Descubre los increíbles beneficios del agua de coco

Dado que es baja en calorías y colesterol, puedes tomarla cuantas veces lo desees

El agua de coco, con su inigualable sabor refrescante, es una de las bebidas más saludables del mundo. De color casi transparente, el sabor del agua de coco puede variar por la especie, estado del coco y el terreno de la palma cocotera.

Durante mucho tiempo esta bebida ha sido la predilecta en las zonas tropicales, en especial en lugares como México, Venezuela, Brasil, Filipinas, Indonesia, Colombia, Perú, las islas del Caribe, El Salvador, Ceilán, la India y República Dominicana.

Dado que es baja en calorías y colesterol, puedes tomarla cuantas veces lo desees. Se recomienda el consumo de esta bebida ya que su compuesto químico trae múltiples beneficios a la salud de quien la beba, como por ejemplo sus cualidades antivirulentas, antifungosas y antimicrobiales. Por ello, te compartimos una lista de sus enriquecimientos a la salud:

* Es rica en vitamina A, la cual es la encargada del buen funcionamiento de la vista.

* Contiene grandes cantidades de minerales, tales como zinc, hierro, ácido fólico, fósforo y potasio.

* Cuenta con propiedades antioxidantes, convirtiéndola en un excelente protector contra la degeneración oxidativa.

* Al tener altos niveles de fibra, estimula el buen funcionamiento intestinal.

* Fortalece los huesos, uñas y dientes.

* Ayuda a disminuir los síntomas de colitis, úlceras gástricas, debilidad estomacal y estreñimiento.

* Elimina toxinas del cuerpo.

* Regula los niveles de fluidos corporales, manteniendo la correcta presión sanguínea.

* Al usarla como enjuague para el cabello, previene y combate la caspa.

* Alivia la tensión en el páncreas y el sistema de enzimas, previniendo las enfermedades de la vesícula.

* Ayuda en los casos de acné, estrías, sarpullidos, cicatrices, etcétera.

* Elimina la grasa de la piel, tonificando y fomentando la regeneración celular.

* Previene dolores de cabeza, ya que mantiene al cuerpo debidamente hidratado.



Sofía Gatica, la mujer que desterró a Monsanto de Maldivas argentinas

Sofía Gatica, la mujer que luchó pública y ampliamente contra los transgénicos de la transnacional agroquímica en tierras argentinas.

Desde hace más de un siglo, Monsanto se ha relacionado con la destrucción de hábitats naturales y la creciente presencia de enfermedades y mutaciones en habitantes cercanos a estas regiones, principalmente cáncer, desórdenes cutáneos, supresión inmune, anemia, diabetes, problemas de hígado, entre otros. 

Pese a los esfuerzos de varias organizaciones no gubernamentales de detener tanto los productos de Monsanto, tales como Dioxin, Glifosato y PCB, como sus consecuencias devastadoras, las fábricas continúan expandiéndose a lo largo del mundo.

Un ejemplo actualmente, en México, las instituciones gubernamentales Sagarpa y Semarnat se han encargado de promover la siembra de soya transgénica de Monsanto en 253 mil 500 hectáreas en varios estados del país. Tan sólo en la zona maya de este país, Monsanto importa “10 millones de toneladas de grano al año, todo biotecnológico de EE.UU.”, ya que es “necesario darle la oportunidad a agricultores mexicanos de usarlas, en lugar de estarle pagando 50 000 millones de pesos al año a productores norteamericanos.” Esto provoca, en consecuencia, no sólo una pérdida de diversidad nacional de sus productos, también la afectación en la salud de los habitantes que consumen sus alimentos genéticamente modificados. Y si bien en México se ha buscado maneras para prohibir la siembra de productos genéticamente modificados, como la soya, la lucha continúa. 

Son estas luchas las que han marcado una diferencia en la biodiversidad, el cuidado del medio ambiente y la salud pública de la población. Como lo es el caso de Sofía Gatica, la mujer que luchó pública y ampliamente contra los transgénicos de la transnacional agroquímica en tierras argentinas. Ella, al relatar su historia para la revista feminista Pikara Magazine, ha dado plasmado su oposición al glifosato y la ruptura de las mayores construcciones logrando el destierro de Monsanto en Maldivas Argentinas.

