El fascinante microbioma humano (qué es y por qué es importante que lo sepas)

La medicina moderna ha promovido el terror a los virus y las bacterias, pero la verdad es que nuestra vida depende completamente de ellas

La medicina moderna, sobre todo en la era del SIDA, el ántrax, el Ébola y demás, ha promovido el terror a los virus y las bacterias, pero la verdad es que nuestra vida depende completamente de ellas. Tenemos 10 veces más microbios en nuestro organismo que células. Se trata de billones de seres vivos que han convivido con nuestro cuerpo a lo largo de la evolución y que son fundamentales para la vida y la salud humana. De hecho, no hay modo de que los humanos podamos vivir saludablemente si no es en simbiosis con las bacterias benéficas. Dicho equilibrio recibe el nombre de eubiótica. 

A pesar de ser tantos, estos huéspedes no ocupan mucho espacio pues son mucho más pequeños que nuestras células. Los encontramos alojados en la piel, en todas la mucosas y sobre todo en el tubo intestinal humano, con una clara preponderancia en el intestino grueso.  

Adquirimos las bacterias a partir del nacimiento: durante el parto, en particular durante el proceso de la lactancia gracias al contacto con la piel y la leche maternas, y  a lo largo de la vida millones de bacterias entran a nuestro tubo digestivo por contacto con los alimentos, el agua y otras personas. 

Se considera que nos habitan más de 40 mil especies diferentes de bacterias, agrupadas principalmente en dos géneros: Firmicutes y Bacteroidetes.  Hoy sabemos que cada individuo cuenta con un microbioma característico. 

BREVE RESEÑA HISTÓRICA 

Diversos sistemas médicos tradicionales y alternativos han señalado milenariamente la importancia de la salud intestinal para  la longevidad y la salud humanas. La comprensión más detallada de la complejidad y la importancia del microbioma humano, especialmente de los microorganismos que habitan en nuestros intestinos, ha permitido enriquecer dicha concepción tradicional.  

En 1908 el profesor Elie Metchnikoff recibió el premio Nobel de Medicina por sus investigaciones sobre la inmunidad. También dirigió su atención al tema de la longevidad y el proceso de envejecimiento. Metchnikoff acuñó el término “ortobiosis” para referirse a la higiene vital. Dentro de sus investigaciones prestó especial importancia a lo que entonces denominó “flora intestinal”. Metchnikoff estaba convencido de que la extrema longevidad de algunos pobladores tradicionales de Europa central se debía al consumo regular de lactofermentos , que ayudan a mantener un microbioma  intestinal saludable. Fue el pionero de la investigación científica sobre las bacterias ácidas. Sin embargo esta área de sus investigaciones cayó en el olvido, y sólo recientemente las ciencias biomédicas han redescubierto en la investigación del microbioma humano un vastísimo campo de interés y han comenzado a comprender la estrecha colaboración entre nuestro sistema inmune y nuestras bacterias intestinales. 

LA IMPORTANCIA DE NUESTRAS BACTERIAS 

El término microbioma se refiere al número total de microorganismos y su material genético y se usa en contraposición al término microbiota, que es la población microbiana presente en los diferentes ecosistemas del cuerpo.  

Son numerosas las funciones del microbioma, y cada vez más sorprendentes los avances de la investigación científica en este campo. Veamos algunos datos interesantes al respecto.  

DIGESTIÓN Y METABOLISMO

  • Regulan los procesos digestivos y metabólicos pues generan vitaminas del complejo B como la B3 (niacina), B6 (piridoxina), el ácido fólico, la vitamina K y la biotina; también producen enzimas digestivas: lactasa, enzima que digiere el azúcar de la leche, proteasas que digieren proteínas, amilasas que digieren almidones y lipasas, que digieren grasas. La presencia en el tubo intestinal del ácido láctico generado por las bacterias benéficas mejora la absorción y utilización de minerales como el calcio, el hierro y el fósforo. 
  • Ayudan a generar azúcares y grasas, digiriendo azucares complejos aportados por la dieta (que nosotros no podemos digerir), lo cual contribuye con un 10% del total de nuestros requerimientos energéticos. 

