La naturaleza como gráfica de música digital (FOTOS)

La artista Anna Marinanko hace metáforas visuales de la naturaleza y las gráficas de onda de sonido.

Cuando uno tiene algo en la cabeza, es casi seguro que encontrará su símil visual en la naturaleza. Si estás asustado, por ejemplo, los árboles tienen cara y se mueven como monstruos. Para la diseñadora ucraniana Anna Marinenko, algunos panoramas tienen una conexión visual con gráficas de ondas sonoras. Y aunque parezca disparatado al principio, cuando vemos las imágenes una al lado de la otra todo hace sentido. La similitud estética del ruido y una cordillera de montañas o la estela de una lancha en el mar es increíble.

La simetría es la clave para que una vista pueda parecer una gráfica de sonido. Así, las hileras de árboles o casas reflejadas en agua están vinculadas con ilustraciones lineales de altos y bajos de sonido, y podrían incluso musicalizarse, pero esa esa es otra historia. Disfruta la serie.



Estas son las inspiradoras imágenes de NANPA para el Día de la fotografía de la naturaleza

La North American Nature Photography Association –NANPA– decidió promover un día en el que la fotografía de la naturaleza fuera capaz de explicar la importancia de la conservación de la flora y fauna.

Hoy, 15 de junio, es el onceavo aniversario del Día de la fotografía de la naturaleza como una manera de honrar la belleza de la biodiversidad y su importancia para el medio ambiente. La North American Nature Photography Association –NANPA– decidió promover un día en el que la fotografía de la naturaleza fuera capaz de explicar la importancia de la conservación de la flora y fauna, paisajes y ecosistemas. 

Como resultado, NANPA creó un concurso en el que participan 2 600 imágenes. Los jueces seleccionan sólo 250 fotografías para ser expuestas en una galería por cinco categorías: Mamíferos, Aves, Paisajes, Realidad alterna, Macro, Micro y Otra vida salvaje. Ahora, este año, NANPA invita a compartir las fotografías de la naturaleza. Dale click aquí para conocer la convocatoria y los premios.  

A continuación te compartimos un top 10 de estas hermosas fotografías del año pasado que honran a la Madre Naturaleza y nos hacen considerar su importancia para el humano: 

 

 



En este pueblo fantasma de China sólo habita la naturaleza (FOTOS)

Este pueblo de la naturaleza, llamado Houtou Wan, gradualmente fue abandonado hace medio siglo, cuando ninguna bahía podía seguir pescando en la zona al haber consumido casi todos los recursos de la zona.

A las orillas del río Yangtze, en la costa este de China, hay un pueblo pesquero que parece haber sido olvidado por el tiempo excepto la naturaleza. A lo largo de densas enredaderas de hiedra, habitan las calles, paredes de edificios y numerosas zonas del pueblo como si el planeta reclamara su espacio que, por naturaleza, le pertenece. 

Este pueblo de la naturaleza, llamado Houtou Wan, gradualmente fue abandonado hace medio siglo, cuando ninguna bahía podía seguir pescando en la zona al haber consumido casi todos los recursos de la zona. Esto, junto con la urbanización y la el incremento de las actividades industriales, estos asentimientos chinos se convirtieron en pueblos fantasmas que la naturaleza  empoderadamente acogió: 



Conoce las historias más extraordinarias de niños salvajes (FOTOS)

Algunos de los casos resultaron ser niños perdidos –u olvidados– que fueron adoptados por animales salvajes, volviéndose ellos mismos parte de este salvajismo; los niños ferales.

Existen increíbles historias de resilientes salvajes –estos personajes que, por derecho a la naturaleza misma, fueron criados por la madre naturaleza, lejos de una civilización–. Quizá entre las más conocidas sea el caso de Rómulo y Remo, los fundadores del Imperio romano, quienes fueron criados desde su más tierna infancia por una loba –teorías consideran que se trataba realmente de una prostituta–.

Estas historias, por supuesto, se componen de intrigas y misterios, donde impera la coordinación entre la empatía del lado más instintivo del ser humano con el de los animales salvajes –distantes de la domesticación, sino que neurosis, de las civilizaciones y culturas–. Y a pesar de los posibles defectos que esta empatía podría generar –como el poco desarrollo neurosecuencial, traducido en la ausencia de lenguaje o de conductas socialmente esperadas–, la realidad es que esta supervivencia es una joya que merecería la pena atender a conciencia.

