Estos nuevos dispositivos de comunicación no requieren baterías: se cargan con señales de TV

La Universidad de Washington desarrolló dispositivos que funcionan con energía reflejada.

Hace nueve meses el ingeniero eléctrico y profesor de la Universidad de Washington  Joshua Smith, comenzó una investigación acerca de cómo se podría extraer energía de las señales de TV para comunicarse, y eventualmente diseñar dispositivos de dos cartas que puedan intercambiar datos sin necesidad de utilizar baterías.

Esta técnica todavía no está bien desarrollada. Los datos se transfieren en un rango de un kilobit por segundo y requieren una distancia de no más de 2.5 pies entre uno y otro.  Aún con las limitaciones, esto representa una nueva veta en las telecomunicaciones.

En el sitio web de la investigación, el equipo da varios ejemplos de aplicaciones de los dispositivos. Por ejemplo, si dejaras las llaves en el sillón y tanto las llaves como el sillón tuvieran dispositivos de comunicación integrados, tal vez el sillón podría detectar tus llaves y avisarte que están ahí.

Smith también dice que se podrían crear sensores que se instalen en los techos para alertar a las personas cuando hay una fuga de agua, o en los puentes para informar si hay algún daño estructural.

“Es parte de la visión. Habrá información acerca de los objetos en mundo físico a la cual podremos acceder fácilmente”, dice Smith.

El dispositivo funciona capturando energía existente y reflejándola, como un transistor. Gollakota explica: “Cada objeto alrededor de ti, refleja señales. Imagina que tienes un escritorio de madera, y está reflejando señales, pero si un escritorio está diseñado para reflejar señales, y está hecho de hierra, reflejará mucho más energía. Estamos intentando replicar esto en un dispositivo análogo.”

La captura de energía que realizó el equipo que hizo la investigación presentada en la Association for Computing Machinery’s Special Interest Group on Data Communication en Hong Kong, requiere 100 microwatts para encenderse, pero el equipo dice que tiene un diseño que puede funcionar con sólo 15 microwatts. Por ahora, con esta técnica ya se puede comunicar la locación, identidad y datos del sensor.

La presentación de la Universidad de Washington fue distinguida como “mejor ensayo” en Hong Kong e investigadores están emocionados de comenzar a explorar las aplicaciones comerciales.

[Co. Exist]



Sofía Gatica, la mujer que desterró a Monsanto de Maldivas argentinas

Sofía Gatica, la mujer que luchó pública y ampliamente contra los transgénicos de la transnacional agroquímica en tierras argentinas.

Desde hace más de un siglo, Monsanto se ha relacionado con la destrucción de hábitats naturales y la creciente presencia de enfermedades y mutaciones en habitantes cercanos a estas regiones, principalmente cáncer, desórdenes cutáneos, supresión inmune, anemia, diabetes, problemas de hígado, entre otros. 

Pese a los esfuerzos de varias organizaciones no gubernamentales de detener tanto los productos de Monsanto, tales como Dioxin, Glifosato y PCB, como sus consecuencias devastadoras, las fábricas continúan expandiéndose a lo largo del mundo.

Un ejemplo actualmente, en México, las instituciones gubernamentales Sagarpa y Semarnat se han encargado de promover la siembra de soya transgénica de Monsanto en 253 mil 500 hectáreas en varios estados del país. Tan sólo en la zona maya de este país, Monsanto importa “10 millones de toneladas de grano al año, todo biotecnológico de EE.UU.”, ya que es “necesario darle la oportunidad a agricultores mexicanos de usarlas, en lugar de estarle pagando 50 000 millones de pesos al año a productores norteamericanos.” Esto provoca, en consecuencia, no sólo una pérdida de diversidad nacional de sus productos, también la afectación en la salud de los habitantes que consumen sus alimentos genéticamente modificados. Y si bien en México se ha buscado maneras para prohibir la siembra de productos genéticamente modificados, como la soya, la lucha continúa. 

