Estas marcas son las responsables del colapso de las abejas

Esta situación alarmante no sólo compromete a la línea del ciclo de la vida, sino también a los productores de miel de abeja

La polinización, el intercambio de polen entre las flores, es indispensable para la continuidad de la vida en el planeta. A través de este proceso, tanto las plantas pueden reproducirse como numerosos animales se alimentan, siguiendo así el ciclo de la vida. Para lograr esta reproducción vegetal son necesarios algunos animales como abejas, moscas, mariposas, aves y murciélagos, quienes se dedican a transportar el polen de las plantas dedicadas a producir oxígeno, prevenir la erosión del suelo y regular el flujo del agua.

De acuerdo con El poder del consumidor, alrededor de 400 mil especies se benefician de la polinización: “[e]l 90% de las más de 250 mil especies de plantas con flores dependen de estas especies para su polinización. […] La producción agrícola global depende de los polinizadores entre los 60 y 130 mil millones de dólares”.

Por ello, se vuelve evidente la importancia de las colmenas de abejas en el flujo de la naturaleza. Sin embargo, el uso de insecticidas agroquímicos masivos ha provocado la reducción significativa de varias especies de polinizadores en el planeta, perjudicando también a las especies vegetales.  El ejemplo más significativo de los animales dedicados a la distribución del polen es el de las abejas, cuyo colapso pone en riesgo a toda la cadena alimenticia (y al planeta).

Varios estudios han probado que el uso de insecticidas agroquímicos ha afectado a la población global de polinizadores. Considerados como “gotas de veneno para las abejas” (Greenpeace) los neonicotinoides, clotianidina, tiametoxam e imidacloprid, elementos derivados de la nicotina usados en los insecticidas, se han encargado de colapsar a las colonias de abejas. Como consecuencia, la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés) ha prohibido este tipo de plaguicidas comercializados por Bayer y Syngenta, empresas motivadas por las ganancias monetarias de 2 mil 530 millones de dólares anuales.

Esta situación alarmante no sólo compromete a la línea del ciclo de la vida, sino también a los productores de miel de abeja. Un ejemplo evidente es la situación ocurrida en la península de Yucatán, donde las siembras de soya transgénica contaminaron la miel, y sus productores perdieron el certificado de miel orgánica (mal vendiéndola). Es importante generar un acto de conciencia para salvar a estos animales que, además de ayudar al medio ambiente, producen uno de los alimentos más sanos del planeta.

Fotografía principal: Danny Perez Photography



Oaxaqueño tiene un plan para salvar a las abejas de su extinción

A lo largo de sus estudios, ha descubierto que son algunos hongos, ácaros y el neoniconitoide –químico de los pesticidas– que promueven el debilitamiento de las abejas.

Siendo tan sólo un adolescente, el actual doctor oaxaqueño Ernesto Guzmán-Novoa, supo que las abejas eran seres vivos cuya importancia trasciende fronteras nacionales o culturales. A él no sólo le gustaba la miel que estos polinizadores realizan, también la precisión que tienen para desarrollar sus hogares y organizar sus poblaciones. Por esta razón, 30 años más tarde y sabiendo que la población de las abejas se encuentra en peligro de extinción, Guzmán-Novoa decidió encontrar una manera de salvarlas. 

Ahora el mexicano es el líder del Centro de Investigación de la abeja melífera de la Universidad de Ontario, en la cual se investigan las principales causas que empeoran la salud de las abejas. A lo largo de sus estudios, ha descubierto que son algunos hongos, ácaros y el neoniconitoide –químico de los pesticidas– que promueven el debilitamiento de las abejas. En otros artículos en Ecoosfera hemos hablado al respecto de cómo se busca reducir el consumo y el uso de estos químicos tóxicos en el mercado agroquímico –las cuales poseen unas ganancias de 200 miles de millones de euros–, sin embargo empresas como Monsanto y Pfeizer han salteado los juicios pese a la mayoría de los esfuerzos. 

