“Antes de que desaparezcan”, imágenes de grupos étnicos próximos a la extinción

“Before They Pass Away” es el nuevo libro del fotógrafo Jimmy Nelson. En el se encuentran algunas de las fotos más encantadoras de las pocas tribus étnicas que aún existen en el planeta. Antes de que desaparezcan.

Al margen de que la civilización moderna está acabando con casi todos los territorios no-civilizados del planeta, aún queda mucha belleza en lo salvaje. Desde la montañas de Mongolia al desierto de Namibia, en las profundidades del bosque de Papúa Nueva Guinea y las selvas de Ecuador, personas viven en comunidades tan remotas que no han sido tocadas por la civilización occidental. En su monumental libro “Before They Pass Away” (Antes de que desaparezcan), el fotógrafo británico Jimmy Nelson viaja a estos lugares con la esperanza de inmortalizar a las últimas tribus auténticas del planeta antes de que desparezcan (porque casi seguramente, lo harán).

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En el proceso también nos muestra cuántas cosas hemos perdido en el camino hacia la  modernización y nos confronta con lo más humano de nuestra humanidad. Con un mundo donde hay mucho más pureza de la que la mayoría de nosotros hemos visto junta.

Sus fotografías, es verdad, tienden al romanticismo y al punto de vista icónico. Pero, quizá por lo mismo, funcionan como catalizadores de reflexión y discusión. Estos grupos étnicos no deben desaparecer y abandonar su cultura al mundo moderno (como otras ya lo han hecho). Tienen una riqueza que nosotros perdimos hace mucho tiempo. Estas tribus, aunque no tengamos que estar personalmente interesadas en ellas, representan una individualidad y un balance que ya no tenemos. En conjunto, este libro es un gran recordatorio de las maravillas de la Tierra y al mismo tiempo es un disparador de asombro, algo que también hemos olvidado sentir.

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Los niños de esta tribu tailandesa pueden ver bajo el agua como un delfín

Son capaces de cerrar al máximo posible sus pupilas, muy simular a la adaptación ocular de los delfines.

Foto: Alamy

En 1999 la investigadora sueca de la Universidad de Lund, Anna Gislen, llegó a la costa oeste de Tailanda, específicamente a los archipiélagos en el mar de Andaman. Su empresa fue investigar un fenómeno curioso que había llegado a sus oídos sobre la capacidad de los niños de la tribu Moken de ver con una claridad impresionante debajo del agua salada.

Gilsen encontró que los miembros de esta tribu desde pequeños pasaban horas bajo el mar pescando, principalmente. El mar, así, era prácticamente una manera de vida. Comenzó a hacer algunas pruebas donde los niños se sumergían y debían mirar algunos dibujos de líneas lejanos y luego indicar si estos llevaban trazos horizontales o verticales.

Cada vez que los niños bajaban al agua las líneas se hacían cada vez más delgadas, y los resultados continuaban siendo favorables. Según las investigaciones de Gilsen las pupilas de los niños revelaron que son capaces de llegar el límite máximo de estrechamiento dentro de las posibilidades humanas.

Normalmente cuando entras al agua todo es tan borroso que el ojo ni siquiera trata de adecuarse, es un reflejo normal. Pero los ñoños Moken son capaces simultáneamente de hacer que sus pupilas se hagan mas pequeñas y cambiar la forma de su enfoque. Los delfines hacen una adaptación similar.

BJG30P Myanmar sea-gypsies, the nomadic hunter-gatherers of South East Asia live their lives in or on water.  Young girl at play.. Image shot 2007. Exact date unknown.
Foto: Alamy

Luego Gilsen hizo un experimento similar con niños europeos y encontró que sus ojos tienen también la capacidad de ver más bajo el agua, sin embargo estos presentaban una irritación mientras los Moken ninguna (llegaron a sumergirse hasta 30 veces sin ningún tipo de irritación de por medio).

Cabe apuntarse que los adultos Moken también fueron perdiendo esta capacidad de nitidez visual bajo el agua.

