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Crowdfunding, el arma de David contra Goliat de los tiempos modernos

 Foto: Greenpeace / Gustavo Graff

La historia de David contra Goliat es el ejemplo de que los pequeños e indefensos pueden vencer al grande y poderoso. Esta metáfora puede aplicarse en diferentes ámbitos de la vida y funciona a la perfección cuando hablamos de la defensa de los derechos humanos, sociales, ambientales y económicos de campesinos y ciudadanos frente a los intereses de empresas transnacionales o  gobiernos.

Durante 15 años corporaciones como Monsanto, Syngenta, Pioneer-Dupont y Dow AgroSciences han intentado sembrar maíz transgénico en México a gran escala, pero se han encontrado con una fuerte oposición de organizaciones civiles, campesinos y activistas, que con pocos recursos han logrado detenerlas.

En julio de 2013 Alternativas A.C. junto con otras 19 organizaciones civiles, campesinos y activistas promovieron una acción colectiva (1) para que se prohibiera la siembra de maíz transgénico en territorio nacional y consiguieron que una orden judicial suspendiera cualquier autorización en esta materia ante la duda de posibles impactos negativos al medio ambiente provocados por los transgénicos.

Sin embargo, las empresas transnacionales, la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA) y la de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) han intentado derribar la orden del juez con 90 impugnaciones, apelaciones y otros mecanismos legales, de los cuales 34 están pendientes por resolverse.  

Una vez que esos recursos legales sean atendidos, se retomará el juicio de la acción colectiva para que como nación podamos definir libremente qué hacer con la biotecnología. El reto es muy grande, sobre todo si consideramos que las peleas en tribunales cuestan mucho dinero para la ciudadanía pero son poca cosa para compañías como Monsanto que, tan sólo en el trimestre de septiembre a noviembre de 2013, reportó ganancias por 373 millones de dólares (2).   

Aunque el panorama pareciera desalentador, no es así. Actualmente existe una herramienta llamada crowdfunding –un mecanismo para la recaudación de fondos para financiar esfuerzos e iniciativas de personas u organizaciones alrededor del mundo-, y está siendo implementada por las organizaciones que han detenido las siembras comerciales de maíz transgénico.

A través de la fondeadora holandesa, Grrrowd, que apoya causas sociales a través de su plataforma de crowdfunding y cuyo lema es “justicia impulsada por las multitudes”, se busca recaudar 14 mil 255 euros (261 mil pesos, aproximadamente) en un periodo de 50 días que vence el 31 de enero.

Los fondos obtenidos serán destinados a gastos judiciales y  pago de honorarios de abogados y expertos para que den continuidad a la acción colectiva en contra del maíz transgénico.

Es muy sencillo participar; sólo tienes que visitar la página www.greenpeace.org y a través de ella puedes donar desde 90 pesos y contribuir a la defensa del maíz mexicano. También puedes ayudarnos a difundir esta acción en tus redes sociales y hacer que más gente se entere.

 

¿Qué está en juego?

México posee 59 razas de maíz nativo, que lo colocan probablemente como la nación del mundo con mayor diversidad de este grano. 50% de los sembradíos de esta semilla en nuestro país corresponde a razas nativas; entre 25 y 30% es de híbridos modernos vendidos por empresas multinacionales y por más de 70 medianas y pequeñas empresas de semilla de capital nacional; el resto de la semilla es de materiales criollos producto de la interacción genética entre las razas nativas y los maíces mejorados.

Las semillas transgénicas son propiedad de las empresas que las crean, por lo que tienen derechos sobre su uso, comercialización y cultivo. Es por ello que:

 

  • Los productores que compran las semillas de empresas transnacionales están obligados a firmar un acuerdo poco claro sobre el uso que darán a esta tecnología, lo cual les impide guardarlas o intercambiarlas en los ciclos agrícolas siguientes.
  • Estos acuerdos por lo general propician que las empresas inspeccionen de manera arbitraria las tierras de los agricultores y en caso de que se “compruebe” un uso indebido de las semillas, los productores son víctimas de demandas millonarias que los llevan a la ruina, sin importar que la presencia de transgénicos en sus cultivos sea debido a “contaminación accidental”.
  • Los productores se verán obligados a cumplir con las demandas y las políticas de estas empresas, quienes serán dueñas de las semillas que ellos produzcan.
  • Cualquier semilla, nativa o no, que sea contaminada por organismos genéticamente modificados, sería considerada semilla pirata.
  • El maíz genéticamente modificado reduciría la biodiversidad natural de este grano, afectando la reserva genética que existe en México.

 

Si quieres saber más acerca del tema, consulta: “Cultivos transgénicos: ¿quién pierde?”. Da clic aquí.

 

Twitter: @PrensaGPMX

 

 

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1. Biodiversidad Mexicana, Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, Proyecto Global de Maíces Nativos, 2011.

2. “Transgénicos y contaminación del maíz nativo”. Alejandro Espinosa Calderón, Antonio Turrent Fernández, La Jornada, Opinión. 11 de febrero de 2013. Disponible en: http://www.jornada.unam.mx/2013/02/11/opinion/024a2pol 

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