Son estas luchas las que han marcado una diferencia en la biodiversidad, el cuidado del medio ambiente y la salud pública de la población. Como lo es el caso de Sofía Gatica, la mujer que luchó pública y ampliamente contra los transgénicos de la transnacional agroquímica en tierras argentinas. Ella, al relatar su historia para la revista feminista Pikara Magazine, ha dado plasmado su oposición al glifosato y la ruptura de las mayores construcciones logrando el destierro de Monsanto en Maldivas Argentinas.

Te compartimos su historia que compartió con Pikara Magazine

[…] Aquel atlas de las desgracias cercanas, una especie de orografía arrugada con ira por el paso del tiempo, se transformó en un informe archivado en el Ministerio de Salud del país suramericano. Entre sus páginas, la constatación ciudadana de que las fumigaciones con glifosato (el herbicida más vendido del mundo) provocaban cáncer y leucemia: “Encontramos 300 casos de cáncer y casi 80 fallecidos, sin contar con las malformaciones. Registramos ratios muy superiores a los normales”.

No había marcha atrás, apenas futuros posibles que construir. Así que las mujeres, bautizadas en 2003 como ‘las Madres de Ituzaingó’, se inmiscuyeron en una carrera de obstáculos en la que no se trataba de ganar o perder sino de aguantar. Lo siguen haciendo 16 años después. Más de 180 meses después han ocurrido muchas cosas, a veces demasiadas, como cuando se contabilizan las muertes, otras históricas, como cuando las crónicas resaltan que una de las transnacionales más poderosas del sector agroquímico inclinó la rodilla.

Fue hace apenas unas semanas, el pasado diciembre, cuando las calles de Malvinas Argentinas, una pequeña localidad de Córdoba, celebraron la salida de Monsanto. La multinacional salía por la puerta de atrás, echando el cerrojo al que estaba llamado a convertirse en uno de sus proyectos más emblemáticos, por tamaño e inversión: “Una de las mayores plantas de acondicionamiento de semillas de maíz no destinadas al consumo del mundo”, tal y como reflejaron en el momento del lanzamiento (junio de 2012, bajo el mandato de Cristina Kirchner) los informes técnicos de la propia compañía, que preveía destinar unos 1.500 millones de dólares (más de 1.400 millones de euros) al proyecto, desembolsos en concepto de investigación y desarrollo aparte.

De los golpes y amenazas

El relato de lo sucedido está sazonado de ambiciones, bloqueos, ganancias, cortes, asambleas, presiones y declaraciones, amenazas verbales y físicas, ilegalidades, alegalidades e incluso leyes redundantemente ilegales. Avances y retrocesos, los de la empresa frente a un amalgama de colectivos de toda Córdoba, entre los que destacan la Asamblea de Vecinos Malvinas Lucha por la Vida, la Asamblea del Bloqueo a Monsanto y las Madres de Ituzaingó. La vida, dejó escrito Shakespeare, es un cuento narrado por un idiota, que las llena de sus ruidos y furias. Tres siglos más tarde, Walter Benjamin matizó que está en todo caso contada por los vencedores.

[…] Un año más tarde, activistas y personas concienciadas organizaron un festival (Primavera sin Monsanto, que continúa celebrándose) en la misma entrada a las instalaciones que ya comenzaban a asomarse. Recibieron el apoyo de parte de la comunidad científica (entre ellos, el médico fallecido Andrés Carrasco) y académica (las universidades de Córdoba, Católica y Río Cuarto rechazaron la instalación de la planta), la artística (músicos como Manu Chao y René Pérez, de Calle 13) e incluso activistas internacionales como el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel o la india Vandana Shiva, se han sumado en algún momento a la causa.

Antes, durante y después, recuerda Gatica, un bloqueo de más de tres años, hasta la expulsión de Monsanto. “Ha sido muy difícil porque eran 37 hectáreas y, aunque cerrábamos sucesivas entradas con diez personas en cada puesto, ellos trataban de entrar por cualquier sitio”. Los problemas con los trabajadores de la empresa no tardaron en aparecer: “Al principio impedíamos únicamente la entrada a los camiones, por ejemplo metiéndonos bajo las ruedas, hasta que descubrimos que introducían herramientas incluso escondidas en sus maletines, cuando venían vestidos de traje”, añade esta líder argentina, que en 2012 recibió el Premio Goldman, conocido como el Nobel del Medio Ambiente.