FUNCIONES DEFENSIVAS 

  • Constituyen una barrera defensiva de primer orden que posee capacidades bacteriostáticas, antitóxicas y anticancerígenas. Producen sustancias bacteriostáticas como acidolina, acidolfina, lactocidina y bacteriocina, que son activas contra una amplia gama de bacterias patógenas como las Salmonella, el Estafilococo aureus o el cólera y muchas más; también combaten virus y levaduras invasoras y además fortalecen a nuestro sistema inmunológico. Sintetizan proteínas bacteriostáticas con un rango de acción más estrecho que los antibióticos, pero son más letales y no tienen efectos secundarios nocivos. Son la primera barrera defensiva contra las infecciones. Resulta esencial un tratamiento de reconstrucción de la flora intestinal en casos de infecciones de vías respiratorias, gastrointestinales, vaginales y de vías urinarias. 
  • Compiten con los microorganismos patógenos por los nutrientes y así los mantienen bajo control. Ocupan los lugares donde pudieran fijarse los patógenos. 
  • Alteran los niveles de pH y de oxígeno haciéndolos desfavorables a los patógenos. 
  • Producen peróxido de hidrógeno, un potente desinfectante (para lo cual requieren de un buen aporte de ácido fólico y riboflavina). 
  • Producen antibióticos naturales.
  • Disminuyen el colesterol alto.
  • Desactivan contaminantes y sustancias tóxicas y generan sustancias anticancerígenas. 
  • Modulan el envejecimiento. 
  • Promueven el movimiento intestinal al producir ácido láctico y, una vez muertas, conforman un porcentaje importante del peso de las heces fecales (hasta el 30%). Optimizan las funciones del tubo digestivo. 
  • Ayudan a reabsorber estrógeno de la bilis, por lo cual pueden ser útiles en casos de  menopausia y osteoporosis.  
  • Son útiles para pacientes que llevan tratamientos con antibióticos (durante y después de su ingesta), para evitar infecciones de repetición y destrucción de la flora intestinal.   
  • Generan el ácido láctico (L+) que mantiene en balance el pH del tubo intestinal y del aparato reproductor femenino.  

La interacción de nuestras bacterias con el sistema inmunológico genera varios procesos de los cuales depende la correcta actividad de nuestra defensa inmune a lo largo de las mucosas intestinales. Recordemos que ahí tiene lugar 80% de la actividad de nuestro sistema inmunológico. La alteración de esta actividad de defensa a lo largo del tubo intestinal se asocia con diversas patologías, sobre todo con algunas enfermedades autoinmunes. 

Diversos factores comunes de la vida moderna contribuyen a desequilibrar a nuestras bacterias intestinales: 

  • Estrés. 
  • Lactancia artificial. 
  • Uso recurrente de antibióticos.
  • Consumo regular de azúcar refinado. 
  • Falta de consumo de frutas y de verduras,. 
  • Diversos fármacos: esteroides, antiinflamatorios, anticonceptivos, laxantes, etcétera. 
  • Consumo excesivo de bebidas alcohólicas. 
  • Cloro presente en el agua potable.
  • Alto consumo de grasa en la dieta. 

¿ CÓMO PODEMOS FORTALECER A LAS BACTERIAS INTESTINALES? 

Por un lado consumiendo alimentos prebióticos, así llamados porque proporcionan azúcares complejos que contribuyen a la nutrición de las bacterias intestinales (consumo regular de frutas y de verduras), y por el otro lado ingiriendo los famosos alimentos probióticos, que son aquellos que aportan bacterias benéficas vivas que colonizan nuestros intestinos, como por ejemplo los productos lácteos fermentados como el yogurt o la leche de búlgaros, también los famosos tibicos, el kombucha y el mexicanísimo pulque (con moderación). 

La alteración del microbioma intestinal se asocia con múltiples enfermedades y cada día se relaciona con otras más. Como ya dije las infecciones más frecuentes pueden tener ahí su causa, así como también algunos tipos de alergias y diversas enfermedades autoinmunes, diversas alteraciones del tubo digestivo y del metabolismo como la obesidad, la diabetes, la elevación del colesterol y algunas alteraciones del hígado, problemas de la piel, algunos tipos de cáncer e inclusive procesos degenerativos del sistema nervioso (recientemente se ha asociado el Parkinson y el Alzheimer con alteraciones de las bacterias intestinales). Por su importancia en la síntesis y absorción de diversos nutrientes un desequilibrio de nuestro microbioma puede intervenir en patologías relacionadas con falta de los mismos, como por ejemplo la osteoporosis. El desequilibrio de la población bacteriana intestinal genera endotoxinas y conlleva elevados niveles de oxidación, contribuye a la acumulación de grasa abdominal (mayor riesgo de obesidad, diabetes y enfermedad cardiovascular) y promueve la inflamación crónica, verdadero asesino de la modernidad. 

