¿Legalizar la marihuana la haría un cultivo sustentable?

El cultivo ilegal del cannabis tiene un enorme impacto ambiental; sin embargo, algunos de los ingeniosos métodos de esta práctica podrían revolucionar la agricultura global encaminándola hacia la sustentabilidad.

El narcotráfico representa una enorme amenaza para los recursos naturales y la biodiversidad de un país, así como para los activistas que defienden estas causas. La tala ilegal de árboles en la selva para cultivar cannabis, así como la destrucción de reservas en donde se construyen “aeropuertos” ilegales para  recibir aviones que transportan narcóticos, han intensificado el impacto ambiental de esta práctica clandestina. Sin embargo, la legalización de la marihuana podría presentar un nuevo escenario, uno en donde el cultivo sustentable reemplazará todas las prácticas que dañan al medio ambiente.

Según Bruce Kennedy de The Guardian, la legalización de la marihuana (al menos en EUA) ,  minimizará el impacto ambiental al cambiar la manera de cultivarla. De esta forma el gobierno regulará la cantidad de  pesticidas que se liberan, así como el consumo de agua para la irrigación de estos cultivos.

Antes de que los invernaderos de marihuana utilizaran lámparas LED, estos consumían enormes cantidades de energía, contaminando indirectamente el medio ambiente. El desarrollo de estos focos y su utilización en invernaderos ilegales  es uno de los aspectos más innovadores del cultivo ilegal, y uno que podría revolucionar la agricultura mainstream. En el artículo, Kennedy cita a Cary Mitchell, un profesor de horticultura de la Universidad de Purdue:

“Sin duda [los cultivadores de marihuana] han estado usando esta técnica por años y años, pero como no publican el material de sus investigaciones, no sabemos hasta qué grado han logrado optimizarla. Seguramente tienen una ventaja enorme sobre a la industria  del cultivo comercial especializado.”

Legalizar la marihuana tiene más ventajas. Sugiere a los agricultores profesionales su adopación para hacer más eficiente el cultivo, seguir las regulaciones ambientales, y disminuir la explotación de recursos naturales, como el agua y la energía.

La legalización de la marihuana se vislumbra como una posible solución ante el problema del narcotráfico con su mentalidad de “todo se vale”; además, podría revolucionar por completo los métodos actuales de agricultura. El video muestra un laboratorio de experimentación LED en el que se  utiliza tecnología de vanguardia para cultivar marihuana:



Sofía Gatica, la mujer que desterró a Monsanto de Maldivas argentinas

Sofía Gatica, la mujer que luchó pública y ampliamente contra los transgénicos de la transnacional agroquímica en tierras argentinas.

Desde hace más de un siglo, Monsanto se ha relacionado con la destrucción de hábitats naturales y la creciente presencia de enfermedades y mutaciones en habitantes cercanos a estas regiones, principalmente cáncer, desórdenes cutáneos, supresión inmune, anemia, diabetes, problemas de hígado, entre otros. 

Pese a los esfuerzos de varias organizaciones no gubernamentales de detener tanto los productos de Monsanto, tales como Dioxin, Glifosato y PCB, como sus consecuencias devastadoras, las fábricas continúan expandiéndose a lo largo del mundo.

Un ejemplo actualmente, en México, las instituciones gubernamentales Sagarpa y Semarnat se han encargado de promover la siembra de soya transgénica de Monsanto en 253 mil 500 hectáreas en varios estados del país. Tan sólo en la zona maya de este país, Monsanto importa “10 millones de toneladas de grano al año, todo biotecnológico de EE.UU.”, ya que es “necesario darle la oportunidad a agricultores mexicanos de usarlas, en lugar de estarle pagando 50 000 millones de pesos al año a productores norteamericanos.” Esto provoca, en consecuencia, no sólo una pérdida de diversidad nacional de sus productos, también la afectación en la salud de los habitantes que consumen sus alimentos genéticamente modificados. Y si bien en México se ha buscado maneras para prohibir la siembra de productos genéticamente modificados, como la soya, la lucha continúa. 

