Descubren un desfiladero más profundo que el Gran Cañón, escondido bajo el hielo de la Antártica

Bajo las grandes capas de hielo antártico se encuentra un desfiladero más profundo que el Gran Cañón

Un equipo de dirigido por Neil Ross, de la universidad de Newcastle, utilizó un radar e imágenes satelitales recolectadas en colaboración con la misión IceBridge de la NASA para hacer un plano de un sistema montañoso prehistórico llamado Ellsworth.

Al hacer la investigación para mapear el sitio, los científicos descubrieron un cañón de 1.8 millas de profundidad, 186 millas de longitud y, en algunas partes, 15 millas de ancho.

El Gran Cañón es más ancho y más largo que el desfiladero antártico pero la profundidad de éste supera al Gran cañón, en algunas partes, hasta doblemente.

En el último número de Geological Society of America Bulletin, Ross y equipo dicen que el sistema montañoso subglacial Ellsworth podría haberse formado hace unos 80 millones de años, cuando la Antártica se separó de la Pangea, y fue cubierto después por glaciares eventualmente escondieron las tierras.

“Para mí, esto demuestra qué tan poco sabemos aún sobre la superficie de nuestro propio planeta” dijo Ross, “el descubrimiento y la exploración de paisajes escondidos y previamente desconocidos es aún posible e increíblemente emocionante.”

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El hielo del Ártico está más vulnerable de lo que creíamos

El problema del flujo de las aguas deshieladas es que desprotegen la zona polar de los océanos más cálidos, provocando fracturas y derretimiento de la mayoría de los glaciares.

En los últimos años ha surgido la preocupación ante el deshielo de los polos debido al calentamiento global. Poco a poco se ha tratado de investigar a profundidad las causas, consecuencias y medidas de prevención para enfrentar esta crisis global. Un ejemplo de ello es la investigación realizada por The Earth Institute de Columbia University, desde el siglo XX, en la cual se surgiere que la Antártica es más vulnerable ante los próximos aumentos de temperatura de lo que se solía creer. 

Para llegar a esa conclusión, los científicos grabaron los canales de agua deshielada para tratar de encontrar la distancia que recorrían y el tiempo que hacían para llegar a los océanos. Los resultados no fueron gratos. En palabras de Jonathan Kingslake, glaciólogo y miembro de la investigación, “Esto no es el futuro. Se está expandiendo ahora mismo y ha sido así en las últimas décadas.” 

Anteriormente se creía que el agua deshielada se quedaba en la zona; sin embargo la investigación demostró que estas aguas se mueven a lo largo de la superficie de la Antártica recorriendo grandes áreas. En total, hay 700 canales y lagunillas que recorren desde 121 km hasta 604 km a 1 300 metros sobre el nivel del mar. Suponen sitios en donde se pensó que era imposible el flujo acuífero y que, pese a la lógica física, pueden llegar a formar cascadas; como la que se encuentra en Nansen Ice Shelf, con una altura de 122 metros. 

Estas aguas deshieladas usualmente se congela de nuevo en invierno, sin embargo en los últimos años se ha vivido una pérdida considerable de hielo debido al calentamiento global. Esto quiere decir que hay ahora más agua deshielada de la que se vuelve congelar, y conforme las temperaturas aumenten, continuará el mismo curso de deshielo ocasionando numerosas crisis en el planeta. 

 

El problema del flujo de las aguas deshieladas es que desprotegen la zona polar de los océanos más cálidos, provocando fracturas y derretimiento de la mayoría de los glaciares. En otras palabras, estas aguas deshieladas dejan expuestos y en vulnerabilidad a los polos; como muestran las zonas rojas de la imagen a continuación:

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Correr una hora prolonga la vida siete horas, estudio

Según un nuevo estudio realizado por el profesor de kinesiología en la Iowa State University, Duck-chul Lee, correr durante una hora prolonga la esperanza de vida incluso siete horas.