 

En los últimos años Guzmán-Novoa se ha dedicado a denunciar las compañías argoquímicas, gobiernos e incluso granjeros convencionales que, defendiendo a los pesticidas por interés económicos. Sin embargo, el ambientalista no se da por vencido: “Tenemos partes del puzzle, pero todavía no tenemos la imagen completa de lo que causa la muerte de las abejas.” Y paso a paso, resguardado en la provincia de Ontario, Canadá, está buscando la manera de prohibir este tipo de pesticidas que obligue a los granjeros a rendir cuentas si los usan a partir del 2017. En caso de lo contrario, advierte Guzmán-Novoa, esto pondrá en riesgo la seguridad de las cosechas, “ya que uno de cada tres alimentos que consumimos dependen de la polinización de estos pequeños animales. O lo que es lo mismo: más de 500 miles de millones de euros por año.”



Estamos al borde de una sexta extinción masiva: ¿qué nos queda por hacer?

Al conjunto de esas extinciones masivas se le conoce como “aniquilación biológica”.

La Tierra ha sido testigo de cinco extinciones masivas: la del Ordoviciano, hace 443 millones de años, en que una pesada edad de hielo desterró del planeta a más del 70 por ciento de todas las especies –principalmente las océanicas–; la del Devoniano, hace 360 millones de años, en la que un cambio climático prolongado volvió a destruir al 70 por ciento de las especies, incluyendo a todos los corales; la del Permiano-Triásico, hace 250 millones de años, que fue la mayor de todas al provocar la extinción del 95 por ciento de todas las especies, incluyendo los insectos gigantes y trilobitas, y se relaciona con las masivas erupciones volcánicas en Siberia que causaron un episodio severo de calentamiento global; la del Triásico-Jurásico, hace 200 millones de años, en que 3/4 de las especies se perdieron debido a la actividad volcánica del planeta, dejándolo desprovisto de dinosaurios y especies similares; y el Cretáceo-Terciario, hace 65 millones de años, en el que mientras un asteroide gigante impactó en México, una serie larga de erupciones volcánicas en India extinguió por completo a los dinosaurios y amonitas. Después de este periodo tanto mamíferos como humanos empezaron a gobernar al planeta. 

Al conjunto de esas extinciones masivas se le conoce como “aniquilación biológica”. Y si bien provocó la resistencia de  la naturaleza a lo largo de estos milenios, los investigadores están temiendo que está regresando de la manera más severa que se puede imaginar. De acuerdo con un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, el análisis en especies tanto comunes como raras en miles de millones de regiones se han perdido ante la sobrepoblación o sobreconsumo del humano. 

Para Gerardo Ceballos de la Universidad Nacional Autónoma de México, autor de la investigación, “la situación se ha vuelto tan negativa que no sería ético usar un lenguaje fuerte”, por lo que él decidió definir la “aniquilación biológica” como un atentado contra las bases de la civilización humana. Por lo que es imprescindible explicar que si estudios previos mostraron que las “especies se están extinguiendo a un ritmo más rápido que en los últimos millones de años anteriores”, no está mostrando que la noción de que las extinciones tienden a ser de un caracter gradual ante la pérdida de la biodiversidad. De modo que Ceballos ha demostrado con su estudio que las especies están perdiendo sus poblaciones alrededor del mundo conforme las distancias van desapareciendo, muy a pesar de que aparentan estar presentes en todos los rincones del planeta. 

En otras palabras, más de la tercera parte de las miles de especies en el planeta que están perdiendo a sus poblaciones no se consideran “especies en peligro de extinción”; y más de los animales han perdido alrededor del 80 por ciento de terrenos para habitar en el último siglo. De hecho los científicos encontraron que miles de millones de poblaciones de mamíferos, aves, reptiles y anfibios se han perdido en el planeta, resultando en la sexta extinción masiva a niveles nunca antes considerados. En sus palabras: “El resultado de la aniquilación biológica obviamente tendrá serias consecuencias ecológicas, económicas y sociales. La humanidad eventualmente tendrá que pagar un alto precio por la diezmación del único conjunto de vida que conocemos en el universo.”

Junto con Ceballos, el profesor Paul Ehrlich, de Stanford University en EE.UU., creen que la vida salvaje en el planeta se está extinguiendo debido a la invasión y destrucción del hábitat, la contaminación tóxica, el exceso de caza y el cambio climático. Son una serie de factores que resultan en un mismo origen: la sobrepoblación y el hiperconsumismo humano, principalmente por las clases poderosas y ricas. De este modo los profesores pretenden ejercer un llamado de atención para recordar que la civilización depende principalmente de las plantas, los animales y los microorganismos de la Tierra que la proveen con un un sistema esencial ecosistémico que va desde la polinización de cultivos hasta la protección de suplementos alimenticios en el mar.  

