Un máximo aprovechamiento de la tierra: una agricultura más sustentable, rentable y cooperativa

Farmstacker, un programa que busca repensar la manera en la que los agricultores utilizan su tierra para que los espacios vacíos sean aprovechados por otros.

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Para muchas personas no existe un sueño más grande y a la vez inalcanzable, que dejar la ciudad atrás, mudarse al campo y ser autosuficientes lejos del caos urbano. Para muchos, el sueño es prácticamente imposible ya que dejar todo atrás y empezar un negocio potencialmente poco rentable, que además requiere una enorme inversión inicial parece ilógico, más aún para personas jóvenes que no lo ven como un plan de retiro sino una nueva forma de vida. Afortunadamente, Farmstacker,  les brinda una solución a todos esos soñadores.

El programa, ganador del último concurso de Hack//Meat, en Estados Unidos busca reinventar la manera en la que se utiliza la tierra de granjas ya establecidas. Para hacer esto, los creadores detrás del concepto, proponen rentar —a precios accesibles—espacios en granjas que no son utilizados, para que así agricultores jóvenes puedan establecer su propio negocio en ellas.

La idea es muy sencilla y hasta obvia. Los creadores buscan entablar relaciones de intercambio entre agricultores/criadores con granjas grandes o espacios vacantes, y agricultores que están incursionando en el negocio.

La primera etapa del programa es airbnbeef, que se dedica a aprovechar recursos ya existentes (espacios de tierra vacantes) y así crear ingresos para los agricultores/criadores. La segunda, eFarmony (llamada así por el sitio de citas en línea, eHarmony), busca poner en contacto a agricultores jóvenes con granjas compatibles para que así puedan empezar su negocio con una inversión pequeña. La tercera y última etapa Landing Club, conecta a los agricultores con posibles inversionistas para darles el capital de arranque. Un ejemplo de este modelo es la pequeña granja avícola de uno de los fundadores, Kevin Watt, quien renta un espacio en un rancho ganadero en California. Según él, su negocio fue favorable desde el primer día ya que nunca tuvo que invertir fuertes cantidades en tierra. Además el dueño del rancho está feliz ya que las gallinas fertilizan la tierra.

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Mientras que Farmstacker sigue en la etapa de planeación y aún deben encontrar a los agricultores/criadores que quieran participar, la idea es trascendente y tiene el potencial de cambiar la manera en la que funcionan las granjas, el cultivo y la cría de animales al igual que nuestra sociedad. Aunque el proyecto se llevará a cabo en Estados Unidos, la idea es realmente universal, y ya que se trata de aprovechar al máximo la tierra, en términos económicos y prácticos, todos ganan. Y es que la solución es tan sencilla que cualquiera, en cualquier país puede practicarla.Con un poco de suerte (y sentido común) el mundo entero adoptará este sistema que además de ser sustentable es rentable y socialmente responsable.

[Fast Co.Exist]



La agricultura biodinámica, una técnica de cultivo que beneficia la tierra

El alemán Rudolf Steiner propuso a inicios del siglo pasado una agricultura denominada biodinámica, la cual trata a las granjas como organismos complejos.

 En 1924 un grupo de agricultores alemanes notaron que sus tierras perdían fertilidad y los suelos se encontraban desgastados. Ante el problema solicitaron alternativas a la academia de su país, por lo que se llevaron a cabo un conjunto de conferencias lideradas por Rudolf Steiner, padre de la agricultura biodinámica, la cual, concibe a las granjas  como organismos complejos cuya dinámica natural incluye a los animales y al hombre.

La agricultura biodinámica se basa en nueve tipos de preparados inventados por Steiner, que a la fecha han comprobado tener efectos en la estructura del suelo y en los microorganismos, mejorando la fertilidad del suelo e incrementando su biodiversidad. Este revolucionario pensador creía que estos preparados transferían poderes sobrenaturales terrestres y fuerzas cósmicas al suelo. La rareza de estos es innegable, se dividían en dos tipos: los preparados para la preparación del suelo y los utilizados para la preparación y aplicación de composta.

Este tipo de siembra toma en cuenta un calendario de cultivo basado en el movimiento de los astros. Para la preparación del campo por ejemplo Steiner propuso el llamado cuerno de abonar, basado en una mezcla de tierra negra preparada al llenar el cuerno de una vaca que se entierra en la tierra en otoño para dejarlo descomponer durante el invierno y recuperarse para su uso la siguiente primavera. En este cuerno se añade además cuarzo molido en polvo preparado.