Te compartimos su historia que compartió con Pikara Magazine

[…] Aquel atlas de las desgracias cercanas, una especie de orografía arrugada con ira por el paso del tiempo, se transformó en un informe archivado en el Ministerio de Salud del país suramericano. Entre sus páginas, la constatación ciudadana de que las fumigaciones con glifosato (el herbicida más vendido del mundo) provocaban cáncer y leucemia: “Encontramos 300 casos de cáncer y casi 80 fallecidos, sin contar con las malformaciones. Registramos ratios muy superiores a los normales”.

No había marcha atrás, apenas futuros posibles que construir. Así que las mujeres, bautizadas en 2003 como ‘las Madres de Ituzaingó’, se inmiscuyeron en una carrera de obstáculos en la que no se trataba de ganar o perder sino de aguantar. Lo siguen haciendo 16 años después. Más de 180 meses después han ocurrido muchas cosas, a veces demasiadas, como cuando se contabilizan las muertes, otras históricas, como cuando las crónicas resaltan que una de las transnacionales más poderosas del sector agroquímico inclinó la rodilla.

Fue hace apenas unas semanas, el pasado diciembre, cuando las calles de Malvinas Argentinas, una pequeña localidad de Córdoba, celebraron la salida de Monsanto. La multinacional salía por la puerta de atrás, echando el cerrojo al que estaba llamado a convertirse en uno de sus proyectos más emblemáticos, por tamaño e inversión: “Una de las mayores plantas de acondicionamiento de semillas de maíz no destinadas al consumo del mundo”, tal y como reflejaron en el momento del lanzamiento (junio de 2012, bajo el mandato de Cristina Kirchner) los informes técnicos de la propia compañía, que preveía destinar unos 1.500 millones de dólares (más de 1.400 millones de euros) al proyecto, desembolsos en concepto de investigación y desarrollo aparte.

De los golpes y amenazas

El relato de lo sucedido está sazonado de ambiciones, bloqueos, ganancias, cortes, asambleas, presiones y declaraciones, amenazas verbales y físicas, ilegalidades, alegalidades e incluso leyes redundantemente ilegales. Avances y retrocesos, los de la empresa frente a un amalgama de colectivos de toda Córdoba, entre los que destacan la Asamblea de Vecinos Malvinas Lucha por la Vida, la Asamblea del Bloqueo a Monsanto y las Madres de Ituzaingó. La vida, dejó escrito Shakespeare, es un cuento narrado por un idiota, que las llena de sus ruidos y furias. Tres siglos más tarde, Walter Benjamin matizó que está en todo caso contada por los vencedores.

[…] Un año más tarde, activistas y personas concienciadas organizaron un festival (Primavera sin Monsanto, que continúa celebrándose) en la misma entrada a las instalaciones que ya comenzaban a asomarse. Recibieron el apoyo de parte de la comunidad científica (entre ellos, el médico fallecido Andrés Carrasco) y académica (las universidades de Córdoba, Católica y Río Cuarto rechazaron la instalación de la planta), la artística (músicos como Manu Chao y René Pérez, de Calle 13) e incluso activistas internacionales como el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel o la india Vandana Shiva, se han sumado en algún momento a la causa.

Antes, durante y después, recuerda Gatica, un bloqueo de más de tres años, hasta la expulsión de Monsanto. “Ha sido muy difícil porque eran 37 hectáreas y, aunque cerrábamos sucesivas entradas con diez personas en cada puesto, ellos trataban de entrar por cualquier sitio”. Los problemas con los trabajadores de la empresa no tardaron en aparecer: “Al principio impedíamos únicamente la entrada a los camiones, por ejemplo metiéndonos bajo las ruedas, hasta que descubrimos que introducían herramientas incluso escondidas en sus maletines, cuando venían vestidos de traje”, añade esta líder argentina, que en 2012 recibió el Premio Goldman, conocido como el Nobel del Medio Ambiente.