Con la edad nuestros “lentes” se vuelven menos flexibles, ello hace que tenga sentido que los adultos pierdan la habilidad de adaptarse bajo el agua.

[BBC]



Tribus vírgenes: las comunidades que aún no han sido contactadas (FOTOS)

Pareciera irreal que con la apabullante globalización aún existan tribus arcaicas que viven con un gran apego a la naturaleza y sin una ambición expansionista como en Occidente.

Foto: © G Miranda/FUNAI/Survival

Estos nativos de Brasil fueron captados por una expedición del gobierno de ese país en mayo de 2008.

Sobre todo por el vuelo de helicópteros, y muy cercanamente gracias a los drones, se sabe que en el mundo existen unas 130 tribus no contactadas por otras culturas (hacia 1500 existían unas 2000). Lo anterior es un poco paradójico pues las fotografías mostradas son quizá su primer contacto con otras civilizaciones; podría decirse que estas al ver un helicóptero o cámara fotográfica han encontrado que el mundo también son otros mundos, a menos que le hayan atribuido necesariamente algún significad divino, pero eso no lo sabemos.

The Indpendent ha publicado una serie de fotografías que muestran a tribus vírgenes, la mayoría asentadas en Brasil, gracias al poder de la frondosidad de la selva Lacandona, un resguardo por siglos absoluto. Pero quizá solo hasta ahora, pues como sabemos, la deforestación está amenazando sus hábitats.

Aquí algunos ejemplos:

Awá

Es una de las últimas tribus cazadoras nómadas de Brasil, quedan solo unos 355 miembros de su comunidad en el este del amazonas. Sus amenazas son proyectos agroindustriales, ranchos de ganado, asentamientos, leñadores y enfermedades.

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Foto: © Domenico Pugliese/Survival.

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Se cree que han vivido en las islas Andaman hasta por 60 mil años. Cuando el tsunami de 2004, un helicóptero captó a miembros de esta tribu al norte de la isla Sentinel en la India.

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Foto: © Indian Coastguard/Survival

Korowai 

Distintiva por el tipo de casas que construyen colgando de los árboles en Papúa Nueva Guinea. Sus amenazas son la invasión de las mineras, plantaciones, leñadores y otros buscadores de sus recursos naturales.

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Foto: © Flickr/Creative Commons

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En la selva amazónica, se cree que solo existen unos 50 miembros. Esta foto se tomó entre un encuentro bizarro entre agentes del gobierno  brasileño y la tribu. Las amenazas son los leñadores y enfermedades que puedan llevar externos que busquen hacerse de sus recursos.

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Foto: © FUNAI



Primer contacto occidental con una tribu perdida en la selva de Perú

El primer contacto con miembros de la tribu Mashco-Piro fue captado en video. Sus zonas de caza se han visto afectadas por la urbanización, por lo que se cree que esto los hace buscar contacto con pueblos occidentalizados.

La comunidad de los Mashco-Piro son una de las tribus más aisladas del planeta. Con una población estimada en menos de mil habitantes, los Mashco-Piro son una de las 15 “tribus perdidas” en la zona del Amazonas que corresponde a Perú; fue por ello que los pobladores de la comunidad Yine se sorprendieron cuando decenas de Mashco-Piro salieron de la selva y trataron de hacer contacto con ellos.

El grupo de activistas locales AIDESEP filmó uno de los encuentros en video en la zona de Las Piedras, en el suroeste del Amazonas. En él pueden verse a miembros de la tribu, de todas las edades, tratando de cruzar el río. El encuentro tuvo lugar durante tres días, y a decir de los intérpretes, los Mashco-Piro explicaron en una lengua 2/3 comprensible para los Yine que necesitaban comida, cuerdas y machetes.

La situación fue tensa porque los Yine, por orden del gobierno peruano, no pueden permitir que las “tribus perdidas” salgan de la selva: el sistema inmunológico de estas poblaciones nunca se ha enfrentado a las enfermedades que han diezmado por siglos a los pobladores de Europa, Asia y América, por lo que el riesgo de una epidemia es sumamente alto y podría ser fatal para su forma de vida.

