Programa contra la obesidad en Dubái paga oro por cada kilo de peso perdido

El creciente problema del sobrepeso en esta ciudad inmensamente rica, ha llevado al gobierno a tomar medidas drásticas para solucionarlo.

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Dubái es una de las ciudades más prosperas económicamente en el mundo gracias a su enorme reserva de petróleo, sin embargo, no todo es perfecto en esta ciudad de los Emiratos Árabes Unidos. Con el rápido desarrollo de la economía local, el porcentaje de la población con sobrepeso ha crecido rápidamente en los últimos veinte años, y ahora afecta a más de la mitad de la población. Para lidiar con dicho problema, el gobierno ha ideado un sistema para motivarlos a bajar de peso —por cada kilo que estos pierdan, se les dará un gramo de oro.

Parece ser que la misma riqueza que llevó a la popularización de restaurantes y zonas de comida rápida en centros comerciales, ahora es utilizada como incentivo para lograr que sus habitantes alcancen un peso más sano. Los participantes fueron pesados por primera vez el 19 de julio, y tendrán un mes para bajar todo el peso que puedan.

Los problemas del sistema son evidentes, y seguramente en vez de incitar a los ciudadanos a bajar de peso al seguir un estilo de vida sano (dieta y ejercicio), algunos participantes recurrirán a métodos cuestionables (si es que se toman la molestia de participar). Según el Philips Healthcare, menos del 25% de los individuos con sobrepeso están conscientes de que tienen un problema, por lo que la iniciativa está obviando la raíz del problema, las personas no están conscientes de su sobrepeso. Otro problema con la iniciativa es que el Producto Interno Bruto por persona en el país es de $45,000 dólares, por lo que un poco de oro puede no ser un verdadero incentivo para ellos.

Este sistema, que sin duda alguna fallará a largo plazo, nos invita a reflexionar sobre los actuales problemas del sistema capitalista, donde unos cuantos tienen en exceso —al grado que se les tiene que recompensar por limitar su gula, mientras que 800 millones de personas sufren de hambre o malnutrición en el mundo.

[Fast Co.Exist]



¿Dónde está el dinero asignado para los bebederos en las escuelas? Cuestionan organizaciones mexicanas al gobierno

Aún no hay información sobre cuántos bebederos han sido instalados aún cuando el dinero ha sido asignado.

Foto:www.chilango.com

Cuando se trata de encontrar los motivos por los cuáles la población mexicana, sobre todo en las últimas décadas, ha aumentado exponencialmente sus niveles de obesidad, las respuestas suelen apuntar a que se trata de un asunto cultural. Sin embargo, es muy curioso, pues el aumento alarmante de los niveles de obesidad justo coincide con el tiempo en que las fronteras han sido abiertas a la entrada masiva de comida chatarra.

Estudios apuntan cómo en México no solo es más barato comer chatarra que comida sana, también cómo la distribución de los productos hace que sea mucho más accesible conseguir una producto chatarra que uno sano…

Lo anterior es un indicador de que la cultura mucho se define por lo que hay disponible. Es decir, si las personas, quienes generalmente tienen poco tiempo libre, en sus tiempos de compra disponen mucho más fácilmente comida chatarra, esto perneará su cultura.

Lo anterior es altamente importante, y apunta a que es necesario volver accesibles los productos sanos para los habitantes. En parte por ello en la estrategia nacional contra la obesidad es importante para decenas de organizaciones civiles la incorporación de miles de bebederos a las escuelas públicas.

Los niños han ido en las últimas décadas acostumbrándose a beber bebidas azucaradas cuando tienen sed; lo que resulta fatal para su salud. Por ello es crucial que aumente la cultura del consumo gratuito de agua natural en las escuelas con los bebederos.

Este es el Cuestionamiento

En 2015 fueron asignados $1 mil 360 millones 87 mil 240 pesos para la instalación de bebederos en las escuelas. Sin embargo, la organización El Poder del Consumidor ha encontrado que es inexistente la información sobre el tema. Según el director general del Instituto Nacional de Infraestructura Física Educativa (Inifed), para 2015 se tenía programada la instalación únicamente de 1 mil 500 bebederos. De estos, aún no se cuenta con información sobre cuántos han sido instalados y cuánto han costado.

Según un censo de 2013 del Cembe, en 2013, de 145 mil 427 escuelas públicas de nivel básico, solo el 18% tenía bebedores instalados. Es decir, aún faltaban 118 mil planteles por cubrir.