Actualmente esta técnica se utiliza en más de 50 países y cuenta con una agencia de certificación para sus productos denominada “Demeter International” (en alusión a la diosa griega de la agricultura). Los métodos del agrocultivo biodinámico profundizan en la interconexión de los componentes de los sistemas incluyendo al humano como parte de este. Se trata de una concepción filosóficamente sensible sobre la agricultura, que incluso nos remite a una especie de proceso de purificación alquímica, que empata perfectamente con un nuevo pensamiento acerca de la unidad de la materia y la vida.

 



¿Qué hay detrás de tus marcas favoritas?

Si crees que la valentía se limita a las películas de acción, te tenemos una noticia: elegir lo que comes es un acto de valor que realizas tres veces al día.

¿Cómo? Muy sencillo, como consumidores tenemos el poder de decidir qué llevamos a nuestra mesa y cómo nutrirnos. A veces se nos olvida la responsabilidad que tenemos de nuestra alimentación y dejamos que la publicidad y las marcas nos digan cómo hacerlo. Pero hoy tenemos un reto enorme como consumidores: recuperar nuestro poder de elección.

Los productos procesados que compramos en el supermercado tienen un origen dudoso, no sabemos cómo son producidos ni de dónde provienen los ingredientes para su elaboración porque las empresas que los elaboran no son transparentes con sus consumidores.

Las empresas de alimentos nos ofrecen comida para “hacernos la vida más fácil” e incluso han creado productos “más sanos” y nos los llevamos a la boca pensando en que  nos ofrecen los nutrientes necesarios para nuestro cuerpo. Hoy sabemos que esto no es así, la comida procesada está relacionada con los altos índices de obesidad  y sobrepeso a nivel mundial por sus altos contenidos de azúcar y grasas.

Si miramos más a fondo encontramos que los alimentos procesados también tienen un pasado oscuro que impacta al medio ambiente, y nosotros como consumidores somos cómplices involuntarios de estos daños cada vez que decidimos comprar alimentos que provienen de la agricultura industrial, que contamina recursos valiosos como el agua y el suelo, indispensables para tener comida sana en nuestra mesa. 

Además, esta forma de producción no solo pone en riesgo la biodiversidad, sino que amenaza la salud de los trabajadores del campo con el uso de agrotóxicos como el glifosato, catalogado recientemente por la Organización Mundial de la Salud como probable cancerígeno para el ser humano y que es utilizado sin ningún tipo de control en el campo mexicano.

Este panorama es alarmante para todos, y como consumidores tenemos en nuestras manos un papel clave en el rumbo de esta historia con cada elección de compra y pidiéndole a las empresas de alimentos que nos informen sobre la forma en la que elaboran sus productos. Juntos podemos transitar hacia una agricultura ecológica, que proteja al medio ambiente y a las personas.

Desde Greenpeace, te invitamos a ser parte de una comunidad a favor de la comida sana y a preguntarle a las 15 corporaciones más relevantes en el país sobre cómo producen y cuál es el origen de los ingredientes que utilizan, a través del sitio web: www.greenpeace.mx/comidasana.

Gobierno, empresas y consumidores, somos parte de un problema de alimentación que no permite el acceso a alimentos suficientes y de calidad, pero hoy más que nunca, también somos parte de la solución. 

 

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Twitter del autor: @PrensaGPMX @greenpeacemx 



Sin transgénicos, agricultores de la India cultivan récords mundiales

Con un método de cultivo orgánico llamado SRI han sorprendido al mundo y puesto a temblar a las corporaciones de agroindustrias químicas.

Uno de los argumentos más reiterados por parte de las corporaciones que desarrollan y venden semillas transgénicas o plaguicidas y fertilizantes artificiales es la productividad. 

Mientras crece la población mundial, hoy más de 7 mil millones de personas, la productividad es un tema eje para alimentar a tantas personas. Pero este argumento, la aplicación de los transgénicos para aumentar la productividad, podría estar siendo más debilitado que nunca, pues un nuevo método de cultivo llamado SRI está batiendo récords en países como la India, a partir de la agricultura ecológica.

A inicios de los 80,  Henri de Laulanié, un sacerdote jesuita francés y agrónomo, observó cómo cultivaban arroz en las tierras altas de Madagascar, luego el estadounidense Norman Uphoff retomó su trabajo y desarrolló el SRI

Este año, un pequeño pueblo de los más pobres en India, Darveshpura, ha sido noticia internacional por los récords de productividad por hectárea que han logrado, jamás rebasados por ninguna otra tecnología; lo anterior fue alcanzado gracias al método SRI.

Uno de los casos más famosos es el del campesino Sumant Kumar, quien logró récords en cultivo de arroz y patatas. Otros aldeanos como  Krishna, Nitish, Sanjay y Bijay, también registraron más de 17 toneladas de arroz por hectárea; un fenómeno inaudito hasta ahora. 

