¿Cómo terminar con la venta de productos que causan cáncer?

Las coorporaciones han utilizado el famoso “listón rosa” para aprovecharse de las ventas, mientras la mayoría de sus productos contienen químicos vinculados al cáncer de mama. La campaña “Think Before You Pink” está tratando de hacer algo al respecto.

Todos recordamos el famoso “listón rosa” contra el cáncer de mama que surgió a principios de la década de los 90. Este listón fue el resultado de que Charlotte Haley, una mujer de 68 años, estaba sumamente preocupada por la invasión de este tipo de cáncer en su casa (su hija, su madre y su abuela lo contrajeron) y porque el presupuesto para la prevención del cáncer sólo era del cinco por ciento del total.

Sus acciones, dirigidas hacia despertar a los legisladores para destinar más dinero a la investigación para la prevención, tuvo mucha atención de los medios.historia-color-rosa-liston-300x380 Tanto que empresas como Estée Lauder buscaron asociarse con ella. El problema fue que este tipo de empresas de cosméticos y farmacéuticas como AstraZeneca vendían productos para el tratamiento del cáncer, por un lado, y pesticidas cancerígenos, por el otro. Era lo que se llama un perfecto ciclo de provecho.

Sin embargo, en el 2002, después de mucha frustración y preocupación acerca de esta campaña del listón rosa, Breast Cancer Action lanzó el proyecto “Think Before You Pink” (“Piensa antes del rosa”). Su primera campaña “¿Quién se está limpiando realmente?” etiquetó a compañías que usaban el listón rosa más por beneficio propio que por la causa. El proyecto eventualmente comenzó a cambiar de una puramente monetaria a una causa medioambiental por el cáncer de mama.

Quizá su campaña más famosa fue el movimiento de “Yoplait: ponle tapa”, que llevó a que Dannon y General Mills, los fabricantes de Yoplait (que tienen dos terceras partes de los productos lácteos de Estados Unidos) a terminar el uso de la hormona rBGH, la cual era usada para estimular a las vacas lecheras a producir inmensas cantidades de leche. Hormona que estaba, por supuesto, vinculada al cáncer de mama.

Este año “Think Before You Pink” lanzó una campaña llamada “Se acabaron los tiempos tóxicos” que pide la legislación para prohibir toxinas en productos que causan cáncer y otras enfermedades de salud.

Actualmente en Estados Unidos hay más de 80 mil químicos en uso, y sólo una minoría de ellos –alrededor de 200—han sido investigados. Estos químicos se infiltran en numerosos cosméticos y productos como perfumes, cremas humectantes y productos para el cabello.
“Se acabaron los tiempos tóxicos” quiere legislar el requerimiento de etiquetas que aseguren que un producto es confiable. Además, están tratando de lanzar un sistema que investigue los químicos en productos que ya están en el mercado.



Sofía Gatica, la mujer que desterró a Monsanto de Maldivas argentinas

Sofía Gatica, la mujer que luchó pública y ampliamente contra los transgénicos de la transnacional agroquímica en tierras argentinas.

Desde hace más de un siglo, Monsanto se ha relacionado con la destrucción de hábitats naturales y la creciente presencia de enfermedades y mutaciones en habitantes cercanos a estas regiones, principalmente cáncer, desórdenes cutáneos, supresión inmune, anemia, diabetes, problemas de hígado, entre otros. 

Pese a los esfuerzos de varias organizaciones no gubernamentales de detener tanto los productos de Monsanto, tales como Dioxin, Glifosato y PCB, como sus consecuencias devastadoras, las fábricas continúan expandiéndose a lo largo del mundo.