Salir a correr es una de las actividades físicas con mayor número de beneficios tanto corporales como psicoemocionales: incrementa los niveles de endorfinas y serotonina, brindando mayor estabilidad en cada uno de los sistemas corporales y en la salud psicológica de la persona que lo practica; ayuda a la digestión, y por tanto a absorber con mayor facilidad los nutrientes de los alimentos y a desechar todas las toxinas que se encuentran en el cuerpo; entre otros. Según un nuevo estudio realizado por el profesor de kinesiología en la Iowa State University, Duck-chul Lee, correr durante una hora prolonga la esperanza de vida incluso siete horas y previene tanto enfermedades como muerte prematura. 

Para llegar a esta conclusión tan específica, Dr. Lee realizó un análisis en el que comparaba la esperanza de vida entre no corredores y corredores, encontrando que los últimos tendían a vivir tres años más que los primeros –aún si corren lento o esporádico y fuman, beben o tienen sobrepeso–. Lee retomó un estudio elaborado hace aproximadamente tres años en el que se indicaba que correr diario durante cinco minutos se correlacionaba con la prolongación de vida. De modo que para analizar la relación necesitaba primero que nada establecer los factores de mortalidad y ejercicio, y luego recolectar la información de los voluntarios a una grande escala. 

Conforme se fue realizando el análisis, Lee encontró que una persona corredora –frecuente o no– disminuía el riesgo de una muerte prematura hasta un 40 por ciento, controlando factores como el tabaco, bebidas alcohólicas, problemas de salud como hipertensión u obesidad, de ataques cardíacos en un 25 por ciento y de muertes en un 16 por ciento. Y no sólo eso: los investigadores calcularon que correr regresaba estadísticamente más tiempo en la vida de las personas que la que les hacía consumir. Estimaron que un corredor típico pasa menos de seis meses en correr dos veces a la semana durante 40 años, y poseía un incremento en la esperanza de vida de 3.2 años; es decir que una hora de correr alarga la esperanza de vida siete horas. 

Dr. Lee agrega en su estudio que estas adiciones “no son infinitas”; correr no vuelve inmortal a las personas pero reduce los efectos de la vejez y mejora la calidad de vida. 

 



El cañón más grande del mundo posiblemente se encuentra en la Antártica y nadie lo ha visto aún

Tras un análisis satelital en el Princess Elizabeth Land (PEL) al este de Antártica, los investigadores encontraron trazos de un paisaje subglacial: un gran cañón hecho de hielo y un lago debajo de capas de nieve.

En el mundo hay contados cañones tan espectaculares como el Gran cañón de Arizona, sin embargo, de acuerdo con investigadores de Durham University, hay evidencia que el cañón más largo e insólito se encuentra en el Antártico y se encuentra debajo de gruesas capas de hielo.

Tras un análisis satelital en el Princess Elizabeth Land (PEL) al este de Antártica, los investigadores encontraron trazos de un paisaje subglacial: un gran cañón hecho de hielo y un lago debajo de capas de nieve. Este hallazgo se ha convertido en el mayor descubrimiento geológico de todos los tiempos.

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Stewart Jamieson, líder de la investigación, explica que se trata de la primera evidencia de la existencia de un gran cañón de hielo así como de un lago. La data satelital muestra que el paisaje tiene un largo de 1 1000 km y una profundidad de 1 km por debajo del nivel del mar. Además, de un posible lago profundo de 140×120 km que conecta con el cañón: “Se trata de una región de la Tierra que es más grande que el Reino Unido, y que todavía desconocemos lo que hay debajo del hielo. De hecho, la Antártica es menos conocida que la superficie de Marte.”