Ante la nula información organizaciones de la Alianza por la Salud Alimentaria cuestionan al gobierno. ¿Dónde está el dinero y los bebederos en las escuelas?

Si te suena, pregúntaselo tu también a Aurelio Nuño y a la SEP.



Las fórmulas para bebés en México también ocasionan obesidad; estudio

Solo el 14.4% de las mamás amamantan a sus hijos en esta país. Las fórmulas lácteas, por su parte, contienen un promedio de hasta 52% de azúcar.

Entre la mucha disponibilidad de comida chatarra en México, y la poca accesibilidad de comida sana, la obesidad se ha disparado, sobre todo en los últimos 30 años. Un análisis en este contexto de los productos que circulan y las facilidades que el Estado les pone es muy necesario para exigir una oferta más sana de alimentos.

La organización el Poder del Consumidor, siguiendo con la anterior tarea, recién analizó el etiquetado de 20 productos más comercializados para bebés en los que se encontraron concentraciones de azúcar del 14 al 100%, con un promedio de 52% (una cantidad increíblemente alta para un bebé). Asimismo se halló que la totalidad de estas fórmulas lácteas contienen el doble de sodio establecido en la norma oficial (tan sólo un frasco de los productos analizados cubre el 35% del requerimiento total para un lactante). Un alto consumo de sodio, además, ha sido asociado por numerosos estudios a la hipertensión en edades tempranas. Paradójicamente, la NOM043 de orientación alimentaria recomienda no añadir azúcar y sodio a los alimentos proporcionados a los lactantes.

Sobre los alimentos para niños pequeños, también se encontró, por ejemplo, que los cereales están hechos de harinas refinada” y ninguno cumple con el mínimo de fibra acorde a la norma oficial.

Cada vez menos mujeres dan pecho a sus bebés

Según datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012 (Ensanut) retomados por El Poder del Consumidor, el porcentaje de las mujeres que no amamantan a sus bebés es de 85.6%; sólo un 14.4% amamantan a sus hijos de manera exclusiva los primeros seis meses de vida.

Uno de los grandes peligros de dar a los bebés fórmulas de altos contenidos de azúcar, es que, desde esta edad (e incluso desde la gestación) los bebés desarrollan un gusto por los sabores azucarados y salados únicamente. Está comprobado que en estos primeros meses y años de vida se te determina mucho de sus predisposiciones alimenticias; así, comenzar su vida con una alimentación tan alta en azúcar los determinará para buscar este sabor.

Es muy preocupante que desde edades muy tempranas los niños consuman productos industrializados que contienen grandes cantidades de azúcar añadida, lo que va a provocar que desarrollen un gusto por los alimentos dulces y se ha asociado el consumo de azúcares a padecimientos como diabetes, resistencia a la insulina, obesidad y síndrome metabólico” advierte Fiorella Espinosa, especialista en Nutrición y maestra en Salud Pública, y quien coordina investigaciones en Salud Alimentaria en El Poder del Consumidor.

Twitter de la autora: @anapauladelatd



¿El diseño de las cocinas podría ser responsable de la obesidad?

Nuestros hábitos alimenticios están más influenciados por nuestro medio ambiente que por nuestro apetito o el significado afectivo de la comida.

La comida en el hogar puede convertirse en un símbolo de confort en momentos de alegría y crisis. Es el calor de la compañía a lo largo de la vida, como si se convirtiera en el recuerdo experimental del amor y apoyo. Sin embargo, ¿qué pasa cuando el simbolismo de la comida se altera por el estilo de vida?

Dr. Brian Wansink, director de Food and Brand Lab en Cornell University, explica que nuestros hábitos alimenticios están más influenciados por nuestro medio ambiente que por nuestro apetito o el significado afectivo de la comida. De hecho, uno de los principales culpables es el diseño de las cocinas modernas, donde se instalan las televisiones cerca de la presencia de los alimentos. Es decir que, si hay más comida, los miembros de un hogar tienden a comer más.

Para él, una posible solución de los trastornos alimenticios, como la obesidad y el sobrepeso, es convertir la cocina en un lugar menos habitable, obligando a la familia (o a la persona) a sentarse sin el distractor de la televisión o gadgets electrónicos como los teléfonos inteligentes), así como a dosificar las proporciones de los alimentos. Esto permite que se desarrollen con mayor intimidad las relaciones interpersonales y se disminuya la incidencia de los trastornos antes mencionados.