Según miembros de la AIDESEP, el desarrollo urbano de Perú ha hecho que las zonas de caza de los Mashco-Piro se hayan visto afectadas; además, también son afectados por las frecuentes exploraciones de vehículos aéreos que sobrevuelan la zona a baja altura buscando petróleo y yacimientos de gas natural. Se estima que entre 12 y 15 mil personas viven en la selva al este de los Andes.

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Este animal es el ancestro común de hombres, ardillas, ballenas y todos los mamíferos placentarios

Un equipo de científicos descubrió este pequeño animal del tamaño de una ardilla, insectívoro, que vivía hace 65 millones de años y que podría ser el ancestro de todos nosotros, los mamíferos placentarios.

placental-mammal-ancestor-130207b-02Este pequeño animal podría ser el antecesor de ratones, elefantes, tigres, osos, ballenas, murciélagos y humanos. Tenía el tamaño de una ardilla moderna, se alimentaba de insectos y vivía hace 65 millones de años, justo cuando terminaba la época de los dinosaurios.

Un grupo de 23 científicos de todo alrededor del mundo, completó la imagen de cómo podría verse el ancestro más antiguo de los mamíferos placentarios (los que mantienen vivos a sus retoños dentro de la placenta), distinto al de los marsupiales (como los canguros, que cuidan a sus crías en bolsas) y monotremas (como los ornitorrincos, que nacen de huevos).

Este grupo de científicos analizó miles de características encontradas en fósiles y en especies mamíferas aún vivas. Con esta información, tanto morfológica como del ADN, construyeron un árbol familiar. El modelo llegó a una precisión tal que pudieron revelar diminutos detalles como la forma de su cerebro o de los huesos internos del oído.

Se estima que este animal vivió entre 200 mil y 400 mil años después del evento que causó la extinción de los dinosaurios, hace 65 millones de años. Se cree que luego este ancestro dio origen a la rama de los mamíferos placentarios, que hoy en día se compone de más de 5,100 especies viva, entre ellas nosotros los seres humanos.

[LiveScience]



Excremento prehistórico permite rastrear la evolución del ser humano

Residuos de la digestión humana permiten estudiar la actividad y los movimientos de los primeros seres humanos sobre la tierra, con una mayor precisión que otros marcadores.

Científicos de la Universidad de Massachusetts utilizan residuos de heces fecales para estudiar los movimientos de los ancestros del ser humano, por ejemplo de poblaciones de hace 7300 años, en latitudes tan altas como el círculo Ártico de Noruega, en las islas Lofoten.

Antes, los marcadores para rastrear la actividad humana habían sido los restos de carbón de las primeras fogatas, o el polen de las plantas que cultivaban. Afortunadamente, encontraron que los componentes del excremento emiten una señal muy fuerte.

Descubrieron que el coprostanol, un producto de la digestión del colesterol en el sistema humano, es un marcador increíblemente certero. Por ejemplo, encontraron una relación con los cambios climáticos de esas épocas, entre los años 2,040 y 1,900  a.C, y después alrededor del año 1705 a.C, cuando hubo un declive en la actividad humana y en su población.

“Esta área se encuentra en el límite norte de posibilidades de agricultura. Las más ligeras variaciones en las temperaturas de las estaciones afectarían enormemente a las poblaciones”, dice el investigador Robert D’Anjou.

Por otro lado, cuando hubo tiempos de prosperidad, “encontramos un punto alto de residuos fecales, justo cuando hubo un aumento dramático de fuegos en el área, asociados con la agricultura de tala y quema”, afirma D’Anjou

Se espera que éste método se utilice para complementar la información que no se tiene segura sobre la actividad humana. “Es sólo otra cosa que deja huella en el medio ambiente”, dice D’Anjou, “y las cosas buenas pueden venir de los lugares más inesperados”.

[BBC]

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