Un ejemplo actualmente, en México, las instituciones gubernamentales Sagarpa y Semarnat se han encargado de promover la siembra de soya transgénica de Monsanto en 253 mil 500 hectáreas en varios estados del país. Tan sólo en la zona maya de este país, Monsanto importa “10 millones de toneladas de grano al año, todo biotecnológico de EE.UU.”, ya que es “necesario darle la oportunidad a agricultores mexicanos de usarlas, en lugar de estarle pagando 50 000 millones de pesos al año a productores norteamericanos.” Esto provoca, en consecuencia, no sólo una pérdida de diversidad nacional de sus productos, también la afectación en la salud de los habitantes que consumen sus alimentos genéticamente modificados. Y si bien en México se ha buscado maneras para prohibir la siembra de productos genéticamente modificados, como la soya, la lucha continúa. 

Son estas luchas las que han marcado una diferencia en la biodiversidad, el cuidado del medio ambiente y la salud pública de la población. Como lo es el caso de Sofía Gatica, la mujer que luchó pública y ampliamente contra los transgénicos de la transnacional agroquímica en tierras argentinas. Ella, al relatar su historia para la revista feminista Pikara Magazine, ha dado plasmado su oposición al glifosato y la ruptura de las mayores construcciones logrando el destierro de Monsanto en Maldivas Argentinas.

Te compartimos su historia que compartió con Pikara Magazine

[…] Aquel atlas de las desgracias cercanas, una especie de orografía arrugada con ira por el paso del tiempo, se transformó en un informe archivado en el Ministerio de Salud del país suramericano. Entre sus páginas, la constatación ciudadana de que las fumigaciones con glifosato (el herbicida más vendido del mundo) provocaban cáncer y leucemia: “Encontramos 300 casos de cáncer y casi 80 fallecidos, sin contar con las malformaciones. Registramos ratios muy superiores a los normales”.

No había marcha atrás, apenas futuros posibles que construir. Así que las mujeres, bautizadas en 2003 como ‘las Madres de Ituzaingó’, se inmiscuyeron en una carrera de obstáculos en la que no se trataba de ganar o perder sino de aguantar. Lo siguen haciendo 16 años después. Más de 180 meses después han ocurrido muchas cosas, a veces demasiadas, como cuando se contabilizan las muertes, otras históricas, como cuando las crónicas resaltan que una de las transnacionales más poderosas del sector agroquímico inclinó la rodilla.

Fue hace apenas unas semanas, el pasado diciembre, cuando las calles de Malvinas Argentinas, una pequeña localidad de Córdoba, celebraron la salida de Monsanto. La multinacional salía por la puerta de atrás, echando el cerrojo al que estaba llamado a convertirse en uno de sus proyectos más emblemáticos, por tamaño e inversión: “Una de las mayores plantas de acondicionamiento de semillas de maíz no destinadas al consumo del mundo”, tal y como reflejaron en el momento del lanzamiento (junio de 2012, bajo el mandato de Cristina Kirchner) los informes técnicos de la propia compañía, que preveía destinar unos 1.500 millones de dólares (más de 1.400 millones de euros) al proyecto, desembolsos en concepto de investigación y desarrollo aparte.

De los golpes y amenazas

El relato de lo sucedido está sazonado de ambiciones, bloqueos, ganancias, cortes, asambleas, presiones y declaraciones, amenazas verbales y físicas, ilegalidades, alegalidades e incluso leyes redundantemente ilegales. Avances y retrocesos, los de la empresa frente a un amalgama de colectivos de toda Córdoba, entre los que destacan la Asamblea de Vecinos Malvinas Lucha por la Vida, la Asamblea del Bloqueo a Monsanto y las Madres de Ituzaingó. La vida, dejó escrito Shakespeare, es un cuento narrado por un idiota, que las llena de sus ruidos y furias. Tres siglos más tarde, Walter Benjamin matizó que está en todo caso contada por los vencedores.