Son estas luchas las que han marcado una diferencia en la biodiversidad, el cuidado del medio ambiente y la salud pública de la población. Como lo es el caso de Sofía Gatica, la mujer que luchó pública y ampliamente contra los transgénicos de la transnacional agroquímica en tierras argentinas. Ella, al relatar su historia para la revista feminista Pikara Magazine, ha dado plasmado su oposición al glifosato y la ruptura de las mayores construcciones logrando el destierro de Monsanto en Maldivas Argentinas.

Te compartimos su historia que compartió con Pikara Magazine

[…] Aquel atlas de las desgracias cercanas, una especie de orografía arrugada con ira por el paso del tiempo, se transformó en un informe archivado en el Ministerio de Salud del país suramericano. Entre sus páginas, la constatación ciudadana de que las fumigaciones con glifosato (el herbicida más vendido del mundo) provocaban cáncer y leucemia: “Encontramos 300 casos de cáncer y casi 80 fallecidos, sin contar con las malformaciones. Registramos ratios muy superiores a los normales”.

No había marcha atrás, apenas futuros posibles que construir. Así que las mujeres, bautizadas en 2003 como ‘las Madres de Ituzaingó’, se inmiscuyeron en una carrera de obstáculos en la que no se trataba de ganar o perder sino de aguantar. Lo siguen haciendo 16 años después. Más de 180 meses después han ocurrido muchas cosas, a veces demasiadas, como cuando se contabilizan las muertes, otras históricas, como cuando las crónicas resaltan que una de las transnacionales más poderosas del sector agroquímico inclinó la rodilla.

Fue hace apenas unas semanas, el pasado diciembre, cuando las calles de Malvinas Argentinas, una pequeña localidad de Córdoba, celebraron la salida de Monsanto. La multinacional salía por la puerta de atrás, echando el cerrojo al que estaba llamado a convertirse en uno de sus proyectos más emblemáticos, por tamaño e inversión: “Una de las mayores plantas de acondicionamiento de semillas de maíz no destinadas al consumo del mundo”, tal y como reflejaron en el momento del lanzamiento (junio de 2012, bajo el mandato de Cristina Kirchner) los informes técnicos de la propia compañía, que preveía destinar unos 1.500 millones de dólares (más de 1.400 millones de euros) al proyecto, desembolsos en concepto de investigación y desarrollo aparte.

De los golpes y amenazas

El relato de lo sucedido está sazonado de ambiciones, bloqueos, ganancias, cortes, asambleas, presiones y declaraciones, amenazas verbales y físicas, ilegalidades, alegalidades e incluso leyes redundantemente ilegales. Avances y retrocesos, los de la empresa frente a un amalgama de colectivos de toda Córdoba, entre los que destacan la Asamblea de Vecinos Malvinas Lucha por la Vida, la Asamblea del Bloqueo a Monsanto y las Madres de Ituzaingó. La vida, dejó escrito Shakespeare, es un cuento narrado por un idiota, que las llena de sus ruidos y furias. Tres siglos más tarde, Walter Benjamin matizó que está en todo caso contada por los vencedores.

[…] Un año más tarde, activistas y personas concienciadas organizaron un festival (Primavera sin Monsanto, que continúa celebrándose) en la misma entrada a las instalaciones que ya comenzaban a asomarse. Recibieron el apoyo de parte de la comunidad científica (entre ellos, el médico fallecido Andrés Carrasco) y académica (las universidades de Córdoba, Católica y Río Cuarto rechazaron la instalación de la planta), la artística (músicos como Manu Chao y René Pérez, de Calle 13) e incluso activistas internacionales como el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel o la india Vandana Shiva, se han sumado en algún momento a la causa.