Al mes de bloqueo llegó el primer desalojo, “cuando más de 300 policías nos sacaron a la fuerza a un centenar de personas”. Dos compañeras terminaron presas y Sofía, hospitalizada con un traumatismo craneoencefálico. “Pero nos dimos cuenta de que el pueblo es el que manda”, añade Gatica nada más terminar de extenderse con su parte médico: “Pedí el alta voluntaria y regresé con mis compañeros para quedarme. Poco a poco se sumó mucha gente y se empezaron a construir casas. Jamás pudieron ingresar como hubieran querido, pero soportamos casi cuatro años de frío, sin luz, sin agua, de hambre. Mujeres y hombres de todas las edades, con mucha gente joven”.

[…] “Pronto llegaron las amenazas. Me esperaban a la salida del trabajo, me perseguían y me golpeaban. Me amenazaron de muerte junto a mis hijos. Me han llamado de todo: ‘gringa sucia’, ‘zurda’…”. Las presiones, denuncia, se reforzaban con “los palos de la policía”, con “los grupos de choque de la empresa” y con “órdenes de represión” contra los vecinos. “Hubo una vez que los camiones lograron entrar y entonces decidimos impedir también la salida, salvo que se llevaran todo el material. Los obreros nos acusaron de haberles secuestrado”, añade Gatica entre su dilatada retahíla de reconstrucción de los hechos, presentados sin tapujos como “una guerra, en la que Monsanto contrataba matones y nosotros, para sobrevivir, tuvimos que armarnos: maderas con clavos, zanjas gigantes en la tierra, pinchazos a las ruedas de los camiones…”.

A los extremistas violentos

[…] Y es que, allí donde (en los transgénicos) hay quien ve enfermedades y muerte, otros contemplan “oportunidades de progreso y crecimiento para la comunidad y la provincia, sin riesgo ninguno”, afirma la empresa, que vaticinó 400 puestos de trabajo directos. En otra de sus notificaciones, identifica a Sofía Gatica (y a otras personas) como responsable de “agresiones verbales y físicas” que ponen en riesgo la integridad física y vulneran el derecho de expresión”, en referencia a una charla que empleados de Monsanto impartían en la Universidad Nacional del Litoral. Acciones que fueron calificadas de “vandalismo” y posteriormente denunciadas ante las Fiscalía

1.140 días de bloqueo (el número exacto lo tiene clavado en la memoria Gatica), hasta el 1 de noviembre de 2016, en los que la estrategia de Monsanto ha sido la de denunciar las “violaciones al derecho a trabajar” de sus empleados, recordando en sucesivos avisos que cumplían “con todos los requerimientos legales para la construcción de la planta”, citando, entre otras, diferentes ordenanzas, al Concejo Deliberante de Malvinas Argentinas, al Tribunal Superior de Justicia de Córdoba, el Estudio de Impacto Ambiental (elaborado por ellos mismos) y autoridades gubernamentales varias. Su defensa de que “no hay evidencia científica de que el glifosato sea cancerígeno” es radicalmente diferente al que presentan instituciones como la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC, en sus siglas en inglés) que, perteneciente la Organización Mundial de la Salud (OMS) de Naciones Unidas, lo consideró en 2015 como “probablemente cancerígeno para los humanos”. Las conclusiones siguen abiertas y recientemente la OMS, en este caso en una publicación conjunta con la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación), concluyó que era “improbable” que el glifosato presente riesgos carcinogénicos.

Sentencias firmes

Los entresijos jurídicos, que acompañaron a la lucha activista, dieron un primer vuelco radical en enero de 2014, cuando la Sala II dela Cámara de Trabajo detuvo la construcción, declarando inconstitucionales los permisos emitidos tanto por la Municipalidad como por la Provincia. Un mes más tarde, la Secretaría de Ambiente provincial también rechazó el estudio de impacto ambiental presentado por la compañía.

