¿Cómo se adaptan las focas al calentamiento global?

Considerando que los lobos marinos antárticos evolucionaron para sobrevivir en los climas más gélidos, ¿qué hacen estos mamíferos para sobrevivir al cambio climático?

De acuerdo a un estudio recientemente publicado en la revista científica Nature, lobos marinos antárticos de ahora se reproducen menos seguido, tienen crías más pequeñas y alcanzan la madurez sexual más tarde en comparación con sus hábitos hace treinta años.

La comunidad científica que habita la isla de South Georgia en la región antártica lleva más de tres décadas estudiando la reproducción de los lobos marinos de la zona y han llegado a una triste conclusión: ya que las poblaciones del kril, su fuente de alimento principal, se han reducido debido al calentamiento global, las lobas marinas comen menos, por lo que les toma más tiempo alcanzar la madurez sexual y además dan a luz a crías más pequeñas.

Los científicos aseguran que la disminución del kril es el resultado del derretimiento glaciar causado por Oscilación antártica. Estos pequeños crustáceos se alimentan de las algas que crecen debajo de los glaciares, sin embargo el cambio en temperaturas marinas les ha arrebatado su fuente de comida.

El hecho de que estos lobos marinos se “encojan” y se reproduzcan con menos frecuencia es un importante recordatorio que no debemos ignorar: los efectos del cambio climático tienen consecuencias para todas las especies del planeta, y los próximos en no encontrar suficiente comida para subsistir podríamos ser nosotros.

[BBC]



Las Cataratas de sangre: ¿Por qué el Antártico se tiñe de rojo?

El flujo de agua salada está rica en hierra, abriendo paso al interior del glaciar y oxidando la entrada al contacto con el aire.

Blood Falls, o las Cataratas de sangre, tiñen de rojo la blancura de uno de los acantilados de la Antártida, en el Polo Sur. Se trata de una mancha que recuerda al flujo sanguíneo recorriendo las venas sobre una piel blanca de la Naturaleza. El origen de este fenómeno perteneció desconocido desde 19911, cuando unos exploradores lo avistaron por primera vez, hasta ahora: las causantes, parecen ser, unas algas rojas. 

Un grupo de científicos de la Universidad de Alaska Fairbancks realizó una expedición en las profundidades del glaciar Taylor, ubicado al este de la Antártida. Fue así que descubrieron un camino que sigue la salmuera roja a 300 metros debajo del glaciar. El flujo de agua salada está rica en hierra, abriendo paso al interior del glaciar y oxidando la entrada al contacto con el aire. De acuerdo con los registros, el glaciar solía extenderse por la Antártida hace más de un millón de años atrapando un pequeño lago de agua salada , que al contener grandes cantidades de salinidad no pudo congelarse. 

En palabras de uno de los investigadores, Erin Pettit, “aunque suene contraintuitivo, el agua libera el calor a medida de que se congela, y ese calor calienta el hielo más frío que la rodea. El calor y la temperatura de congelación más baja del agua salada hacen posible el movimiento del líquido, por lo que el glaciar Taylor es ahora el glaciar más frío conocido que tiene agua que fluye constantemente.” Esto ha indicado que es un hábitat vivo, que es hogar de bacterias extremadamente resistentes y que han conseguido sobrevivir atrapados durante milenios alimentándose de sulfato, dando como resultado el flujo oxidativo hacia el exterior. 



México es uno de los lugares más vulnerables al cambio climático

Para los científicos e investigadores involucrados, la vulnerabilidad al cambio climático se mide mediante su preparación para responder ante fenómenos medioambientales, a su capacidad para enfrentarlos y su adaptación que tienen ante los mismos.

De 181, México se encuentra en el lugar 68 de los países más vulnerables al cambio climático según un estudio realizado por ND-Gain Country Index. El proyecto, de la Iniciativa de Adaptación Global de la Universidad de Notre Dame, en EE.UU., ha encontrado que México se encuentra en un nivel medio alto de exposición. 

De acuerdo con el estudio, México se encuentra más vulnerable que Uruguay, el cual se encuentra en el puesto 52, y que Costa Rica –puesto 66–; provocando un impacto significativo en la comida, hábitat humano, salud, infraestructura y agua. 

