La danza concéntrica de las estrellas capturada en un idílico video

Durante poco más de siete minutos este video nos presenta la hipnótica trayectoria que cubren las estrellas sobre el cielo.

Son las estrellas, las estrellas que nos cubren, las que gobiernan nuestras condiciones.

William Shakespeare

La práctica de observar los astros es indudablemente una de las más antiguas. El acto de simplemente contemplar el cielo nocturno y presenciar su perfección coreográfica no solo es una actividad accesible para todos, y profundamente estética, también ha sido una fuente interminable de conocimiento, de obtención de data fundamental en la misión que nos auto-impusimos, tratando de entender al universo.

Con el desarrollo de técnicas y tecnologías para documentar nuestro entorno, llegaron también preciosos documentos fotográficos o audiovisuales alrededor de la naturaleza, de sus ritmos y sus pasiones, que capturan fragmentos inolvidables de su impecable discurso: auroras boreales reflejadas sobre superficies lacustres, la vida de un bosque a lo largo de año y medio, condensada en solo tres minutos, o la elegante formación de los copos de nieve.

En este caso te compartimos una pieza que muestra la trayectoria de las estrellas. El video es resultado de una épica perseverancia, ya que se creó a partir de fundir 8,198 fotografías que fueron capturadas a lo largo de tres años (2010-2013), y apuntando al cielo indio, con la cámara, durante más de 104 horas. Ajay Talwar es el responsable de este brillante trabajo que durante poco más de siete minutos nos sumerge en un estado de contemplación magnética: el cosmos como lienzo vivo, irrepetible, pero siempre presente.

El espectáculo ya comenzó (todo el tiempo), la entrada es gratuita, y hay barra libre de estímulos…

Twitter del autor: @ParadoxeParadis



En Rusia, un volcán en erupción se encontró con un cometa (FOTOS)

Cambiando el ángulo con un lente de 35mm, la imagen consiguió precisar la sorprendente iluminación de la lava durante el proceso en que la niebla inundaba el espacio.

Los habitantes de Kamchatka, al este de Rusia, fueron testigos de fenómenos naturales y astronómicos congeniándose entre sí: a mitad de una erupción volcánica apareció un cometa que deslumbraba los cielos. Se trata de una maravilla natural que muy pocos han logrado capturar en cuestiones de segundos, como lo hizo el fotógrafo de Tomas vdW Photography al embarcar un camión Kamaz visitando la región. 

Cambiando el ángulo con un lente de 35mm, la imagen consiguió precisar la sorprendente iluminación de la lava durante el proceso en que la niebla inundaba el espacio. De alguna manera, estos 15 segundos lograron ser perfectos para el paisaje del invierno ruso debajo de los cometas. Un fenómeno único en la vida, y este es el testigo que lo evidencia: 

 



Esta es la hipnótica y psicodélica mina de Rusia (FOTOS)

Actualmente sólo una pequeña parte de la mina tiene fines industriales, por lo que el resto del sitio está conformado por túneles hipnóticos que son accesibles al público –aunque no se permite fotografiar–.

En la ciudad de Yekaterinburg, en Rusia, hay una mina de sal abandonada. Se trata de un lugar naturalmente psicodélico, pues tanto sus cuevas como corredores están cubiertos de patrones coloridos e hipnotizantes. Gracias al mineral carnalita, un cloruro de magnesio y potasio hidratado, la mina ha adquirido colores vibrantes entre amarillo cobre, azul o morado. 

Actualmente sólo una pequeña parte de la mina tiene fines industriales, por lo que el resto del sitio está conformado por túneles hipnóticos que son accesibles al público –aunque no se permite fotografiar–. La mayoría de los visitantes se quedan anonadados, por lo que explican que la sensación de estar ahí es indescriptible pues se pierde la noción del tiempo y el aire es muy seco. El aire parece estar siempre lleno de pequeñas partículas de sal, por lo que siempre se queda la sensación de sed. 

Se trata de un laberinto natural que impacta al momento de vivirlo, ahí, en la inmediatez: 

[TimeWheel]

 



Nunca viste el cielo de esta manera tan hipnotizante (FOTOS)

asta con alzar la vista al cielo para observar atentamente la iluminación fractal del universo, y así dejarnos llevar por el deseo de la trascendencia hacia lo divino y cósmico.