Paradójicamente (o no), la empresa guarda un celoso silencio de estos reveses. Tampoco ha querido manifestarse antes las repetidas apelaciones en las que Pikara Magazine le ha brindado su micrófono. Ha preferido mantenerse al margen también de su salida de Malvinas Argentinas, de la que no existe postura oficial alguna por parte de la compañía, si bien una “alta fuente” de la multinacional admitió a un portal argentino de actualidad y análisis económico que “no se pudo avanzar con la planta y esto también influyó. Pero lo más trascendente fue que el negocio cambió y dejó de ser conveniente para Monsanto”.

Los cambios que anónimamente denuncia Monsanto se refieren a modificaciones legales introducidas por las nuevas políticas agropecuarias, que han disminuido la expansión máxima de la superficie del maíz: “La pauta de procesamiento de la planta estaba en el orden de 3,5 millones de hectáreas pero, en los últimos años, apenas se pasó de los 2,5 millones. Una inversión así no tiene sentido desde el punto de vista del negocio”.

Jamás van a admitir que el pueblo los venció. No se fueron por la Justicia”, subraya Gatica, convencida de que fue Cristina Kirchner, la anterior presidenta del país, quien “negoció con la salud del pueblo. Seguramente bajo su mandato no hubiera sido posible nuestra victoria, si bien es cierto el actual Gobierno [de Mauricio Macri] también responde a las corporaciones y no a la gente”.

Una victoria, pero ¿de quién?

Malvinas Argentinas aún está resacosa de celebraciones. Forzosa o voluntariamente, Monsanto se ha ido de la localidad, pero no del país. Falta por escribir qué sucederá a partir de ahora, cuando el municipio adquiera la verdadera dimensión de lo logrado. La transnacional no solamente sigue operando en Argentina, sino que los insumos destinados al fracasado proyecto han sido trasladados a la próxima localidad de Rojas, unos 500 kilómetros al oeste y próxima a Buenos Aires.

Los reveses sufridos por Monsanto en Malvinas Argentinas y el hecho de que siga sin poder modificar la Ley de Semillas (por la que pretenden garantizarse ganancias por los derechos de uso de casi toda la soja, el maíz y el algodón que siembran en el país americana) les sepa seguramente mejor con el balance comercial cosechado en 2016, que la sitúan como dominadora absoluta en el negocio del maíz y en la venta de glifosato. Según los datos de la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (CASAFE), sus ingresos en este sentido aumentaron con respecto al ejercicio anterior.

Además de las instalaciones de Rojas, Monsanto mantiene otras 36 plantas en el país. La transnacional “desarrolla los planes a largo plazo, por lo que mover su inversión a otro lado tiene su lógica. Seguirá proveyendo a semillas al área de Córdoba. Que no tenga una planta levantada no significa que dejará de tener presencia”, según analizaron expertos en la materia a  un medio uruguayo.

“Es una batalla que vamos a ganar, nos va a costar, pero se la vamos a ganar”, vaticinó Sofía Gatica en octubre de 2012, al poco de saberse las intenciones de Monsanto en Malvinas Argentinas. Muchas “sangres” después (“América se ha escrito con sangre y seguirá escribiéndose con sangre. Vamos a luchar dejando nuestras vidas”, respondía la protagonista en una entrevista posterior, publicada por el autor en formato e-book), Sofía Gática, parte de esa Argentina que desterró a Monsanto, lo tiene claro: “Hemos ganado una pequeña batalla porque Monsanto está aislado en distintas partes del país. Vamos a seguir ahí, dándoles batalla y resistiendo”.

La dueña de las semillas

Monsanto ya no es sólo una empresa. Atrás quedaron sus inicios, allá por el arranque del siglo XX, en los que producía sacarina para Coca-Cola. Ahora es una transnacional con pies, dedos, garras, manos y tentáculos en casi cada esquina del globo, aunque sus principales mercados son Estados Unidos, Brasil, Argentina y Canadá. La producción de semillas transgénicas y el herbicida glisofato comercializado bajo la marca Roundup son dos de sus principales negocios, que la convierten prácticamente en dueña de la agricultura mundial.

Sobre todo tras su reciente fusión con Bayern, otra de las agroquímicas más grandes del mundo. “Con la transacción se fusionan dos negocios diferentes pero altamente complementarios. El negocio conjunto sacará partido del liderazgo de Monsanto en el ámbito de semillas y (…) por una parte, y del amplio abanico de productos de protección de cultivos de Bayern (…)  por la otra”, decía la compañía.

