¿El cambio climático está extinguiendo a los pelirrojos?

Según Dr. Alistair Moffat, encargado del estudio, el cambio de cabello en Escocia, Irlanda y el norte de Inglaterra es una adaptación al clima.

Aunque esto sueñe extraño, desde hace algunos años varios escritos han evidenciado la posible extinción de los pelirrojos. Algunos de ellos, como el de la Oxford Hair Foundation, se basan en el supuesto de que los genes recesivos (el del cabello rojo) pueden simplemente agotarse o fallar en reproducirse. Otros, como la investigación de Dr. Alistair Moffatt, de Britain DNA, explican que la reducción del gen de los pelirrojos, específicamente en Escocia, es una respuesta al cambio climático. 

Esta última investigación explica que la mutación genética, la cual produce que el cabello se torne rojo y la piel mucho más pálida, está protegiendo a las células de los rayos UV y de un posible cáncer. Según Dr. Alistair Moffat, encargado del estudio, el cambio de cabello en Escocia, Irlanda y el norte de Inglaterra, es una adaptación al clima. “Creo que la razón por la que hay pelirrojos aquí es que no obtenemos mucha vitamina D del sol, y debemos conseguirla de lo que podamos.”

Para él, el cambio climático (volviéndose más caluroso o más nublado) afectará el gen: “Si hay más sol, entonces sí, habrá menos población con ese gen de piel blanca y cabello rojo.” Esta pérdida sería definitivamente triste, no podemos negar la rara belleza que hay en la combinación de tonos de un pelirrojo. Ojalá no sea así.



Los bosques, la clave para ganar tiempo contra el cambio climático

Los bosques del planeta son un factor decisivo en nuestra lucha contra el cambio climático, pero para que éstos puedan cumplir con la función que de ellos demandamos, es determinante reconocer los derechos de sus legítimos propietarios.

Para frenar el cambio climático se requiere abandonar los combustibles fósiles y migrar por completo a energías limpias. El problema es que esta transición no solo es bastante compleja, y costosa, también es lenta. Por eso, mientras completamos dicho proceso necesitamos de algún recurso que nos permita ganar tiempo y así llegar a tiempo a esa cita urgente que tenemos todos con el planeta. 

Dentro del escenario descrito, los bosques adquieren un papel crucial. Su capacidad para retener carbono, y así bajar las emisiones, permitiría desacelerar el calentamiento global y ganar unos años, suficientes para que con políticas energéticas adecuadas, logremos revertir la situación antes de que alcance un punto incontrolable. Para conseguirlo, tal como se advierte en el Acuerdo de Paris, es imprescindible mantener el aumento de la temperatura media por debajo de los 2 °C (e idealmente en un máximo de 1.5 °C).

Considerando lo anterior y según advierte un estudio reciente de Woods Hole Research Center, frenar la deforestación y restaurar los bosques, nos permitiría ganar entre 10 y 15 años en nuestra carrera por migrar a energías renovables. En pocas palabras, y como sentenció David Kaimowitz, Director de Recursos Naturales y Cambio Climático de la Fundación Ford, durante su intervención en el seminario “Bosques y comunidades” del SUSMAI, “los bosques están en el centro de la solución al cambio climático”. 

Los bosques no sólo son un recurso oportuno, sino también efectivo en términos de costo. El manejo sustentable de los bosques provee empleo e ingresos para cientos de millones de personas, además de generar energía renovable y favorecer la producción de alimentos. La tecnología para el manejo sustentable del bosque no es costosa y está ya disponible. No es necesario pagar costosas patentes y desarrollar sofisticados dispositivos.

Pero si bien ya tenemos ese recurso imprescindible para ganar tiempo, ahora el reto está en definir cómo lograr cuidar y restaurar los bosques del planeta. Y aquí la respuesta apunta a las comunidades locales e indígenas que desde hace generaciones habitan áreas forestales y que, además, son propietarios de más del 80% de los bosques en el mundo. El reconocimiento de este derecho a su territorio facilita significativamente que dichos grupos se hagan cargo de la conservación y restauración de estas áreas. 