Al mes de bloqueo llegó el primer desalojo, “cuando más de 300 policías nos sacaron a la fuerza a un centenar de personas”. Dos compañeras terminaron presas y Sofía, hospitalizada con un traumatismo craneoencefálico. “Pero nos dimos cuenta de que el pueblo es el que manda”, añade Gatica nada más terminar de extenderse con su parte médico: “Pedí el alta voluntaria y regresé con mis compañeros para quedarme. Poco a poco se sumó mucha gente y se empezaron a construir casas. Jamás pudieron ingresar como hubieran querido, pero soportamos casi cuatro años de frío, sin luz, sin agua, de hambre. Mujeres y hombres de todas las edades, con mucha gente joven”.

[…] “Pronto llegaron las amenazas. Me esperaban a la salida del trabajo, me perseguían y me golpeaban. Me amenazaron de muerte junto a mis hijos. Me han llamado de todo: ‘gringa sucia’, ‘zurda’…”. Las presiones, denuncia, se reforzaban con “los palos de la policía”, con “los grupos de choque de la empresa” y con “órdenes de represión” contra los vecinos. “Hubo una vez que los camiones lograron entrar y entonces decidimos impedir también la salida, salvo que se llevaran todo el material. Los obreros nos acusaron de haberles secuestrado”, añade Gatica entre su dilatada retahíla de reconstrucción de los hechos, presentados sin tapujos como “una guerra, en la que Monsanto contrataba matones y nosotros, para sobrevivir, tuvimos que armarnos: maderas con clavos, zanjas gigantes en la tierra, pinchazos a las ruedas de los camiones…”.

A los extremistas violentos

[…] Y es que, allí donde (en los transgénicos) hay quien ve enfermedades y muerte, otros contemplan “oportunidades de progreso y crecimiento para la comunidad y la provincia, sin riesgo ninguno”, afirma la empresa, que vaticinó 400 puestos de trabajo directos. En otra de sus notificaciones, identifica a Sofía Gatica (y a otras personas) como responsable de “agresiones verbales y físicas” que ponen en riesgo la integridad física y vulneran el derecho de expresión”, en referencia a una charla que empleados de Monsanto impartían en la Universidad Nacional del Litoral. Acciones que fueron calificadas de “vandalismo” y posteriormente denunciadas ante las Fiscalía

1.140 días de bloqueo (el número exacto lo tiene clavado en la memoria Gatica), hasta el 1 de noviembre de 2016, en los que la estrategia de Monsanto ha sido la de denunciar las “violaciones al derecho a trabajar” de sus empleados, recordando en sucesivos avisos que cumplían “con todos los requerimientos legales para la construcción de la planta”, citando, entre otras, diferentes ordenanzas, al Concejo Deliberante de Malvinas Argentinas, al Tribunal Superior de Justicia de Córdoba, el Estudio de Impacto Ambiental (elaborado por ellos mismos) y autoridades gubernamentales varias. Su defensa de que “no hay evidencia científica de que el glifosato sea cancerígeno” es radicalmente diferente al que presentan instituciones como la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC, en sus siglas en inglés) que, perteneciente la Organización Mundial de la Salud (OMS) de Naciones Unidas, lo consideró en 2015 como “probablemente cancerígeno para los humanos”. Las conclusiones siguen abiertas y recientemente la OMS, en este caso en una publicación conjunta con la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación), concluyó que era “improbable” que el glifosato presente riesgos carcinogénicos.

Sentencias firmes

Los entresijos jurídicos, que acompañaron a la lucha activista, dieron un primer vuelco radical en enero de 2014, cuando la Sala II dela Cámara de Trabajo detuvo la construcción, declarando inconstitucionales los permisos emitidos tanto por la Municipalidad como por la Provincia. Un mes más tarde, la Secretaría de Ambiente provincial también rechazó el estudio de impacto ambiental presentado por la compañía.

Paradójicamente (o no), la empresa guarda un celoso silencio de estos reveses. Tampoco ha querido manifestarse antes las repetidas apelaciones en las que Pikara Magazine le ha brindado su micrófono. Ha preferido mantenerse al margen también de su salida de Malvinas Argentinas, de la que no existe postura oficial alguna por parte de la compañía, si bien una “alta fuente” de la multinacional admitió a un portal argentino de actualidad y análisis económico que “no se pudo avanzar con la planta y esto también influyó. Pero lo más trascendente fue que el negocio cambió y dejó de ser conveniente para Monsanto”.

