¿Por qué podría ser buena idea dejar de comer camarón?

El proceso detrás de la crianza o la pesca de camarón podría ser suficiente razón para que hagas un esfuerzo y dejes de comer este delicioso marisco como mecanismo de presión para la industria.

El camarón es indudablemente uno de los mariscos preferidos alrededor del mundo. Sin embargo, como suele suceder con otros alimentos, los trayectos que los camarones cumplen antes de llegar a tu supermercado podrían ser razón suficiente para cuestionarnos sobre si no sería momento indicado para dejar, al menos temporalmente, de consumirlos.

Ese camarón que degustaste con alegría hace unos días, básicamente tiene dos orígenes probables. O es de granja o es ‘salvaje’. En el primero de los casos, la mayoría de granjas de camarones se establecen sobre la costa, justo donde pueden recibir agua marina de las olas tras romper. Pero esto implica que también reciben las toxinas contenidas en el mar. Para combatir estos contaminantes, las granjas suelen ser preparadas con grandes cantidades de químicos, entre ellos pesticidas, antibióticos, sosa cáustica, bórax y otros. Además, se calcula que para establecer sus granjas, el personal ha acabado con el 38% de los manglares alrededor del mundo –un estudio de la Universidad de Yale reporta que en Bangladesh existen zonas que, debido a las granjas de camarones, se han vuelto completamente inevitables.

En cuanto al otro origen, es decir, que sean capturados directamente en el mar, la tragedia no es menor. Se calcula que los buques camaroneros, se calcula, de acuerdo con Treehugger, que por cada kilo de camarón se recogen 20 kilos de pesca indeseada, que termina en la misma red de los pescadores –tiburones, estrellas de mar, tortugas, etc. Por si no fuese suficiente, en Estados Unidos analizaron camarón importado, proveniente de distintos países, y etiquetado como “listo para comer”. Como resultado obtuvieron registro de 162 variedades distintas de bacteria, que probaron resistir a diez tipos de antibióticos.

La propuesta de dejar de comer camarón puede ser un tanto radical, y sobretodo muy incomoda, sin embargo mientras los niveles de consumo no bajen significativamente será difícil que la industria camaronera revise y cambie sus procedimientos. La mesa de la conciencia está puesta, y tú decides que comer.

 



Conoce las marcas de comida rápida cuya carne contiene más antibióticos

El problema del uso de antibióticos en la comida es que crea una resistencia a los antibióticos en general, provocando el desarrollo de superbacterias resistentes a los medicamentos.

Chain Reaction, traducido al español como Reacción de cadena, realizó un informe sobre la calidad de la carne de vaca y de pollo en cadenas restauranteras de corte internacional. Como resultado, este análisis identificó al menos a 25 restaurantes con evaluaciones negativas pues el tipo de carne que usan para sus alimentos contienen altas dosis de antibióticos.

Starbucks, Papa John’s, KFC, Subway, Burger King, Pizza Hut, son sólo algunas de las compañías que su evaluación fue negativa pues registraron un uso alarmante de antibióticos en sus carnes. A continuación te compartimos el infográfico con la lista de las empresas que recibieron también una evaluación negativa:

chain-restaurants-antibiotics.jpg.838x0_q80

 

El problema del uso de antibióticos en la comida es que crea una resistencia a los antibióticos en general, provocando el desarrollo de superbacterias resistentes a los medicamentos. De hecho, la resistencia a los antibióticos es una de las cinco mayores amenazas a la salud tan sólo en el EE.UU., donde más de dos millones de personas adquieren al año infecciones resistentes a los antibióticos y al menos 23 000 mueren por esta causa.

Chain Reaction insiste en la importancia de tomar medidas para reducir el uso de antibióticos en la carne que se consume y así asumir la responsabilidad de que se esté aumentando la resistencia a los antibióticos.

 



“La comida rápida atonta nuestras capacidades para disfrutar experiencias placenteras”: Universidad de Toronto

Estudios demostraron que la comida rápida afecta los niveles de paciencia, y por consiguiente, nuestra capacidad de disfrutar.

Desde hace aproximadamente una década, varios estudios han demostrado las consecuencias negativas de la comida rápida en el cuerpo humano. Esta oleada de datos científicos en pos a la salud física ha ido esparciéndose por el mundo: de boca en boca, en películas, en diversas revistas, etcétera. No obstante, pocas investigaciones se han hecho respecto a la influencia de la comida rápida en la salud emocional de los individuos.

La Universidad de Toronto se encargó de hacer investigaciones científicas de cómo la comida rápida afecta los niveles de paciencia, y por consiguiente, también nuestra habilidad de disfrutar el mundo de nuestro alrededor.

¿Qué se investigó?