Los investigadores tienen la teoría que el sistema del cañón se creó a partir de un flujo acuífero que existió mucho antes que se condensara la capa de hielo sobre la superficie. Inclusive se ha llegado a creer que el flujo pudo estar erosionando el hielo desde su formación: “Si pudiéramos tener un mayor conocimiento sobre el paisaje enterrado, quizá podríamos entender mejor cómo las capas de hielo están reaccionando de esa manera con los cambios climáticos.”

 



Una mirada profunda al cosmos: imágenes de las zonas fotografiables más remotas de nuestro universo

Utilizando el Hubble, un lente de larga exposición, y un lente gravitacional existente naturalmente, la NASA fotografió los rincones más lejanos jamás vistos del universo.

La NASA nos vuelve a sorprender con una serie de maravillosas imágenes del espacio exterior, esta vez nos muestran imágenes  de nuestro universo nunca antes vistas: las regiones fotografiables más lejanas.

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Para lograr este enorme proyecto utilizaron el telescopio Hubble, un proceso de larga exposición y un lente gravitacional. Este tipo de lente se forma cuando las gravedades de galaxias individuales se juntan, combinan y se vuelven tan fuertes que logran deformar el espacio que las rodea. Esta manera de doblar el espacio crea un efecto “zoom” natural que magnifica galaxias lejanas, indiscernibles de otra manera.

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Esta innovadora manera de observar el universo ha permitido que los astrónomos de la NASA estudien 3 mil galaxias, algunas de las cuales son las más jóvenes estudiadas hasta ahora. Según el sitio web io9, la NASA planea combinar un video con las imágenes de Abell 2744 (que fueron tomadas por el telescopio espacial Spitzer), con el fin de definir como las galaxias evolucionan y como los hoyos negros afectan su desarrollo.

Aquí vale la pena recordar lo que muchos sabemos: las estrellas que vemos (más aun, las estrellas que capturó el Hubble) en realidad son entidades que bien pudieron haberse desintegrado hace milenios. Sin embargo, el tiempo que tardan sus partículas en llegar a nosotros nos hace pensar que siguen ahí, brillando el cielo. De acuerdo a esto, podemos especular que al contemplar una estrella estamos, en cierto modo, viajando en el tiempo. Estas fulminantes fotografías del Hubble, entonces, podrían ser retratos de fantasmas, hologramas que muestran lo que estuvo ahí alguna vez y ya no existe más, lo cual solo le añade encanto al experimento.



Impresionante fotografía de la Corriente Magallánica tomada por el Telescopio Espacial Hubble

Imagen de la Corriente Magallánica, tomada por el telescopio Hubble de la NASA.

Hace eones, dos de nuestras galaxias satélites se cerraron en un juego cósmico casi bélico. Sus interacciones gravitacionales fúricas arrancaron una gran franja de gas caliente material potencial para formar estrellas, que ahora rodea la mayor parte del hemisferio sur de nuestra galaxia.

La llamada Corriente Magallánica toma su nombre de sus progenitores, las galaxias enanas conocidas como Nubes de Magallanes.

Los científicos se preguntan cuál es el curso de la Corriente Magallánica; es posible que la franja eventualmente caiga en nuestra Galaxia, causando un frenesí de formación de estrellas.

Esta imagen, tomada con el telescopio Hubble de la NASA, muestra la larga cinta de gas descubierta en un radio de longitud de ondas en los 70, en tonalidades rosas contra una vista panorámica del cielo a través del plano de la Vía Láctea. Las Nubes de Magallanes, ambas galaxias enanas satélites de la Vía Láctea, se observan cerca de la punta del lado derecho de la franja. Los resultados indican que el mayor parte del material de la franja proviene de la Pequeña Nube de Magallanes. La Corriente Magallánica es muy probablemente resultado de las interacciones de la marea gravitacional de las dos galaxias enanas hace unos 2 billones de años. La Pequeña Nube de Magallanes perdió más material debido a que tiene una masa mucho menor a la Gran Nube de Magallanes.

En este enlace, la imagen en tamaño completo.

[io9]

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