Los cambios que anónimamente denuncia Monsanto se refieren a modificaciones legales introducidas por las nuevas políticas agropecuarias, que han disminuido la expansión máxima de la superficie del maíz: “La pauta de procesamiento de la planta estaba en el orden de 3,5 millones de hectáreas pero, en los últimos años, apenas se pasó de los 2,5 millones. Una inversión así no tiene sentido desde el punto de vista del negocio”.

Jamás van a admitir que el pueblo los venció. No se fueron por la Justicia”, subraya Gatica, convencida de que fue Cristina Kirchner, la anterior presidenta del país, quien “negoció con la salud del pueblo. Seguramente bajo su mandato no hubiera sido posible nuestra victoria, si bien es cierto el actual Gobierno [de Mauricio Macri] también responde a las corporaciones y no a la gente”.

Una victoria, pero ¿de quién?

Malvinas Argentinas aún está resacosa de celebraciones. Forzosa o voluntariamente, Monsanto se ha ido de la localidad, pero no del país. Falta por escribir qué sucederá a partir de ahora, cuando el municipio adquiera la verdadera dimensión de lo logrado. La transnacional no solamente sigue operando en Argentina, sino que los insumos destinados al fracasado proyecto han sido trasladados a la próxima localidad de Rojas, unos 500 kilómetros al oeste y próxima a Buenos Aires.

Los reveses sufridos por Monsanto en Malvinas Argentinas y el hecho de que siga sin poder modificar la Ley de Semillas (por la que pretenden garantizarse ganancias por los derechos de uso de casi toda la soja, el maíz y el algodón que siembran en el país americana) les sepa seguramente mejor con el balance comercial cosechado en 2016, que la sitúan como dominadora absoluta en el negocio del maíz y en la venta de glifosato. Según los datos de la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (CASAFE), sus ingresos en este sentido aumentaron con respecto al ejercicio anterior.

Además de las instalaciones de Rojas, Monsanto mantiene otras 36 plantas en el país. La transnacional “desarrolla los planes a largo plazo, por lo que mover su inversión a otro lado tiene su lógica. Seguirá proveyendo a semillas al área de Córdoba. Que no tenga una planta levantada no significa que dejará de tener presencia”, según analizaron expertos en la materia a  un medio uruguayo.

“Es una batalla que vamos a ganar, nos va a costar, pero se la vamos a ganar”, vaticinó Sofía Gatica en octubre de 2012, al poco de saberse las intenciones de Monsanto en Malvinas Argentinas. Muchas “sangres” después (“América se ha escrito con sangre y seguirá escribiéndose con sangre. Vamos a luchar dejando nuestras vidas”, respondía la protagonista en una entrevista posterior, publicada por el autor en formato e-book), Sofía Gática, parte de esa Argentina que desterró a Monsanto, lo tiene claro: “Hemos ganado una pequeña batalla porque Monsanto está aislado en distintas partes del país. Vamos a seguir ahí, dándoles batalla y resistiendo”.

La dueña de las semillas

Monsanto ya no es sólo una empresa. Atrás quedaron sus inicios, allá por el arranque del siglo XX, en los que producía sacarina para Coca-Cola. Ahora es una transnacional con pies, dedos, garras, manos y tentáculos en casi cada esquina del globo, aunque sus principales mercados son Estados Unidos, Brasil, Argentina y Canadá. La producción de semillas transgénicas y el herbicida glisofato comercializado bajo la marca Roundup son dos de sus principales negocios, que la convierten prácticamente en dueña de la agricultura mundial.

Sobre todo tras su reciente fusión con Bayern, otra de las agroquímicas más grandes del mundo. “Con la transacción se fusionan dos negocios diferentes pero altamente complementarios. El negocio conjunto sacará partido del liderazgo de Monsanto en el ámbito de semillas y (…) por una parte, y del amplio abanico de productos de protección de cultivos de Bayern (…)  por la otra”, decía la compañía.

La sospecha siempre está detrás de cualquier acción de Monsanto, tanto por los temores hacia los organismos modificados genéticamente (OMG), como por las investigaciones que han sufrido varios de sus productos (la controversia sobre el glisofato es muy alta y ha sido prohibido su uso en varios territorios), las condenas por soborno en Indonesia, la venta de productos tóxicos o por el oligopolio que ejerce sobre la alimentación.

