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Hornear con sucralosa potencia sustancias cancerígenas de este endulzante artificial

En años recientes el abuso de azúcar en distintos alimentos, muchos de ellos de la llamada comida chatarra, ha provocado una especie de mala fama para dicho endulzante, coyuntura que ciertas compañías han aprovechado para ofrecer alternativas artificiales que en casi todos los casos se venden con la consigna de estar “libres de calorías”.

Sin embargo, varios estudios han demostrado que este tipo de endulzantes son dañinos para la salud humana. El aspartame, por ejemplo, utilizado sobre todo en alimentos “light”, está asociado al desarrollo de leucemia, linfoma y tras enfermedades de mutación celular, consecuencias que se sospechaban ya desde la década de 1990, cuando este producto conoció cierto auge.

Por otro lado, la opción que compitió contra este endulzante, la sucralosa, comercializada sobre todo bajo la marca Splenda, aunque por un tiempo gozó de cierta apreciación en el mercado, pues se decía que no provocaba ninguno de los efectos adversos del aspartame, recientemente comienza a revelarse como un producto poco benéfico para nuestro bienestar.

Tal es el caso de un estudio de Susan S. Schiffmana y Kristina I. Rotherb publicado recientemente en el Journal of Toxicology and Environmental Health, según el cual la sucralosa llevada a las temperaturas de un horno casero hace que se liberen dioxinas cancerígenas conocidas como “cloropropanoles”, químicos potencialmente tóxicos y relacionados con un alto riesgo de desarrollar cáncer.

Asimismo, de acuerdo con el sitio treehugger, existe un estudio realizado en Italia y todavía no publicado en el que la sucralosa se cataloga como una sustancia de “precaución” dentro de los aditivos que se utilizan en la industria alimentaria.

En suma, tal parece que si bien el azúcar puede ser dañina, los sustitutos industriales no parecen ser la mejor opción para sortear sus consecuencias no deseadas.

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