De acuerdo con un estudio de artículo del World Resources Institute, citado por el propio Kaimowitz en un artículo, en aquellos territorios donde se reconoce el derecho de propiedad y gestión de las comunidades, “las tasas de deforestación son de dos a tres veces más bajas que en bosques similares pero donde las comunidades carecen de títulos”.  

En pocas palabras, los bosques del planeta son un factor decisivo en nuestra lucha contra el cambio climático. Pero para que éstos puedan cumplir con la función que de ellos demandamos, es determinante reconocer los derechos de sus legítimos propietarios, desarrollar los medios legales y técnicos, y destinar los recursos necesarios para promover el manejo sustentable de los bosques por parte de las comunidades.  



¿Por qué es tan necesario que la agricultura y los bosques se unan a favor de la conservación?

Aunque suelen percibirse como enemigos, existen formas de coexistencia sustentable enre el cultivo del campo, el bosque y la ganadería.

La agricultura, sobretodo a gran escala, se ha convertido en una amenaza de la biodiversidad. La expansión desmedida e irresponsable de las áreas de cultivo ha provocado la pérdida de miles de hectáreas de bosques y atentado contra la diversidad biológica que se concentra abundantemente en estos territorios. Según cifras de la FAO, alrededor de 4,400 millones de hectáreas en el mundo son destinadas al cultivo y esta superficie constantemente gana terreno a los ecosistemas originales.

Sin embargo, la agricultura es la base alimentaria del mundo desde épocas inmemorables. En el caso, por ejemplo, de México, el cultivo de la tierra tiene, y ha tenido, un rol crucial en el sustento, estilo de vida y cosmovisión de sus habitantes.

Debido a que ambos, agricultura y bosques, son esenciales para el futuro de las poblaciones del planeta, su alianza a favor de una coexistencia sostenible se presenta como algo imprescindible.

La problemática

Al igual que en otros lugares, en México ocurre un frecuente cambio de uso de suelo, de bosque a campo de cultivo, por la falta de incentivos en torno al aprovechamiento de recursos forestales frente al cultivo de, por ejemplo, aguacate o palma africana. Esto se debe en buena medida a que las comunidades, que por cierto poseen buena parte de las tierras boscosas, no encuentran en el bosque una fuente de ingresos, misma que si hallan en el campo.

Lo anterior tiene que ver con políticas que desincentivan la rentabilidad sustentable de los bosques. Por ejemplo, en México existen los pagos por servicios ambientales (PSA) que se otorgan a los dueños de las tierras ejidales, y que se tornan en una especie de compensación “pasiva” que no estimula a las comunidades a emprender como una empresa forestal comunitaria económicamente rentable, ni mucho menos a conservar su ecosistema con una correcta gestión del bosque y sus recursos. Esto en muchas ocasiones incentiva más bien la conversión de bosques en tierras agrícolas o la concesión a otros mecanismos de aprovechamiento, no sustentable, como lo son la minería o el desarrollo urbano.

Soluciones

A raíz de estas problemáticas han surgido planteamientos, desde la filosofía del manejo forestal comunitario, como el de practicar la agroforestería comunitaria –una especie de agricultura climáticamente inteligente– para impulsar la variabilidad de la diversidad biológica dentro de los bosques.

Como bien señala el Consejo Civil para la Silvicultura Sostenible, se ha comprobado que la agroforestería o agrosilvicultura es un sistema efectivo en el manejo sostenible de los suelos forestales. Básicamente se trata de conjugar, bajo un mismo terreno, dos, o incluso tres, de los actores en disputa: agrocultivo, bosque y ganado. En México esta técnica de cultivo inteligente, y otras más como la agricultura orgánica y la silvicultura comunitaria, han demostrado sus incontables beneficios, tanto para las economías locales como para la mitigación del cambio climático.