La sospecha siempre está detrás de cualquier acción de Monsanto, tanto por los temores hacia los organismos modificados genéticamente (OMG), como por las investigaciones que han sufrido varios de sus productos (la controversia sobre el glisofato es muy alta y ha sido prohibido su uso en varios territorios), las condenas por soborno en Indonesia, la venta de productos tóxicos o por el oligopolio que ejerce sobre la alimentación.

Y las resistencias también se multiplican. El pasado mes de octubre La Haya acogió en el Tribunal Internacional Monsanto, una “iniciativa de la sociedad civil para que Monsanto se responsabilice por violaciones a derechos humanos, crímenes contra la humanidad y ecocidio”, a la que la transnacional respondió. La sentencia estará en abril de 2017.

 
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4 maneras en que internet está impulsando la ecosustentabilidad en el mundo

La interconexión se desdobla en posibilidades que llegan, por ejemplo, a la demanda de productos mucho más amables con el medio ambiente.

Imagen: bukyschwartz.com

Cuando internet comenzó a popularizarse las personas nos sentimos como parte de un gran potencial, aunque quizá difuso. Estar interconectados en cualquier parte del mundo amplía las opciones de prácticamente todos los aspectos de la vida; la comunicación, sobre todo, pero también de la compra venta de bienes y servicios o la posibilidad de publicitar proyectos de toda índole.

En este abanico de oportunidades, en 1999  Kevin Ashton en el Auto-ID Center del MIT acuñó un concepto que es cada vez más popular “el internet de las cosas”. Ashton planteó que en algún momento habrán más “cosas” que personas conectadas a internet, tales como electrodomésticos o dispositivos, que en una búsqueda por hacer más inteligente su uso, estarían siendo monitoreados pero además funcionando en relación a la mejora en la eficiencia de energía, por ejemplo.

En este sentido la data sobre las cosas que están conectadas a internet ha incentivado una economía en la que por primera vez se tendrá cada vez más ubicado el lugar y funcionamiento de los aparatos que se han comprado. Lo anterior permite que se conozca su destino y de alguna manera no se pierdan en la clandestinidad de los productos ya comprados.

Ello podría resultar en una dinámica donde se extraen ganancias del ciclo completo de uso de un aparato, es decir, al tener toda esta data disponible, es más fácil que este pueda ser aprovechado con fines de reciclaje cuando su tiempo vida ha terminado.

Esta es una de las posibilidades que están nutriendo el escenario de sustentabilidad en el planeta aunque hay otras maneras en que el internet está marcando la pauta para un mundo más sustentable, como las siguientes.

 

Conexión de mercados

Cada vez más personas buscan consumir productos tanto más sanos para su salud como para el medio ambiente. Internet en este sentido amplía la oferta de productos y servicios más allá de aquellos a los que se tiene acceso en los grandes supermercados (la mayoría transnacionales, por cierto).

 

Reúso de productos

Las plataformas de compara venta online están haciendo que numerosas personas accedan a productos usados  (si bien también a más productos nuevos) anteriormente esta opción de compra venta de productos de segunda mano no existía en las dimensiones que internet permite.

 

Información sobre marcas nocivas

Es muy interesante cómo existe cada vez más interés por conocer los productos que se compran. Tanto de las condiciones de los empleados de las marcas como de las repercusiones que tienen estos en su producción para el medio ambiente y la salud. La información en este rubro es muy popular en las redes sociales y ello ha hecho que muchas marcas adecuen sus modos de producción ante un mercado que es cada vez más exigente.

 

Activismo ambiental

Los gobiernos se ven presionados por la propagación de demandas ambientalistas y animalistas que encuentran en internet un nicho de interconexión. Ejemplos hay muchos en que las autoridades han modificado e incluso barado leyes que van en detrimento de la sustentabilidad y el medio ambiente. Acá algunos ejemplos.

 

 

 



“La Ruche qui dit oui”, el modelo de comercio justo que está revolucionando las compras en Francia

El proyecto trata que los productores locales puedan relacionarse directamente con los consumidores, de modo que estos últimos realicen las compras por internet y las recojan después.