 

Como puede apreciarlo el lector con esta breve aproximación al tema, la investigación reciente sobre la interacción bioquímica (lo cual incluye el intercambio de información genética) entre nuestras bacterias y nuestras células es algo que está revolucionando la comprensión de numerosas patologías y de nuestra salud. Una evidencia contundente de  esto la aporta el hecho (imposible en la naturaleza) de que mamíferos criados en un medio estéril se desarrollan atrofiados: su pared intestinal es anómala y su movimiento intestinal también, el corazón, el hígado y los pulmones presentan bajo peso, el metabolismo se muestra reducido, el sistema inmunológico permanece inmaduro, la temperatura corporal es baja y el trabajo del corazón también.   

Hoy podemos, sin temor a equivocarnos, afirmar que SON IMPOSIBLES LA VIDA Y LA SALUD HUMANAS SIN LA SIMBIOSIS EQUILIBRADA CON LAS BACTERIAS.



¿Cómo adelgazar? El microbioma tiene la respuesta

Los investigadores encontraron que las bacterias fecales estaban fuertemente relacionadas con la diversidad microbiótica y los niveles de grasa abdominal.

Se dice que el microbioma es el segundo cerebro de nuestro cuerpo, modulado por el número total de microorganismos y material genético. Entre sus funciones más importantes se encuentra regular los procesos digestivos y metabólicos al generar vitamians del complejo B así como enzimas digestivas; ayudar a generar azúcares y grasas complejos aportados por la dieta, etcétera. Y de acuerdo con un estudio realizado en King’s College London, en Reino Unido, el microbioma parece regir también el tamaño del vientre –también conocido como panza– y cintura. 

En otras palabras, y tras el análisis de materia fecal de 1 313 gemelos así como de sus índices de masa corporal, la diversidad bacteriana que reside en nuestro estómago puede estar relacionado con el nivel de grasa en el cuerpo; lo cual facilita la creencia de que el riesgo a la obesidad puede estar influenciada por el microbioma. Fue así que en el estudio se exploraron las relaciones que existen entre la microbiota fecal y la adiposidad abdominal usando la composición corporal como medida base. 

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Dentro del análisis estadístico de marcadores de obesidad, los investigadores encontraron que las bacterias fecales estaban fuertemente relacionadas con la diversidad microbiótica y los niveles de grasa abdominal. Es decir que, mientras menos diversa sea el microbioma, mayor será la grasa abdominal –y viceversa–. 

Para Michelle Beaumont, autora de la investigación, notó que inclusive esta relación entre microbioma y grasa abdominal puede relacionarse también con el factor genético y la heredabilidad. De modo que para reducir el riesgo de obesidad, con sus respectivas consecuencias como enfermedades cardiovasculares, se pretende trabajar directamente con el microbioma. 

Actualmente los investigadores están probando una técnica en la que se congelas tabletas de materia fecal para promover un microbioma saludable. De modo que si las intervenciones, como transplantes fecales que pueden tener impactos efectivos, benéficos y seguros en el proceso. 

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Earthing, sexo y una dieta equilibrada: tres cosas que necesitas para una mente saludable

Nicholas Spitzer ha decidido aclarar algunos mitos sobre cómo fortalecer este elemento tan indispensable para la supervivencia humana.

Cansado de artículos pop sobre la mente, el profesor de Neurociencias en la Universidad de California y editor en jefe de BrainFacts.org, Nicholas Spitzer ha decidido aclarar algunos mitos sobre cómo fortalecer este elemento tan indispensable para la supervivencia humana. 

Hay mitos que han trascendido las barreras del tiempo, falsificando información de generación a generación; como por ejemplo que sólo usamos el 10 por ciento de nuestro capacidad cerebral, que el hemisferio derecho e izquierdo del cerebro funcionan diferente, escuchar música de Mozart eleva inteligencia e inclusive que para fortalecer la mente se requieren juegos de reforzamiento cognitivos –sopa de letras, crucigramas, etcétera–.

Por ello Spitzer ha decidido aclarar la realidad del funcionamiento de la mente: “La mayoría de las personas cree que la música clásica potencializará el funcionamiento cerebral –el efecto Mozart– o jugar cierto tipo de juegos agudizará el funcionamiento cognitivo. Estas teorías se han analizado y no tienen un fundamento real. Es decepcionante de alguna manera.” En su lugar, la investigación de Spitzer ha demostrado que existen ciertas actividades principales para mejorar el funcionamiento de la mente: 

– Ejercicio con sunbathing o forest bathing. 