[…] Un año más tarde, activistas y personas concienciadas organizaron un festival (Primavera sin Monsanto, que continúa celebrándose) en la misma entrada a las instalaciones que ya comenzaban a asomarse. Recibieron el apoyo de parte de la comunidad científica (entre ellos, el médico fallecido Andrés Carrasco) y académica (las universidades de Córdoba, Católica y Río Cuarto rechazaron la instalación de la planta), la artística (músicos como Manu Chao y René Pérez, de Calle 13) e incluso activistas internacionales como el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel o la india Vandana Shiva, se han sumado en algún momento a la causa.

Antes, durante y después, recuerda Gatica, un bloqueo de más de tres años, hasta la expulsión de Monsanto. “Ha sido muy difícil porque eran 37 hectáreas y, aunque cerrábamos sucesivas entradas con diez personas en cada puesto, ellos trataban de entrar por cualquier sitio”. Los problemas con los trabajadores de la empresa no tardaron en aparecer: “Al principio impedíamos únicamente la entrada a los camiones, por ejemplo metiéndonos bajo las ruedas, hasta que descubrimos que introducían herramientas incluso escondidas en sus maletines, cuando venían vestidos de traje”, añade esta líder argentina, que en 2012 recibió el Premio Goldman, conocido como el Nobel del Medio Ambiente.

Al mes de bloqueo llegó el primer desalojo, “cuando más de 300 policías nos sacaron a la fuerza a un centenar de personas”. Dos compañeras terminaron presas y Sofía, hospitalizada con un traumatismo craneoencefálico. “Pero nos dimos cuenta de que el pueblo es el que manda”, añade Gatica nada más terminar de extenderse con su parte médico: “Pedí el alta voluntaria y regresé con mis compañeros para quedarme. Poco a poco se sumó mucha gente y se empezaron a construir casas. Jamás pudieron ingresar como hubieran querido, pero soportamos casi cuatro años de frío, sin luz, sin agua, de hambre. Mujeres y hombres de todas las edades, con mucha gente joven”.

[…] “Pronto llegaron las amenazas. Me esperaban a la salida del trabajo, me perseguían y me golpeaban. Me amenazaron de muerte junto a mis hijos. Me han llamado de todo: ‘gringa sucia’, ‘zurda’…”. Las presiones, denuncia, se reforzaban con “los palos de la policía”, con “los grupos de choque de la empresa” y con “órdenes de represión” contra los vecinos. “Hubo una vez que los camiones lograron entrar y entonces decidimos impedir también la salida, salvo que se llevaran todo el material. Los obreros nos acusaron de haberles secuestrado”, añade Gatica entre su dilatada retahíla de reconstrucción de los hechos, presentados sin tapujos como “una guerra, en la que Monsanto contrataba matones y nosotros, para sobrevivir, tuvimos que armarnos: maderas con clavos, zanjas gigantes en la tierra, pinchazos a las ruedas de los camiones…”.

A los extremistas violentos

[…] Y es que, allí donde (en los transgénicos) hay quien ve enfermedades y muerte, otros contemplan “oportunidades de progreso y crecimiento para la comunidad y la provincia, sin riesgo ninguno”, afirma la empresa, que vaticinó 400 puestos de trabajo directos. En otra de sus notificaciones, identifica a Sofía Gatica (y a otras personas) como responsable de “agresiones verbales y físicas” que ponen en riesgo la integridad física y vulneran el derecho de expresión”, en referencia a una charla que empleados de Monsanto impartían en la Universidad Nacional del Litoral. Acciones que fueron calificadas de “vandalismo” y posteriormente denunciadas ante las Fiscalía