Nos encontramos en constante cambio evolutivo, tratando de adaptarnos a las transformaciones de nuestro medio ambiente para vivir en prosperidad y alegría. En ocasiones debemos realizar reajustes personales; en otras, metamorfosis a escalas sociales para continuar en el proceso de aprendizaje.

Desde la tolerancia a temas anteriormente considerados como tabú, hasta la introducción del internet a nuestras vidas. Cada transformación implica una capacidad de adaptabilidad e incluso de éxito. Como por ejemplo, La Ruche qui dit oui (La Colmena que dice sí), plataforma  francesa de internet que relaciona de manera directa a los productores y consumidores.  

El proyecto trata que los productores locales puedan relacionarse directamente con los consumidores, de modo que estos últimos realicen las compras por internet y las recojan después en la bodega de La Ruche qui dit oui.

Les compartimos un video por si les interesa saber más acerca de esta distinguida colmena:

*Para ver el video con subtítulos en español, dale click a la cajita “CC” ubicada a la derecha inferior del video.

 



Próximamente tus gadgets funcionarán con biobaterías a base de azúcar

Un equipo de científicos de Virginia Tech ha creado una batería para uso de celulares, tablets y demás gadgets hecha de azúcar, que además de ser muy baratas, son recargables y eco-amigables.

El azúcar natural promete ser la energía del futuro; es una fuente relativamente barata, reusable y completamente biodegradable, razón por la cual un equipo de Virgina Tech, en EUA ha creado una batería cuyo ingrediente principal es este endulzante. La batería podría ser utilizada en celulares, tablets, gadgets y controles para videojuegos.

El equipo, encabezado por Percival Zhang, profesor de sistemas de ingeniería biológica en el Colegio de Ingeniería de Virginia Tech, se dedicó a estudiar y canalizar las propiedades enérgicas del azúcar porque “es un compuesto que almacena energía en la naturaleza,” dice Zhang, “así que es lógico que intentemos emplear su poder natural de manera sustentable para producir una batería”.

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El impacto de los gadgets es enorme, la extracción de los metales que los componen se lleva a cabo en condiciones de esclavitud en la que participan niños, mujeres y hombres que son obligados a vivir en las peores condiciones imaginables, adicionalmente los materiales utilizados en las baterías contaminan enormemente el medio ambiente. Esta batería se vislumbra como un alternativo increíble que, además, no es inflamable, puede ser reutilizado y puede guardar más energía por más tiempo.

La batería emplea azúcar combinada con maltodextrina, cuyo subproducto es agua. Los científicos esperan que en los próximos tres años la batería salga al mercado.



Niño de nueve años salva parques vendiendo limonada (VIDEO)

En una semana Joshua Smith ha ganado cerca de tres mil dolares vendiendo limonada y donándolo para limpiar los parques de su comunidad.

La ciudad de Detroit, Estados Unidos, en la actualidad sufre una crisis financiera provocando que algunos servicios básicos como el mantenimiento de los parques no se lleve a cabo y estén prácticamente abandonados, esto hizo que un joven de nueve años, Joshua Smith, buscara una forma de ayudar a su comunidad.

Frustrado por no poder jugar debido a la cantidad de basura en los parques, Joshua decidió tomar las cosas en sus propias manos. He instalo un puesto de limonada y comenzó a vender esta bebida natural, además ofrecía ponche de frutas, agua simple y palomitas de maíz. En sólo una semana ha recaudado tres mil dólares que dono al mantenimiento de los parques.

El pequeño empresario a favor de la naturaleza ha recibido múltiples reconocimientos. La Fundación de Becas de Rosa Parks en Detroit le ofreció una beca al terminar sus estudios de secundaria, si Joshua concluye con un promedio excelente y sigue aportando ayuda a su comunidad.

“Estoy recibiendo un gran apoyo, y eso me hace sentir bien”, dijo Joshua Smith.

La causa de Joshua a favor de la naturaleza ha hecho que miles de voluntarios se unan a él y empiecen a limpiar los parques de sus comunidades y dar un mejor aspecto a la Ciudad.

[inhabitat]

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