Antes, durante y después, recuerda Gatica, un bloqueo de más de tres años, hasta la expulsión de Monsanto. “Ha sido muy difícil porque eran 37 hectáreas y, aunque cerrábamos sucesivas entradas con diez personas en cada puesto, ellos trataban de entrar por cualquier sitio”. Los problemas con los trabajadores de la empresa no tardaron en aparecer: “Al principio impedíamos únicamente la entrada a los camiones, por ejemplo metiéndonos bajo las ruedas, hasta que descubrimos que introducían herramientas incluso escondidas en sus maletines, cuando venían vestidos de traje”, añade esta líder argentina, que en 2012 recibió el Premio Goldman, conocido como el Nobel del Medio Ambiente.

Al mes de bloqueo llegó el primer desalojo, “cuando más de 300 policías nos sacaron a la fuerza a un centenar de personas”. Dos compañeras terminaron presas y Sofía, hospitalizada con un traumatismo craneoencefálico. “Pero nos dimos cuenta de que el pueblo es el que manda”, añade Gatica nada más terminar de extenderse con su parte médico: “Pedí el alta voluntaria y regresé con mis compañeros para quedarme. Poco a poco se sumó mucha gente y se empezaron a construir casas. Jamás pudieron ingresar como hubieran querido, pero soportamos casi cuatro años de frío, sin luz, sin agua, de hambre. Mujeres y hombres de todas las edades, con mucha gente joven”.

[…] “Pronto llegaron las amenazas. Me esperaban a la salida del trabajo, me perseguían y me golpeaban. Me amenazaron de muerte junto a mis hijos. Me han llamado de todo: ‘gringa sucia’, ‘zurda’…”. Las presiones, denuncia, se reforzaban con “los palos de la policía”, con “los grupos de choque de la empresa” y con “órdenes de represión” contra los vecinos. “Hubo una vez que los camiones lograron entrar y entonces decidimos impedir también la salida, salvo que se llevaran todo el material. Los obreros nos acusaron de haberles secuestrado”, añade Gatica entre su dilatada retahíla de reconstrucción de los hechos, presentados sin tapujos como “una guerra, en la que Monsanto contrataba matones y nosotros, para sobrevivir, tuvimos que armarnos: maderas con clavos, zanjas gigantes en la tierra, pinchazos a las ruedas de los camiones…”.

A los extremistas violentos

[…] Y es que, allí donde (en los transgénicos) hay quien ve enfermedades y muerte, otros contemplan “oportunidades de progreso y crecimiento para la comunidad y la provincia, sin riesgo ninguno”, afirma la empresa, que vaticinó 400 puestos de trabajo directos. En otra de sus notificaciones, identifica a Sofía Gatica (y a otras personas) como responsable de “agresiones verbales y físicas” que ponen en riesgo la integridad física y vulneran el derecho de expresión”, en referencia a una charla que empleados de Monsanto impartían en la Universidad Nacional del Litoral. Acciones que fueron calificadas de “vandalismo” y posteriormente denunciadas ante las Fiscalía

1.140 días de bloqueo (el número exacto lo tiene clavado en la memoria Gatica), hasta el 1 de noviembre de 2016, en los que la estrategia de Monsanto ha sido la de denunciar las “violaciones al derecho a trabajar” de sus empleados, recordando en sucesivos avisos que cumplían “con todos los requerimientos legales para la construcción de la planta”, citando, entre otras, diferentes ordenanzas, al Concejo Deliberante de Malvinas Argentinas, al Tribunal Superior de Justicia de Córdoba, el Estudio de Impacto Ambiental (elaborado por ellos mismos) y autoridades gubernamentales varias. Su defensa de que “no hay evidencia científica de que el glifosato sea cancerígeno” es radicalmente diferente al que presentan instituciones como la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC, en sus siglas en inglés) que, perteneciente la Organización Mundial de la Salud (OMS) de Naciones Unidas, lo consideró en 2015 como “probablemente cancerígeno para los humanos”. Las conclusiones siguen abiertas y recientemente la OMS, en este caso en una publicación conjunta con la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación), concluyó que era “improbable” que el glifosato presente riesgos carcinogénicos.