Actualmente el país latinoamericano mejor preparado para enfrentar el cambio climático es Chile, con el número 30 y en un nivel medio alto de vulnerabilidad. 

Para los científicos e investigadores involucrados, la vulnerabilidad al cambio climático se mide mediante su preparación para responder ante fenómenos medioambientales, a su capacidad para enfrentarlos y su adaptación que tienen ante los mismos. Por ello el listado clasifica a los países en cuatro niveles: superior a muy alto, medio alto, medio bajo y bajo; pues su objetivo es ayuda a empresas tanto públicas como privadas a priorizar las inversiones para lograr una respuesta más eficiente ante los desafíos globales en el mundo. 

Estos son los 10 países menos vulnerables y mejor preparados para enfrentar el cambio climático: 

1. Dinamarca

2. Noruega

3. Nueva Zelandia

4. Singapur

5. Gran Bretaña

6. Alemania

7. Finlandia,

8. Suecia

9. Suiza

10. Islandia

Estos son los 10 países de América más vulnerables al cambio climático –del más alto al más bajo–: 

1. Haití

2. Guyana

3. Bolivia

4. Honduras

5. Guatemala

6. Nicaragua

7. Belice

8. Venezuela

9. Cuba

10. Ecuador

Conoce más sobre los efectos del cambio climático: 

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Los bosques, la clave para ganar tiempo contra el cambio climático

Los bosques del planeta son un factor decisivo en nuestra lucha contra el cambio climático, pero para que éstos puedan cumplir con la función que de ellos demandamos, es determinante reconocer los derechos de sus legítimos propietarios.

Para frenar el cambio climático se requiere abandonar los combustibles fósiles y migrar por completo a energías limpias. El problema es que esta transición no solo es bastante compleja, y costosa, también es lenta. Por eso, mientras completamos dicho proceso necesitamos de algún recurso que nos permita ganar tiempo y así llegar a tiempo a esa cita urgente que tenemos todos con el planeta. 

Dentro del escenario descrito, los bosques adquieren un papel crucial. Su capacidad para retener carbono, y así bajar las emisiones, permitiría desacelerar el calentamiento global y ganar unos años, suficientes para que con políticas energéticas adecuadas, logremos revertir la situación antes de que alcance un punto incontrolable. Para conseguirlo, tal como se advierte en el Acuerdo de Paris, es imprescindible mantener el aumento de la temperatura media por debajo de los 2 °C (e idealmente en un máximo de 1.5 °C).

Considerando lo anterior y según advierte un estudio reciente de Woods Hole Research Center, frenar la deforestación y restaurar los bosques, nos permitiría ganar entre 10 y 15 años en nuestra carrera por migrar a energías renovables. En pocas palabras, y como sentenció David Kaimowitz, Director de Recursos Naturales y Cambio Climático de la Fundación Ford, durante su intervención en el seminario “Bosques y comunidades” del SUSMAI, “los bosques están en el centro de la solución al cambio climático”. 

Los bosques no sólo son un recurso oportuno, sino también efectivo en términos de costo. El manejo sustentable de los bosques provee empleo e ingresos para cientos de millones de personas, además de generar energía renovable y favorecer la producción de alimentos. La tecnología para el manejo sustentable del bosque no es costosa y está ya disponible. No es necesario pagar costosas patentes y desarrollar sofisticados dispositivos.

Pero si bien ya tenemos ese recurso imprescindible para ganar tiempo, ahora el reto está en definir cómo lograr cuidar y restaurar los bosques del planeta. Y aquí la respuesta apunta a las comunidades locales e indígenas que desde hace generaciones habitan áreas forestales y que, además, son propietarios de más del 80% de los bosques en el mundo. El reconocimiento de este derecho a su territorio facilita significativamente que dichos grupos se hagan cargo de la conservación y restauración de estas áreas. 

De acuerdo con un estudio de artículo del World Resources Institute, citado por el propio Kaimowitz en un artículo, en aquellos territorios donde se reconoce el derecho de propiedad y gestión de las comunidades, “las tasas de deforestación son de dos a tres veces más bajas que en bosques similares pero donde las comunidades carecen de títulos”.  