Y las resistencias también se multiplican. El pasado mes de octubre La Haya acogió en el Tribunal Internacional Monsanto, una “iniciativa de la sociedad civil para que Monsanto se responsabilice por violaciones a derechos humanos, crímenes contra la humanidad y ecocidio”, a la que la transnacional respondió. La sentencia estará en abril de 2017.

 
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El aceite de coco es de los mejores productos naturales para bajar de peso por estos motivos

Sus propiedades provocan que tu organismo queme energía fácilmente.

Cuando la obesidad pareció asentarse como una plaga en los noventa, gracias a la propagación de los alimentos chatarra, con este fenómeno también surgieron las soluciones fast track para bajar de peso, que han ido cayendo como mitos. Miles de productos anunciados en los medios de comunicación eran solo una farsa para que con un poco esfuerzo ( que por cierto vendía mucho) las personas recobraran su peso ideal. 

Luego, desde la década pasada la moda de las mujeres extra delgadas llegó a su cúspide, por ello, todo lo encaminado a lograr la delgadez se ha diseminado como un gran mercado exitoso. Entre esta nociva tendencia, algunos remedios naturales son realmente sanos, y lejos del oportunismo, realmente han probado ayudar a bajar de peso por tener efectos propicios para ello en el organismo. 

Como un ejemplo de lo anterior la ciencia ha probado que el aceite de coco posee propiedades espléndidas para bajar de peso y ello se explica por que, después de la leche materna, es el segundo producto natural que tiene una cadena de ácidos grasos mediana (la mayoría de los alimentos posee una larga).

Mientras estas cadenas largas se instalan en el organismo como grasa, la de de los ácidos grasos medianas, en cambio, se convierten en energía que se quema rápidamente. También incrementan los ritmos metabólicos, lo que hace que se  queme aún más energía y ello tiene un efecto de pérdida de peso. 

Recuerda que además cocinar con aceite de coco cuando uses altas temperaturas, como para cocer o freír algo, es más saludable que hacerlo con aceite de oliva, por ejemplo, que suele quemarse más rápido. El aceite de coco también tendrá efectos positivos en tu organismo como reducir el riesgo de una enfermedades cardiovasculares.



5 alimentos que no necesitas comprar orgánicos

La siguiente lista enumera algunos alimentos que no tienen que ser orgánicos para estar perfectamente aptos para su consumo humano.

Los alimentos con los que debemos tener especial cuidado en consumir orgánicos son casi todos derivados de productos animales. Ello debido al maltrato y al mal uso de hormonas de crecimiento y antibióticos. También es importante tener especial cuidado con alimentos de bebé, ya que los bebés no pueden combatir ciertas sustancias aplicadas a los alimentos en maza y con las moras, que son la fruta que más fertilizante lleva. Pero hay algunos alimentos que no necesariamente deben ser orgánicos para estar perfectamente limpios de químicos. A continuación te ofrecemos una lista:

 

Cocos:

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Varios estudios han observado los residuos de pesticidas en los productos de coco y han salido virtualmente con las manos vacías. Quizá la misma composición dura del coco sea la que no permita el paso de químicos al interior, pero lo que es seguro es que un coco orgánico y un coco convencional no tienen mucha diferencia.

 

Cebollas:

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Las cebollas no solo nos hacen llorar a nosotros, sino que a todas las plagas también. Son naturalmente resistentes a plagas, lo cual resulta en que no se tenga que utilizar fertilizante para su producción. Siéntete libre de comprar cebollas convencionales.

 

Aguacate:

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El aguacate es otro de los alimentos seguros que tienen los niveles más bajos de residuos de pesticida que hay alrededor. Ello podría deberse a su piel escaldada, pero las plagas no logran entrar a la pulpa con facilidad. Es verdad que los productores de aguacate usan mucho fertilizante para los árboles, pero este no parece entrar a lo que nosotros consumimos.

