Acampa ecoamigablemente con estos tips

Recuerda que la naturaleza es nuestro hogar, por lo que requiere de cuidados específicos para mantenerse lo más saludable posible

El estrés de la vida diaria puede afectar nuestra salud tanto física como emocional, por lo que es importante ofrecernos pequeños placeres que nos autorregulen interna y externamente. Desde la capacidad de disfrutar cada alimento o tener un lapso de tiempo para ejercitarse, meditar, realizar introspección, descansar y realizar actividades productivas hasta contar con acercamientos con una creencia cosmogónica, así como con la misma naturaleza.

Esta homeostasis podría lograrse en la medida en que respetemos tanto nuestro cuerpo y el de los demás como el de la naturaleza. Por ello, en los momentos en los que decidas acercarte a la naturaleza, es importante que conozcas los cuidados necesarios:

Primero, no dejes ningún rastro de tu presencia. Cuida el medio ambiente y la vida silvestre, para lo cual lleva contigo una bolsa para tirar los restos de la comida, envases y demás basura. Somos invitados de la naturaleza, por lo que habremos de comportarnos como tales.

Segundo, sigue los senderos. Al evitar entrar a zonas verdes, reducimos el riesgo de peligro tanto de la naturaleza como de nosotros mismos.

Tercero, evita fumar o hacer fogatas. Una colilla mal apagada puede provocar un incendio, originando una catástrofe ambiental (sin tomar en cuenta la contaminación ocasionada).

Recuerda que la naturaleza es nuestro hogar, por lo que requiere de cuidados específicos para mantenerse lo más saludable posible ya que, de ese modo, nuestro estilo de vida también gozará de sus beneficios.

 

Fotografía principal: Adrian Senn

 



En este pueblo fantasma de China sólo habita la naturaleza (FOTOS)

Este pueblo de la naturaleza, llamado Houtou Wan, gradualmente fue abandonado hace medio siglo, cuando ninguna bahía podía seguir pescando en la zona al haber consumido casi todos los recursos de la zona.

A las orillas del río Yangtze, en la costa este de China, hay un pueblo pesquero que parece haber sido olvidado por el tiempo excepto la naturaleza. A lo largo de densas enredaderas de hiedra, habitan las calles, paredes de edificios y numerosas zonas del pueblo como si el planeta reclamara su espacio que, por naturaleza, le pertenece. 

Este pueblo de la naturaleza, llamado Houtou Wan, gradualmente fue abandonado hace medio siglo, cuando ninguna bahía podía seguir pescando en la zona al haber consumido casi todos los recursos de la zona. Esto, junto con la urbanización y la el incremento de las actividades industriales, estos asentimientos chinos se convirtieron en pueblos fantasmas que la naturaleza  empoderadamente acogió: 



Figuras que hacen portales: el Land Art de Andy Goldsworthy (FOTOS)

Con piedras, hojas, ramas… Andy Goldsworthy nos regala la ilusión de que existen puertas tridimensionales a otro espacio-tiempo.

Fotos:goldsworthy.cc.gla.ac.uk

Los colores y materiales con los que el hombre ancestralmente ha elaborado su arte han venido de la naturaleza. También ella ha sido la principal musa: sus patrones, tonalidades, complejidad, nos ha inspirado y proveído de la materia prima para la creatividad.

Como un lienzo onírico el Land Art desde los años 6o del siglo pasado ha ido apareciendo, espontánea y efímeramente, para producir sensaciones plásticas y estéticas con un marco que ya de por sí explaya lo anterior, la naturaleza. Entre sus máximos iconos están Robert Smithson y Michael Heizer, y también un prodigio consolidado en este tenor lleva décadas encantando al mundo. Su nombre es Andy Goldsworthy y sobre todo a partir de hojas en distintas tonalidades (por su verdor o sequedad) va haciendo marcos de colores que dispone como un aura de poder en distintos paisajes.

Son como portales mágicos, pasadizos luminosos a otros submundos de la misma naturaleza.

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[BoredPanda] 



Esto es lo que hace la energía de la naturaleza a tu mente y cuerpo

Entre las actividades más comunes que permiten recrear la energía que fluye es el gounding, earthing o forest bathing; las cuales son actividades que, al estar en contacto con la energía de la naturaleza, alteran positivamente la vibración del cuerpo humano.

En el mundo de la actualidad, el éxito profesional y la estabilidad económica son considerados los elementos base para un bienestar global. Sin embargo, contadas son las personas y las actividades que se enfocan en la ecología de la energía que fluye a lo largo del planeta hacia nosotros y viceversa.

Entre las actividades más comunes que permiten recrear la energía que fluye es el gounding, earthing o forest bathing; las cuales son actividades que, al estar en contacto con la energía de la naturaleza, alteran positivamente la vibración del cuerpo humano. Estos son los efectos más frecuentes de esta conexión con la naturaleza:

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Una sensación del infinito en el aquí y ahora. Se trata de la toma de consciencia de un tiempo real, en el que el pasado y el futuro son distorsiones del ahora. En ese momento se experimenta un increíble sentido de libertad de lo que realmente apasiona, desde adentro, generando un futuro activo en el presente.

