Consumir comida orgánica reduce los niveles de pesticidas en el cuerpo

Según un estudio científico reciente, para evitar los efectos secundarios asociados con el consumo de alimentos que fueron cultivados con pesticidas deberíamos consumir exclusivamente comida orgánica.

Todos sabemos que en general, la comida orgánica es mejor que la comida industrializada o aquella que es tratada con pesticidas porque no daña al medio ambiente. Mientras que muchos escogemos comer orgánico porque sabemos que es la mejor manera de proteger la biodiversidad, (las abejas y las mariposas monarcas siendo las víctimas principales de los pesticidas) un reciente estudio publicado por la Universidad de RMIT en Australia, dio con resultados que indican que al comer comida orgánica podemos reducir significativamente la cantidad de pesticidas potencialmente dañinos que consumimos.

El estudio demostró que con consumir comida orgánica,  libre de pesticidas, por una semana, los niveles de dialkylfosfatos se reducen en un 89%. Los investigadores analizaron la orina de 13 sujetos y midieron los niveles de pesticídas, antes de consumir los alimentos orgánicos y una semana después de que llevaron una dieta completamente orgánica. 

Ya que aquellos que consumían comida orgánica aun presentaban rastros de pesticidas, los investigadores determinaron que debían venir de otras fuentes también, sin embargo, la mejor manera de reducirlos sigue siendo a través del consumo de alimentos orgánicos.

El estudio no define a qué nivel los pesticidas se vuelven un riesgo para nuestro organismo.

Otros científicos aseguran que el consumo de alimentos no-orgánicos no afecta la salud, ya que estos no contienen las cantidades que se asocian con toxicidad y males crónicos.

Por otro lado, hay otros estudios que aseguran que los productos orgánicos sí tienen beneficios adicionales, entre los cuales están la prevención de algunos cánceres y la protección del sistema inmune.

Si no es por la salud individual, quizá el verdadero valor de los productos orgánicos es mejorar la salud planetaria. 



Ciencia y drama: los alimentos que han sido demonizados en los últimos años

El azúcar, el aceite de oliva, la carne, los transgénicos: todos ellos condenados por la ciencia reciente, pero ¿qué hacer ante la información que nos depara a la desconfianza a todos los alimentos?

Foto: stellar-therapy.com

¿Has sentido que no queda más por comer? Los alimentos inmiscuidos en la cadena de la producción y agricultura industrial están inmersos en el uso de agroquímicos, conservadores, sabores artificiales, ¿Qué hacer?

“Primero fue el azúcar. Y el mundo abrazó la sacarina. Pero luego la sacarina se reveló dañina y apareció la estevia. El aceite de oliva, saludable por el tipo de grasas que posee, fue una vez demonizado hasta que el de girasol le sustituyó como enemigo mortal.” Así comienza un interesante artículo reciente de El País.

Este texto devela una premisa que muy pocos medios tocan. Y es que, es verdad, pareciera que hay tendencias según la información científica en boga. Tampoco es tan extraño, cada vez vamos a ir descubriendo lo que es mejor para el organismo; y la información irá tumbando algunos mitos por otros… lo nocivo es que quizá se siembre una desesperanza respecto a la alimentación en general.

Fernando Rivera, de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), nos comparte una noción básica: más allá de cada uno de los ingredientes, lo que importa más es la mixtura final que integra tu dieta. En el informe reciente de la OMS donde las carnes procesadas se catalogan como cancerígenas la recomendación es comer solamente dos veces por semana este producto, no necesariamente causar la  demonización por completo del mismo.

El equilibrio, como siempre, pareciera la mejor respuesta:

“No son tan importantes los alimentos concretos, que siempre deben ser de calidad y lo más frescos posibles, sino el patrón alimentario [la dieta]” apunta María Ballesteros, nutricionista y vocal de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

 

Twitter de la autora: @anapauladelatd



Cómo averiguar si tu producto es orgánico en dos minutos

Existe un estándar de la industria, que aunque no está dirigido directamente a los consumidores, es un indicador que puede revelarte datos importantes.

Cuando vas a un mercado de trato directo con los granjeros locales es mucho más sencillo que te asegures de que tus productos son orgánicos. Pero si estás inmiscuido como la mayoría de nosotros en la vida citadina y quizá tu sitio de compra más accesible es el supermercado, entonces ello se complica.

La especialista en mercado verde, Melissa Breyer, ha desglosado para TreeHugger una fórmula de lo más sencilla para que descubras qué productos del supermercado son orgánicos.

La fórmula, además, puede funcionar en muchas partes del mundo, pues se trata de un estándar internacional que no depende de los gobiernos nacionales. En realidad este código que nos invita Breyer a revisar, no está dirigido a los consumidores, sino a la misma industria (lo que quizá lo hace más seguro. Existe una fórmula para enterarte si el producto que buscas es realmente orgánico y es la siguiente:

Debes ubicar el PLU (Price Look Up) que obedece a un sistema global estandarizado por la Federación Internacional para Productos Estandarizados (IFPS por sus siglas en inglés). Sus códigos son de 5 dígitos y ha sido empleado desde 1990.

Si la serie comienza con un 9, entonces es un indicador de que el producto es orgánico.



