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Descubre cuáles son los juguetes sexuales que más afectan tu salud

El primer prototipo de dildo, de madera y con formas rudimentarias, apareció en la Grecia antigua alrededor del 500 a.C. Su finalidad era consolar a las mujeres cuyos esposos se iban a la guerra, para así reducir la infidelidad. Sin embargo no fue hasta el 1400 d.C., durante el Renacimiento italiano, cuando se le nombra dildo a aquel instrumento similar al aparato reproductor masculino, comúnmente hecho con madera y cuero (para añadirle la forma del testículo). Mientras tanto, en China se crearon los anillos para el pene hechos con párpados de cabras, así como con sus pestañas, para el placer de las mujeres. Aunque no fue sino hasta 1791 que el Marqués de Sade introdujo públicamente, a través de su obra Justine, el uso de cadenas, látigos y la sumisión sexual.

Desde entonces, los juguetes sexuales se fueron desarrollando hasta convertirse en una accesible producción global. Tamaños, formas y materiales evolucionaron para acercarse tanto a la comodidad como al gusto de las personas: dildos, vibradores, aceites, muñecas inflables, disfraces, lencería, estimulantes, lubricantes, etcétera.

No obstante, la masificación de estos productos ha provocado el uso de materiales nocivos tanto para el medio ambiente como para las personas, tales como látex, silicón 100% puro, siliconflesh o cauchos sintéticos. Desgraciadamente la mayoría de estos están compuestos principalmente de estabilizadores de metales pesados (zinc, plomo, estaño, bario o cadmio), ftalatos (DOP o DEHP), partisol, aguarrás, aceite de pollo o aceite automotriz para que se vean transparentes. ¿La razón? Ahorrarse dinero, para un mayor ingreso a expensas de la salud de los consumidores.

Las consecuencias son evidentes. Al principio no existe una sensación extraña o daño alguno. Sin embargo, conforme se usa frecuentemente el producto con estos componentes, las mucosas absorben la sangre que, a su vez, absorbió la microdosis de ftalatos. En consecuencia, estos juguetes sexuales “sin etiquetas” aumentan el riesgo de padecer cáncer cervicouterino o ulceraciones internas. Inclusive, Greenpeace explica que se ha encontrado una gran cantidad de ftalatos en sangre materna y en el cordón umbilical, provocando que los bebés nazcan con altos niveles de este componente tóxico en la sangre.

Por lo que, antes de comprarlos, tómate un tiempo para analizar los ingredientes. Es más, huélelos para conocer cuáles son los aromas que desprenden; en caso de que sea un olor fuerte a plástico, solvente o grasa similar al de la cocina, es mejor dejarlo donde está. Las repercusiones pueden ser fatales.

Esto no quiere decir que todos los juguetes sexuales tengan estos componentes y por lo tanto son peligrosos o inmorales. Simplemente nos indica que debemos tomar conciencia de los productos que usamos para el descubrimiento y goce de la propia sexualidad íntegra y saludable.

Si deseas conocer cuáles son las empresas que venden productos tóxicos (así como las que cuentan con certificado del Organismo de Verificación y Certificación de Juguetes Sexuales, A.C.), entonces dale click aquí.

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Fotografía principal: Actitudfem.com

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