Los investigadores, Julian House, Sanford DeVoe y Chen-Bo Zhong, realizaron tres experimentos, cuyos resultados fueron:

–       Cuando había cerca establecimientos de comida rápida, las personas tendían a responder menos emocionalmente a experiencias placenteras.

–       Al tener dos grupos de control, en donde uno veía fotografías de comida rápida y el otro la veía de manera directa, y luego ambos observaban imágenes de la naturaleza, se encontró que el último grupo se sentía menos feliz después de ver las imágenes.

–       Las personas que se encuentran en constante contacto directo con la comida rápida, disfrutan menos de la música clásica: la consideran tediosa y larga.

De acuerdo con los autores, estos estudios tenían el objetivo de examinar las diferentes reacciones de la urgencia, apoyando la hipótesis de que la comida rápida induce a una impaciencia aún más fuerte. Lo que no quiere decir que la comida chatarra reduzca la felicidad, sino que “atonta” nuestra habilidad de experimentar ciertos tipos de placeres, como el del degustación y el de escuchar música.

¿Qué quiere decir esto?

En la actualidad, estamos en un mundo cuyo ícono es el ahorro del tiempo a través de la inmediatez. Como lo menciona Ben Schiller, escritor de Co.Exist, incluso encontramos este efecto en la intromisión en nuestras vidas de la tecnología:“Los dispositivos para ahorrar el tiempo sólo aumentaron las expectativas de aquello que podemos lograr en 24 horas, convirtiéndonos en unos tontos neuróticos”. En consecuencia, al perder la noción real del tiempo, disminuyó nuestra capacidad emocional para disfrutar experiencias placenteras que requieren paciencia y tiempo.

Con base en la filosofía tántrica, el humano tiene una necesidad intrínseca de la experiencia emocional, la cual la obtiene a través de las sensaciones y entusiasmos, del placer y de los fracasos comunes en toda la experiencia humana. De manera tal que, aquellas pulsiones naturales (malestares físicos o emocionales) nos inducen a actuar para buscar cierto bienestar y mejores opciones; no obstante, esto lleva tiempo para poder realmente disfrutarlo.

En el Tantra, el ser humano tiene que utilizar conscientemente esa energía natural para trascender y disfrutar de la felicidad. Es decir, tomar en consideración que el cuerpo es un templo, por lo que debe tratarse como tal: con respeto, atención, amor y adoración. Esa relación requiere tiempo y esfuerzo, ya que es necesario regresar a sentirse consciente de las acciones más mínimas, ser curioso, encontrarse emocionado por la vida, estar en competencia con uno mismo, entre otras cosas. Así que, para concluir, recordemos la frase de José Narosky: “Hay enfermedades que quitan la vida. Aunque no maten”.



El inmenso impacto de la cantidad de alimentos desperdiciados en el mundo (y consejos para ayudar)

El mundo cada año desperdicia el equivalente a la extensión de China o Mongolia en alimentos y esto afecta terriblemente al planeta. Te ofrecemos algunos consejos para ayudar a reducir el impacto.

El mundo desperdicia un tercio de lo que produce (¡un tercio!), o, lo que es lo mismo, 1.4 billones de toneladas al año. Y lo que lo hace peor es que desperdiciamos mucha energía, agua y tierra al mismo tiempo.

Food Wastage Footprint: Impacts on Natural Resources [La huella del desperdicio: impactos en recursos naturales] es el primer estudio en analizar los impactos del desperdicio global de comida desde una perspectiva medioambiental, mirando específicamente sus consecuencias para el clima, el agua, el uso de tierra y la biodiversidad.

Principales resultados del estudio:

Cada año, los alimentos que son producidos pero no ingeridos engullen un volumen de agua equivalente al flujo anual del río Volga, en Rusia, y es responsable de añadir 3.3 billones de toneladas de gases de efecto invernadero a la atmósfera del planeta. Además de esto, las consecuencias económicas ascienden a $750 billones de dólares al año.

La mayoría del desperdicio ocurre durante la producción, la cosecha y el almacenamiento de alimentos, pero el desperdicio de pequeñas empresas y del consumidor son más altas en países más ricos.

El director de FAO, José Graziano da Silva apuntó: “Todos nosotros –agricultores y pescadores, procesadores de alimentos y supermercados, gobiernos locales y nacionales, consumidores individuales—tenemos que hacer cambios en cada eslabón de la cadena alimenticia humana para prevenir que el desperdicio de comida suceda, en primer lugar, y re-usarla o reciclarla cuando no podamos”.

fooddump-dfe026805af98cff173370b295e429b275a5c632-s6-c30

Reducir y prevenir:

  • Una de las acciones más importantes para evitar tanto desperdicio es desarrollar mejores métodos de cosecha, almacenamiento, proceso, transporte y venta.
  • Los sectores públicos y privados necesitan incrementar las inversiones que se dediquen a mejora estas fallas.
  • Nuevas tecnologías pueden ayudar también. En Filipinas, las bolsas mejoradas para guardar el arroz han ayudado a reducir pérdidas en un 15 por ciento. El África, secadores solares para extender el tiempo de almacenamiento de frutas y tubérculos está funcionando para reducir pérdidas después de la cosecha.
  • Apoyar a agricultores por medio de cooperativas o asociaciones profesionales pueden realmente ayudar a reducir el desperdicio.
  • Tanto negocios como hogares necesitan implementar un mejor monitoreo para saber exactamente cuánto se desperdicia y en dónde.
  • Mejor comunicación entre todos los participantes de la cadena de abastecimiento es crucial. En particular entre proveedores y establecimientos para empatar la demanda y la venta.
  • El empaquetamiento reducido o mejorado también juega un papel importante en esto. Los paquetes excesivos (que son casi todos) no son sustentables.
  • Mejores hábitos de consumo. Cuando estés en un restaurante pide porciones más pequeñas o llévate las sobras a casa. No desperdicies nada en el plato. Y al igual, cuando hagas tus compras, compra sólo lo que estás seguro que vas a comer, no compres de más; mejor, si te hace falta algo, vuelve a la tienda por él.
  • Cuando no es posible la digestión de productos, la mejor manera de desechar las sobras en haciendo una composta y utilizarla para tus plantas. No quemes comida, los gases emitidos son altamente peligrosos para el planeta.

Incluimos un video realizado por la ONU, que explica en términos didácticos la emergencia ante el desperdicio desmedido de comida (en inglés).

[Unep.org]



Ocultas a simple vista: las calorías que necesitamos para alimentar al mundo entero

Un nuevo estudio confirma que un enorme porcentaje de la comida que producimos se utiliza para alimentar animales y producir combustibles en vez de alimentar a personas que sufren de desnutrición.

Para el año 2050 necesitaremos hasta 120% más cultivos de los que tenemos actualmente para poder alimentar a una población cuyo crecimiento es rápido, desmesurado y potencialmente insostenible. Un estudio de la Universidad de Minnesota estima que más de un tercio de las calorías que producimos son utilizadas para alimentar animales, y que tan solo el 12% de estas son consumidas por humanos —un animal necesita comer 30 calorías por cada caloría que contribuyen a la dieta human. Por esta razón, los investigadores creen que en vez de producir más comida deberíamos enfocarnos en minimizar la ineficiencia de las prácticas alimenticias.

El estudio encontró que cultivar comida en tierras que actualmente se dedican a cosechar exclusivamente comida para animales y para la producción de biocombustibles podría rendir suficientes calorías para alimentar a 4 billones de personas (2700 calorías al día).

Según Emily Cassidy, la autora principal del estudio publicado en Environmental Research Letters: “Esencialmente hemos descubierto un suministro sorprendentemente abundante de comida para alimentar al mundo, oculto a simple vista en las tierras que ya cultivamos”.

Sin embargo, el estudio también confirmó que medidas menos drásticas como criar menos ganado bovino, y más aves de corral y ganado porcino, podrían hacer una enorme diferencia. Los investigadores estiman que al remplazar la producción bovina, se podrían alimentar a 357 millones de personas adicionales, siguiendo una dieta de 2,700 calorías al día. Sustituir por completo la carne roja por huevos y leche alimentaría a 815 millones de personas más.

Cassidy piensa que los resultados de su estudio no son una especie de manifiesto vegetariano, en vez propone cambios sutiles que, a la larga, beneficiarían a muchas personas alrededor del mundo.

[Fast Co. Exist]



Somos lo que comemos: hacia una ética alimentaria

¿Es más escandalizante enterarnos que hay personas en China que comen animales vivos o saber que hay otros miles de personas en nuestras propias ciudades que no cuentan ni siquiera con lo básico para cubrir sus necesidades alimentarias cotidianas?

Día a día, de manera cotidiana y mayormente inconsciente, decidimos con qué alimentar nuestro cuerpo. No puede ser de otro modo: nuestra misma supervivencia depende de ello. Incapaces de dejar de tomar esta importante decisión, el ser humano promedia la necesidad de alimento con otras variables o modalidades, como el exotismo de los platos o la simple practicidad y economía. Sin embargo, esta relación entre lo que comemos y lo que somos está atravesada de decisiones éticas que dan forma a las sociedades donde nos desarrollamos.

Por ejemplo, en Occidente los exóticos hábitos alimenticios de Oriente nos parecen por lo menos raros e incluso perturbadores. En China se tiene una larga tradición de comida viva (esto es, literalmente viva), donde incluso se premia la maestría de los cocineros en platos como el de pez Ying Yang, donde el animal debe seguir respirando en el plato a pesar de haber sido descamado, sazonado y sumergido en aceite hirviendo.

