Puedes encontrar lo mejor de la comida chatarra (el sabor) en alimentos saludables

Al comer comida chatarra, que no podemos negar que es muy rica, estamos pagando un precio alto. Por ello la nutrióloga Karina Salazar nos insta a cambiar nuestra alimentación por opciones igualmente deliciosas pero mucho más sanas.

Algo tiene el sabor de la llamada comida chatarra que nos encanta. Tal vez es, o no, esa mezcla entre sabores agridulces y salados, pero lo cierto es que el precio que pagamos por ellos es alto. Este tipo de comida contiene grandes cantidades de ingredientes dañinos para la salud, por ejemplo la sacarosa, por la cual tenemos una predilección genética. También, son producidos con potenciadores artificiales de sabor, como el glutamato monosódico, el cual provoca la sensación de querer consumir más comida con un sabor similar, generando una especie de insatisfacción inagotable.

La comida chatarra nació a inicios del siglo pasado, ligada estrechamente al surgimiento de la comida rápida, cuya filosofía privilegia lo comercial e inmediato, en contraste con la salud y el cuidado en la preparación de los alimentos. Es importante recalcar que la comida chatarra contiene altos niveles de grasa, sal, condimentos y azúcares, los cuales aumentan el apetito y la sed, traduciéndose en un mayor consumo, y por lo tanto en beneficios para el mercado.

Desde hace algunas décadas la comida chatarra ha sido controversial por sus altos contenidos calóricos y sus repercusiones negativas en la salud. Esta tendencia se ha acentuado con la popularización de la obesidad, que ha alcanzado cifras alarmantes en muchos países. Lo anterior se ha convertido incluso en un problema de salud pública, debido a los elevados costos que implica esta problemática.

Las  marcas fabricantes de este tipo de productos, en un esfuerzo por crear opciones más nutritivas pero igual de comercializables, han lanzado al mercado productos horneados, los cuales tienen menos calorías, reduciendo así los niveles de grasas. Sin embargo,  a la fecha no han logrado consolidarse en el gusto de los consumidores. Pero ¿por qué si las grandes compañías conocen los sabores preferidos por la mayoría, no han desarrollado un producto que tenga estas características gustativas, pero que la calidad y la cantidad de sus componentes sean saludables?

Al reconocer que las opciones de este tipo de alimentos son limitadas, creé un proyecto de una botana horneada y saludable, con sabor a queso, hecha a base de harina de avena y maíz. El resultado es delicioso y además, escasas botanas están realizadas a base de avena. Lo mejor es que este tipo de experimentos pueden realizarse en casa, con un poco de tiempo y disposición.

Es urgente imaginar productos que utilicen ingredientes que además de satisfacer un antojo, provean de un verdadero beneficio nutricional al organismo. Para esto, también debemos comenzar, como consumidores responsables, a comprar productos que indiquen a las marcas que deseamos tener una oferta más sana. La demanda es quizá nuestro principal poder como consumidores, no es necesario deshacernos de los deliciosos sabores chatarra, sino de imitarlos en opciones realmente saludables.

Autora: Ana Karina Salazar – Nutriologa / karisa004@hotmail.com



Mancha de residuos fecales podría afectar biodiversidad en Los Cabos

Si bien en una primera instancia trataron de encubrir el hecho señalando que se trataba tan sólo de “un líquido derramado por alguna embarcación”, las muestras recabadas comprobaron que eran realmente residuos fecales.

 

Cerca del municipio de Los Cabos, en Baja California Sur, se comenzó a reportar la presencia de una creciente mancha café que parecía simple agua sucia. Sin embargo, tras solicitar –y demandar– la investigación de la Comisión Estatal para la Protección contra Riesgos Sanitarios –Coepris–, se confirmó la presencia de desechos fecales. 

Si bien en una primera instancia trataron de encubrir el hecho señalando que se trataba tan sólo de “un líquido derramado por alguna embarcación”, las muestras recabadas comprobaron que eran realmente residuos fecales. Frente a esto, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente –Profepa– y la Marina se encuentran haciendo uso de sus recursos para disolver la mancha que está afectando al ecosistema marino de la región, mientras tanto las autoridades han empezado a realizar averiguaciones sobre los responsables de la gran mancha y sus consecuencias en el medio ambiente. 

La mancha de color café, actualmente con una capa blanca, amarillenta y espumosa, muestra un proceso de decomposición orgánica, lo cual contiene coliformes fecales que pueden estar afectando a la biodiversidad marítima de la zona. Se cree que la mancha, que va desde la entrada de la marina de Cabo San Lucas hasta Migriño, se originó cuando algún barco descargó ahí sus desechos. Se ha considerado un hecho ilegal. 



¿Ya viste cómo se está generando un movimiento mundial contra la comida chatarra?

#FoodTreatyNow busca que muchas empresas adopten (obligatoriamente) medidas para proteger a los consumidores.