El universo no es más que una reacción energética que hipnotiza las barreras espaciotemporales, la cual crea cada uno de los complejos principios causales que apenas comienzan a descubrirse.

Si bien los astrónomos y físicos describen todos los aspectos del universo, la realidad es que muy pocos científicos han podido capturar la esencia fractal y hermosa del universo. Su lado artístico a través del cúmulo de estrellas, planetas, galaxias y otros universos.

Basta con alzar la vista al cielo para observar atentamente la iluminación fractal del universo, y así dejarnos llevar por el deseo de la trascendencia hacia lo divino y cósmico. Sin embargo, ¿cómo es que podremos hacerlo si nuestros cielos están infestados de los gases de carbono que inundan las ciudades?

Como una manera de tomar consciencia al respecto, Joni Niemelä ha decidido inmortalizar cada detalle de la noche para que nos encandilarnos, y así tomar acciones para el cuidado del medio ambiente. Night Sky, la serie fotográfica, toma como escenario principal el cielo nocturno de Finlandia. ¿Te imaginas ver una noche así en tu ciudad?

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Los 3 mejores lugares para ver las estrellas en México

Aún existen espacios lo suficientemente oscuros y alejados del hombre para descubrir, incluso, la Vía Láctea.

Hoy, la oscuridad se ha convertido en un lujo, así como los espacios sin ruido. La densidad de población así como la energía eléctrica que fue haciéndose cada vez más común han inundado de luz los cielos nocturnos; desde el espacio de hecho puede verse cómo, por las noches, los sitios completamente oscuros son escasos.

Esos espacios completamente oscuros solían hacer un contraste natural con la luz de las estrellas en el cielo; y hubo épocas en las que desde la Tierra era prácticamente posible ver la Vía Láctea en casi cualquier sitio. Hoy algunos de estos sobreviven aunque hay que saber investigarlos.

En México existe una curiosa ley llamada “del Cielo” que busca preservar los lugares más predilectos para ver el cielo estrellado, aunque existe únicamente en el estado de Baja California.  Fernando Ávila, astrónomo de a cargo de la Oficina de la Ley del Cielo, entrevistado por el Universal, ha hecho un recuento de los mejores lugares en México para recorrer las constelaciones y galaxias desde el espacio terrestre:

*Los mejores lugares son los que se encuentran más apartados y son más altos sobre el nivel del mar.

Parque Nacional San Pedro Mártir

Aquí se encuentra la sede del Observatorio Astronómico Nacional, está en Baja California a 2 mil 800 metros sobre el nivel del mar. Es un bosque de cipreses, pinos y abetos donde es posible acampar, aunque también hay cómodas cabañas al interior del parque. Uno de los organizadores de visitas guiadas es Cucapah que hace tres días de tours a la sierra. Puedes conocer más información en cucapah.com

Sierra Negra

Está en el Parque Nacional Pico de Orizaba; se trata de un volcán apagado en Puebla. Este hermoso escenario está a 4 581 m sobre el nivel del mar y cuenta con el telescopio más grande en su tipo en México, el Gran Telescopio Milimétrico. En el lugar pueden hacerse exquisitas acampadas. Uno de los organizadores de tours es Mi Escape.

El Pianacate

En la Reserva de la Biósfera El Pinacate y Gran Desierto de Altar, este territorio compartido con Arizona. Por las profundidades del desierto, tiene uno de los cielos más oscuros del mundo. En su sierra hay elevaciones de hasta mil 290 m sobre el nivel del mar; las zonas de acampamientos son Cono Rojo y El Tecolote.

* En este enlace puedes encontrar más sitios ideales para empaparte de estrellas en México. 



El viaje al fondo de unas desconocidas cuevas

Lucía Treviño nos cuenta las maravillosas sensaciones inmersas en los milenarios cenotes y cuevas mayas.

Foto: wishbird

Una camioneta va por la carretera Federal 307 de Tulum hacia Cancún, por detrás del parque Kantun Chi. A los 40 km se detiene, da vuelta en “u” y toma una desviación de terracería envuelta en manglar, son tres kilómetros de verde que te quiero verde hasta que no hay más por avanzar. Una pequeña solitaria palapa es la antesala de una desconocida serie de cuevas. Aquí, Mario –el guía, dueño, descubridor de las cuevas– abre un gran contenedor de plástico para repartir unos trajes de neopreno. La expedición comienza: todos cruzan hacia la frontera desconocida por el gran arco de piedra.

