Las 90 compañías responsables por el cambio climático (INFOGRÁFICO)

Este genial infográfico interactivo te muestra como 90 compañías han producido más del 60% de las emisiones responsables por el calentamiento global.

Aunque parece difícil de creer, 90 compañías —algunas privadas, algunas son propiedad del Estado— producen más de la mitad de las emisiones que causan el calentamiento global. En un reporte publicado en la revista Climatic Change, el investigador Richard Heede, describe como en los últimos 25 años se han producido más de la mitad de las emisiones que dañan el planeta.

El infográfico, creado por Duncan Clark y Kiln, con los dibujos de Mike Bostock y Jason Davies, basado en la investigación de Richard Heede, nos permite navegar por las 90 compañías. Algunas de las compañías más importantes, como Exxon y Shell, financian campañas que niegan el cambio climático.

La gráfica circular representa la totalidad de las emisiones que causan el calentamiento global. Está dividida en dos secciones: el “top 90 de las compañías emisoras” (que ocupan poco más de la mitad de la gráfica) y “otras compañías”. De aquí la gráfica está dividida en tres subsecciones: compañías privadas, compañías administradas por un gobierno y compañías estatales.

El infográfico: (dar click sobre la imagen para acceder a la versión interactiva).

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Los bosques, la clave para ganar tiempo contra el cambio climático

Los bosques del planeta son un factor decisivo en nuestra lucha contra el cambio climático, pero para que éstos puedan cumplir con la función que de ellos demandamos, es determinante reconocer los derechos de sus legítimos propietarios.

Para frenar el cambio climático se requiere abandonar los combustibles fósiles y migrar por completo a energías limpias. El problema es que esta transición no solo es bastante compleja, y costosa, también es lenta. Por eso, mientras completamos dicho proceso necesitamos de algún recurso que nos permita ganar tiempo y así llegar a tiempo a esa cita urgente que tenemos todos con el planeta. 

Dentro del escenario descrito, los bosques adquieren un papel crucial. Su capacidad para retener carbono, y así bajar las emisiones, permitiría desacelerar el calentamiento global y ganar unos años, suficientes para que con políticas energéticas adecuadas, logremos revertir la situación antes de que alcance un punto incontrolable. Para conseguirlo, tal como se advierte en el Acuerdo de Paris, es imprescindible mantener el aumento de la temperatura media por debajo de los 2 °C (e idealmente en un máximo de 1.5 °C).

Considerando lo anterior y según advierte un estudio reciente de Woods Hole Research Center, frenar la deforestación y restaurar los bosques, nos permitiría ganar entre 10 y 15 años en nuestra carrera por migrar a energías renovables. En pocas palabras, y como sentenció David Kaimowitz, Director de Recursos Naturales y Cambio Climático de la Fundación Ford, durante su intervención en el seminario “Bosques y comunidades” del SUSMAI, “los bosques están en el centro de la solución al cambio climático”. 

Los bosques no sólo son un recurso oportuno, sino también efectivo en términos de costo. El manejo sustentable de los bosques provee empleo e ingresos para cientos de millones de personas, además de generar energía renovable y favorecer la producción de alimentos. La tecnología para el manejo sustentable del bosque no es costosa y está ya disponible. No es necesario pagar costosas patentes y desarrollar sofisticados dispositivos.

Pero si bien ya tenemos ese recurso imprescindible para ganar tiempo, ahora el reto está en definir cómo lograr cuidar y restaurar los bosques del planeta. Y aquí la respuesta apunta a las comunidades locales e indígenas que desde hace generaciones habitan áreas forestales y que, además, son propietarios de más del 80% de los bosques en el mundo. El reconocimiento de este derecho a su territorio facilita significativamente que dichos grupos se hagan cargo de la conservación y restauración de estas áreas. 

De acuerdo con un estudio de artículo del World Resources Institute, citado por el propio Kaimowitz en un artículo, en aquellos territorios donde se reconoce el derecho de propiedad y gestión de las comunidades, “las tasas de deforestación son de dos a tres veces más bajas que en bosques similares pero donde las comunidades carecen de títulos”.  