El sunbathing, earthing, grounding y forest bathing pueden fusionarse con los beneficios del ejercicio. Los baños de bosque permiten un mejor funcionamiento en mente y cuerpo:  “Esto se debe a que el ecosistema es tan variado que brinda una mayor diversidad microbiótica tanto alrededor como dentro de nosotros”, influyendo así en el funcionamiento del cuerpo y en la salud emocional de la persona. Mientras que el hacer ejercicio aeróbico o correr fomenta la regeneración de las células neuronales en la región del hipocampo –el cual se asocia con habilidades cognitivas como la memoria y el aprendizaje–: “Si haces ejercicio al grado de sudar –entre 30 y 40 minutos–, están naciendo nuevas células cerebrales. Y eso sucede en la región de la memoria.”. 

II

– Interacción social. 

En un estudio reciente publicado en Science Magazine, el cerebro libera una diversa gama de neurotransmisores en función de los factores ambientales –como vínculos afectivos y prácticas sexuales–. Por lo que el cerebro liberará neurotransmisores que condicionarán tu estado de ánimo en función de las personas que te rodean. Israel Castillo, psicoterapeuta y traumatólogo mexicano, explica: 

En los Estados Unidos de América, en el censo del año 2000, el promedio de habitantes por casa era de 3; para el año 2010 más de 1/3 de las casas reportaron un promedio de 1 habitante por casa. Como si esta fragmentación social no fuera suficiente, la sociedad actual se ha hecho adicta a la tecnología. En países desarrollados se ha encontrado que las personas mayores de 12 años interactúan 11 horas promedio al día con artefactos electrónicos. Otros estudios señalan que en países industrializados, la interacción social (pláticas, contacto visual, contacto físico, atención, etc.) es interrumpido en promedio más de 150 veces por aparatos electrónicos. Estamos perdiendo la capacidad de estar sintonizados en un verdadero contacto social, reemplazándolo por contactos virtuales que se han hecho llamar “redes sociales.” No es mi papel demonizar la tecnología, pero creo que existen varios fenómenos sociales que está facilitando la desconexión interpersonal que nuestros cerebros necesitan, que nuestras comunidades requieren para seguir siendo funcionales. […] Nuestros cerebros necesitan socializar para mantener su funcionamiento óptimo. Las sociedades y comunidades se están deteriorándose y muriendo debido al aislamiento interpersonal al cuál nos hemos sometido. Las investigaciones señalan que la gente que interactúa física y emocionalmente con más personas son más sanas, reportan mejor calidad de vida, su expectativa de vida es mayor, etc.

Además, se vale combinar el vínculo social y el ejercicio; es decir, el sexo. Según un estudio de Rutgers, el orgasmo femenino libera un flujo sanguíneo significativo en todas las regiones del cerebro, mejorando el funcionamiento cognitivo. 

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– Dieta.  

La alimentación funge como energía para el óptimo funcionamiento del cuerpo, también de nuestros estados de ánimo, mente y espíritu. Las bacterias que habitan el organismo influyen en la manera en que la mente trabaja. Sí, la ansiedad o la depresión pueden estar relacionadas con el hábitat de microorganismos que fluyen en tu cuerpo cada día. 

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En otras palabras, para mantener al cerebro y a la mente “en forma”, lo mejor que puedes hacer es mantenerte activo. El movimiento, en el exterior, son los nutrientes básicos de la mente, a diferencia de los puzzles, sudoku y crucigramas que sólo incrementan las aptitudes verbales y facilitan el aprendizaje de un tema. 



“La vuelta al mundo en 80 comidas”, estos son los hábitos alimenticios de algunas regiones del planeta

Aunque existen cinco dietas saludables muy famosas –la del Mediterráneo, la Nórdica, de Okinawa, la asiática tradicional y la de la “paradoja francesa”–, en realidad el tipo de dieta ideal para el cuerpo depende de la región en que se nació.

La poderosa relación entre mente y cuerpo ha trascendido la lógica de teorías New Age, y llegado al dogmatismo de la ciencia. Gracias a ello, se han realizado numerosos estudios científicos que muestran cómo la dieta influye tanto en el óptimo funcionamiento del cuerpo como en la sensación de bienestar emocional. De hecho, se ha llegado a atribuir el Síndrome de fatiga crónica a una alimentación deficiente en nutrientes y alta en carbohidratos malos –basada principalmente en la famosa junk food o comida chatarra–. 

