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¿Por qué no puedes limitarte a comer sólo una porción de estos alimentos?

¿Te ha pasado que cuando terminas un paquete de papas fritas, tienes antojo de comer más; que la razón por la cual quieres una hamburguesa es por las papas a la francesa; que tienes un antojo diario de galletas que venden en paquetes de seis; que prefieres refresco en vez de agua natural?

Estas tentaciones, en especial las ricas en azúcar, grasa y sal, nos rodean a diario, afectándonos orgánica y emocionalmente. De acuerdo con un estudio reciente publicado en la National Library of Medicine, los ingredientes de este tipo de comida pueden alentar un desorden de dependencia (según la definición de la American Psychological Association).  

La adicción es una condición donde el cuerpo debe tener esa sustancia para evitar los síntomas de la abstinencia. Al principio, durante la etapa de la dependencia, la persona está en la búsqueda de mantener todas las sensaciones placenteras que genera la sustancia; después, cuando su cuerpo desarrolló cierta tolerancia, esa persona se encuentra en la necesidad (física y psicológica) de consumir grandes cantidades de la sustancia para conseguir el mismo efecto del principio.

Aunque existen pocas evidencias comprobando el potencial adictivo de la comida procesada (alta en sal y grasa), algunos estudios explican que la obesidad causada por este tipo de alimentos se caracteriza por una resistencia a la insulina, a la leptina y a otras hormonas, las cuales alteran el apetito y el límite de la gratificación.

De hecho, los anuncios de comida rápida brindan señales ambientales que pueden desencadenar una sobrealimentación adictiva. Por consiguiente, la comida procesada se le ha considerado como una sustancia potencialmente adictiva que crea dependencia en poblaciones vulnerables.

¿Cuáles son los ingredientes que convierten a la comida en productos adictivos?, ¿por qué llegamos a desear comer más y más de ellos?

En el caso de los productos procesados que fueron horneados, el ingrediente que causa reacciones similares al abuso de sustancias es el jarabe de maíz alto en fructosa. Es decir, las galletas, la avena de bolsa, los endulzantes artificiales, etcétera. Todos ellos provocan que deseas comer más dulce.

El refresco. El refresco es una bomba de azúcar (o jarabe de maíz alto en fructosa) y de cafeína que puede ser un producto fácilmente adictivo. La cafeína se dirige hacia el flujo sanguíneo, bloqueando los receptores de adenosina, estimulando las glándulas adrenales y generando adrenalina en el cuerpo. Es decir, al crear un estado de alerta, las personas se sienten llenas de energía. Sin embargo, el cuerpo se encuentra forzado a encontrarse en un estado antinatural que termina fatigándolo.

Además, beber un refresco es ingerir prácticamente 11 cucharadas de azúcar, afectando todo tu cuerpo: desde un nivel hormonal, digestivo, mental hasta la erosión del esmalte dental.

Alimentos ricos en carbohidratos de alto índice glucémico, como el pan blanco, son productos difíciles de dejar de comer; pues nos provocan enormes deseos de comerlos constantemente. Para evitar esa sensación de dependencia, podemos consumir alimentos con bajo índice glucémico como la fruta, semillas, granos, etcétera.

Las papas fritas, la chatarra tan deliciosamente salada y grasosa. Una sola mordida de estas papas hace que nuestros corpúsculos manden al hipotálamo señales de placer. Una vez que el cerebro está saturado de placer, nunca es suficiente: necesitas más, más y más.

Burger_king_whopperLas salchichas, el jamón, el tocino. Las carnes altamente procesadas contienen niveles elevados de químicos como el nitrato de sodio, sal, preservativos y mucha grasa. En su lugar, prueba carne fresca como el pollo y carne de res.

Las papas a la francesa, en especial con su increíble sabor a sal… De hecho, la sal es el ingrediente que nos mantiene deseando “picar y picar” más. Un estudio reveló que el consumo de sodio crea una increíble sensibilidad a la dopamina, el neurotransmisor del placer, y al control del apetito.

 

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