En pocas palabras, los bosques del planeta son un factor decisivo en nuestra lucha contra el cambio climático. Pero para que éstos puedan cumplir con la función que de ellos demandamos, es determinante reconocer los derechos de sus legítimos propietarios, desarrollar los medios legales y técnicos, y destinar los recursos necesarios para promover el manejo sustentable de los bosques por parte de las comunidades.  



¿Por qué es tan necesario que la agricultura y los bosques se unan a favor de la conservación?

Aunque suelen percibirse como enemigos, existen formas de coexistencia sustentable enre el cultivo del campo, el bosque y la ganadería.

La agricultura, sobretodo a gran escala, se ha convertido en una amenaza de la biodiversidad. La expansión desmedida e irresponsable de las áreas de cultivo ha provocado la pérdida de miles de hectáreas de bosques y atentado contra la diversidad biológica que se concentra abundantemente en estos territorios. Según cifras de la FAO, alrededor de 4,400 millones de hectáreas en el mundo son destinadas al cultivo y esta superficie constantemente gana terreno a los ecosistemas originales.

Sin embargo, la agricultura es la base alimentaria del mundo desde épocas inmemorables. En el caso, por ejemplo, de México, el cultivo de la tierra tiene, y ha tenido, un rol crucial en el sustento, estilo de vida y cosmovisión de sus habitantes.

Debido a que ambos, agricultura y bosques, son esenciales para el futuro de las poblaciones del planeta, su alianza a favor de una coexistencia sostenible se presenta como algo imprescindible.

La problemática

Al igual que en otros lugares, en México ocurre un frecuente cambio de uso de suelo, de bosque a campo de cultivo, por la falta de incentivos en torno al aprovechamiento de recursos forestales frente al cultivo de, por ejemplo, aguacate o palma africana. Esto se debe en buena medida a que las comunidades, que por cierto poseen buena parte de las tierras boscosas, no encuentran en el bosque una fuente de ingresos, misma que si hallan en el campo.

Lo anterior tiene que ver con políticas que desincentivan la rentabilidad sustentable de los bosques. Por ejemplo, en México existen los pagos por servicios ambientales (PSA) que se otorgan a los dueños de las tierras ejidales, y que se tornan en una especie de compensación “pasiva” que no estimula a las comunidades a emprender como una empresa forestal comunitaria económicamente rentable, ni mucho menos a conservar su ecosistema con una correcta gestión del bosque y sus recursos. Esto en muchas ocasiones incentiva más bien la conversión de bosques en tierras agrícolas o la concesión a otros mecanismos de aprovechamiento, no sustentable, como lo son la minería o el desarrollo urbano.

Soluciones

A raíz de estas problemáticas han surgido planteamientos, desde la filosofía del manejo forestal comunitario, como el de practicar la agroforestería comunitaria –una especie de agricultura climáticamente inteligente– para impulsar la variabilidad de la diversidad biológica dentro de los bosques.

Como bien señala el Consejo Civil para la Silvicultura Sostenible, se ha comprobado que la agroforestería o agrosilvicultura es un sistema efectivo en el manejo sostenible de los suelos forestales. Básicamente se trata de conjugar, bajo un mismo terreno, dos, o incluso tres, de los actores en disputa: agrocultivo, bosque y ganado. En México esta técnica de cultivo inteligente, y otras más como la agricultura orgánica y la silvicultura comunitaria, han demostrado sus incontables beneficios, tanto para las economías locales como para la mitigación del cambio climático.

La importancia de sustituir las prácticas agrícolas contaminantes, por otras más sustentables, adquirió mayor fuerza en el país a propósito de la última convención sobre Diversidad Biológica, la COP13.

 

En México, la agricultura y el bosque podrían aliarse a favor de la conservación

En México, históricamente se ha incentivado, por medio de subsidios y alicientes, la agricultura y la ganadería a costa de la superficie forestal. Lo anterior se traduce en uno de los principales motores de deforestación, en buena medida por falta de políticas y regulaciones que eviten que se termine subsidiando el derribo de los bosques para producir carne, aguacates o aceite de palma.