Existe poco tiempo para realizar acciones contundentes para salvar a las especies de una extinción masiva, “y se puede hacer con regularizaciones de consumo, apoyo a reservas de la vida salvaje y a leyes de protección a la biodiversidad, entre otros.” De lo contrario, y un ejemplo más inmediato, los animales más populares comenzarán a desaparecer; como es el caso del león: “El león se ha distribuido históricamente sobre África, sur de Europa y Medio Oriente, gran parte del norte de India. [Ahora] la vasta mayoría de las poblaciones de los leones han desaparecido.” Estamos a punto de saltar hacia un precipicio sin la Naturaleza. 



Así es como los pesticidas provocan la cercana extinción de las abejas

“La aplicación de neonicotinoides son una especie de ruleta reproductiva para las abejas”.

En los últimos años numerosos estudios se han encargado de demostrar el impacto de los pesticidas sobre la población antófila del planeta, y por tanto en la biodiversidad animal y vegetal de los ecosistemas. Se sospechaba que el neonicotinoide, el principal componente en los pesticidas, era el responsable de su cercanía a la extinción; y ahora, con unos estudios a gran escala en campos de Europa y Canadá, se ha demostrado que los neonicotinoides –químicamente similares a las moléculas de la nicotina– ha provocado la evolución de las plantas y la muerte de cientos de insectos a la hora de alimentarse de las especies vegetales. 

Los neonicotinoides se inventaron en la década de los 80, y ganó popularidad gracias a que son elementos sistémicos que circulan a lo largo de la planta y matan a posibles bichos invasores del cultivo. A veces sólo se necesita aplicar sobre las semillas para tener una especie de escudo protector en un periodo a largo plazo. Desgraciadamente este tipo de productos impactaron no sólo sobre los insectos invasores o plagas, también sobre polinizadores como las abejas. Ahora para medir el daño potencial, un grupo de investigadores europeos establecieron 33 cultivos de canola en Alemania, Hungría y Reino Unido, a las cuales se les asignó aleatoriamente un tratamiento con uno de las dos alternativas nicotinoides, o con ninguno. 

 

 

El equipo logró observar cómo fue el impacto sobre abejas de miel y dos especies salvajes –abejorros y abeja solitaria– en las diferentes ubicaciones y especies. Inclusive descubrieron que las colmenas de abejas de miel tendían a sobrevivir menos a lo largo del invierno, y las abejas salvajes a reproducirse menos a lo largo de sus ciclos reproductivos. Esto se quiere decir que no es que los pesticidas maten directamente a las abejas, sino que poco a poco los vuelve más vulnerables y débiles ante factores ambientales o enfermedades que estén afectando a la colmena.  

En palabras de Jeremy Kerr, investigador en biodiversidad, “La aplicación de neonicotinoides son una especie de ruleta reproductiva para las abejas”. Por ello se ha buscado maneras de restringir su uso en campos de cultivo, aún si compañías como Bayer Crop Science y Syngenta invirtieron más de 3 millones de dólares en juicios que pretendían prohibir los neonicotinoides. Ahora los investigadores presentan estos estudios con el fin de informar a la Unión Europea para intervenir en el tema y prohibir por completo este tipo de pesticidas. 

Desgraciadamente la lucha no acaba hasta ahí. Los investigadores responsables del estudio explican que sus “resultados sugieren que aún cuando su uso esté restringido, la exposición continúa de los residuos de neonicotinoides de antiguas aplicaciones tiene el potencial de generar un impacto negativo sobre las abejas salvajes en terrenos agricultores”, provocando una corta expectativa de vida y condiciones de higiene más pobres. 

 



Pesticidas químicos impiden a las abejas reproducirse

Los neoicotinoides, una clase de pesticidas, alteran el esperma de las abejas macho resultando en una especie de anticonceptivo.

Fotografía principal: Huffington Post

Las abejas están en peligro de extinción: su población no sólo ha disminuido, también se han extinto siete subespecies que habitaban en Europa, Norte América y China. Frente a esto, los investigadores han tratado de descubrir las causas de la significativa reducción de estos polinizadores; y de acuerdo con la Agencia de Protección Ambiental –EPA, por sus siglas en inglés–, se trata de los residuos de un plaguicida fabricado por Bayer. 

