mortales (Leo, 2002).

El paquete tecnológico para el cultivo de soya transgénica RR[1]que incluye el herbicida Roundup Ready cuyo principio activo es el glifosfato, es un buen ejemplo de lo anterior. Para obtener el máximo rendimiento, los agricultores aplican grandes cantidades de herbicida que, en principio acaban con las malezas sin afectar sus cultivos, pero eventualmente pueden generar resistencia en dichas malezas (Riley,Cotter,Contiero y Watts, 2011). Cuando esto ocurre, Monsanto provee a los productores fórmulas herbicidas mucho más agresivas o semillas nuevamente modificadas, a las que agregan genes para conferirles resistencia a sustancias herbicidas distintas al glifosfato (Riley et al, 2011). Así se establece un circulo difícil de romper, se consolida la dependencia del productor hacia la empresa proveedora, y se vuelve imposible predecir el tipo de impactos que en el mediano y largo plazos podrán manifestarse en la salud humana, en el funcionamiento de los ecosistemas y a nivel económico.  

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 El glifosfato tiene efectos perjudiciales probados científicamente. En términos de salud se le ha vinculado a la incidencia de cancer, de problemas reproductivos y de condiciones neurológicas como el Parkinson. Es arrastrado por la lluvia hacia cuerpos de agua superficial, puede filtrarse hacia los acuíferos y contamina también el suelo. Al ser trasladado por el aire, puede ocasionar diversos efectos sobre la flora y la fauna fuera de las áreas de producción, reduce la expectativa de vida de algunos organismos, inhibe la reproducción y aumenta la mortandad, entre otros efectos (Riley et al, 2011)

Cuando las semillas genéticamente modificadas se introducen el campo, su comportamiento ante condiciones climáticas no previstas, puede tener efectos inesperados (Leo, 2011), no obstante se ha comprobado que a través de procesos naturales de dispersión y polinización la probabilidad de que los OGM alcancen otras plantas o actividades productivas, es alta. Datos de Greenpeace (2013) muestran que en el 2007 México ocupó el 2o. lugar de contaminación transgénica en America y el 8o. a nivel mundial.

Además su efecto en los organismos, este tipo de contaminación tiene también implicaciones legales, económicas y/o comerciales. Las semillas transgénicas, propiedad de quienes las producen, están patentadas. Las empresas biotecnológicas ejercen el control sobre su uso, comercialización y cultivo (Greenpeace, 2013; Leo,2011). Aludiendo a esta condición inspeccionan tierras  agrícolas alrededor de sus zonas de producción y cuando encuentran transgénicos, demandan a los agricultores por sumas millonarias, aún cuando esta presencia sea producto de contaminación transgénica accidental (Greenpeace, 2013).

En conclusión, hemos revisado aquí sólo algunos aspectos de la agricultura transgénica. Además de los impactos inherentes a esta actividad, la forma de proceder de las empresas biotecnológicas atenta contra los esquemas de producción tradicional. Al apropiarse directa o indirectamente de los recursos naturales van minando también la vida cultural y comunitaria en las zonas rurales. Nuevamente en la búsqueda de la modernidad y el progreso, se socializan los impactos negativos y se privatizan los beneficios, excluyendo de estos, a los propietarios originales de los territorios y sus recursos naturales. Es posible afirmar que la agricultura transgénica, es un nuevo tipo de megaproyecto.

Por Silvia Iliana Philippe Cárdenas

Twitter de la autora: @silianaphi

Referencias bibliográficas

Control Biológico de plagas (2015) Los Transgénicos en el Mundo: El Qué, Quién, Cuánto, Cuándo, Dónde y Porqué de los Transgénicos. Recuperado de: http://www.infoagro.com/agricultura_ecologica/transgenicos.htm.

García López, L. (2010). Modelo de sustitución de Importaciones. Recuperado de  http://modsus.blogspot.mx/

Greenpeace México (2006) Guía Roja y Verde de Alimentos Transgénicos. 2a.Edición Recuperado de:http://www.greenpeace.org/mexico/es/Footer/Descargas/reports/ Agricultura-sustentable-y-transgenicos/copy-of-gu-a-roja-y-verde-de-a/

Greenpeace México (2013) Cultivos transgénicos ¿Quién pierde?. Recuperado de:http://www.greenpeace.org/mexico/Global/mexico/report/2013/FOLLETO%20TRANSGENICOS%2022%20julio-corregidoweb.pdf

Guillen, G. (30 de julio de 2000) México, sexto en venta de transgénicos:UE. El Universal, pp. A4

International Service for de acquisition of Agri-Biotech Applications (2010) Informe Anual sobre la situación mundial de la comercialización de cultivos biotecnológicos genéticamente modificados. Recuperado de: http://www.isaaa.org/resources/ publications/default.asp

Leo, J. (2002) Comercio Internacional y Ambiente en América del Norte. Tesis de Licenciatura  Universidad Nacional Autónoma de México. Recuperado de:  http://www.economia.unam.mx/secss/docs/tesisfe/LeoLJA/cap4-2.pdf

Mendoza, E. (2013) Soya Transgénica Invade México. Contralinea.com.mx. Recuperado de: http://contralinea.info/archivo-revista/index.php/2013/03/10/soya-transgenica-invade-mexico/

Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (2002). Agricultura Mundial: Hacia los años 2015 a 2030, Informe Resumido. Roma Italia: Editado por FAO.

