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El sólo hecho de vivir cerca de restaurantes de comida rápida le quita placer a tu vida

Todos estamos enterados que la comida rápida es mala para la salud, que sus logos están diseñados para impregnarse en nuestro cerebro, que es peligrosamente adictiva. Pero hasta ahora nadie había estudiado qué tanto puede afectar el sólo hecho de tener establecimientos de este tipo cerca de nuestra casa.

De acuerdo a los resultados de este estudio canadiense, los restaurantes de comida rápida que tenemos alrededor, aunque no consumamos sus productos, están disminuyendo nuestra capacidad de ser felices. Los investigadores midieron los efectos de la exposición a símbolos de comida rápida en la habilidad de las personas para saborear experiencias placenteras.

En particular, el estudio encontró que aquellos que viven en un barrio con una alta proporción de restaurantes de comida rápida experimentan menos apreciación al ver fotografías de bellezas naturales y reportan respuestas negativas cuando escuchan melodías estéticas.

En la porción musical del estudio, los investigadores escogieron el “Duo de las flores” de la ópera Lakmé (si no la conoces, puedes escucharla aquí). Los sujetos que vivían cerca de restaurantes de comida rápida reportaron que la melodía era demasiado larga.

Esto significa que los símbolos de la industria —así como los arcos dorados, los olores a alimentos fritos y las señales neón— pueden lastimar indirectamente nuestras mentes y nuestras emociones. Pueden provocar trauma psicológico indirecto, incuso para aquellos que no comen su comida.

Los resultados tienen mucho que ver, también, con la impaciencia. Ver signos llamativos, rápidos, fáciles de comprender, contribuyen a que esa impaciencia inherente a los restaurantes de comida rápida la transfiramos a nuestras vidas privadas. La comida rápida puede inhibir nuestra capacidad de saborear un momento.

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