Sentencias firmes

Los entresijos jurídicos, que acompañaron a la lucha activista, dieron un primer vuelco radical en enero de 2014, cuando la Sala II dela Cámara de Trabajo detuvo la construcción, declarando inconstitucionales los permisos emitidos tanto por la Municipalidad como por la Provincia. Un mes más tarde, la Secretaría de Ambiente provincial también rechazó el estudio de impacto ambiental presentado por la compañía.

Paradójicamente (o no), la empresa guarda un celoso silencio de estos reveses. Tampoco ha querido manifestarse antes las repetidas apelaciones en las que Pikara Magazine le ha brindado su micrófono. Ha preferido mantenerse al margen también de su salida de Malvinas Argentinas, de la que no existe postura oficial alguna por parte de la compañía, si bien una “alta fuente” de la multinacional admitió a un portal argentino de actualidad y análisis económico que “no se pudo avanzar con la planta y esto también influyó. Pero lo más trascendente fue que el negocio cambió y dejó de ser conveniente para Monsanto”.

Los cambios que anónimamente denuncia Monsanto se refieren a modificaciones legales introducidas por las nuevas políticas agropecuarias, que han disminuido la expansión máxima de la superficie del maíz: “La pauta de procesamiento de la planta estaba en el orden de 3,5 millones de hectáreas pero, en los últimos años, apenas se pasó de los 2,5 millones. Una inversión así no tiene sentido desde el punto de vista del negocio”.

Jamás van a admitir que el pueblo los venció. No se fueron por la Justicia”, subraya Gatica, convencida de que fue Cristina Kirchner, la anterior presidenta del país, quien “negoció con la salud del pueblo. Seguramente bajo su mandato no hubiera sido posible nuestra victoria, si bien es cierto el actual Gobierno [de Mauricio Macri] también responde a las corporaciones y no a la gente”.

Una victoria, pero ¿de quién?

Malvinas Argentinas aún está resacosa de celebraciones. Forzosa o voluntariamente, Monsanto se ha ido de la localidad, pero no del país. Falta por escribir qué sucederá a partir de ahora, cuando el municipio adquiera la verdadera dimensión de lo logrado. La transnacional no solamente sigue operando en Argentina, sino que los insumos destinados al fracasado proyecto han sido trasladados a la próxima localidad de Rojas, unos 500 kilómetros al oeste y próxima a Buenos Aires.

Los reveses sufridos por Monsanto en Malvinas Argentinas y el hecho de que siga sin poder modificar la Ley de Semillas (por la que pretenden garantizarse ganancias por los derechos de uso de casi toda la soja, el maíz y el algodón que siembran en el país americana) les sepa seguramente mejor con el balance comercial cosechado en 2016, que la sitúan como dominadora absoluta en el negocio del maíz y en la venta de glifosato. Según los datos de la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (CASAFE), sus ingresos en este sentido aumentaron con respecto al ejercicio anterior.

Además de las instalaciones de Rojas, Monsanto mantiene otras 36 plantas en el país. La transnacional “desarrolla los planes a largo plazo, por lo que mover su inversión a otro lado tiene su lógica. Seguirá proveyendo a semillas al área de Córdoba. Que no tenga una planta levantada no significa que dejará de tener presencia”, según analizaron expertos en la materia a  un medio uruguayo.

“Es una batalla que vamos a ganar, nos va a costar, pero se la vamos a ganar”, vaticinó Sofía Gatica en octubre de 2012, al poco de saberse las intenciones de Monsanto en Malvinas Argentinas. Muchas “sangres” después (“América se ha escrito con sangre y seguirá escribiéndose con sangre. Vamos a luchar dejando nuestras vidas”, respondía la protagonista en una entrevista posterior, publicada por el autor en formato e-book), Sofía Gática, parte de esa Argentina que desterró a Monsanto, lo tiene claro: “Hemos ganado una pequeña batalla porque Monsanto está aislado en distintas partes del país. Vamos a seguir ahí, dándoles batalla y resistiendo”.