Con los acuerdos emitidos en esta cumbre realizada en Cancun, México concretó dos importantes convenios que podrían, en caso de aplicarse correctamente, facilitar la relación entre agricultura y bosques en el país de manera sostenible:

Por un lado se encuentra el acuerdo de colaboración entre SAGARPA y SEMARNAT, que enuncia una nueva etapa en la coordinación de sus sectores correspondientes. Se trata de una alianza para promover estrategias conjuntas y evitar que más zonas forestales sean convertidas en agropecuarias o ganaderas. Aunque todavía no se especifican los métodos para lograrlo, se ha acentuado principalmente la prohibición de proyectos que intenten trasmutar tierras forestales en agrícolas, como ha sido el caso del cultivo del aguacate, que es responsable de la pérdida de millones de hectáreas forestales en México. Mediante este acuerdo, básicamente se prevé una compatibilidad entre desarrollo económico, sustentabilidad alimentaria y preservación del medioambiente, tres conceptos que remiten a la silvicultura y agroforestería y que, esperemos, se encuentre dentro de las metas a impulsar.

Por otro lado, durante la COP13 se acordó un convenio entre SAGARPA y CONAFOR, que versa sobre la posibilidad de mitigación de cambio climático en áreas rurales, por medio del buen manejo de incentivos agropecuarios y forestales, –ya que éstos no se encuentran en equilibrio–, los sistemas agroforestales y la inclusión de políticas y programas para el desarrollo de actividades sustentables en el campo.

Son más de 8 mil comunidades forestales las que habitan en México. Personas con conocimientos de campo, preparadas y dispuestas a aprovechar sus recursos de una manera rentable y sustentable. La solución al cambio climático bien podría estar en manos de estas comunidades que ya comienzan a practicar la agricultura y manejo forestal inteligentes a favor de la conservación, solo hay que garantizarles la oportunidad.



Empresa mexicana y Coca-Cola evitan 8 655 toneladas de dióxido de carbono mediante reciclaje de PET

En 2015, ambas lograron evitar la producción de 8 655 toneladas de dióxido de carbono –CO2–, lo cual equivale a la energía utilizada en 790 hogares durante un año.

Imagen: detektor.fm

Las dos plantas de reciclado de PET en México, tanto América Latina Industria Mexicana de Reciclaje –Imer– y PetStar, empresa mexicana Coca-Cola, logran convertirse en las mayores empresas recicladoras de envases PET. En 2015, ambas lograron evitar la producción de 8 655 toneladas de dióxido de carbono –CO2–, lo cual equivale a la energía utilizada en 790 hogares durante un año. 

Estos son los resultados más relevantes de sus iniciativas en favor del bienestar ambiental a través de tres ejes de acción: agua, empaques y energía; los cuales permitirán mitigar el cambio climático que impacta en numerosas regiones del planeta: “Es una oportunidad para reflexionar acerca de la responsabilidad que tenemos con el cuidado de nuestro planeta y convertirnos además de sus custodios, en agentes de cambio”. 

Actualmente millones de los envases de PET están siendo elaborados con materiales 100 por ciento reciclados, incorporando además 28 por ciento de resina reciclada o proveniente de fuentes renovables; además, de acuerdo con el reporte:

Utilizamos energía proveniente de fuentes renovables como eólica y biomasa e integramos tecnologías de uso eficiente en nuestros equipos de refrigeración, red de distribución y los diferentes procesos que intervienen en nuestra cadena de suministro. Además, fuimos pioneros en el uso de equipos que utilizan CO2 como refrigerante natural, lo que evita en un 99 por ciento las emisiones directas de gases de efecto invernadero.

 De esta manera se pretende contribuir a mitigar el impacto de los efectos del cambio climático, para que así se reduzca un 10 por ciento la huella de carbono en toda la cadena de suministro para el año 2020; y así construir un presente y futuro sustentable para el medio ambiente y la población. De modo que a través del reuso, reducción y reabastecimiento, se pretende asegurar la existencia y renovación de los recursos naturales del planeta. Inclusive, en el reporte, se asegura que desde el 2014, la empresa devuelve a la naturaleza más del 100 por ciento del agua se utilizan en las bebidas de Coca-Cola, mediante la plantación de más de 68 millones de árboles que han contribuido a la absorción del agua en la tierra, “reabasteciendo manantiales, ríos y lagos.”