Cavidades a desniveles, unas dentro de otras sobre-entre-bajo-dentro de otras formas de piedra. La iniciación: un ritual hacia el descubrimiento, poco a poco la luz del sol va disminuyendo hasta volverse un punto y desaparecer. Ahora la única iluminación surge de linternas y lámparas sumergibles que se repartieron a las diez personas que van haciendose parte del paisaje lunar.

Tonos oscuros de azules y grises, negros y blancos, ámbar, estalactitas, estalagmitas, estalactitas besando a estalagmitas se extienden a lo largo de los túneles de piedra, de las paredes de piedra, de las piedras que se hilan a más piedras creando una espiral. La posibilidad de ser microscópicos en un camino entre huecos de aire frío y del agua que afila las piedras.

El grupo camina hasta tener que nadar y alcanzar un pedacito de tierra firme, arena movediza, arcilla y barro. Una linterna alumbra una estalactita gris, otra se dirige hacia una cavidad rojiza, una más sigue el contorno del agua, otra capta el vuelo de un murciélago. Una voz pregunta –¿A cuántos metros por debajo de la tierra estamos? ¿Es posible ahogarse?– Otra voz asegura que estamos respirando menos aire, y una (voz) más interrumpe sorprendida “increíble”, y el cuestionamiento que surge del miedo se esfuma porque el encuentro supera cualquier expectativa.

Para realizar el cruce entre cuevas es necesario nadar y flotar hasta alcanzar el pequeño borde de arena que se forma por debajo del agua, un delicado y diminuto estrecho de Bering. Hay una cueva amarilla que tiene una cavidad muy honda, un azul entre turquesa y marino. Dos personas saltan desde una piedra, otra persona escala para brincar de más alto y así llegar más hondo. La exploración de la Tierra desde dentro de ella, sentirla respirar pausadamente.

Se dice que los mayas solían hacer sacrificios humanos en los cenotes y las cuevas, que hace 13 mil años estas cuevas no tenían agua y estaban habitadas por nuestros antepasados, por eso se siente una atracción grávida que coquetea con tu cuerpo (y alma) y que es posible encontrar visiones etéreas.

El registro de la experiencia es tardío, se va esculpiendo gotita a gota como cae el agua de las estalactitas a las estalagmitas esculpiendo el paisaje de piedra.

En una de las cavernas rojas, que contenía una peculiar profundidad, una persona se aventuró a recorrerla con una lámpara sumergiéndose y nadando hasta donde le era posible llegar. Desde la orilla donde quedó el resto del grupo se vislumbraba la cabecita (de la persona) circulando entre el agua y las estalactitas. La linterna iba de un fondo azul turquesa a un fondo azul marino, la cabecita volvió con el resto del grupo para expresar “qué (chingado) miedo, es demasiada belleza”. También suelen asegurar que el sumergirte entre cavernas es  terapéutico, ya que estás abocado al descubrimiento de cada detalle del presente desconocido. Por ello se vuelve difícil desarrollar la ficción que genera el miedo. Sin embargo, hay personas que no logran desconectarse (de ese miedo) y deben volver a la superficie antes de que la ansiedad los lleve a sentirse asfixiados.

En un punto del trayecto el grupo realizó el experimento y a coro contó hasta tres para apagar sus lámparas y quedar en silencio. El negro y el silencio que siguió fue indescriptiblemente nítido. Un silencio de agua donde la contemplación plantea la premisa de darle espacio al espacio, de no perturbarlo (casi) ni con tus pensamientos; un bosque de piedra que te lleva al presente nato, ya que todo es “lo desconocido”, nada “existe” hasta que lo vas descubriendo.

Transcurrieron cuatro horas y media donde cada detalle te enrolaba a una particularidad que se abría en una más y otra más, podías sumergirte más profundo, explorar más lejos, detenerte más tiempo entre las formaciones de ámbar, azufre, arcilla, roca caliza y arena… una superficie debajo de la superficie en la que siempre has vivido.

Se cierra el ciclo. El grupo regresa al comienzo para emerger a la superficie, volviendo a la conocida realidad del ser humano, a los rayos de un sol que va atardeciendo y a la camioneta. El recuerdo te mantiene vulnerablemente maravillado pensando que todo fue un sueño, un sueño alojado en lo profundo de una imaginación fuera (o por debajo) de este mundo.

Twitter de la autora: @luciatciula

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