Por fin: hospital crea su propia granja para dar alimentos nutritivos a sus pacientes

Este año llegará a tener 4.5 hectáreas para crecer alimentos nutritivos de temporada todo el año.

Foto: St. Luke´s University Health Network

Tanto las cafeterías de las escuelas del mundo, como las de los hospitales, tienen algo en común: la comida es espantosa. Desabrida, con pocos nutrientes, cocinada sin esmero; esto es una paradoja, cuando la nutrición es el primer escalón de la salud. Como lo advierte Hipócrates: “que tu comida sea tu medicina, y que la medicina sea tu comida”. 

Curiosamente, apenas hace un año, un hospital en Pensilvania, el Hospital de la Universidad de San Lucas, creó una granja en mancuerna con el Instituto Rodale (líder en investigación de agricultura orgánica) para cultivar alimentos nutritivos, sanos y frescos para sus pacientes.

Este año la granja doblará su tamaño de 2 a 4.5 hectáreas y cultivará de 12 variedades hasta llegar a 30; proveerá también más de 20 mil kilogramos de vegetales al hospital. 

Además de proveer a los pacientes, y de que su cafetería ofrece comida mucho más sabrosa para el staff, visitantes, etc., también se hará un día de mercado semanal para que estos puedan llevarse vegetales frescos a casa.

Es la primera iniciativa de este tamaño en su tipo, y con suerte, quizá se convierta en una tendencia para todos los hospitales del mundo, que debieran procurar la salud desde su aliada más elemental como la alimentación.

[Treehugger]



Sin transgénicos, agricultores de la India cultivan récords mundiales

Con un método de cultivo orgánico llamado SRI han sorprendido al mundo y puesto a temblar a las corporaciones de agroindustrias químicas.

Uno de los argumentos más reiterados por parte de las corporaciones que desarrollan y venden semillas transgénicas o plaguicidas y fertilizantes artificiales es la productividad. 

Mientras crece la población mundial, hoy más de 7 mil millones de personas, la productividad es un tema eje para alimentar a tantas personas. Pero este argumento, la aplicación de los transgénicos para aumentar la productividad, podría estar siendo más debilitado que nunca, pues un nuevo método de cultivo llamado SRI está batiendo récords en países como la India, a partir de la agricultura ecológica.

A inicios de los 80,  Henri de Laulanié, un sacerdote jesuita francés y agrónomo, observó cómo cultivaban arroz en las tierras altas de Madagascar, luego el estadounidense Norman Uphoff retomó su trabajo y desarrolló el SRI

Este año, un pequeño pueblo de los más pobres en India, Darveshpura, ha sido noticia internacional por los récords de productividad por hectárea que han logrado, jamás rebasados por ninguna otra tecnología; lo anterior fue alcanzado gracias al método SRI.

Uno de los casos más famosos es el del campesino Sumant Kumar, quien logró récords en cultivo de arroz y patatas. Otros aldeanos como  Krishna, Nitish, Sanjay y Bijay, también registraron más de 17 toneladas de arroz por hectárea; un fenómeno inaudito hasta ahora. 

Este método podría revolucionar la agricultura mundial pues resulta especialmente accesible y barato para los campesinos más pobres del planeta. El SRI está basado en el uso de abono orgánico y el respeto por los ciclos de la naturaleza; pareciera que en un futuro muy próximo, herbicidas, plaguicidas y transgénicos, podrían salir sobrando definitivamente.



Alerta: La mejor salsa cátsup debe prescindir de estos ingredientes

Es indispensable que a la hora de seleccionar qué tipo de salsa cátsup llevaremos a casa elijamos aquella que, al menos, produzca menos daños

En las hamburguesas, el hot dog, las papas fritas, las quesadillas; la salsa cátsup se encuentra en este tipo de comida tan pecaminosamente deliciosa. Es bien sabido que este tipo de alimentos producen efectos nocivos en el cuerpo, ya sea por la alta cantidad de químicos o de grasa que se ensancha en las células por lo que, en caso de que añadamos este condimento cremoso a esa comida no tan saludable, probablemente lastimaremos más a nuestro sistema.

Por ello es indispensable que a la hora de seleccionar qué tipo de salsa cátsup llevaremos a casa elijamos aquella que, al menos, produzca menos daños. Es importante fijarse en que el etiquetado diga: “salsa cátsup” (en vez de “salsa tipo cátsup”); qué tipo de endulzante contiene (en especial que no sea el jarabe de maíz de alta fructosa o azúcares) y si es libre de colorantes (sin rojo allura o rojo 40), espesantes o almidones.

Una alternativa más saludable de la salsa cátsup es la casera. Sólo necesitas jitomate, cebolla, ajo, miel, azúcar, vinagre, sal, mostaza, canela, pimienta, clavo y jengibre. Instrucciones: hierve los jitomates, ajo y cebolla; después pélalos, quítales la semilla y pícalos. A continuación, calienta el azúcar en una sartén, agregando el jitomate, la cebolla, el ajo, la miel, la mostaza y el vinagre. Revuelve bien y deja que se cocinen juntos. Finalmente añade sal, pimienta, canela, clavo en polvo y una pizca de jengibre. Deja que se cocine un poco más, licúa, cuela y listo.

Dale clic aquí para encontrar una alternativa saludable de la mayonesa, así como de cinco salsas que saben mejor si las haces en casa.

 

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