La importancia de sustituir las prácticas agrícolas contaminantes, por otras más sustentables, adquirió mayor fuerza en el país a propósito de la última convención sobre Diversidad Biológica, la COP13.

 

En México, la agricultura y el bosque podrían aliarse a favor de la conservación

En México, históricamente se ha incentivado, por medio de subsidios y alicientes, la agricultura y la ganadería a costa de la superficie forestal. Lo anterior se traduce en uno de los principales motores de deforestación, en buena medida por falta de políticas y regulaciones que eviten que se termine subsidiando el derribo de los bosques para producir carne, aguacates o aceite de palma.

Con los acuerdos emitidos en esta cumbre realizada en Cancun, México concretó dos importantes convenios que podrían, en caso de aplicarse correctamente, facilitar la relación entre agricultura y bosques en el país de manera sostenible:

Por un lado se encuentra el acuerdo de colaboración entre SAGARPA y SEMARNAT, que enuncia una nueva etapa en la coordinación de sus sectores correspondientes. Se trata de una alianza para promover estrategias conjuntas y evitar que más zonas forestales sean convertidas en agropecuarias o ganaderas. Aunque todavía no se especifican los métodos para lograrlo, se ha acentuado principalmente la prohibición de proyectos que intenten trasmutar tierras forestales en agrícolas, como ha sido el caso del cultivo del aguacate, que es responsable de la pérdida de millones de hectáreas forestales en México. Mediante este acuerdo, básicamente se prevé una compatibilidad entre desarrollo económico, sustentabilidad alimentaria y preservación del medioambiente, tres conceptos que remiten a la silvicultura y agroforestería y que, esperemos, se encuentre dentro de las metas a impulsar.

Por otro lado, durante la COP13 se acordó un convenio entre SAGARPA y CONAFOR, que versa sobre la posibilidad de mitigación de cambio climático en áreas rurales, por medio del buen manejo de incentivos agropecuarios y forestales, –ya que éstos no se encuentran en equilibrio–, los sistemas agroforestales y la inclusión de políticas y programas para el desarrollo de actividades sustentables en el campo.

Son más de 8 mil comunidades forestales las que habitan en México. Personas con conocimientos de campo, preparadas y dispuestas a aprovechar sus recursos de una manera rentable y sustentable. La solución al cambio climático bien podría estar en manos de estas comunidades que ya comienzan a practicar la agricultura y manejo forestal inteligentes a favor de la conservación, solo hay que garantizarles la oportunidad.



Cambio climático causa migración de inuits en Alaska

La población inuit votó por la reubicación pero no han tenido los fondos suficientes para lograrlo.

El cambio climático ha provocado una serie de afectaciones ambientales, sociales y económicas. De acuerdo con la ONU, las poblaciones indígenas han sido las más afectadas por este fenómeno, pues han tenido que enfrentar temporadas críticas de sequía o inundaciones –que impactan negativamente en la agricultura y ganado–.  Como es el caso de la población inuit en Alaska, en un pequeño pueblo de la isla Sishmaref, justo al norte del Estrecho de Bering. 

Esta comunidad esquimal es de tan sólo 600 miembros indígenas, y planean mudarse a tierra firme debido a los efectos del cambio climático, como por ejemplo la erosión costera. Para ello han realizado un referéndum: 89 de los miembros están a favor de la reubicación, 78, optaron por quedarse siempre y cuando se añadiera una serie de acciones ambientales preventivas. 

Desgraciadamente ambas opciones requieren un alto costo: el mudarse implicaría un gasto de 180 millones de dólares; quedarse con protección de control de erosión, 110 millones de dólares. Sin embargo, esta no es la primera vez que la comunidad está siendo amenazada por la naturaleza: tanto en en 1970 como 2002, la población inuit votó por la reubicación pero no han tenido los fondos suficientes para lograrlo. 

Para este pueblo inuit en Sishmaref es una cuestión importante pues implicaría un cambio de paradigma de la cultura misma. Han estado en esa isla por más de 10 000 años, por lo que la reubicación impactaría en cada una de las generaciones que han crecido –y crecerán– ahí. Pero hay algo seguro: “Cualquier decisión que se tome, necesitamos pensar hacia el futuro.”