Aunque existen cinco dietas saludables muy famosas –la del Mediterráneo, la Nórdica, de Okinawa, la asiática tradicional y la de la “paradoja francesa”–, en realidad el tipo de dieta ideal para el cuerpo depende de la región en que se nació. Es como si el estómago estuviera acostumbrado, antes de haber nacido, a los alimentos naturales de la región. Por ello es importante consumir productos endémicos de la región; pero entonces, ¿cuáles son las dietas alrededor del mundo? 

El fotógrafo estadounidense Peter Menzel se dedicó a viajar por el mundo estudiando la dieta de las personas alrededor del planeta. Sin importar sus profesiones ni ubicación geográfica, él coleccionó y publicó las dietas en su libro ¿Qué como? La vuelta al mundo en 80 comidas? Fue así que logró registrar los hábitos alimenticios que crean un equilibrio entre las costumbres, cultura y la unión mente-cuerpo que dejan huella en sus vidas. A continuación, te compartimos sus fotografías. 



Estos son los 5 viruses más peligrosos en el planeta

A estas “nuevas enfermedades”, conocidas mejor como enfermedades emergentes, se les estudia desde sus padecimientos relacionados con los agentes, factores causales y su condición epidémica.

Imagen: http://www.nbcnews.com/

El concepto de enfermedad ha variado con el paso de los tiempos. Y pese a que un cuerpo ha padecido desde siempre síntomas como dolor, tos, disnea, fiebre, náuseas, vómito, diarrea, sangrado, el agente causal y los factores que condicionan a la enfermedad pueden ser numerosos y diversos. Principalmente desde que hay enfermedades con una aparición reciente –no conocidas anteriormente–, por lo que implica que están en pleno proceso de identificación y conocimiento tanto de extensión como gravedad. 

A estas “nuevas enfermedades”, conocidas mejor como enfermedades emergentes, se les estudia desde sus padecimientos relacionados con los agentes, factores causales y su condición epidémica. Por ejemplo, como lo plantea la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de México –UNAM–, la enfermedad ulcerosa péptica:

Primero se consideró que la situación anatómica de la lesión o cráter ulceroso era el resultado de la acción mecánica de los alimentos y que por ello bastaba con la remoción quirúrgica del cráter ulceroso para curar la enfermedad, el tratamiento entonces consistía en la piloroplastía con o sin vagotomía o la gastrectomía. Después se asocio la enfermedad ulcerosa a la hiperacidez relacionada al stress y a distintos tipos de personalidad, manejándose con dieta, lácteos, antiácidos y psicoterapia. Mas tarde se identificaron los receptores de histamina y se bloquearon con medicamentos como la cimetidina. Finalmente, se identifico la posibilidad de que sea debido a un agente infeccioso Helicobacter Pylori, transformándose su tratamiento en el de una enfermedad infecciosa.

 

Los virus infecciosos que han tomado mayor popularidad en los últimos meses, han sido el Ébola y el Zika. No obstante existen otras enfermedades emergentes que pueden convertirse en poderosos enemigos de la vida y salud. A continuación te compartimos nueve patógenos que podrían causar una epidemia catastrófica en un futuro cercano:

Fiebre hemorrágica de Crimea-Congo. 

La primera vez que emergió la epidemia de la fiebre hemorrágica del Congo fue en 1944. Sin embargo se reconoció sólo hasta en 1969, según los datos el Centro de Control y Prevención de Enfermedades –CDC, por sus siglas en inglés–. En caso de epidemia, se estima que su nivel de fatalidad puede alcanzar hasta un 40 por ciento. Los síntomas asociados con este virus son dolor de cabeza, fiebre, vómitos, dolor de estómago y articulaciones; hemorragias por la nariz, rostro, garganta, boca, y moretones serios. Este virus puede ser transmitido a través de la sangre o fluidos corporales.

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Virus de Ebola. 

Se descubrió en 1976, cuando afectó a numerosas tribus de África Central, cerca de las selvas tropicales. Ahora, en los últimos meses, esta enfermedad severa se ha transmitido de animales a las personas. El promedio de fatalidad es de 50 por ciento –hasta un 90 por ciento–. Lo síntomas son: fiebre, vómitos, sangrado y debilidad. La recuperación depende en cuidados, descanso y atención al sistema inmunológico. 

ebola

Fiebre hemorrágica Marburg. 