Sincronicidad. Parecerá que eventos comienzan a coincidir, como si se manifestara la realidad de uno en la existencia misma del pensamiento. Cosas simples como ver siempre el reloj a las 11h11 o 12h34, pensar en alguien y de pronto aparece algo relacionado con él o ella. Pareciera como si el universo está llevándote a una dirección en particular, basado en el timing de estos eventos.

Sueños proféticos y experiencias místicas, como déjà-vus.

Desinterés en los bienes materiales. La riqueza económica deja de ser lo más importante; pero la riqueza emocional, en donde tener tiempo de calidad con los vínculos afectivos, pasa a ser una prioridad. La necesidad del trabajo se convierte al placer de hacerlo.

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Empezar a usar las habilidades naturales como parte de una profesión. Al enfocar la energía en una búsqueda creativa y emprendedora, la vida comienza a alinearse hacia un objetivo trascendental, orgánico, natural.

Disfrutar de los momentos de soledad. Se experimenta la necesidad de explorar la creatividad y conexión con la naturaleza, de meditar y mejorar la relación entre uno y uno mismo.

Viejos recuerdos y emociones intensas brotan a la superficie para sanar. Sin necesidad de reprimir los errores del pasado, nuestra esencia se libra del ego y sus represiones, por lo que uno comienza a ser más gentil con el proceso de la naturaleza y la humanidad.



Y tú, ¿cuántos “baños de bosque” tomas a la semana? Conoce aquí por qué es importante hacerlo

Actualmente un grupo de investigadores de la isla de Yakushima, en Japón, se encuentra realizando estudios sobre un fenómeno que bautizaron como shinrin-yoku o “baños de bosque”.

Numerosos científicos han tratado de calcular los precisos beneficios de abrazar un árbol; entre ellos se encuentra Matthew Silverstone, quien comprobó que la energía vibracional de los árboles y las plantas brindan una serie de beneficios a la salud de los humanos. Sin embargo, ¿qué pasa si la energía del grounding alcanzara otros niveles, quizá más profundos?

Actualmente un grupo de investigadores de la isla de Yakushima, en Japón, se encuentra realizando estudios sobre un fenómeno que bautizaron como shinrin-yoku o “baños de bosque”. De acuerdo con sus resultados, las personas que toman baños de bosque adquieren sustancias benéficas al respirar el aire de un bosque. Esto se debe a que el ecosistema es tan variado que brinda una mayor diversidad microbiótica tanto alrededor como dentro de nosotros.

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La investigación ha identificado tres factores principales que nos vuelven más saludables: bacteria, aceites esenciales derivados de las plantas e iones con carga negativa. Parece ser que desde nuestro nacimiento hasta la muerte, las bacterias que viven en el ambiente –y que respiramos del aire–, nos ayuda a mejorar los procesos de digestión y a producir sustancias que proveen estabilidad tanto física como mental.  En otras palabras, estar en el bosque permite sentirnos más felices y poseer mayor salud física.

Entre los aceites esenciales que desprenden las plantas y las bacterias, se encuentran los fitoncidos, los cuales son exterminadores derivados de las plantas que combaten microorganismos tóxicos.

En palabras de Goethe, “La naturaleza no es un núcleo ni una cáscara; es todo al mismo tiempo.” Por lo que al sentirnos conectados con ella, somos capaces de entender los mecanismos innatos del amor de la naturaleza para cuidarnos –desde los procesos digestivos con la mejora en la flora bacteriana en el estómago, como la generación de neurotransmisores del bienestar psicológico.



Conoce las historias más extraordinarias de niños salvajes (FOTOS)

Algunos de los casos resultaron ser niños perdidos –u olvidados– que fueron adoptados por animales salvajes, volviéndose ellos mismos parte de este salvajismo; los niños ferales.

Existen increíbles historias de resilientes salvajes –estos personajes que, por derecho a la naturaleza misma, fueron criados por la madre naturaleza, lejos de una civilización–. Quizá entre las más conocidas sea el caso de Rómulo y Remo, los fundadores del Imperio romano, quienes fueron criados desde su más tierna infancia por una loba –teorías consideran que se trataba realmente de una prostituta–.

Estas historias, por supuesto, se componen de intrigas y misterios, donde impera la coordinación entre la empatía del lado más instintivo del ser humano con el de los animales salvajes –distantes de la domesticación, sino que neurosis, de las civilizaciones y culturas–. Y a pesar de los posibles defectos que esta empatía podría generar –como el poco desarrollo neurosecuencial, traducido en la ausencia de lenguaje o de conductas socialmente esperadas–, la realidad es que esta supervivencia es una joya que merecería la pena atender a conciencia.

