Marzo 21: Día Internacional de los Bosques. Aquí algunas razones para amarlos más

Sí, los bosques y selvas nos dan sombra y oxígeno, pero estas maravillas ancestrales hacen mucho más, y hoy, su día oficial de acuerdo a la ONU, sobran razones para celebrar y cuidarlos.

Un tercio del planeta está cubierto por zonas forestales que proveen al planeta con oxígeno y otros recursos que garantizan nuestra supervivencia. De ellos dependen 1.6 billones de personas que los habitan e incontables especies de flora y fauna; sin embargo, seguimos talándolos, legal e ilegalmente, de manera insustentable, amenazando nuestro futuro colectivo.

Por estas y otras razones, las Naciones Unidas declararon en el 2012, que el 21 de marzo sería celebrado como el Día Internacional de los Bosques. Este es un esfuerzo global para concientizar a las personas alrededor del mundo sobre la importancia de estos ecosistemas y los riesgos que enfrentan.

Para celebrar la belleza, fuerza y resistencia de los bosques, te presentamos algunas razones para amarlos más:

  1. Nos ayudan a respirar: los bosques producen el oxígeno que necesitamos para respirar mientras que absorben en dióxido de carbono que emitimos. El plancton es todavía más eficiente en esta conversión, produciendo la mitad del oxígeno del planeta.
  2. Protegen la biodiversidad que los habita: más de la mitad de las especies (y más del 80% de las terrestres) viven en bosques. Las selvas más ricas son el hogar de muchas especies que actualmente enfrentan una posible extinción.
  3. Poblaciones humanas también los habitan: aproximadamente 300 millones de personas habitan los bosques y selvas del mundo, de estas aproximadamente 60 millones son poblaciones indígenas cuya supervivencia depende completamente de estas zonas.
  4. Nos mantienen frescos: crean espacios sombreados que, además, mantienen más humedad.
  5. Crean lluvia: los bosques grandes pueden influir sobre los patrones del clima y pueden crear microclimas propios. Se estima que la selva del Amazonas crea lluvia local pero que llega a resonar en el Norte de América.
  6. Limpian la tierra: además de mantener la tierra en su lugar, las raíces de los árboles son capaces de filtrar algunos contaminantes de la tierra, es decir, son capaces de absorber todo tipo de químicos resultantes de las aguas negras, derrames petroleros y vertidos.
  7. Son una fuente de alimentos: además de darnos frutas, nueces y sapia, también son el hogar de animales, hongos y mantienen el ecosistema de venados, pavos, conejos y peces.article-2235452-161E5AEB000005DC-21_964x446
  8. Nos permiten relajarnos y explorar: de acuerdo a la hipótesis de la biofilia, el ser humano sostiene una relación instintiva con otros sistemas vivos, según Edward O. Wilson, quien popularizo la hipótesis con su libro homónimo, esta es “la necesidad de afiliarnos con otras formas de vida”. La biofilia nos lleva a acercarnos a cuerpos acuosos, bosques y demás paisajes naturales, de manera que al rodearnos de ellos nos volvemos más creativos, productivos y felices.
  9. Mantienen la contaminación acústica bajo control: todos los que se han adentrado en un bosque saben que el silencio, excepto por uno que otro pájaro y el crujido de las hojas debajo de nuestros pies, reina en esos espacios. Esto es porque los árboles son una barrera natural que aísla sonidos.
  10. Son majestuosos: la belleza natural es uno de los beneficios más obvios y a la vez intangibles que nos ofrecen los bosques. Es casi imposibles no sentirnos impresionados, con falta de aliento, y un poquito enamorados cuando nos adentramos en un uno. Simplemente pasar tiempo ahí siembra una semilla de conservación en todos nosotros.

Entonces, ¿qué esperas? Sal, planta y cuida un árbol, de ellos depende nuestro futuro. Celebra el Día Internacional de los Bosques cultivando nuevos hábitos.



Bialoweza, el último gran bosque virgen de Europa

La efervescencia natural que habita este espacio nos recuerda la magia implícita de los bosques que el afán civilizatorio no ha logrado, por fortuna, destruir.