En otras palabras, comer en el comedor (o en otra recámara diferente a la cocina) permite concientizar el proceso de la comida, evidenciando la diferencia entre comer lo suficiente y tragar en exceso:

Nadie come ya en el comedor. Siempre he sido enemigo del desayunador. Creo que es un verdadero problema para la salud. Tengo un comedor en otra recámara, y eso convierte el hecho de sentarse a comer en una decisión consciente. La familia come en familia, no simplemente devora.



Un nuevo mapa muestra una reconfiguración de los países más obesos en el mundo

Este nuevo análisis muestra cómo algunas islas del pacífico son las más obesas del mundo.

Comer sanamente no es solo una cuestión de salud y de calidad de vida individual. La  obesidad, por ejemplo, es un problema que se convierte también en un obstáculo financiero para optimizar las economías del mundo por el gran gasto público en los sistemas de salud. Como hemos estado documentando, la globalización ha implicado el empeoramiento de las dietas actuales y la chatarrización del mundo es un tema ampliamente estudiado. 

Aún así, hay algunos países que han logrado conservar o adoptar una cultura de dieta más sana, logrando que sus niveles de obesidad se mantengan bajos. Como cada año, muchos estudios se hacen sobre la obesidad en los distintos países, en esta ocasión, los resultados incluyeron  algunos poco estudiados como las islas del pacífico que se han llevado la batuta y desplazado a los países ya clásicos como los más obesos del mundo, donde suelen figurar México y Estados Unidos en los primeros sitios. 

El análisis fue hecho por el CIA’s World Factbook, y los datos fueron convertidos en gráficos por Clinic Compare. En general, en el mundo hay unas 700 millones de personas con obesidad. Descubre con los siguientes mapas nuevos datos que han reconfigurado la clásica distribución de la obesidad en el mundo. (Los rojos son los países más obesos).

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Por regiones:

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Ciudades céntricas VS Ciudades desbordadas: ¿Cuál provoca más obesidad por su infraestructura?

Los resultados mostraron que los vecinos con una estructura vial densa (compacta) tienen un índice de obesidad menor.

En los últimos hemos visto numerosas propagandas que denuncian la obesidad: folletos que recomiendan actividades que previenen esta condición, estudios que advierten sus posibles consecuencias en la salud, datos que resaltan la gravedad de su incidencia, entre otros. 

La obesidad y el sobrepeso se definen como la acumulación excesiva de grasa que es perjudicial para la salud (OMS, 2012). Estas condiciones son medidas con base en el índice de la masa corporal (IMC), que se calcula dividiendo el peso de una persona en kilos por el cuadrado de su talla en metros. En otras palabras, un IMC igual o superior a 25 se califica como sobrepeso; mientras que uno igual o superior a 30, es categorizado como obesidad. 

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2008, 1400 millones de adultos mayores de 20 años tenían sobrepeso; y dentro de esa misma población, más de 200 millones de hombres y 300 millones de mujeres eran obesos. Mientras que, en 2010, alrededor de 40 millones de niños menores de cinco años tenían sobrepeso.

Es sabido que el conjunto de hábitos alimenticios insalubres y la presencia del sedentarismo, son las dos principales causas del sobrepeso y la obesidad.   Sin embargo, un nuevo estudio de la Universidad de Colorado, en Denver, y de la Universidad de Connecticut consideró que había otro factor influyente: una posible correlación entre la infraestructura urbana y la salud pública. 

Tras la rigurosa observación de 24 ciudades en California, donde la mitad contaba con buenos registros de mortalidad vial y la otra, con pobres registros, los investigadores clasificaron cada ciudad según la densidad de redes de las calles, su conectividad y la configuración de sus calles. Después, compararon los índices de obesidad, diabetes, presión sanguínea alta, enfermedades cardiovasculares y asma. 

Los resultados mostraron que los vecinos con una estructura vial densa (compacta) tienen un índice de obesidad menor, así como de diabetes,  presión sanguínea alta, enfermedades cardiovasculares (mas no asma). Mientras que las ciudades con una estructura vial más amplia (para el flujo de los coches), cuentan con índices más altos de obesidad y diabetes; al igual que áreas de restaurantes de comida rápida. 

Los autores concluyeron que mientras es posible cambiar el estilo de vida a uno más saludable en cualquier tipo de ciudad, los resultados sugieren que las personas que viven en ciudades más compactas tienden a gozar de una mejor salud (en relación con el sobrepeso y obesidad). 

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