Quizá por esta razón les compartimos esta serie fotográfica de la angloalemana Julia Fullerton-Batten llamada Feral Children. Para ella, esta serie es apasionante como intrigante, pues algunos de los casos resultaron ser niños perdidos –u olvidados– que fueron adoptados por animales salvajes, volviéndose ellos mismos parte de este salvajismo. Pero lo que es seguro es que existen casos documentados en cuatro de cinco continentes. Conócelos:

La niña de los lobos, en México

En 1845, los habitantes de México vieron a una niña corriendo en cuatro patas con una manada de lobos atacando a un rebaño de cabras. Un año después, se le vio con esos mismos lobos comiendo a una cabra. En 1852, se le volvió a ver amamantando a dos cachorros lobos pero corrió hacia el bosque. Nunca se le volvió a ver.

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Oxana Malaya, en Ucrania

En 1991, Oxana vivía con algunos perros en una perrera. Ella tenía ocho años de edad y llevaba viviendo con perros durante seis. Sus padres eran unos alcohólicos y una noche, la dejaron a fuera. En búsqueda de calor, la pequeña de tres años de edad se adentró a la perrera y se acurrucó con los perros mestizos. Este acto se convirtió, seguramente, en el parteaguas que le salvó la vida. Ella solía comportarse más como un perro que como un humano, debido a la poca interacción con los humanos. Ella sólo aprendió a decir “sí” o “no”. Ahora, tras 30 años de terapia intensiva, Oxana aprendió habilidades verbales y sociales básicas similares a las de un niño de cinco años. Desde entonces trabaja en una granja veterinaria.

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Shamdeo, en India

Cuando se descubrió a Shamdeo en 1972, él sólo tenía cuatro años de edad. Él estaba jugando con cachorros de lobos: su piel era sumamente oscura y tenía los dientes y las uñas afiladas, cabello enmarañado y callos en las palmas, codos y rodillas; le encantaba cazar pollos, comer tierra y ansiaba sangre. Se vinculaba excesivamente bien con los perros. Eventualmente se acostumbró a dejar la carne cruda, a nunca hablar aunque a usar algunos signos lingüísticos, hasta que lo admitieron en Mother Theresa’s Home for Destitute and Dying, en Lucknow, India, donde fue rebautizado como Pascal. Murió en febrero de 1985.

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Prava, el niño pájaro, en Rusia

Tenía tan sólo siete años cuando lo encontraron en 2008 en un departamento de dos recámaras. Vivía con su madre de 31 años, quien lo encerró en una recámara llena de jaulas de pájaros, alimentos y desechos. Ella trataba a su hijo como si fuera otra mascota, otro pájaro. Si bien nunca lo golpeaba, ella nunca le hablaba ni interactuaba con él. La única comunicación que Prava tenía era con los pájaros. No podía hablar, sólo piaba. Cuando no entendía, lo único que hacía era mover sus brazos y manos como un ave. Finalmente su madre lo dejó en un hospital, donde acudió al área de psicología donde los doctos intentan rehabilitarlo.

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Marina Chapman, en Colombia

En 1954, Marina fue secuestrada con tan sólo cinco años de edad. Sus secuestradores la abandonaron en la selva, donde una familia de monos capuchinos la adoptó durante cinco años. Desde entonces ella comía raíces, plátanos y arándanos; dormía en huecos de árboles y caminaba en cuatro paras. Una vez, se enfermó del estómago. Un mono mayor la llevó a un lago a tomar agua, la forzó a beberla a vomitar y entonces empezó a recuperarse. Se solía llevar bien con los monos más jóvenes y aprendió a montar árboles y a descubrir los alimentos saludables.

Marina había dejado de hablar por completo cuando los cazadores la rescataron –por lo que la vendieron a un burdel, de donde escapó y vivió en la calle. Después una familia de la mafia la esclavizó. Sin embargo, un vecino la salvó, la mandó a Bogotá a vivir con su hija y su esposo. La adoptaron para vivir con sus otros cinco hijos naturales. Cuando Marina alcanzó la adolescencia, le ofrecieron un trabajo de niñera, y hasta entonces se ha ido recuperando. Ahora vive en Reino Unido. Se casó y tuvo hijos.

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Genie, en EE.UU.