La dueña de las semillas

Monsanto ya no es sólo una empresa. Atrás quedaron sus inicios, allá por el arranque del siglo XX, en los que producía sacarina para Coca-Cola. Ahora es una transnacional con pies, dedos, garras, manos y tentáculos en casi cada esquina del globo, aunque sus principales mercados son Estados Unidos, Brasil, Argentina y Canadá. La producción de semillas transgénicas y el herbicida glisofato comercializado bajo la marca Roundup son dos de sus principales negocios, que la convierten prácticamente en dueña de la agricultura mundial.

Sobre todo tras su reciente fusión con Bayern, otra de las agroquímicas más grandes del mundo. “Con la transacción se fusionan dos negocios diferentes pero altamente complementarios. El negocio conjunto sacará partido del liderazgo de Monsanto en el ámbito de semillas y (…) por una parte, y del amplio abanico de productos de protección de cultivos de Bayern (…)  por la otra”, decía la compañía.

La sospecha siempre está detrás de cualquier acción de Monsanto, tanto por los temores hacia los organismos modificados genéticamente (OMG), como por las investigaciones que han sufrido varios de sus productos (la controversia sobre el glisofato es muy alta y ha sido prohibido su uso en varios territorios), las condenas por soborno en Indonesia, la venta de productos tóxicos o por el oligopolio que ejerce sobre la alimentación.

Y las resistencias también se multiplican. El pasado mes de octubre La Haya acogió en el Tribunal Internacional Monsanto, una “iniciativa de la sociedad civil para que Monsanto se responsabilice por violaciones a derechos humanos, crímenes contra la humanidad y ecocidio”, a la que la transnacional respondió. La sentencia estará en abril de 2017.

 
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Descubren el mecanismo por el que la marihuana despierta un apetito feroz

La marihuana es una de las plantas más polémicas que puedan existir. Gracias a su compuesto químico, esta hierba se le considera psicoactiva, ya que altera el estado de consciencia de quien la consume.  Existen otros síntomas comunes asociados al consumo de la marihuana; uno de ellos, es el hambre insaciable. El origen de este […]

La marihuana es una de las plantas más polémicas que puedan existir. Gracias a su compuesto químico, esta hierba se le considera psicoactiva, ya que altera el estado de consciencia de quien la consume. 

Existen otros síntomas comunes asociados al consumo de la marihuana; uno de ellos, es el hambre insaciable. El origen de este fenómeno, según un grupo de neurocientíficos de la facultad de medicina de Yale, se encuentra en la región del cerebro llamada hipotálamo, la cual se encarga de secretar las neuronas POMC. 

Cuando el estómago se llena, las neuronas de POMC mandan una señal que nos hace sentirnos satisfechos. De modo que el proceso se inhibe ante la presencia del cannabinoide. Los alcaloides del a marihuana no sólo bloquean las neuronas POMC, también actúa como un acelerador de hambre al liberar endorfinas (neurotransmisores asociados con el apetito). 

Este descubrimiento permitirá abrir nuevas investigaciones para el tratamiento de enfermedades orgánicas, como el cáncer, y trastornos emocionales, como la depresión y la anorexia.



Componente del cannabis previene la expansión del cáncer

Los expertos pretenden crear un sustituto sintético del cannabis para crear un tratamiento alternativo de esta enfermedad.

Numerosos estudios han demostrado la eficacia medicinal de la marihuana, en especial para tratar enfermedades como la anorexia, glaucomas, tumores, cáncer, enfermedades del intestino, espasticidad muscular, esclerosis múltiple, epilepsia, síndrome de Tourette, síntomas de Lou Gehrig; o para intervenciones quirúrgicas y terapéuticas. 

Gracias a sus componentes químicos del cannabis, se inhibe tanto el dolor de estas enfermedades (o tratamientos), como mejora la salud de las personas que la consumen médicamente. 

Y de acuerdo con un estudio reciente de la Universidad de East Anglia, en Reino Unido, el cannabis ayuda a prevenir la expansión de un cáncer, utilizándose como parte del tratamiento. 

Al identificar los receptores orgánicos responsables de activar el tetrahidrocannabinol (THC), compuesto que combate las células cancerígenas que se encuentran en constante crecimiento, los expertos pretenden crear un sustituto sintético del cannabis para crear un tratamiento alternativo de esta enfermedad. 

