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Lo que las nutrias nos pueden enseñar sobre los derrames petroleros

En 1989 un buque petrolero de Exxon Valdez derramó 30,000,000 galones de petróleo en Prince William Sound, Alaska. El estrecho era el de hogar de miles de nutrias marinas y presumía un ecosistema diverso; sin embargo todo cambió después del derrame —los voluntarios de emergencia recuperaron más de mil cadáveres de mamíferos marinos y se estima que cerca de 3,000 nutrias murieron de inmediato.

Todavía una década después las nutrias se negaban a regresar a las zonas que habían sido afectadas por el derrame. Un estudio federal que siguió la recuperación del ecosistema después del suceso, determinó que las nutrias no podrían sobrevivir en la zona aun si aparentemente ya no había residuos en la superficie porque el fondo del mar estaba cubierto con un sedimento nocivo. Es en el fondo donde se encuentran las almejas que las nutrias consumen.

Además de poner en peligro el alimento de las nutrias, el derramé las afecto directamente al cubrirlas con petróleo. El pelaje de las nutrias es grueso e aislante, una vez que el pelaje está cubierto de petróleo pierde sus propiedades y no las protege del frío del agua; además, una nutria cubierta de una sustancia nociva debe acicalarse y, al hacerlo, consume la misma sustancia.

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De acuerdo al estudio no fue sino hasta el 2009 que la población de nutrias alcanzó el número que tenía antes del derrame. “Una de las lecciones que podemos aprender de esto es que los efectos crónicos del petróleo en el medio ambiente pueden persistir por décadas”, apuntó la autora principal de estudio, Brenda Ballachey.

Este  descuido, nos recuerda exactamente cuan nocivo puede ser el petróleo y nos advierte que debemos cambiar los métodos de extracción y mejorar la manera en que lo transportamos.

 

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