En pocas palabras, los bosques del planeta son un factor decisivo en nuestra lucha contra el cambio climático. Pero para que éstos puedan cumplir con la función que de ellos demandamos, es determinante reconocer los derechos de sus legítimos propietarios, desarrollar los medios legales y técnicos, y destinar los recursos necesarios para promover el manejo sustentable de los bosques por parte de las comunidades.  



¿Por qué es tan necesario que la agricultura y los bosques se unan a favor de la conservación?

Aunque suelen percibirse como enemigos, existen formas de coexistencia sustentable enre el cultivo del campo, el bosque y la ganadería.

La agricultura, sobretodo a gran escala, se ha convertido en una amenaza de la biodiversidad. La expansión desmedida e irresponsable de las áreas de cultivo ha provocado la pérdida de miles de hectáreas de bosques y atentado contra la diversidad biológica que se concentra abundantemente en estos territorios. Según cifras de la FAO, alrededor de 4,400 millones de hectáreas en el mundo son destinadas al cultivo y esta superficie constantemente gana terreno a los ecosistemas originales.

Sin embargo, la agricultura es la base alimentaria del mundo desde épocas inmemorables. En el caso, por ejemplo, de México, el cultivo de la tierra tiene, y ha tenido, un rol crucial en el sustento, estilo de vida y cosmovisión de sus habitantes.

Debido a que ambos, agricultura y bosques, son esenciales para el futuro de las poblaciones del planeta, su alianza a favor de una coexistencia sostenible se presenta como algo imprescindible.

La problemática

Al igual que en otros lugares, en México ocurre un frecuente cambio de uso de suelo, de bosque a campo de cultivo, por la falta de incentivos en torno al aprovechamiento de recursos forestales frente al cultivo de, por ejemplo, aguacate o palma africana. Esto se debe en buena medida a que las comunidades, que por cierto poseen buena parte de las tierras boscosas, no encuentran en el bosque una fuente de ingresos, misma que si hallan en el campo.

Lo anterior tiene que ver con políticas que desincentivan la rentabilidad sustentable de los bosques. Por ejemplo, en México existen los pagos por servicios ambientales (PSA) que se otorgan a los dueños de las tierras ejidales, y que se tornan en una especie de compensación “pasiva” que no estimula a las comunidades a emprender como una empresa forestal comunitaria económicamente rentable, ni mucho menos a conservar su ecosistema con una correcta gestión del bosque y sus recursos. Esto en muchas ocasiones incentiva más bien la conversión de bosques en tierras agrícolas o la concesión a otros mecanismos de aprovechamiento, no sustentable, como lo son la minería o el desarrollo urbano.

Soluciones

A raíz de estas problemáticas han surgido planteamientos, desde la filosofía del manejo forestal comunitario, como el de practicar la agroforestería comunitaria –una especie de agricultura climáticamente inteligente– para impulsar la variabilidad de la diversidad biológica dentro de los bosques.

Como bien señala el Consejo Civil para la Silvicultura Sostenible, se ha comprobado que la agroforestería o agrosilvicultura es un sistema efectivo en el manejo sostenible de los suelos forestales. Básicamente se trata de conjugar, bajo un mismo terreno, dos, o incluso tres, de los actores en disputa: agrocultivo, bosque y ganado. En México esta técnica de cultivo inteligente, y otras más como la agricultura orgánica y la silvicultura comunitaria, han demostrado sus incontables beneficios, tanto para las economías locales como para la mitigación del cambio climático.

La importancia de sustituir las prácticas agrícolas contaminantes, por otras más sustentables, adquirió mayor fuerza en el país a propósito de la última convención sobre Diversidad Biológica, la COP13.

 

En México, la agricultura y el bosque podrían aliarse a favor de la conservación

En México, históricamente se ha incentivado, por medio de subsidios y alicientes, la agricultura y la ganadería a costa de la superficie forestal. Lo anterior se traduce en uno de los principales motores de deforestación, en buena medida por falta de políticas y regulaciones que eviten que se termine subsidiando el derribo de los bosques para producir carne, aguacates o aceite de palma.