El Dr. Peter McCormick, autor de la investigación, explica que: 

Hubo un interés profundo en entender los mecanismos moleculares del modo en que la marihuana, y específicamente el THC, influenciaban en la patología cancerígena. Al identificar los receptores implicados en el proceso, hemos podido dar un importante paso hacia el desarrollo futuro de tratamientos terapéuticos que saquen provecho de las interacciones que hemos descubierto para reducir la expansión de tumores. […] Nuestra investigación utiliza el compuesto químico aislado y el uso de la concentración correcta es vital. Los pacientes con cáncer no deberían automedicarse cannabis, sin embargo espero que nuestra investigación pueda llevar a un equivalente sintético que sea seguro y asequible en el futuro. 

 



Los perros también pueden beneficiarse de las propiedades medicinales de la marihuana

Darlen Arden, experta en cuidado canino, afirma que podría haber tratamientos medicinales de marihuana para perros.

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Darlen Arden es una autoridad en el cuidado de los perros, ha escrito varios libros y da cátedras sobre el tema. Arlen afirma que cuando un perro padece dolor hay que hacer lo posible por disminuirlo, por ello Arden propone considerar el uso de la marihuana medicinal para animales.

[el cannabis] ha hecho mucho bien a los pacientes con cáncer y aún con esto en la mayor parte de EU, su uso no sólo está prohibido para animales sino también para humanos pese a que funciona, esto, sólo porque el gobierno teme a los “drogadictos”, aunque este miedo signifique castigar a las personas enfermas. Me parece disparatado.

Arden no es liberal ni conservadora, simplemente aboga por las políticas que le parecen sensatas. Ella nunca ha fumado marihuana pero ha investigado mucho sobre el tema y se ha vuelto defensora. Entre el alivio que el consumo de cannabis representa para algunos pacientes, y los impactos negativos de la prohibición en la sociedad, a Arden le parece obvio que debería legalizarse.

En California, donde los dispensarios de marihuana medicinal existen desde 1996, ya hay animales tratados con esta hierba.

Doug Kramer, de Los Angeles, fue el primer veterinario en el país en ofrecer cannabis medicinal para los perros. Kramer dijo que había tratado con marihuana a su husky en edad avanzada, llamado Nikita,  para ayudarla a recuperar peso y comer adecuadamente y funcionó.

Kramer también dijo que él que el ingrediente activo de la marihuana, el THC, podría ser la llave para mitigar el dolor de muchos perros enfermos.

Barry Kellog, veterinario consejero de la Humane Society of the U.S. que a veces el sentir público se impone ante la investigación científica y eso podría ser peligroso, ya que deberían conocerse con profundidad los efectos del cannabis en los animales antes de suministrarlos.

Arden opina que es responsabilidad del dueño y del veterinario mantener la droga fuera del alcance del perro y darle sólo la cantidad necesaria de medicamento, tal como con un niño.

“Si es necesario mitigar el dolor de un animal indefenso que no puede hablar, hay que hacerlo. Ve con veterinario pero no permitas que sufra”, opina Arden.



Eco-estupefacción: las mejores drogas ilegales para el ambiente

Las mejores y peores drogas ilegales para quien decide drogarse con conciencia ecológica.

Para algunos drogarse es la forma más fácil de perder la conciencia y destruir el cuerpo, pero para otros este proceso es justamente lo opuesto y además de su propia conciencia se busca preservar el planeta (o, acaso, no “malviajarse” por el mal karma imbuído en la sustancia que se consume). La revista Slate ha publicado un artículo donde analiza las mejores y las peores drogas para el medio ambiente.

En general los narcóticos y las sustancias químicas por su proceso de elaboración y transportación hace que drogarse y ser “verde” no sean compatibles, sin embargo hay algunas diferencias dependiendo la droga que se use. Al parecer el crystal meth y el éxtasis, ambas fenetilaminas, son las peores drogas para el planeta.