Más en Ecoosfera: Este es el pesticida que está extinguiendo a las abejas

Ahora, estudiantes del Instituto de la salud de abejas de la Universidad de Berne, en Suiza, han descubierto otra causa asociada con la pronta extinción de las abejas: los neoicotinoides, una clase de pesticidas, alteran el esperma de las abejas macho resultando en una especie de anticonceptivo. 

Lars Straub, autor principal de la investigación, y su equipo comenzó a analizar los efectos del tiametoxano y la cotianidina –dos insecticidas de la familia de los neoicotinoides– en un grupo de control de abejas macho. Para ello, dejó a disposición de algunas abejas alimentos contaminados con neoicotinoides. Los resultados le fueron contundentes: “Los machos sometidos a estos insecticidas presentan una menor duración de vida, y una reducción del 39 por ciento de la cantidad de esperma. Además, el esperma solía tener una menor viabilidad.

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La situación se complica. Dado que la población de abejas macho es realmente diminuta –sólo nacen en abril y tienen una vida promedio de dos meses–, el contacto con estos pesticidas reducen aún más las probabilidades de sobrevivir como especie. Es cierto que se necesita sólo un macho y una pequeña cantidad de esperma para fecundar a la futura reina, sin embargo, ¿qué pasa si no sólo se reduce el tiempo de vida de los machos, también un 39 por ciento de viabilidad del esperma? Eso tendría graves consecuencias para la supervivencia de estos polinizadores. 

Los neonicotinoides, usados frecuentemente para combatir un plaga de insectos o larvas en las plantas, son absorbidos por las raíces u hojas de la planta. Cuando la abeja ingiere el pesticida al buscar comida, se bloquean sus receptores nicotínicos de acetilcolina  –neurotransmisor indispensable para el sistema nervioso de la abeja–, provocando: una sobreestimulación de los nervios, parálisis de las actividades vitales o inclusive la muerte. 

Straub insiste no sólo en continuar estudiando los efectos nefastos de los pesticidas sobre esta población, también en prohibir el uso de pesticidas en cosechas de maíz y canola tanto en la Unión Europea. Pues esto puede generar graves alteraciones en el ecosistema, afectando principalmente a la producción mundial de alimentos. 

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¿Por qué los hongos podrían ser la solución para la frenar la extinción de las abejas?

El mismo investigador que descubrió el mejor pesticida natural, ha descubierto ahora que los hongos refuerzan el sistema inmunológico de las abejas.

Foto: mapio.net

Sabemos que en los reinos de la biología, el fungi es uno aparte. Uno que es como un gran universo que descubrir, comprender, admirar. Uno de sus más férreos amantes, el micólogo Paul Stamets, en el 2006 sorprendió al mundo de la biotecnología con sus estudios a partir de un hongo que podría ser el mejor pesticida de todos los tiempos, y uno natural.

Este hongo es tan efectivo que podría hacer la competencia a las grandes compañías de biotecnología caracterizadas por sus práctica antiéticas como Monsanto. Este mismo investigador ha encontrado con el soporte del National Institutes of Health de Estados Unidos que algunos hongos son capaces de fortalecer altamente el sistema inmunológico de las abejas.

Como buen micólogo, en su propio jardín, Paul Stamets crece distintos tipos de hongos y comenzó a observar cómo las abejas comían el micelio, los hongos que crecen en las raíces y troncos de los árboles. Esto llamó su atención y comenzó a estudiar el efecto de algunos hongos en las abejas. Encontró que estos pueden mejorar el sistema inmunológico y desinhibir los efectos tóxicos que generan algunos pesticidas en las abejas, los cuales, se cree, son los responsables del colapso de las abejas.

Junto con el etomólogo Steve Sheppard ahora están haciendo estudios sobre cómo pueden usarse los efectos de los hongos en el aumento de la población de las abejas, sin las cuales, por cierto, prescindiríamos de alimentos. Están ahora probando con distintos extractos de hongos proveídos por Fungi Perfecti.

Un hongo que especialmente está probando sus efectos positivos en el sistema inmunológico de las abejas es el Metarhizium anisopliae. Este podría ser uno de los mejores aliados para evitar la extinción de las imprescindibles abejas.

[ewao]

 

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