Existieron dos epidemias misteriosas que ocurrieron en Europa, en la década de los 60, y en un laboratorio con animales en Uganda. Se trata de una alteración del virus de Ébola. Se cree que el virus reside en los murciélagos de frutos, de la familia Pteropodidae. El virus se transmite de murciélagos a personas, y de ahí de humanos a humanos. Los síntomas son: fiebre, dolor de cabeza y músculos, problemas estomacales, letargo extremo y hemorragias. En casos fatales –un 88 por ciento de la población infectada–, la muerte es el final de unos diez días de sufrimiento. No hay tratamiento ni vacuna disponible. 

fiebre hemorragica Marburg

Virus de Lassa. 

Alrededor del 80 por ciento de las personas con este virus, nunca tienen síntomas –lo cual hace difícil de detectar el virus–. Se trata de una enfermedad de origen animal que se transmite a las personas vía el contacto de la comida con heces u orina de las ratas. Puede expandirse de persona a persona vía sangre infectada o fluidos corporales. Si hay síntomas, éstos incluyen fiebre ligera y debilidad, enrojecimiento en los ojos, inflamación facial, vómitos, problemas para respirar y dolor severo. Un por ciento de la población infectada puede resultar en muerte.  

virus de lassa

Chikungunya. 

Este virus se origina por un mosquito tigre de Asia, conocido como Aedes aegypti. Estos mosquitos también provocaron la epidemia de la dengue; desencadenando problemas de fiebre severa, debilitamiento y dolor de cabeza y músculos, fatiga, náuseas, fatiga y urticaria. Si bien algunos pacientes pueden recuperarse, en la mayoría de las ocasiones el dolor persiste a lo largo de meses y años. No hay vacuna ni tratamiento disponible. 

 



La ciudad subacuática de Grecia que no fue construida por humanos (FOTOS)

Pese a que las estructuras tienen una semejanza a las ruinas de pilares antiguos, no hay evidencia que sugiera una civilización humana.

Cuando unos turistas, al ir buceando en las islas griegas de Zakynthos, encontraron unas estructuras que parecían estar hechas por humanos, creyeron que habían encontrado una ciudad antigua. Sin embargo, conforme las investigaciones de Julian Andrews, un científico ambientalista de la Universidad de East Anglia, en Reino Unido, fueron tomando lugar, se descubrió que al sitio le faltaban algunos de los signos más comunes de la presencia humana. 

Pese a que las estructuras tienen una semejanza a las ruinas de pilares antiguos, no hay evidencia que sugiera una civilización humana: “No hay cerámica ni monedas ni cualquier otra cosa que acompaña normalmente a este tipo de objetos.” Fue así que tras el análisis de los compuestos químicos de las rocas, encontraron que las estructuras habían sido construidas por bacterias. Sí, bacterias. 

Andrews descubrió que lo que parecía ser roca, era realmente una formación mineral natural que normalmente se forma alrededor de fuentes naturales de metano, los cuales pueden emitirse como desintegraciones de materia orgánica o fugas de metano del gas natural que proviene del suelo oceánico: “Conforme algunas especies de microbios se alimentan de metano, producen un mineral llamado dolomita que normalmente se forman en sedimentos del mar.”

Zakynthos se encuentra cerca de una zona de hidrocarburos, en el Golfo de Patras, lo que explicaría tanto la formación de metano, como la presencia de las bacterias y las estructuras de dolomitas. En este caso, las fugas de metano han llevado a los microbios generar estructuras con formaciones de columnas y de donas, con una corteza cercana a fuentes pequeñas de comida: “Básicamente, lo que hay ahí son bacterias que están fozilando el sistema de plomería.”

Las estructuras parecen datar de la época del Plioceno, de hace aproximadamente 2.6 millones de años. Esto ha permitido compararlas con otras similares alrededor del mundo, como en Monterrey Bay, en California, EE.UU., el Golfo de Cádiz en el Mediterráneo o en el Mar del Norte: “Este tipo de cosas que en el pasado se han reportado en aguas muy profundas, miles de metros de profundidad. Por lo que es inusual que estas estructuras griegas se encuentren cerca de la superficie del mar. Su presencia sugiere que hay una falla, una ruptura parcial, justo por debajo del suelo marítimo de esta región.”

*Dale click a la imagen para verla en pantalla completa.

[Smithsonian]

 

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