1.140 días de bloqueo (el número exacto lo tiene clavado en la memoria Gatica), hasta el 1 de noviembre de 2016, en los que la estrategia de Monsanto ha sido la de denunciar las “violaciones al derecho a trabajar” de sus empleados, recordando en sucesivos avisos que cumplían “con todos los requerimientos legales para la construcción de la planta”, citando, entre otras, diferentes ordenanzas, al Concejo Deliberante de Malvinas Argentinas, al Tribunal Superior de Justicia de Córdoba, el Estudio de Impacto Ambiental (elaborado por ellos mismos) y autoridades gubernamentales varias. Su defensa de que “no hay evidencia científica de que el glifosato sea cancerígeno” es radicalmente diferente al que presentan instituciones como la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC, en sus siglas en inglés) que, perteneciente la Organización Mundial de la Salud (OMS) de Naciones Unidas, lo consideró en 2015 como “probablemente cancerígeno para los humanos”. Las conclusiones siguen abiertas y recientemente la OMS, en este caso en una publicación conjunta con la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación), concluyó que era “improbable” que el glifosato presente riesgos carcinogénicos.

Sentencias firmes

Los entresijos jurídicos, que acompañaron a la lucha activista, dieron un primer vuelco radical en enero de 2014, cuando la Sala II dela Cámara de Trabajo detuvo la construcción, declarando inconstitucionales los permisos emitidos tanto por la Municipalidad como por la Provincia. Un mes más tarde, la Secretaría de Ambiente provincial también rechazó el estudio de impacto ambiental presentado por la compañía.

Paradójicamente (o no), la empresa guarda un celoso silencio de estos reveses. Tampoco ha querido manifestarse antes las repetidas apelaciones en las que Pikara Magazine le ha brindado su micrófono. Ha preferido mantenerse al margen también de su salida de Malvinas Argentinas, de la que no existe postura oficial alguna por parte de la compañía, si bien una “alta fuente” de la multinacional admitió a un portal argentino de actualidad y análisis económico que “no se pudo avanzar con la planta y esto también influyó. Pero lo más trascendente fue que el negocio cambió y dejó de ser conveniente para Monsanto”.

Los cambios que anónimamente denuncia Monsanto se refieren a modificaciones legales introducidas por las nuevas políticas agropecuarias, que han disminuido la expansión máxima de la superficie del maíz: “La pauta de procesamiento de la planta estaba en el orden de 3,5 millones de hectáreas pero, en los últimos años, apenas se pasó de los 2,5 millones. Una inversión así no tiene sentido desde el punto de vista del negocio”.

Jamás van a admitir que el pueblo los venció. No se fueron por la Justicia”, subraya Gatica, convencida de que fue Cristina Kirchner, la anterior presidenta del país, quien “negoció con la salud del pueblo. Seguramente bajo su mandato no hubiera sido posible nuestra victoria, si bien es cierto el actual Gobierno [de Mauricio Macri] también responde a las corporaciones y no a la gente”.

Una victoria, pero ¿de quién?

Malvinas Argentinas aún está resacosa de celebraciones. Forzosa o voluntariamente, Monsanto se ha ido de la localidad, pero no del país. Falta por escribir qué sucederá a partir de ahora, cuando el municipio adquiera la verdadera dimensión de lo logrado. La transnacional no solamente sigue operando en Argentina, sino que los insumos destinados al fracasado proyecto han sido trasladados a la próxima localidad de Rojas, unos 500 kilómetros al oeste y próxima a Buenos Aires.

Los reveses sufridos por Monsanto en Malvinas Argentinas y el hecho de que siga sin poder modificar la Ley de Semillas (por la que pretenden garantizarse ganancias por los derechos de uso de casi toda la soja, el maíz y el algodón que siembran en el país americana) les sepa seguramente mejor con el balance comercial cosechado en 2016, que la sitúan como dominadora absoluta en el negocio del maíz y en la venta de glifosato. Según los datos de la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (CASAFE), sus ingresos en este sentido aumentaron con respecto al ejercicio anterior.

Además de las instalaciones de Rojas, Monsanto mantiene otras 36 plantas en el país. La transnacional “desarrolla los planes a largo plazo, por lo que mover su inversión a otro lado tiene su lógica. Seguirá proveyendo a semillas al área de Córdoba. Que no tenga una planta levantada no significa que dejará de tener presencia”, según analizaron expertos en la materia a  un medio uruguayo.