Cuando el padre de Genie decidió considerarla “retardada” y contenerla en un asiento de baño para niños en una pequeña recámara de la casa, fue cuando la condenó a vivir encerrada durante más de diez años. Ella incluso dormía en la silla. Cuando tenía 13 años, en 1970, su madre la llevó a cuidados pediátricos, donde una trabajadora social notó su condición. No sabía controlar sus esfínteres y caminaba a manera de conejo. No podía hablar ni emitir sonido alguno. Poco a poco aprendió a hablar con pequeñas palabras, aunque no podía estructurarlas gramaticalmente. Aprendió también a leer textos simples y a desarrollar algunas herramientas sociales. Sin embargo, sus capacidades continuaban siendo limitadas. En algún punto, volvió a vivir con su madre pero pasó varios años donde familias adoptivas abusaron de ella. Regresó al hospital sin volver a hablar.

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Conoce más historias de niños salvajes aquí.

 



Artista lleva maleza a las ciudades para que recordemos su estado prístino (FOTOS)

Adecuando el sitio a la estética natural que alguna vez tuvieron los lugares, Linda Tegg nos recuerda la importancia de conocer la modificación que les hemos imprimido.

Hace muchos años, antes de que el concreto fuera el paisaje común en nuestras vidas, la naturaleza ahondaba todos los espacios disponibles. Pero no como nuestros jardines perfectos, sino con un ritmo propio de la libertad orgánica: un  ejemplo de ello es la maleza. 

La maleza, estos arbustos que conjugan una mezcla de hierbas, nos recuerdan que las intervenciones que hemos hecho a los espacios son antagónicas al crecimiento caprichoso en la natura. En esta vida de la búsqueda de perfección, que se refleja en la uniformidad de la estética de las ciudades, también hemos conseguido una desconexión importante con el entorno. En este sentido la artista Linda Tegg, en una intervención que hizo para la Librería Estatal de Victoria en Australia (e investigando en el mismo recinto) colocó maleza en las inmediaciones de este edificio, adecuando arbustos que figuraran verdaderamente cómo lucía ese espacio antes de la intervención del hombre. 

Este proyecto sitúa a las personas en un sitio donde pueden comprender (rodeados de edificios) la transfiguración sistemática de un mismo lugar, y quizá recordando esa condición, entonces vuelva a sentirse un respeto más íntimo con el espacio que nos lleve a cuidarlo más; incluso sobre esa alfombra de concreto.

 



¿Por qué procurar que tu hijo tenga contacto con la naturaleza y se desapegue de la tecnología?

Desgraciadamente los niños están alejándose cada vez más de la naturaleza, perdiendo esa conexión básica con su instinto

En los últimos años el estrés, la famosa “enfermedad del siglo XXI”, ha impactado en gran parte de la población mundial. Tanto adultos como infantes se encuentran afectados por los síntomas del ir y venir de los caminos de concreto de las ciudades, de sus ruidos y temperamentos, de la tensión y frustración. Pareciera casi imposible escapársele a estas rutinas.

No obstante, la educación (ambiental) es una de las herramientas básicas para revertir los efectos del sedentarismo tecnológico y laboral. Pues esta disciplina aborda no sólo métodos para el mejoramiento en la salud física y emocional de las personas en contacto con la naturaleza, sino también alternativas para contribuir a la solución de problemas ambientales y ecológicos.

De modo que, al permitir que nuestro cuerpo regrese a su nostra mater, se empieza a valorar el medio ambiente, a cuidarlo y a respetarlo. Inclusive, se habla de un vínculo emocional directamente relacionado con la vida de cada uno, incluyendo la del planeta.

Desgraciadamente los niños están alejándose cada vez más de la naturaleza, perdiendo esa conexión básica con su instinto, la cual no se logra al leerlo en la computadora o en revistas, sino a través de conductas que generen consciencia y salud ambiental tanto en adultos como en niños. Un reciente estudio demostró que los niños que veían más televisión de pequeños (hábito comparable con el uso actual de iPads y dispositivos) tienen una salud notablemente peor cuando son adultos, en comparación con aquellos que en su infancia pasaron mayor tiempo al aire libre. También se probó que, generalmente, los hábitos adquiridos desde niños son patrones que se repiten en la edad madura.

El tiempo que los niños pasan afuera, al aire libre, puede ser renovador, ya que fomenta el estado de exploración a fin de que se generen habilidades físicas y emocionales para el mundo. El contacto con la naturaleza es la oportunidad para descubrir parte de uno mismo, formando un vínculo único con el medio ambiente.

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