Sandwich Me In: el restaurante sustentable que no genera desperdicios

Para lograrlo, el dueño realiza ciertas prácticas, como el compostaje, el reciclaje y el reuso, con el fin de generar un impacto ambiental.

Ubicado al norte de Chicago, EE.UU., Sandwich Me In es un restaurante popular por sus prácticas proambientales. Desde su abertura, en 2012, el lugar ha generado únicamente 30 litros de basura, la cual es creada, en su mayoría, por los mismos clientes.

Sandwich Me In comenzó cuando Justin Vraney, el dueño, abrió un local sustentable con un equipo de cocina de segunda mano, sillas y mesas restauradas; produciendo su propia energía renovable; y cocinando con alimentos originalmente locales. Para lograrlo, Vraney realiza ciertas prácticas, como el compostaje, el reciclaje y el reuso, con el fin de generar un impacto ambiental.

De hecho, la basura es reciclada por completo: mientras que una parte es recogida por un artista quien realiza esculturas, la otra parte es enviada a granjas en Wisconsin para alimentar a las gallinas, cuyos huevos son empleados para el restaurante. En cuanto a la electricidad, el restaurante funciona a través de energía eólica; mientras que el aceite es reciclado en maquinarias que funcionan con bio-diesel.

Por el otro lado, de acuerdo con Vraney, el 98% de la comida es casera, incluyendo las bebidas. Por lo que todos los ingredientes se obtienen de granjas locales: “Queremos mostrarle a la gente que existe comida con buen sabor, que puede encontrarse a la vuelta de la esquina y que puede reducir su impacto en el medio ambiente.”

En caso que se les ocurra una iniciativa similar y quieran informarse más a fondo, les compartimos un cortometraje de Sandwich Me In, The Garbageless Restaurant, producido por NationSwell:



12 creativas maneras de reusar tu basura en casa

Te compartimos algunos tips para reducir la cantidad de desecho que generas en casa y además hacer artículos funcionales y estéticos a partir de él.

Apelando al dicho que reza que “la basura de un hombre es el tesoro de otro hombre”, estos doce consejos te permitirán convertir tu propia basura en artículos funcionales o estéticos. Estas imágenes te darán una idea de la cantidad de desecho que producimos en una semana aproximadamente. Reusar es mejor que reciclar, y los siguientes son apenas algunas de las cientos de funciones que podemos dar a la basura doméstica.

1. Utiliza los corchos del vino como pequeñas macetas o como llaveros que flotan (por si vas a la playa).

2. Haz un comedero de pájaros con 2 botellas de plástico.

3. Coloca un refractario abierto con granos de café usados para neutralizar el olor de tu refrigerador u auto.

4. Coloca un anillo de granos de café usados alrededor de tus plantes de jardín para ahuyentar insectos.

5. Guarda las bolsitas de té en tu refrigerador después de usarlas y colócalas sobre tus ojos en la mañana para reducir la inflamación.

6. Utiliza todos tus frascos de plástico para guardar cosas.

7. Los calcetines viejos o rotos son material perfecto para trapos de cocina.

8. Utiliza cáscaras de plátano para sacar brillo a tus zapatos. Embarra el interior de la cáscara y luego talla con un trapo suave.

9. Guarda los limones ya exprimidor en tu congelador y luego úsalos en agua fresca para beber o ráyalos para dar sabor a tu comida.

10. No tires el migajón del pan. Guárdalo y deja que seque para alimentar a los pájaros.

11. Añade un pedazo de cáscara de naranja al azúcar morena para asegurarte de que permanezca suave.

12. Utiliza los cartones de huevo para plantar semillas; ya que el papel se bio-degradará puedes tirarlo directamente en la tierra después de que tus semillas hayan germinado.



Ciudadanos de Pekín pagan su viaje en metro con botellas de PET

A través de máquinas que recogen botellas de plástico en cada estación, los pekineses tendrán la oportunidad de recorrer la ciudad.

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Pekín tiene un enorme ejército informal de personas que se dedican a recoger botellas de plástico para después venderlas a compañías de reciclaje. El impacto de estos trabajadores es enorme, y se estima que hasta 20 millones de personas trabajan como recolectores de botellas de PET. Para incrementar sus ganancias, una de las compañías de reciclaje trabajó con el gobierno para instalar máquinas que permitan intercambiar botellas por un boleto en el metro.