“Es una batalla que vamos a ganar, nos va a costar, pero se la vamos a ganar”, vaticinó Sofía Gatica en octubre de 2012, al poco de saberse las intenciones de Monsanto en Malvinas Argentinas. Muchas “sangres” después (“América se ha escrito con sangre y seguirá escribiéndose con sangre. Vamos a luchar dejando nuestras vidas”, respondía la protagonista en una entrevista posterior, publicada por el autor en formato e-book), Sofía Gática, parte de esa Argentina que desterró a Monsanto, lo tiene claro: “Hemos ganado una pequeña batalla porque Monsanto está aislado en distintas partes del país. Vamos a seguir ahí, dándoles batalla y resistiendo”.

La dueña de las semillas

Monsanto ya no es sólo una empresa. Atrás quedaron sus inicios, allá por el arranque del siglo XX, en los que producía sacarina para Coca-Cola. Ahora es una transnacional con pies, dedos, garras, manos y tentáculos en casi cada esquina del globo, aunque sus principales mercados son Estados Unidos, Brasil, Argentina y Canadá. La producción de semillas transgénicas y el herbicida glisofato comercializado bajo la marca Roundup son dos de sus principales negocios, que la convierten prácticamente en dueña de la agricultura mundial.

Sobre todo tras su reciente fusión con Bayern, otra de las agroquímicas más grandes del mundo. “Con la transacción se fusionan dos negocios diferentes pero altamente complementarios. El negocio conjunto sacará partido del liderazgo de Monsanto en el ámbito de semillas y (…) por una parte, y del amplio abanico de productos de protección de cultivos de Bayern (…)  por la otra”, decía la compañía.

La sospecha siempre está detrás de cualquier acción de Monsanto, tanto por los temores hacia los organismos modificados genéticamente (OMG), como por las investigaciones que han sufrido varios de sus productos (la controversia sobre el glisofato es muy alta y ha sido prohibido su uso en varios territorios), las condenas por soborno en Indonesia, la venta de productos tóxicos o por el oligopolio que ejerce sobre la alimentación.

Y las resistencias también se multiplican. El pasado mes de octubre La Haya acogió en el Tribunal Internacional Monsanto, una “iniciativa de la sociedad civil para que Monsanto se responsabilice por violaciones a derechos humanos, crímenes contra la humanidad y ecocidio”, a la que la transnacional respondió. La sentencia estará en abril de 2017.

 
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¿Sabes lo que te aplicas? 85 mil químicos circulan en el mercado (solo 1% evaluados)

Aunque la esperanza de vida nunca había sido tan alta, este generación es la más expuesta que nunca a los químicos y sería bueno depurarlos.

Cuando te despiertas en la mañana (si haces un recuento) te sorprenderás de la cantidad de productos que usas para comenzar tu día: champo, jabón, pasta de dientes, jabón para los trastes., etc. Al rededor del 96% de esos productos, a menos que sean naturistas (y aún así en unos casos) contienen importantes cantidades de químicos.

Uno pensaría que existe un filtro muy bien aplicado desde el gobierno para que los productos que lleguen a nuestros hogares sean sanos; sin embargo, la realidad es que las leyes en esta materia en Estados Unidos (muchos de las marcas presentes en otros países son de allá) llevan décadas sin actualizarse, y de hecho, pudiera decirse que las corporaciones tienen un amplio margen de libertad para implementar químicos a sus productos.

Según un interesante análisis del sitio Alternet ,existen en el mercado al menos 84 mil químicos con los que es muy probable que tengamos en algún momento contacto al día; solo un 1% de ellos han sido estudiados a profundidad.

En este momento existe una iniciativa en el senado estadounidense para cambiar esto, pero apenas se encuentra en fase de presentación, no ha sido discutida aún.