Buena parte del crystal meth (también conocido como “foco” en México) se produce con pseudoefedrina o efedrina, las cuales se obtienen de pasto asiático o son cocinadas en un caldo de melaza bastante tóxico. China e India son los más grandes productores de efedrina y Estados Unidos el máximo consumidor de crystal meth, lo cual significa que se emplean enormes cantidades de combustible para transportar estas sustancias. Los laboratorios que cocinan el cristal, no son muy conscientes  del ambiente que digamos: entre 4 milliones y 7 million de libras desperdicio fueron vaciadas a canales en California, según cálculos de la policía.

La sustancia preferida para sintetizar el extásis (MDA o MDMA) es el aceite de sassafras, dervidado en su mayoría de árboles en peligro de extinción en Brasil o el Sur de Asia. En el 2008 se confiscaron 33 toneladas de este aceite destilado por bandas criminales de más de 8 mil árboles talados con lo que se fabricarían 245 millones de pastillas de éxtasis.

La cocaína tampoco es mucho mejor para la Tierra. La Agencia Anti Narcótico de EUA estima que 2.4 millones de hectáreas de bosque tropical han sido arrasadas en los Andes  debido al cultivo de la cocaína en los últimos 20 años, lo cual sería casi un cuarto de la desforestación total de la región. Según el gobierno peruano 15 millones de litros de químicos tóxicos son derramados al Amazonas cada año por la producción de esta sustancia. Las huellas de carbono de la coca no son tampoco muy buenas, al considerar que viaja a todo el mundo, particularmente a Europa por barco.

Si te gustan las drogas fuertes, tal vez una mejor eco-opción es la heroína. Aunque las regiones de amampola que avastecen el consumo de esta sustancia vienen en su mayoría de Afganistán, existen argumentos a favor del opio como un cultivo más amigable al medio ambiente. Cambiar para los campesinos de opio arroz o caucho requeriría que se cultivaran bastante más tierra para obtener el mismo ingreso. Aunque esto puede decirse también de la cocaína, cultivar amapola genera 23 dosis de heroína por metro cuadrado y coca sólo 6 líneas en el mismo espacio.

Evidentemente la más verde de las drogas utilizadas masivamente en el mundo es el cannabis. Un sólo metro cuadrado produce 250 dosis de ganja. Mientras existe una cantidad similar de tierra cultivada de heroína y cocaína en el mundo -200,000-hectáreas aprox.- la marihuana está colocando a muchas más personas. Además la marihuana tiene un mayor índice de producción doméstica en los países que se consume y hasta casera, lo que reduce la quema de combustible necesaria para fabricarse.  Existen varias técnicas de cultivo que son totalmente ecológicas, así que fumar marihuan crecida en casa puede ser un acto casi totalmente “verde” (sin contar las bondades del hemp o cañamo). En general crecer la tuya, de cualquier sustancia, no sólo reduce la huella de carbono, también evita la contaminación psíquica o violencia que acompaña generalmente al narcotráfico.

Por supuesto el consumo de hongos alucinógenos también es una alternativa psicodélica ecológica, especialmente si estos se cortan o cultivan personalmente.

El consumo de peyote en México, particularmente en la zona de San Luis Potosí, para la fabricación de mescalina, ha generado que esta cactácea sagrada para varios pueblos índigenas se encuentre, si bien no en peligro de extinción, sí en escasez en ciertas zonas.

Otra práctica que podría ser considerada anti-ecológica es la compra de sapos Bufo Alvarius por Internet dentro de Estados Unidos. Estos sapos contienen dos potentes psicodélicos, la bufoteninas, y el 5MeO-DMT (posiblemnte el psicodélico más potente del planeta). Sitios como Bouncing Bear Botanicals venden estos sapos y los envían hasta en parejas, y aunque dicen garantizar que no serán maltratados, es fácil que esto ocurra en algunas ocasiones. Además de que la práctica de extraer el 5 MeO-DMT si se hace con descuido puede lastimar a estos animales holotrópicos.

Vía Slate

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