Colores verdes intensos, fluorescentes, llenos de vida, provenientes de musgos, helechos y hongos construídos en la humedad que envuelve a este lugar. Mezclas de tonos cafés de la madera, los troncos, las ramas, deshechos que caen de la épica variedad de árboles existentes: fresnos, robles, tilos, olmos, alisos, etc Fotografías visuales casi existentes solo en los sueños, linces, alces con pronunciados cuernos, inmersos en el colorido entorno junto con corzos, jabalíes, ciervos. Esta es solo una breve degustación visual de Bialoweza.

Con una extensión de 1,800 km2, aquí se manifiesta el eco de lo que alguna vez fue el gran bosque de Lituania. Hoy el último gran bosque de Europa que se mantiene ajeno a la intervención humana, en cuya política de cuidado, un árbol muerto jamás será levantado por la vida que pueda seguir albergando.

Dividido por un muro, por cierto una de las pocas muestras del paso humano por estos lugares, entre Polonia y Bielorrusia se encuentra este paradisíaco y poco accesible bosque mixto, cuya riqueza visual y orgánica resulta ya casi inexistente en la actualidad europea –fenómeno que debemos a la aceleración urbana, la sobrepoblación y la terquedad humana, entre otras cosas–.

Bialoweza, uno de los últimos restos imperturbados del antiguo gran bosque de Litusnia, aloja árboles con más de 500 años de edad, cuya altura llega a superar los cincuenta metros. Tres ríos, que por muchos siglos sirvieron como guía para aquellos que querían atravesarlo, se dibujan aún en este territorio. El bisonte europeo es su símbolo, ya que esta especie eludió la extinción gracias a la protección de la que goza este eco boscoso.

Bialoweza es un parque exuberante, desbordado, que muestra el ritmo estético natural de lugares no tocados por el hombre, en donde el caos y el orden no tienen límites percibibles, pues aquí reina la perfección natural.

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¿Por qué los bosques podrían ser el futuro de la economía?

De acuerdo con la ONU, la preservación de los bosques será un factor importante para fortalecer la economía pública.

La importancia de los bosques en nuestra existencia colectiva, vinculada con nuestro entorno y el bienestar de la Tierra, queda confirmada de nuevo. Lo anterior gracias a un documento de la Organización de las Naciones Unidas sobre desarrollo sustentable.

En el reporte se concluye que la sustentabilidad de los bosques del mundo, aunada a un manejo sensible, puede resultar en una economía verde estable y sólida. Al respecto Eduardo Rojas Briales, director general asistente de las Naciones Unidas para el cultivo de los bosques, declaró:

Los bosques y los árboles en granjas son una fuente directa de comida, energía e ingreso para más de mil millones de las personas más pobres del mundo. Al mismo tiempo, los bosques atrapan el carbón y mitigan el cambio climático, mantienen el agua y la salud del suelo y previenen la desertificación. El manejo sustentable de los bosques ofrece múltiples beneficios: con las políticas y programas correctos, este sector puede conducir a economías más verdes y sustentables

El documento de la ONU detalla cómo la deforestación se encuentra en relación directa con el declive de algunas economías regionales y nacionales, además de que la pérdida de bosques también representa una desventaja frente a fenómenos ecológicos y naturales como las inundaciones o las sequías.

Así, es posible establecer una comparación sencilla y decir que al igual que la salud humana se ve beneficiada cuando alguien vive cerca de un bosque, del mismo la salud social y, en este caso, económica, se verá fortalecida según la ONU mientras más y mejor cuidemos nuestras reservas naturales.

 



6 Bosques de Ensueño que no podrás creer que existen

Parecen sacados de la más recóndita (y poética) imaginación.

El bosque es un ecosistema que pareciera diseñado para soñar. Su carácter misterioso, a la vez lleno de vida y usual neblina, hace que su personalidad nos llene de posibilidades, por todo lo que se encuentra allí imponentemente escondido entre la elegancia y resguardo de los árboles. 

Este paisaje ha sido la mayor musa para la formación de la literatura nórdica, incluyendo los cuentos de hadas. Pareciera el escenario predilecto para la magia, las peleas míticas o el destino de los grandes hombres. 

En el plano ecológico, los bosques guardan un papel fundamental y preservarlos es indispensable, y dentro de su amplia gama (bosque tropical, de coníferas, templados, etc…) muchos de ellos saltan por su peculiaridad. En estos enseñadores ejemplos, quizá la repetición de árboles (como patrones sublimes) sea su única y afortunada similitud con el resto.