Otras “delicias” de la gastronomía china incluyen platos rebosantes de rodajas de serpiente que aún se mueve, y en Japón tenemos el ejemplo del pulpo ikizukuri (ilegal en muchos países europeos donde, sin embargo, no tienen empacho en cocinar langostas vivas), donde los tentáculos literalmente se mueven mientras son masticados por los comensales. Además de las consideraciones éticas por los derechos de los animales y del inimaginable sufrimiento de ser comidos vivos, platos orientales como los Camarones Ebrios (camarones bañados en baijiu, un licor destilado) podrían provocar Paragonimiasis, una enfermedad producida por parásitos que afecta a 22 millones de personas en el mundo.

El siguiente video muestra la preparación de muchos de estos platillos en una competencia de Speed Cooking. Las imágenes incluyen animales vivos siendo cocinados. Se recomienda discreción en el espectador.

Sin embargo, cabría considerar qué perspectiva culinaria es más cruel: la Oriental, donde el placer subordina a todas las demás consideraciones morales pero los comensales son conscientes de que su comida los está observando, o la Occidental, donde los niños crecen pensando que la carne molida se produce en una fábrica y que los animales son una especie de “producto” manufacturado. ¿Les dirías a tus hijos que los nuggets que se comen en los restaurantes de comida rápida en realidad son pollos que han sido molidos vivos?

En su famoso Dictionaire, el filósofo francés Gilles Deleuze afirma que, aunque no siente ninguna simpatía por las corridas de toros, le parece que la relación humano-animal en la fiesta brava acepta la animalidad del toro sin tratar de cambiarla. Lo verdaderamente monstruoso para Deleuze no es que un hombre mate un toro dentro de una celebración sacrificial y comercial, sino que la gente tenga perros y gatos en sus casas y que les suprima precisamente su ser-animal, tratándolos como personas.

Activistas a favor del vegetarianismo y el trato ético de los animales como Gary Yourofsky hablan en términos de una colonización entre especies: los animales no necesitan el mismo tipo de derechos que las personas, sino que las personas reconozcan sus derechos en tanto animales. Un perro no necesita una licencia de conducir ni un pasaporte, pero si coexistimos con uno, debemos proveer los entornos adecuados para que, filosóficamente, el perro pueda ser un perro y no una ridícula marioneta o extensión egótica de sus “dueños”, ni un juguete para los niños.

Somos lo que comemos no solamente en un sentido nutricional, sino también espiritual. Paul Valéry decía que “el león no es más que oveja digerida” (probablemente corregiríamos que es “cebra digerida”, pero la metáfora se entiende), implicando que nuestra alimentación no cubre solamente nuestras necesidades alimenticias, sino que también implica una consideración ética sobre nuestra responsabilidad para con otras especies, además de para con la nuestra propia.

¿No es ridículo pensar que más de 2 mil millones de toneladas de comida se desechen cada año porque preferimos comprar comida de microondas que cocinar lo que tenemos en el refrigerador? Esto sin contar las prácticas de las grandes cadenas de supermercados, que desechan comida en buen estado porque su fecha de caducidad ha expirado. Activistas del freeganism, suerte de anarquistas-humanitarios, rescatan mucha de esa comida para distribuirla entre los desposeídos, pero el desperdicio sigue siendo el parámetro para medir la riqueza en nuestra sociedad.

Dime cuánto desechas y te diré qué tan rico eres. No necesitamos almacenar comida comprada en tiendas como Costco sólo porque son más baratas, como si se tratara de prepararse para el apocalipsis zombi: necesitamos hacernos conscientes de que nuestras decisiones en cuanto a alimentación afectan no sólo a los animales de los que nos aimentamos, sino también a la economía que permite (o no) que otras personas se alimenten.

Videos como el anterior suelen recibir miles de comentarios negativos por parte de los internautas, pero pocas veces nos ponemos a pensar que nuestra sociedad está estructurada de tal modo que consideramos “natural” tirar a la basura comida empacada habiendo millones de personas que no tienen que comer. No se trata sólo de la culpa cristiana de cuando nuestras madres decían que había niños que comerían gustosos este mismo plato de sopa: se trata de preparar las condiciones mismas para la sobrevivencia de la especie. Claro, comer pescados vivos es una brutalidad, pero denunciar esto es hipócrita si no va acompañado de una ética sobre las prácticas alimentarias que tenemos en nuestras propias sociedades.

[Disinfo]

Observatorio

Seguimiento a los asuntos ambientales y de ecología más urgentes de México.

Biblioteca Ecoosfera

Una compilación de lecturas (libros, ensayos, etc) disponibles en PDF sobre temas como sustentabilidad, medioambiente y salud.

Ir a Biblioteca