Quizá por esta razón les compartimos esta serie fotográfica de la angloalemana Julia Fullerton-Batten llamada Feral Children. Para ella, esta serie es apasionante como intrigante, pues algunos de los casos resultaron ser niños perdidos –u olvidados– que fueron adoptados por animales salvajes, volviéndose ellos mismos parte de este salvajismo. Pero lo que es seguro es que existen casos documentados en cuatro de cinco continentes. Conócelos:

La niña de los lobos, en México

En 1845, los habitantes de México vieron a una niña corriendo en cuatro patas con una manada de lobos atacando a un rebaño de cabras. Un año después, se le vio con esos mismos lobos comiendo a una cabra. En 1852, se le volvió a ver amamantando a dos cachorros lobos pero corrió hacia el bosque. Nunca se le volvió a ver.

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Oxana Malaya, en Ucrania

En 1991, Oxana vivía con algunos perros en una perrera. Ella tenía ocho años de edad y llevaba viviendo con perros durante seis. Sus padres eran unos alcohólicos y una noche, la dejaron a fuera. En búsqueda de calor, la pequeña de tres años de edad se adentró a la perrera y se acurrucó con los perros mestizos. Este acto se convirtió, seguramente, en el parteaguas que le salvó la vida. Ella solía comportarse más como un perro que como un humano, debido a la poca interacción con los humanos. Ella sólo aprendió a decir “sí” o “no”. Ahora, tras 30 años de terapia intensiva, Oxana aprendió habilidades verbales y sociales básicas similares a las de un niño de cinco años. Desde entonces trabaja en una granja veterinaria.

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Shamdeo, en India

Cuando se descubrió a Shamdeo en 1972, él sólo tenía cuatro años de edad. Él estaba jugando con cachorros de lobos: su piel era sumamente oscura y tenía los dientes y las uñas afiladas, cabello enmarañado y callos en las palmas, codos y rodillas; le encantaba cazar pollos, comer tierra y ansiaba sangre. Se vinculaba excesivamente bien con los perros. Eventualmente se acostumbró a dejar la carne cruda, a nunca hablar aunque a usar algunos signos lingüísticos, hasta que lo admitieron en Mother Theresa’s Home for Destitute and Dying, en Lucknow, India, donde fue rebautizado como Pascal. Murió en febrero de 1985.

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Prava, el niño pájaro, en Rusia

Tenía tan sólo siete años cuando lo encontraron en 2008 en un departamento de dos recámaras. Vivía con su madre de 31 años, quien lo encerró en una recámara llena de jaulas de pájaros, alimentos y desechos. Ella trataba a su hijo como si fuera otra mascota, otro pájaro. Si bien nunca lo golpeaba, ella nunca le hablaba ni interactuaba con él. La única comunicación que Prava tenía era con los pájaros. No podía hablar, sólo piaba. Cuando no entendía, lo único que hacía era mover sus brazos y manos como un ave. Finalmente su madre lo dejó en un hospital, donde acudió al área de psicología donde los doctos intentan rehabilitarlo.

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Marina Chapman, en Colombia

En 1954, Marina fue secuestrada con tan sólo cinco años de edad. Sus secuestradores la abandonaron en la selva, donde una familia de monos capuchinos la adoptó durante cinco años. Desde entonces ella comía raíces, plátanos y arándanos; dormía en huecos de árboles y caminaba en cuatro paras. Una vez, se enfermó del estómago. Un mono mayor la llevó a un lago a tomar agua, la forzó a beberla a vomitar y entonces empezó a recuperarse. Se solía llevar bien con los monos más jóvenes y aprendió a montar árboles y a descubrir los alimentos saludables.

Marina había dejado de hablar por completo cuando los cazadores la rescataron –por lo que la vendieron a un burdel, de donde escapó y vivió en la calle. Después una familia de la mafia la esclavizó. Sin embargo, un vecino la salvó, la mandó a Bogotá a vivir con su hija y su esposo. La adoptaron para vivir con sus otros cinco hijos naturales. Cuando Marina alcanzó la adolescencia, le ofrecieron un trabajo de niñera, y hasta entonces se ha ido recuperando. Ahora vive en Reino Unido. Se casó y tuvo hijos.

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Genie, en EE.UU.

Cuando el padre de Genie decidió considerarla “retardada” y contenerla en un asiento de baño para niños en una pequeña recámara de la casa, fue cuando la condenó a vivir encerrada durante más de diez años. Ella incluso dormía en la silla. Cuando tenía 13 años, en 1970, su madre la llevó a cuidados pediátricos, donde una trabajadora social notó su condición. No sabía controlar sus esfínteres y caminaba a manera de conejo. No podía hablar ni emitir sonido alguno. Poco a poco aprendió a hablar con pequeñas palabras, aunque no podía estructurarlas gramaticalmente. Aprendió también a leer textos simples y a desarrollar algunas herramientas sociales. Sin embargo, sus capacidades continuaban siendo limitadas. En algún punto, volvió a vivir con su madre pero pasó varios años donde familias adoptivas abusaron de ella. Regresó al hospital sin volver a hablar.

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Conoce más historias de niños salvajes aquí.

 

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