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La Tierra es hoy más verde gracias al CO2

Josep Pañuelas explicó que se ha podido atribuir el “el enverdecimiento del planeta al aumento de los niveles de CO2 atmosféricos provocado por el consumo de combustibles fósiles.”

Imagen: http://scenerybook.tumblr.com/

Se estima que el 0.04 por ciento del aire que respiramos son los gases de efecto invernadero acumulados en la atmósfera. De acuerdo con un artículo de la revista Nature Climate Change, esta cifra sería mayor si no fuera por la capacidad de las plantas por atraparlos y aprovecharlos para su crecimiento. Según parece, la Tierra ha ganado 36 millones de km2 de superficie verde –es decir, un equivalente de tres veces la extensión de Europa–. 

Este artículo, en el que participó la CREAF, centro adscrito a la Universidad Autónoma de Barcelona –UAB– tomó como referencia los últimos 33 años. Fue así que se descubrió que la biomasa terrestre aumentó un 40 por ciento de la superficie de la Tierra, en contraste con el 4 por ciento de lo que se redujo. Se cree que este fenómeno se encuentra relacionado con las altas concentraciones de CO2 producidas por un “potente fertilizante que se desconocía cómo había afectado a nivel planetario”.

http://photocosma.tumblr.com/
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Josep Pañuelas, científico del CREAF, escribió que se ha podido atribuir el “el enverdecimiento del planeta al aumento de los niveles de CO2 atmosféricos provocado por el consumo de combustibles fósiles.” Esto quiere decir que al haber más dióxido de carbono, las plantas han podido generar más hojas capturándolo de la atmósfera a través de la fotosíntesis: “Gracias a ello, el incremento de la concentración de este gas de efecto invernadero se ha visto frenado.” Inclusive, se atribuye al dióxido de carbono un 70 por ciento del enverdecimiento de la Tierra, mientras que el resto, los científicos consideran que el aumento de la biomasa proviene un 8 por ciento del cambio climático, 9 por ciento del nitrógeno atmosférico y un 4 por ciento de los cambios de usos del suelo. 

Desgraciadamente, “no todo lo que es bueno para las plantas lo es para el resto del planeta”. Los efectos CO2 en la atmósfera provocan una serie de alteraciones que impacta en los ecosistemas, la biodiversidad y en los humanos. Por ejemplo, el cambio climático ha producido un aumento en la temperatura global, incrementando a su vez el nivel del mar ante el deshielo de los glaciares o la radicalización de las tormentas tropicales. Estos son algunos de los efectos “que ya estamos sufriendo y que no remitirán si no dejamos de usar combustibles fósiles”, sentenció Pañuelas.

Para el experto, la fórmula es sencilla: “cuanta más biomasa, las plantas necesitarán también más agua y otros nutrientes, sobre todo el fósforo, ambos recursos limitados y vitales en el planeta.” Por lo que el efecto del dióxido de carbono, al cual las plantas están acostumbrándose y aclimatándose, no es suficiente ya para seguir creciendo. 



La posible vida extraterrestre podría verse afectada por el cambio climático, estudio

El efecto invernadero es un fenómeno que impide la vida y que, además, afecta el clima de otros planetas.

Considerando que absolutamente todo está unido no resulta extraño que lo que ocurre en un planeta puede afectar al universo (y viceversa). Un nuevo estudio publicado por journal Nature Communications ha encontrado que para conocer las probabilidades de vida en un planeta, no solo es necesario calcular la posibilidad de agua en él, midiendo la distancia entre la estrella en la que orbita, también calculando su nivel de efecto invernadero.

El mismo estudio apunta a que cuando el dióxido de carbono alcanza 1500 partes por millón en la atmósfera el clima del planeta comienza a ser inestable. Para que esto sucediera en la Tierra falta mucho, habríamos de quemar aún más de todas las reservas de hidrocarburos que existen. Ello, aún resulta muy lejano. Sin embargo sería catastrófico para la vida en cualquier planeta y este efecto podría influenciar a los planetas vecinos.

Así, un aumento importe en la cantidad de dióxido de carbono podría ser tan letal como el acercamiento de los planetas del universo a sus propios soles. Este estudio ha arrojado pistas importantes en la búsqueda de la vida extraterrestre, con un nuevo indicador por tomar en cuenta. Una imprescindible para la vida.

[Space.com]

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