 

Miel:

La idea su una miel orgánica es un poco absurda. La vedad es que las abejas siempre serán abejas y no distinguen entre una flor orgánica o una que tenga pesticidas. No se puede controlar la calidad del polen que recogen las abejas (a menos que se cuide un territorio de tres kilómetros a la redonda, aproximadamente), así que lo mejor que puedes hacer con la miel es tratar de comprar miel local y cruda, para ayudar a los productores de tu área y obtener todos los nutrientes del producto.

 

Espárragos:

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Por suerte, el espárrago es una de las verduras más limpias que hay. En estudios se ha encontrado que estos retienen niveles muy bajos de residuos de pesticidas. Los orgánicos podrán eliminar esa pequeña probabilidad de residuos químicos, pero no harán gran diferencia.



4 alimentos con pésima reputación que son fantásticos para la salud

Gracias a la proliferación de estudios y revisiones científicas en torno a los alimentos, ahora sabemos que muchas cosas que nos recomienda el ministerio de salud pública están completamente equivocadas.

En las últimas décadas, la lista de recomendaciones gubernamentales acerca de alimentos sanos o dañinos es muy poco confiable. Hay numerosos ejemplos de alimentos que según ellos no debemos comer, pero que ahora están aumentando su producción gracias al público conocedor que ya no se deja engañar por recomendaciones irresponsables basadas en intereses corporativos.  Nos hemos informado más acerca de los consejos de nutriólogos retrógrados, quienes tienen muy poco entendimiento de la nutrición en general. Aquí están las top 4 cosas que ahora sabemos que son buenas para tu salud.

1. Aceite de coco

El aceite de coco fue demonizado por años por su alto contenido en grasas saturadas. La mayoría de su grasa saturada está compuesta de triglicéridos de cadena media, que el cuerpo muy bien. El ácido láurico es el principal contribuyente, con más de 40 por ciento del contenido, seguido del ácido cáprico, ácido caprílico, mirístico y palmítico.

Los beneficios del aceite de coco son muchísimos: el cuidado del cabello, cuidado de la piel, alivio de estrés, pérdida de peso, incremento de inmunidad, buena digestión y metabolismo, alivio de problemas de riñón, enfermedades del corazón, disminución de la presión arterial, diabetes, HIV y cáncer, cuidado dental y fuerza de los huesos. Estos beneficios del aceite se pueden atribuir a la presencia del ácido láurico, cáprico y caprílico, y sus propiedades son antimicrobiales, antioxidantes, fungicidas, antibacteriales y tranquilizantes.

2. Hemp/cáñamo

La planta de cáñamo es extraordinaria. Puede ayudar a resolver los problemas que enfrentamos con el petróleo, la deforestación, el cáncer y la contaminación ambiental.  Quizá porque es tan amable con el medio ambiente, tan nutritiva y benéfica para la salud, los gobiernos se rehúsan a admitir la increíble diversidad del hemp;  proporciona demasiados riesgos para los intereses de las corporaciones.

Sobre todo, el mayor beneficio del cáñamo reside en la composición de su aceite, el cual contiene todos los aminoácidos esenciales en cantidades significativas y en un radio deseable. La proteína de hemp también tiene una calidad excepcional en términos de aminoácidos y estructura de la proteína. La última afecta la digestión y la utilización del alimento por parte del cuerpo humano.

Puesto sencillamente, cuando ingerimos semillas o aceite de hemp, nuestro cuerpo obtiene mucho de lo que necesita sin el golpe de calorías de los nutrientes no-esenciales.

3. Huevos (orgánicos)

Por años, este alimento ha sido malentendido: es bajo en calorías, alto en vitaminas (D, B12, ácido fólico) y casi perfecto en proteínas. El huevo contiene cada una de las vitaminas (excepto C).

Algunos científicos que trabajan con el gobierno han decretado que la yema del huevo es pésima para la salud. Sin embargo ahora sabemos que el huevo produce proteínas que imitan la acción de poderosas drogas que bajan el ritmo cardiaco, conocidas como inhibidoras Ace.

La única manera de saber si un huevo está sano es, o visitar la granja, o comprarlo en tiendas orgánicas certificadas. Las fábricas de huevo son de las peores que existen en el mundo en cuanto a procedimientos y manipulaciones. Un huevo no-orgánico puede contener químicos, hormonas, organismos genéticamente modificados y otras cosas de estilo. Asegúrate de consumir sólo huevos orgánicos.