Considerando que la piel humana absorbe el 60% de los productos con los que tiene contacto, es muy importante que, en cuanto antes, se haga una regulación mucho más rigurosa en la materia.

 

 

¿Qué puedes hacer?

Por lo pronto es recomendado especialmente que te cuides de los siguientes químicos:

-Formaldehído

-Diazolidinil urea

-Acetato de Plomo

-Metileno Glicol

-Propilparabeno

-Quaternium 15



Conoce las sustancias cotidianas vinculadas al cáncer de mama

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la incidencia de cáncer de mama va en aumento alrededor del mundo

El cáncer de mama es una de las enfermedades más desgarradoras que una persona puede experimentar, convirtiéndose en la 2a causa de mortalidad entre las mujeres del mundo. Se distingue entre el carcinoma ductal, que comienza en los conductos que llevan la leche desde la mama hasta el pezón y el carcinoma lobulillar, el cual inicia en las partes de las mamas llamadas lobulillos, que producen leche.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la incidencia de cáncer de mama va en aumento alrededor del mundo. Este incremento paulatino se debe a que hay una mayor esperanza de vida, un aumento de urbanización y una mayor adopción de una vida en contacto con tóxicos.

Aunque existen numerosos factores de riesgo, la incidencia del cáncer de mama aumenta según la edad, el sexo, antecedentes familiares, los genes BRCA1 y BRCA2, un ciclo menstrual prematuro (antes de los 12 años) y una menopausia tardía (después de los 55), un parto después de los 30 años, obesidad, radiación y consumo excesivo de alcohol, así como la exposición a ciertas sustancias nocivas. La investigación publicada en la revista Environmental Health Perspectives explica los productos químicos que provocan tumores cancerígenos en las glándulas mamarias de las ratas, los cuales están vinculados con el cáncer de mama en humanos. Estos productos tóxicos pueden provenir en su mayoría del escape de los autos que, además de contaminar el medio ambiente y volverse uno de los principales responsables del calentamiento global, comparten propiedades de otros solventes, del humo del cigarro y otros elementos de combustión toxicológica.

Este estudio realizó una lista con 17 sustancias cancerígenas que provocan alteraciones hormonales (originarias de los tumores mamarios) en los animales, a las cuales varias mujeres se encuentran expuestas a diario, tales como nafta, gasoil (gasóleo o diésel), ignífugos, solventes, corrosivos de pinturas y derivados de desinfectantes usados en el tratamiento de agua potable.

Estos factores de riesgo pueden prevenirse a través de actividades tales como reducir la exposición a las emanaciones de los gases de escape de los vehículos, usar una campana aspirante al cocinar, evitar comprar muebles que contengan espuma de poliuretano, alfombras u otras telas resistentes a las manchas e instalar un filtro de carbono para procesar el agua antes de consumirla, entre otras alternativas.



¿Es válido patentar genes humanos para comercializar algo que es un bien universal?

Desde el sábado 13 de abril se debate en el Tribunal Supremo de Estados Unidos la legalidad de patentar el ADN humano, limitando la cantidad de información que se libera al respecto a la comunidad científica.

generalYa que gran parte de la posible propiedad intelectual del ADN codificado está en manos estadounidenses, patentar  genes humanos podría representar una imposición a investigadores alrededor del mundo. Dadas las tendencias que han erigido la práctica de regulación de investigaciones y descubrimientos científicos en los últimos 30 años, patentar genes humanos podría ser el siguiente paso comercial dentro de la industria de la biomedicina.

Científicos en todo el mundo esperan el desenlace del debate del Tribunal Supremo de Estados Unidos ya que las consecuencias de patentar genes humanos relacionados directamente con algunas enfermedades como el cáncer podrían afectar su detección, pronosticación, terapias y medicación.