Imagina el poder de las grandes corporaciones de los alimentos industrializados haciendo lobby con los gobiernos. A sus ejecutivos convenciendo a los legisladores de no permitir que su poder sea reducido. Las grandes transnacionales (sea cual sea su tipo de servicio) tienen un gran poder que queda corto, tanto comparado con el poder de los políticos, como con el de los ciudadanos. 

Muchas personas cuestionan la autenticidad real de las democracias, pues en realidad, tras bambalinas, nuestros destinos colectivos parecen operados por la voluntad de unos cuantos líderes (casi anónimos) del poder económico. Por lo anterior es crucial que la ciudadanía cuente con algunas defensas. 

En el 2004, por ejemplo, al menos 180 países de la OMS suscribieron un acuerdo contra el tabaco (pues estaba matando a muchas personas). Hoy, en muchos países es imposible fumar en espacios cerrados, lo que era impensable hace dos décadas…

Así, para enfrentar el gran poder de la industria chatarra, la organización mundial Consumers International integrada por 250 Ong´s de 120 países está haciendo una campaña para que se haga un nuevo convenio; esta vez para defendernos de la comida industrializada insana.

No se trata de que las personas pierdan la libertad de elegir si comen o no una hamburguesa, sino de que las empresas especifiquen en sus etiquetas, con criterios internacionales, sus ingredientes (por ejemplo si tienen transgénicos); que estos productos no sean publicitados en horarios infantiles,  o que en caso de que sean muy dañinos modifiquen algunas de sus fórmulas. 

Con el hashtag #FoodTreatyNow, este colectivo internacional de organizaciones está planteando que los gobiernos del mundo firmen un acuerdo de esta naturaleza, ya que como podemos imaginar fácilmente, las grandes transnacionales aparecen como un poder desbordado frente a los gobiernos de los países.



Así es como Latinoamérica se “chatarrizó” en pocos años

Esta situación ha traído como resultado que la dieta tradicional de varias regiones, aquella que tardó siglos en constituirse como parte de la cultura e identidad, está siendo olvidada, entre otros factores, por la publicidad invasiva

Papas o cacahuates con salsa valentina y limón, galletas de chocolate rellenas de una masa misteriosamente considerada como leche, golosinas con grandes cantidades de conservadores y endulzantes artificiales, comida previamente preparada y bombardeada con químicos altos en sodio, como las sopas instantáneas.

En los últimos 20 años, los países de América Latina han aumentado su índice de sobrepeso y obesidad, derivado esto por el alto consumo de productos ultraprocesados ricos en azúcares, grasas y sodio.

De acuerdo con estudios de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), las ventas de los productos ultraprocesados (PUP) per cápita se incrementó en los últimos 15 años en 12 países de la zona. En consecuencia, se desplazaron las dietas tradicionales con base en alimentos saludables. Por ejemplo, en México hubo un efecto inversamente proporcional al aumentar el consumo de refrescos, dulces, pasteles y sopas instantáneas y reducirse el uso de productos naturales como el frijol y las frutas y verduras.

Alejandro Calvillo, director de la revista El Poder del Consumidor, explica que “la comida tradicional y el hábito de convivir al comer se está perdiendo”. Esto se debe a la sustitución de los alimentos naturales por los productos realizados mediante “formulaciones creadas a partir de sustancias extraídas de alimentos (grasas, almidones y azúcares). Entre los cuales se encuentran los famosos junk food: los snacks llenos de energía, cereales endulzados, galletas, pasteles, bebidas azucaradas, comida rápida, platillos listos para calentar, etcétera”.

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Esta situación ha traído como resultado que la dieta tradicional de varias regiones, aquella que tardó siglos en constituirse como parte de la cultura e identidad, está siendo olvidada por la publicidad invasiva, los etiquetados, las formulaciones adictivas y la distribución masiva, entre otros factores. Así mismo, los índices de masa corporal de América Latina han ido en aumento, como por ejemplo en México, Chile y Perú.

Las soluciones, más allá de las políticas integrales en la producción de los PUP, incluyen las acciones diarias de cada individuo, desde el consumo en mercados de alimentos locales o regionales hasta la regulación de publicidad en el hogar. Existe una gran cantidad de soluciones para reducir el consumo de productos ultraprocesados y así, disminuir la epidemia de sobrepeso u obesidad en esta región del mundo.



¿Tienes mal humor? Tal vez consumiste alguno de estos alimentos

Existe cierto tipo de comida que es contraproducente con nuestro organismo tanto físico como psíquico

Usualmente relacionamos una dieta saludable con una de las posibles soluciones para los problemas asociados con el exceso de peso o de los “centímetros de más”. Y es más, hasta consideramos que se debe sufrir con comida aburrida para alcanzar los objetivos de belleza.