4. Sal

La sal también ha sido demonizada en las últimas décadas de manera irresponsable. En México incluso entró en vigor una ley que dicta que no puede haber saleros en las mesas de los restaurantes. Pero nuevos reportes han afirmado que la sal ya no se considera un peligro para la salud.

La clave es poder diferencial la buena sal de la mala sal. La sal de mesa es recristalizada y se trata con químicos que precipitan casi todos los minerales que contiene y se le añade toda una gama de químicos que pueden causar muchos problemas en el cuerpo. Pero el problema no es la sal, es el tipo de sal que usamos.

La sal de mar que no es refinada ni tratada con químicos es, de hecho, buena para la salud. “Estas sales minerales son idénticas a los elementos de los que está hecho nuestro cuerpo y fueron encontrados en el primer océano de dónde se originó la vida”, apunta Barbara Hendel, investigadores u coautora de Water & Salet, The Essence of Life. “Tenemos lágrimas saladas y sudor salado. La composición química y mineral de nuestra sangre y fluidos corporales es similar al agua de mar. Desde los comienzos de la vida, al igual que los bebés que aún no nacen, estamos envueltos en un fluido salino”.

Las sales minerales, apunta la doctora, son sanas porque le dan al cuerpo una variedad de iones minerales necesarios para balancear sus funciones y permanecer sano y sanar.



Oil Pulling, una sencilla terapia ayurvédica que soluciona muchos malestares

Este simple método que involucra enjuagar la boca con un aceite natural atacando la raíz de múltiples problemas, ha sido practicado por miles de años en la tradición médica de Ayurveda.

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A veces las soluciones más sencillas son las correctas, y tal es el caso del Oil Pulling. La técnica del Oil Pulling es muy sencilla, debes enjuagar la boca con una cucharada grande de aceite, preferiblemente orgánico, de girasol, ajonjolí, o coco, este ofrece el mejor sabor. Debes retener el aceite en la boca por alrededor de 20 minutos, si escupes antes de esto, vuelve a empezar. Debes usar los músculos de tu boca para llevar el aceite de un lado a otro, hasta que este adquiera una consistencia blanca y lechosa. Nunca debes tragar el aceite, ya que este estará lleno de bacterias.veces las soluciones más sencillas son las correctas, y tal es el caso del Oil Pulling. Esta técnica usa aceites naturales (lo más naturales posibles) para limpiar la boca y el cuerpo de malestares causados por bacterias. Aunque como toda técnica natural el tratamiento toma más tiempo que el tratamiento sintético equivalente, es mucho más barata y no trae efectos secundarios.

La técnica funciona porque al igual que el jabón, el aceite es una grasa que atrae a los gérmenes para limpiar, así el aceite atrae bacterias y gérmenes de la boca, al escupir el aceite, expulsas a los gérmenes. El Dr.  F. Karach asegura que practicar este tratamiento tres veces al día con el estómago vacío ayuda a curar dolores de cabeza, bronquitis, eczema, ulceras, enfermedades estomacales, intestinales, del corazón, sangre, pulmones e infecciones femeninas.

La principal ventaja de este método de desintoxicación es que es muy fácil de hacer, no requiere de dietas, ayunos, o consumir hierbas desagradables.

Instrucciones:

  1. Después de despertar por la mañana y antes de tomar líquidos, vierte una cucharada de aceite en tu boca. Los niños pueden hacerlo también, siempre y cuando no lo traguen.
  2. Pasa el aceite por toda tu boca sin tragarlo. Después de un rato el aceite se empezará a volver más líquido. Pásalo entre los dientes, sobre las encías y alrededor de toda tu boca. Sigue los movimientos naturales de tu boca y no te esfuerces demasiado, no debe de doler.
  3. Al pasar 20 minutos con aceite en la boca, escúpelo y enjuaga tu boca con un poco de agua tibia con sal. La sal ayudará porque es un antimicrobiano y calmará cualquier inflamación. El proceso funciona mucho mejor en la mañana, pero hacerlo con el estómago vacío (4 horas después de consumir alimentos) también funciona.

[Waking Times]

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