Más de 100 máquinas recolectoras serán instaladas en el metro de Pekín, a lo largo de la línea 10. Un empleado de la compañía de reciclaje Incom explica que “Será tan fácil de usar como un cajero automático, esperamos poner una en cada estación de la ruta, y después expandirnos hacia otras líneas, paradas de autobús y áreas residenciales”.  Por cada botella que depositen en las máquinas, los transeúntes recibirán entre 5 fen y 1 mao (aproximadamente 15 centavos de dólar).

A través de la instalación de las máquinas la compañía, que recicla 50 millones de toneladas de botellas cada año, espera poder incitar a la población en general a reciclar, no solo a los recogedores informales. Por otro lado, Adam Minter, que reside en Pekín y escribe un libro sobre la industria de desechos en China explica a The Guardian que:

En occidente, reciclar es una actividad verde. En países asiáticos en desarrollo, es una actividad económica. Una cosa está garantizada. Si no se les paga a los donadores al precio del mercado, no funcionará.

Incom sostiene que los beneficios ambientales deben considerarse al mismo tiempo que los factores económicos.

Por su lado, Feng Yongfeng, de la ONG Green Beagle, explica que “Usar una mejor tecnología para reciclar es generalmente algo bueno. Pero el reciclaje de botellas no es un problema urgente en China. Ya tenemos un sistema maduro para eso. Nuestra verdadera necesidad es un sistema completo y comprensivo de reciclaje”.

Este tipo de programa de reciclaje se instaló en Shanghái hace un par de años, y su impacto ha sido mínimo. Aunque es un buen concepto —intercambiar basura por transporte— el sistema parece ignorar las particularidades del pueblo Chino. Sin embargo, este bien podría ser el primer paso hacia una cultura más consciente del impacto de los desechos y del valor del reciclaje.

[The Guardian]



La desertificación del paisaje urbano en Dubai (una reflexión sobre las ciudades fantasmas posmodernas) (FOTOS)

El desierto árabe ha albergado ciudades desde hace miles de años, pero por primera vez en la historia parece que las ciudades emulan al desierto: ciudades vacías, añadiendo desierto al desierto.

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Imágenes satelitales provenientes de fuentes como Google Maps o el satélite Landsat de la NASA nos muestran cómo la acción del ser humano sobre su entorno cambia dramáticamente el ambiente, modificando las condiciones de vida que durante siglos permanecieron constantes o en ciclos más largos de evolución, transformándolos radicalmente en pocos años.

Lo anterior se aplica muy bien a las imágenes que muestran el cambio en la urbanización de la ciudad de Dubai, en los Emiratos Árabes durante las últimas cuatro décadas. Este shock en el cambio del paisaje ha inspirado al fotógrafo Matthias Heiderich a retratar las desiertas calles de Dubai, con su ausencia de paseantes y vida peatonal, para mostrar el desperdicio y los excesos de una sociedad que desertifica lo que toca.

Los proyectos de construcción son sumamente ambiciosos y aparecen, flores de concreto, por todas partes donde llega la vista. A pesar de que Dubai es hogar de dos millones de habitantes y Abu Dhabi de 600 mil más, el vacío en las calles y la construcción constante de nuevos edificios es un recordatorio de lo que podría ser una ciudad del futuro, una ciudad que probablemente aún no conocemos, donde el objetivo es simplemente seguir construyendo ciudades ciegamente; ciudades desiertas que parecen ser pueblos fantasma en la línea de producción petrolera que inunda la ciudad árabe.

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[Co.Exist]



¿Quién decide lo que comes? La industria alimentaria está secuestrada

Elegir lo que comemos es nuestro derecho como consumidores; entérate de las compañías que aglomeran la mayor participación de mercado y determinan las políticas de lo que consumimos.

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(Haz clic en este enlace para ampliar la imagen)

La consolidación de los grandes productores de comida durante el siglo XX les permite hoy en día el tener un gran poder dentro de las discusiones de nuevas leyes, así como ser la única fuente de ciertos tipos de alimentos consumidos al menos en Estados Unidos.