En 1994 y 1997 la compañía Myriad Genetics patentó dos secuencias genéticas asociadas con el cáncer, la BRCA1 y BRCA2 respectivamente. Estas dos secuencias han sido asociadas directamente al desarrollo de tumores de mama hereditarios. Una mujer que tiene una mutación en alguno de esos genes corre el riesgo (con una probabilidad del 60%) de desarrollar neoplasia a lo largo de su vida. Gracias a los derechos que Myriad tiene sobre los genes, se ha reservado el método de empleo en el diagnóstico de la enfermedad, terapias y medicamentos —convirtiéndola en la única compañía que puede comercializar en Estados Unidos el examen que identifica las posibles alteraciones a los dos genes.

Patentar genes humanos es una manera de guardar datos que podrían ser útiles para otras investigaciones médicas con el fin de dominar un mercado; Myriad por ejemplo se ha negado a divulgar la información que ha acumulado a través del examen, a pesar de que hay varias bases de datos públicas en Estados Unidos que buscan recolectar información de pacientes con este tipo de cáncer para avanzar el conocimiento que se tiene en torno a esta enfermedad.

Guardar información vital de una enfermedad que afecta a millones de mujeres (y causa miles de muertes al año) se puede considerar en contra de la práctica común de la comunidad médica y científica, que buscan en teoría un avance en conocimientos con el fin del desarrollo social, no acumulación de riqueza. Por esto en el 2009 se presentó una denuncia en contra de Myriad por parte del Patent Public Foundation y American Civil Liberties Union, ya que consideran que esta práctica es inválida e inconstitucional por la manera en que “la investigación se ha retasado, limitado o incluso bloqueado”.

En el 2010 el juez Robert Sweet le dio la razón a PubPat al decir “La purificación de un producto natural, sin más, no puede transformarse en una patente. Y como el ADN aislado no es diferente del ADN en estado natural, no es patentable”, lamentablemente esta medida se dio localmente en Nueva York.

Ahora es la instancia más elevada del país que debe tomar la decisión, y considerar al mismo tiempo la validez de patentar un gen humano, el derecho de patentar el cDNA, una copia artificial del ADN.

Aquellos que se encuentran a favor de patentar genes lo justifican como la única medida para asegurar inversiones en el mundo de la investigación científica. Aquellos que no están de acuerdo, como Andrés Moya, ganador del precio de Sociedad Española de Genética sienten que “los legisladores han diseñado una normativa que permite patentar, es decir, privatizar un bien universal para generar negocio con él”.

Aunque patentes de naturaleza biomédica y biotecnológica existen en todo el mundo, por ejemplo en Europa la protección al uso de genes patentados se limita a su explotación comercial no su uso en investigaciones científicas. Por el momento los ojos están puestos en el tribunal estadounidense ya que es ahí donde se definirán las tendencias o limitaciones en esta esfera en los próximos años.

[El País]



Descubren planta que podría curar el cáncer por completo

La Rosa de la Virgen es una plata nativa de las costas rocosas de la Península Ibérica y se le adjudica valores curativos contra el cáncer.

Científicos de la Universidad de Aston, en Birmingham, junto con médicos del hospital Russells Hal en Dudley, en el Reino Unido han realizado investigaciones en una planta llamada la Rosa de la Virgen a la que se le adjudican valores curativos en contra del cáncer, eliminando por completo las células malignas y dejando intactas las células sanas.

Los especialistas británicos detallan que ahora su tarea principal es determinar definitivamente cuáles son los elementos de la planta que combaten las células cancerosas y averiguar si serán igualmente eficaces en condiciones reales, no en un laboratorio, es decir, en un cuerpo humano.

La Rosa de la Virgen es una planta rastrera con flores de color violera, es nativa de las costas rocosas de la Península Ibérica, en las Islas Canarias, islas Baleares y en países ribereños del Mediterráneo, como Grecia e Italia. En zonas rurales de Paquistán es preparada en té y utilizada como remedio casero contra el cáncer de mama, dando resultados convincentes, según relatan pobladores de esas regiones.

[RT]

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