Con los acuerdos emitidos en esta cumbre realizada en Cancun, México concretó dos importantes convenios que podrían, en caso de aplicarse correctamente, facilitar la relación entre agricultura y bosques en el país de manera sostenible:

Por un lado se encuentra el acuerdo de colaboración entre SAGARPA y SEMARNAT, que enuncia una nueva etapa en la coordinación de sus sectores correspondientes. Se trata de una alianza para promover estrategias conjuntas y evitar que más zonas forestales sean convertidas en agropecuarias o ganaderas. Aunque todavía no se especifican los métodos para lograrlo, se ha acentuado principalmente la prohibición de proyectos que intenten trasmutar tierras forestales en agrícolas, como ha sido el caso del cultivo del aguacate, que es responsable de la pérdida de millones de hectáreas forestales en México. Mediante este acuerdo, básicamente se prevé una compatibilidad entre desarrollo económico, sustentabilidad alimentaria y preservación del medioambiente, tres conceptos que remiten a la silvicultura y agroforestería y que, esperemos, se encuentre dentro de las metas a impulsar.

Por otro lado, durante la COP13 se acordó un convenio entre SAGARPA y CONAFOR, que versa sobre la posibilidad de mitigación de cambio climático en áreas rurales, por medio del buen manejo de incentivos agropecuarios y forestales, –ya que éstos no se encuentran en equilibrio–, los sistemas agroforestales y la inclusión de políticas y programas para el desarrollo de actividades sustentables en el campo.

Son más de 8 mil comunidades forestales las que habitan en México. Personas con conocimientos de campo, preparadas y dispuestas a aprovechar sus recursos de una manera rentable y sustentable. La solución al cambio climático bien podría estar en manos de estas comunidades que ya comienzan a practicar la agricultura y manejo forestal inteligentes a favor de la conservación, solo hay que garantizarles la oportunidad.



El impacto del cambio climático ha llegado hasta nuestros genes

“Los políticos deben aceptar que si no disminuimos las emisiones de gases invernaderos, una catástrofe ambiental es muy probable.”

Las fluctuaciones de temperatura  causadas por el cambio climático han impactado en numerosas partes del mundo; principalmente los ecosistemas, la biodiversidad ambiental, las actividades comerciales y económicas, entre otras. De hecho, de acuerdo con un estudio publicado recientemente en la revista Science, el cambio climático ha impactado “en cada aspecto de la vida en la Tierra, desde nuestros genes hasta ecosistemas enteros, con consecuencias cada vez más impredicibles para los humanos.”

En la investigación realizada por Dr. Brett Scheffers de la University of Florida, se explica que, por un lado, un 80 por ciento de los 94 procesos ecológicos que conforman la base de la salud marina, y ecosistemas terrestres tienen signos de distrés causados al cambio climático. Por otro lado, los impactos en humanos incluyen un incremento de pestes y epidemias, la reducción en la productividad de pescadería y agricultura.  

En palabras de Scheffers,

“ahora hay una evidencia clara que, con un sólo 1ºC del calentamiento global, hay mayores impactos. Los genes cambian la fisiología de las especies así como sus características físicas; como por ejemplo el tamaño del cuerpo, las especies se mueven rápidamente hacia zonas climáticas ideales, y hay ahora signos de ecosistemas enteros bajo estrés.”

Por su lado, el autor senior, Dr. James Watson de Wildlife Conservation Society y la University of Queensland: “El nivel de cambio que hemos observado es realmente sorprendente considerando que sólo hemos experimentado una pequeña y relativa cantidad del cambio climático en la actualidad. […] Los políticos deben aceptar que si no disminuimos las emisiones de gases invernaderos, una catástrofe ambiental es muy probable.

El estudio señala también que hay esperanza en relación con las respuestas de la naturaleza al cuidado ambiental brindado por el humano. De hecho ha habido una mejora considerable en la capacidad adaptativa de la vida salvaje, lo que significa que se pueden extender estos cuidados hacia los campos, ganado y pesca. 

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