Se estima que uno de cada tres dólares que se gastan en comida en ese país pasa por Wal-Mart; en las supertiendas, productores como Monsanto, Tyson, Nestlé, Kraft, Cargill o McDonald’s tienen un mercado seguro que suma miles de millones de dólares al año. Son ellos los que tienen la última palabra en la política alimentaria. Hoy en día, las leyes le permiten a estas empresas hacer pasar intereses comerciales por intereses políticos a expensas de los consumidores y de la idea misma de democracia.

Las 10 compañías más grandes de comida rápida controlan el 47% de todo el mercado. Juntas, estas industrias pueden modificar brutalmente las economías locales: el fin de las tiendas de abarrotes y de las microeconomías de autoconsumo.

Los ejemplos pueden extenderse a todas las industrias: apenas cuatro compañías gigantescas procesan el 80% de la carne de res, y solamente cuatro distribuidores alimentan el 50% de las tiendas donde se compra carne. Pero la realidad es que la industria de la comida gastó unos $40 millones de dólares al año cabildeando con el gobierno federal en 2011; y la industria biotecnológica (dentro del rubro donde opera con toda impunidad Monsanto) ha gastando más de $500 millones de dólares en campañas y contribuciones políticas desde 1999.

A raíz de esto fue que la “Ley Monsanto” (que exime a los productores de diferenciar la comida genéticamente modificada de la no modificada a través de etiquetas) aprobada recientemente haya abierto camino para dos leyes que el presidente Obama aprobará el próximo verano, el Trans-Pacific Partnership y el Transatlantic Free Trade Agreement, acuerdos comerciales que benefician primero los intereses corporativos y financieros que los de los consumidores.

Probablemente la resistencia de las microeconomías no derrote al gigante corporativo, pero al menos en nuestra vida diaria podemos elegir conscientemente aquello que queremos comer y aquello que no, sabiendo que hay alimentos que no hacen bien ni a nuestro cuerpo ni a la economía macro.

[AlterNet]



Una alimentación más justa para todos desde el comedor universitario: el propósito de Real Food

Los comedores universitarios pueden convertirse en un factor de cambio de alto impacto en las prácticas y hábitos en torno a la alimentación, haciendo de esta un proceso amplio que genere beneficios para todos los involucrados.

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La comida que se sirve en comedores universitarios tiene fama de paupérrima, de tener una calidad que va de lo poco agradable a lo pésimo, esto a pesar de que tienen potencial suficiente para convertirse en un factor de cambio, un lugar donde los hábitos y las prácticas en torno a la alimentación se transformen para bien tanto del individuo como de la comunidad a la que este pertenece.

Partiendo de esto, la organización Real Food Challenge, dirigida por David Schwartz, impulsa una campaña para modificar la alimentación que se ofrece en las universidades de Estados Unidos, comenzando por la calidad de los alimentos que se ofrecen pero, sobre todo, ayudando a generar conciencia de todo lo que se encuentra implicado en la elección de estos y cómo hasta cierto punto se requiere una información mínima para impactar positivamente en ámbitos más allá del en apariencia trivial comedor universitario.

Local, justo, sustentable y humano son los requisitos que Real Food plantea como indispensables para los insumos que se convertirán en el menú de las universidades que se alinean con el proyecto. Sumadas, estas categorías aseguran un beneficio compartido y común entre casi todos los involucrados en la cadena de producción y consumo, desde el personal que cultiva hasta el estudiante que desayuna, e incluso otros elementos como, por ejemplo, los animales que se utilizan en las actividades rurales.

Según Schwartz, este cambio de perspectiva no vuelve más costosa la alimentación, un argumento que se invoca con cierta frecuencia al momento de preferir la comodidad de la comida industrializada y de producción masiva.

Pero incluso si este fuera el caso, el costo sigue siendo mínimo cuando se considera que, en última instancia, se trata de una buena oportunidad para transformar la posición que generaciones enteras tienen frente a la manera en que se alimentan.

[Co.Exist]

Observatorio

Seguimiento a los asuntos ambientales y de ecología más urgentes de México.

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