Cambio climático incrementa número de guerras, estudio confirma

Los desastres climáticos no son los detonadores directos del conflicto, sino facilitadores que aumentan el riesgo de un conflicto violento dentro del contexto de las etnias.

Fotografía principal: porttada.com

Sequías e inundaciones son sólo algunas de las afectaciones más populares del cambio climático. Estas han conllevado a pobreza extrema de las poblaciones rurales, migración de etnias o trabajadores del campo hacia zonas urbanas para sobrevivir, expropiación de terrenos rurales por parte de grandes empresas que buscan recursos básicos como agua, madera, fosas petroleras, etcétera. Y parece relacionarse también con el incremento de guerras en el mundo.

En su investigación por parte del Potsdam Institute for Climate Impact Research, el Dr. Carl Schleussner explica que a lo largo de 30 años ha analizado estadísticamente la relación entre los conflictos armados y los desastres naturales causados por el cambio climático. Descubrió que al menos uno de cuatro conflictos en países divididos por etnias, coincidía con calamidades climáticas. Para él, las guerras deberían también agregarse en la lista de las consecuencias asociadas con el cambio climático: “Los desastres naturales asociados con el devastador cambio climático tienen un potencial disyuntivo que parece jugar un rol importante en sociedades étnicamente fraccionadas, en una manera particularmente trágica.”

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Los desastres climáticos no son los detonadores directos del conflicto, sino facilitadores que aumentan el riesgo de un conflicto  violento dentro del contexto de las etnias. La idea de asociar la violencia con desastres naturales es controversial. Pero se ha comenzado a considerar la diversidad étnica de un país como un factor indispensable en el surgimiento de guerras; principalmente con un bagaje de conflictos históricos, pobreza y desigualdades comunitarias. 

Globalmente hay un 9 por ciento de coincidencia entre un conflicto armado y un desastre natural como sequías y olas de calor; pero en los países con diversidad étnica, como en África, Asia Central y América Latina, aumenta hasta un 23 por ciento. Los países con mayor diversidad étnica son los más “fraccionados” y los “focos rojos” de conflictos violentos. 

En las proyecciones del cambio climático se ignoran las efectos sobre estas regiones que están necesitando apoyo para contener no sólo los efectos inmediatos de los desastres naturales, también prevenir la incidencia de eventos violentos. Por ello, el autor invita a considerar el efecto del cambio climático sobre la alta incidencia de guerras en el mundo y así reforzar una educación ecosustentable. 



La posible vida extraterrestre podría verse afectada por el cambio climático, estudio

El efecto invernadero es un fenómeno que impide la vida y que, además, afecta el clima de otros planetas.

Considerando que absolutamente todo está unido no resulta extraño que lo que ocurre en un planeta puede afectar al universo (y viceversa). Un nuevo estudio publicado por journal Nature Communications ha encontrado que para conocer las probabilidades de vida en un planeta, no solo es necesario calcular la posibilidad de agua en él, midiendo la distancia entre la estrella en la que orbita, también calculando su nivel de efecto invernadero.

El mismo estudio apunta a que cuando el dióxido de carbono alcanza 1500 partes por millón en la atmósfera el clima del planeta comienza a ser inestable. Para que esto sucediera en la Tierra falta mucho, habríamos de quemar aún más de todas las reservas de hidrocarburos que existen. Ello, aún resulta muy lejano. Sin embargo sería catastrófico para la vida en cualquier planeta y este efecto podría influenciar a los planetas vecinos.

Así, un aumento importe en la cantidad de dióxido de carbono podría ser tan letal como el acercamiento de los planetas del universo a sus propios soles. Este estudio ha arrojado pistas importantes en la búsqueda de la vida extraterrestre, con un nuevo indicador por tomar en cuenta. Una imprescindible para la vida.

[Space.com]

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