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Si eres mujer y te gusta andar en bici, tienes que leer esto

¿En dónde nace un cambio? En la iniciativa de cada individuo que genere una influencia positiva en otro. En el momento en que una conducta y una actitud termina por convertirse en la deconstrucción, reconstrucción y liberación de falsos paradigmas que promueven la violencia y abuso contra minorías. En el instante en que se invita a moverse libre y respetuosamente en cada una de las calles de todas las ciudades del mundo.

No es novedad que el transporte público sea un martirio para varias mujeres que deben soportar a diario empujones, agresiones físicas, verbales y sexuales o, inclusive, asaltos. Y frente a una red de apoyo mediocre que logre realizar este cambio equitativo tan deseado, algunas participantes de esta minoría optan por algún medio de transporte individual que las logre proteger de este abuso. Sin embargo, ¿cuál es el resultado? Más discriminación al tildarlas de “ineptas” para manejar, generando supuestos insultos acerca de que el lugar a donde pertenecen es la cocina (y no en la vía pública).

La consecuencia es evidente: mujeres y hombres satanizan a las mismas mujeres que están tras un volante en el coche o en una bicicleta. Y como un círculo vicioso, ellas deciden dejar de manejar su medio de transporte por miedo a las críticas, a la falta de respeto en la vialidad, a la supuesta inmoralidad de que una chica (en pantalón o falda) esté encima de algo que “puede hacerla perder su virginidad” (sí, así de ridículo), etc., en especial si se trata de una mujer montando una bicicleta.

¿Por qué una chica debería andar en bicicleta en la ciudad?

En primer lugar, porque es un símbolo de empoderamiento y libertad que cada mujer necesita sentir al momento en que el aire acaricia su cabello o sus manos deciden la dirección del manubrio, y siente la seguridad que implica conducir bajo las reglas de vialidad. Es este poder el que una mujer necesita recordar cada vez que se sube a una bicicleta, en falda o pantalón, zapatos de piso o tacones, con bolsa o mochila. Sigue siendo ella quien decide el camino.

En segundo, y no por eso menos importante, el constante cuidado al medio ambiente (y al bolsillo) al reducir el uso de contaminantes como autobuses o automóviles. Así, logras transportarte a lo largo y ancho de la ciudad de manera gratuita, haciendo ejercicio mientras produces endorfinas y sintiéndote feliz a lo largo del día.

¿Faltan razones, salvo que por placer propio?

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