Pérez, A. y C. Landeros (2009). Agricultura y deterioro ambiental. Elementos, 23, 19-25.

Pichardo, B. (2006) La Revolución Verde en México. Revista Agraria, Sao Paulo, 4 , 40-68.

Riley, P., J. Cotter, M. Contiero y M. Watts (2011) Tolerancia a herbicidas y cultivos transgénicos Por qué el mundo debería estar preparado para abandonar el glifosato  Editado: Becky Price y Myrto Pispini. Publicado por Greenpeace International,


[1]                Estas RR brindan información del tipo de modificación que incluye una semilla. En este caso las semillas RR han sido modificadas para resistir las aplicación de herbicidas con glifosfato. 



Para salvar al maíz transgénico, las autoridades mexicanas han mentido a un Tribunal

La Semarnat ha omitido información sobre la detección de maíz nativo contaminado; un argumento esencial para lucha contra el maíz transgénico.

En el 2013 al menos 53 ciudadanos y 20 organizaciones civiles obtuvieron una medida precautoria para suspender la tramitación y otorgamiento de permisos de siembra de maíz transgénico. Esa media inesperada, que afecta intereses de grandes transnacionales, se ha mantenido por 21 meses y ha soportado 93 impugnaciones en 17 tribunales federales.

Ahora mismo, y aunque quizá se prolongue por años, se lleva a cabo un juicio que finalmente decidirá qué pasará con este tema: la posibilidad de la siembra de maíz transgénicos. Los especialistas, académicos y activistas, argumentan que el cultivo de este tipo de maíz contamina los circundantes, lo que acabaría finalmente con la diversidad del maíz nativo, además que se no se cuenta con una certidumbre sobre los efectos de los transgénicos en la salud.

En este contexto el colectivo Sin maíz no hay país ha estado denunciando cómo las autoridades mexicanas, por medio de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), ocultó al Juzgado Décimo Segundo de Distrito en materia Civil en el Distrito Federal que el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC) que había detectado varios casos de presencia ilegal de maíz transgénico en maíces nativos en seis estados de la República, entre 2004  y 2012.

Esta información cortada ha sido además usada como argumento por empresas como Monsanto, Syngenta, Pioneer-Dupont y Dow Agrosciences.

René Sánchez Galindo, abogado de Sin Maíz no hay País, argumenta que esta contaminación pudo haberse dado como resultado del maíz trasngénico importado, usado principalmente como alimento para ganado, o bien por las siembras experimentales que se han dado.

La información oculta por la Semarnat es muy importante, porque evidencia que pone en peligro la biodiversidad de México, uno de los principales argumentos en contra del cultivo de los transgénicos.



Los Cheetos de Sabritas y su contenido real (radiografía)

Cheetos es harina refinada de maíz con aceite y con colorantes derivados del petróleo, glutamato monosódico y otros químicos.

Si eres un niño de los años noventa seguro Sabritas estuvo muy presente en tu vida. Una bolsita de “papas”, así se les llama comúnmente a sus productos, era parte de la vida cotidiana y de los “alimentos” elegidos por los niños cuando los padres les daban dinero para ir la “tiendita”. 

En ese tiempo la mayoría sabíamos que se trataba de comida chatarra,  y el que, de alguna manera, no necesariamente te estaban nutriendo; pero en realidad desconocíamos qué era realmente lo que estábamos ingiriendo. 

Hoy sabemos que Sabritas es una de las marcas que emplean transgénicos y en la totalidad de sus productos de frituras usan glutamato monosódico. Aún así, su sabor, y sus estrategias publicitarias como los famosos tazos siguen atrayendo a miles de niños y adultos.

Aquí una foto más clara de qué ingieres cuando comes  una bolsa de 40g de Cheetos Sabritas. 

Estos son los focos rojos que nos comparte la organización El Poder del Consumidor

Grasa: una bolsa tiene 12 gramos de grasa, y el 30% de esta, es decir 4 gramos, es grasa saturada (la más difícil de digerir para el organismo), que equivale a casi una cucharada cafetera.

Sodio: en un niño cubre el 20% del total de lo que necesita al día y un 14.4% de lo recomendado para un adulto. Por el tamaño del producto, esta cantidad es muy alta. 

Colorantes artificiales derivados del petróleo: como tartrazina, amarillo ocaso y rojo allura, que están asociados a generar cambios de conducta en niños y niñas  como hiperactividad y déficit de atención.

Glutamato Monosódico: se ha demostrado interferir en los centros de saciedad generando un sobreconsumo, también ha probado ser neurotóxico.

En resúmen: Cheetos es harina refinada de maíz con aceite, pintada de amarillo y condimento con colorantes derivados del petróleo, glutamato monosódico y otros químicos.

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