Buzos encuentran un intrigante bosque prehistórico subacuático

Varios botes han extraído fósiles de mamuts y leones, así como herramientas y armas prehistóricas de individuos que habitaban en esta área

El Reino Unido, aquella masa de tierra con una historia casi inmemorial, cuenta con múltiples vestigios que evidencian su origen, desde rastros humanos en terrenos lejanos hasta figuras de la naturaleza que la ciencia aún no logra explicar.

Uno de estos vestigios es el reciente descubrimiento de Doggerland, bosque que solía mantener unido al Reino Unido y Europa incluso después de la Era del Hielo, cuando los niveles del mar inundaron la zona. Instituciones como Seasearch se encargaron de buscar, a diestra y siniestra, rastros de él. Y parece ser que por fin lo encontraron.

Los buzos Dawn Watson y Rob Spray, voluntarios del grupo de Seasearch, se encontraban estudiando la vida marina a 300m de la costa, cuando de pronto vieron algo que los impactó: madera comprimida y estrellas de mar habitando en los troncos y ramas de varios árboles en perfecta calidad.

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Al investigar al respecto, el bosque, ubicado en la costa de Norfolk, cuenta con 10 mil años. Este bosque llegó a unir a Inglaterra y Alemania, y actualmente habita en las profundidades del mar desde hace más de 1 milenio. Varios botes han extraído fósiles de mamuts y leones, así como herramientas y armas prehistóricas de individuos que habitaban en esta área. 



La alucinante vida de los troncos muertos

En la naturaleza no hay tal cosa como el desperdicio, baste voltear un árbol muerto y ver la orgiástica vida que este alberga, y las miles de especies de flora y fauna que encuentran una casa en él.

Cuando uno ve un tronco tirado durante una caminata por la naturaleza es casi un impulso voltearlo con el pie. Tenemos una suerte de curiosidad combinada con un toque de miedo de saber qué hay bajo un tronco muerto, qué animales e insectos van a despertar cuando perturbemos su sueño. Lo volteamos con una patada suave y nos alejamos un poco en espera de movimiento; sabemos que la muerte de un árbol alberga tanta o más vida que cualquier árbol viviente.

moss_and_lichenEn la naturaleza no existe tal cosa como el desperdicio. Todo lo que muere se convierte inmediatamente en un ecosistema, hasta que desaparece del mundo por haber alimentado o dado casa a un sinnúmero de criaturas, y por supuesto, después de haber fertilizado la tierra donde se deshizo. Los troncos muertos son como un hotel de cinco estrellas –con todo incluido–, que además no discrimina entre sus huéspedes. Y el verano es la mejor época para ir en busca de uno y acaso voltearlo para ver su vida.

En la corteza de un tronco, uno puede ver sobre todo lagartijas y pequeños animales de sangre fría (con suerte una tortuga o una salamandra). Esto se debe a que, al tomar un poco de sol, las lagartijas obtienen sus cantidades necesarias de vitamina D.  La superficie también es un lugar perfecto para que descansen las ardillas y otros roedores. Pero lo que hay dentro es alucinante.

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Si uno tiene la suerte de visitar un bosque sano y rebosante, en el hueco de un tronco tirado verá pequeños mamíferos como zorros, conejos, zorrillos o mapaches. Los zorros los usan para construir su nido. Ello, evidentemente, los protege de aves de rapiña u otros predadores. Pero en cualquier bosque, sea o no albergue de mamíferos, uno encontrará la más concurrida guarida debajo de uno de sus troncos.

Los tesoros que yacen enterrados bajo los leños incluyen escarabajos, cochinillas, gusanos lentos y coloridos, arañas, ciempiés, escorpiones y miles de hormigas; todos cohabitando la misma capital en movimiento. Todos trepando encima de sus vecinos, comiéndose a sus compañeros o copulando en orgías veloces y diminutas.

Allí, claro, también puede haber serpientes enroscadas y sumergidas en sueños profundos que ninguno de estos milimétricos insectos puede o quiere perturbar. Mas, quizá lo más estético de un tronco muerto, sobre todo en la humedad del verano, sea el musgo, los hongos y los helechos que se le adhieren. A estas especies nunca se les ve más felices que cuando están en la corteza de un tronco caído.

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El desperdicio no existe en el bosque. Cuando un arbol se acerca a su decomosición está casi sobrepoblado de flora y fauna. Ahí la muerte no es término sino explosión de vida, y los troncos caídos son su mejor ejemplo.

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