Decirle adiós a las garnachas y a los productos empaquetados tan suculentos, no es una cosa sencilla que se realiza de la noche a la mañana. Sin embargo, con las razones adecuadas, puede facilitarse esa transición al cambio:
Aunque parezca sorprendente, una buena dieta puede mejorar el estado de ánimo en el día a día. De acuerdo con varios estudios relacionados con la dieta una comida con la menor cantidad de químicos libera grandes cantidades de nutrientes que, a su vez, segregan endorfinas y serotonina (neurotransmisores del placer, bienestar y recompensa). Por el contrario, existe cierto tipo de alimentos que son contraproducentes con nuestro organismo tanto físico como psíquico. Estos son algunos de ellos:

– Comida chatarra y rápida, alta en grasas trans. 

– Bebidas con cafeína, energéticas y alcohólicas. Estos alimentos tienen altos niveles de cafeína, la cual libera adrenalina y esta, a su vez, produce ansiedad (decodificándose en agresividad y violencia).

– Productos procesados en empaques. Ricos en carbohidratos refinados, estos productos suben el nivel de glucosa en la sangre, alterando el estado de ánimo. 

 

 

 



¿Por qué no puedes limitarte a comer sólo una porción de estos alimentos?

La comida procesada se le ha considerado como una sustancia potencialmente adictiva que crea dependencia en poblaciones vulnerables.

¿Te ha pasado que cuando terminas un paquete de papas fritas, tienes antojo de comer más; que la razón por la cual quieres una hamburguesa es por las papas a la francesa; que tienes un antojo diario de galletas que venden en paquetes de seis; que prefieres refresco en vez de agua natural?

Estas tentaciones, en especial las ricas en azúcar, grasa y sal, nos rodean a diario, afectándonos orgánica y emocionalmente. De acuerdo con un estudio reciente publicado en la National Library of Medicine, los ingredientes de este tipo de comida pueden alentar un desorden de dependencia (según la definición de la American Psychological Association).  

La adicción es una condición donde el cuerpo debe tener esa sustancia para evitar los síntomas de la abstinencia. Al principio, durante la etapa de la dependencia, la persona está en la búsqueda de mantener todas las sensaciones placenteras que genera la sustancia; después, cuando su cuerpo desarrolló cierta tolerancia, esa persona se encuentra en la necesidad (física y psicológica) de consumir grandes cantidades de la sustancia para conseguir el mismo efecto del principio.

Aunque existen pocas evidencias comprobando el potencial adictivo de la comida procesada (alta en sal y grasa), algunos estudios explican que la obesidad causada por este tipo de alimentos se caracteriza por una resistencia a la insulina, a la leptina y a otras hormonas, las cuales alteran el apetito y el límite de la gratificación.

De hecho, los anuncios de comida rápida brindan señales ambientales que pueden desencadenar una sobrealimentación adictiva. Por consiguiente, la comida procesada se le ha considerado como una sustancia potencialmente adictiva que crea dependencia en poblaciones vulnerables.

¿Cuáles son los ingredientes que convierten a la comida en productos adictivos?, ¿por qué llegamos a desear comer más y más de ellos?

En el caso de los productos procesados que fueron horneados, el ingrediente que causa reacciones similares al abuso de sustancias es el jarabe de maíz alto en fructosa. Es decir, las galletas, la avena de bolsa, los endulzantes artificiales, etcétera. Todos ellos provocan que deseas comer más dulce.

El refresco. El refresco es una bomba de azúcar (o jarabe de maíz alto en fructosa) y de cafeína que puede ser un producto fácilmente adictivo. La cafeína se dirige hacia el flujo sanguíneo, bloqueando los receptores de adenosina, estimulando las glándulas adrenales y generando adrenalina en el cuerpo. Es decir, al crear un estado de alerta, las personas se sienten llenas de energía. Sin embargo, el cuerpo se encuentra forzado a encontrarse en un estado antinatural que termina fatigándolo.

Además, beber un refresco es ingerir prácticamente 11 cucharadas de azúcar, afectando todo tu cuerpo: desde un nivel hormonal, digestivo, mental hasta la erosión del esmalte dental.

Alimentos ricos en carbohidratos de alto índice glucémico, como el pan blanco, son productos difíciles de dejar de comer; pues nos provocan enormes deseos de comerlos constantemente. Para evitar esa sensación de dependencia, podemos consumir alimentos con bajo índice glucémico como la fruta, semillas, granos, etcétera.

Las papas fritas, la chatarra tan deliciosamente salada y grasosa. Una sola mordida de estas papas hace que nuestros corpúsculos manden al hipotálamo señales de placer. Una vez que el cerebro está saturado de placer, nunca es suficiente: necesitas más, más y más.

Burger_king_whopperLas salchichas, el jamón, el tocino. Las carnes altamente procesadas contienen niveles elevados de químicos como el nitrato de sodio, sal, preservativos y mucha grasa. En su lugar, prueba carne fresca como el pollo y carne de res.

Las papas a la francesa, en especial con su increíble sabor a sal… De hecho, la sal es el ingrediente que nos mantiene deseando “picar y picar” más. Un estudio reveló que el consumo de sodio crea una increíble sensibilidad a la dopamina, el neurotransmisor del placer, y al control del apetito.

 

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