Este método podría revolucionar la agricultura mundial pues resulta especialmente accesible y barato para los campesinos más pobres del planeta. El SRI está basado en el uso de abono orgánico y el respeto por los ciclos de la naturaleza; pareciera que en un futuro muy próximo, herbicidas, plaguicidas y transgénicos, podrían salir sobrando definitivamente.



Los alimentos etiquetados como “orgánicos” no son garantía de seguridad

La concentración de metales pesados podría ser más peligrosa en productos orgánicos que convencionales. No te dejes llevar sólo por esta etiqueta de moda.

La contaminación de metales pesados no hace diferencia entre tipos de cosecha. Sin importar si las prácticas de agricultura son orgánicas o convencionales, si el cadmio, arsénico, plomo, níquel o mercurio están en la tierra, el agua o el aire, pueden contaminar los alimentos y envenenar a las personas que los consumen. Demasiada exposición a estos materiales puede acumularse en el cuerpo y causar problemas crónicos de la piel, intestinos, sistema nervioso, riñones, hígado y cerebro. Algunos metales pesados ocurren naturalmente en la tierra (y ello es imprescindible), pero con la minería y el uso de materiales sintéticos (pintura, químicos de agricultura, etcétera) pueden llegar a niveles tóxicos ya sea en la tierra, el agua o el aire, y, una vez que están ahí, es virtualmente imposible removerlos.

China, de hecho, aceptó el pasado abril que su tierra arable está seriamente contaminada con metales pesados gracias a décadas de desarrollo industrial. Un quinto de su tierra está contaminada, sin importar si es usada para cosechar productos orgánicos o convencionales. En Estados Unidos, México y algunas partes de Centroamérica, importamos jugo de manzana de China, el cual fue catalogado por la FDA como peligrosamente contaminado de metales pesados.

Uno de los grandes problemas es que no todos los productos importados deben tener denominación de origen. Si son empaquetados en otro país, se pierde el origen en las etiquetas.

abonos-orgánicos-para-cultiva-marihuanaDe hecho, según un artículo de Alternet, las cosechas orgánicas podrían contener más metales pesados que los alimentos crecidos convencionalmente. Las prácticas de agricultura orgánica incluyen el uso de estiércol, el cual podría añadir metales pesados a la tierra si el ganado estuvo comiendo surtido contaminado.

Canadá y México no parecen tener problemas de metales pesados, pero China y algunos lugares de E.U.A. sí, por lo que lo mejor que podemos hacer es, no sólo comprar alimentos orgánicos sino también locales, y dejar de comer productos procesados en la medida que sea posible. Cuando compramos local es más fácil tener información de las tierras donde creció nuestro alimento, y además ayudamos al desarrollo sano de nuestra comunidad.



Consumir comida orgánica reduce los niveles de pesticidas en el cuerpo

Según un estudio científico reciente, para evitar los efectos secundarios asociados con el consumo de alimentos que fueron cultivados con pesticidas deberíamos consumir exclusivamente comida orgánica.

Todos sabemos que en general, la comida orgánica es mejor que la comida industrializada o aquella que es tratada con pesticidas porque no daña al medio ambiente. Mientras que muchos escogemos comer orgánico porque sabemos que es la mejor manera de proteger la biodiversidad, (las abejas y las mariposas monarcas siendo las víctimas principales de los pesticidas) un reciente estudio publicado por la Universidad de RMIT en Australia, dio con resultados que indican que al comer comida orgánica podemos reducir significativamente la cantidad de pesticidas potencialmente dañinos que consumimos.

El estudio demostró que con consumir comida orgánica,  libre de pesticidas, por una semana, los niveles de dialkylfosfatos se reducen en un 89%. Los investigadores analizaron la orina de 13 sujetos y midieron los niveles de pesticídas, antes de consumir los alimentos orgánicos y una semana después de que llevaron una dieta completamente orgánica. 

Ya que aquellos que consumían comida orgánica aun presentaban rastros de pesticidas, los investigadores determinaron que debían venir de otras fuentes también, sin embargo, la mejor manera de reducirlos sigue siendo a través del consumo de alimentos orgánicos.

El estudio no define a qué nivel los pesticidas se vuelven un riesgo para nuestro organismo.

Otros científicos aseguran que el consumo de alimentos no-orgánicos no afecta la salud, ya que estos no contienen las cantidades que se asocian con toxicidad y males crónicos.

Por otro lado, hay otros estudios que aseguran que los productos orgánicos sí tienen beneficios adicionales, entre los cuales están la prevención de algunos cánceres y la protección del sistema inmune.

Si no es por la salud individual, quizá el verdadero valor de los productos orgánicos es mejorar la salud planetaria. 

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