Ecoosfera - La difusión de información es nuestra forma de contribuir a la eco revolución

Close

Verde es el nuevo rojo: sobre la vigilancia e intimidación de activistas ambientales

Online Überwachung
Imagen cortesía de www.techweekeurope.co.uk

Probablemente el referente más cercano a la cultura de masas para entender la vigilancia y espionaje sobre activistas esté en la película Erin Brockovich, estelarizada por Julia Roberts, quien descubre por accidente una relación entre las actividades de una compañía de extracción de gas por perforación hidráulica con el envenenamiento del agua en una población de EU. Aunque esté basado en una historia real, no es en absoluto una excepción sino cada vez más una regla: la vigilancia de activistas ambientales es un hecho ampliamente documentado.

Mike German trabajó por 16 años con el FBI. Desde hace unos años cambió de giro y ahora trabaja en la Unión Estadunidense por las Libertades Civiles, desde donde tiene una perspectiva más amplia del fenómeno: “Lo que cambió luego del 9/11 fue que se facilitaron los obstáculos para investigaciones del FBI”, y la construcción de la idea del terrorismo musulmán (la de que “la gente se mueve de las ideas al activismo al terrorismo”) justificó que las agencias gubernamentales y cada vez más contratistas de inteligencia privada tuvieran en la misma categoría a los grupos paramilitares de Oriente Medio y a los activistas y miembros de grupos de derechos humanos y ambientalistas.

Como sucedió durante el macartismo estadunidense, la movilización de las agencias de inteligencia gubernamental han pasado de buscar disidencias ideológicas (como grupos comunistas o emancipatorios de minorías raciales, como en su momento los Black Panthers) a hacer blancos en miembros de organizaciones y activistas en pro de los derechos animales, las prácticas corporativas saludables y el medio ambiente. Hoy por hoy, la causa verde es el nuevo rojo frente al que el control del Estado establece sus marcos de vigilancia.

En el 2011, Greenpeace demandó a una serie de compañías energéticas y de relaciones públicas a raíz del robo de miles de documentos, intercepción de llamadas telefónicas, intrusiones fisicas y otras formas de vigilancia contra sus miembros. Organizaciones como Sasol y Dow Chemical, acérrimos enemigos de Greenpeace, obtuvieron listas de donadores, referencias financieras, números de seguro social de los miembros y memos estratégicos de su organización interna. Greenpeace puede ser una de las asociaciones ambientalistas más visibles del mundo, pero sin duda no es la única que ha sentido que las paredes escuchan.

Pero no son únicamente las agencias gubernamentales las encargadas de implementar cercos de vigilancia sobre activistas. Miembros del servicio secreto estadunidense, del MI6 británico y de diversas agencias de inteligencia del mundo encuentran un caldo de cultivo propicio así como un mercado rentable en los servicios de inteligencia ofrecidos  a clientes de la iniciativa privada. Tácticas de vigilancia, infiltración y montaje, antes sólo accesibles para los gobiernos, hoy pueden ser aprovechados por los consorcios corporativos para desactivar a los grupos de protesta.

“La idea era hacer para la industria lo que habíamos hecho por el gobierno”, afirma Christopher James, un antiguo oficial del MI6 que en su retiro fundó Hakluyt, una compañía de inteligencia privada cuya cartera de clientes ha incluido a la petrolera Shell. Tom Ridge, antiguo jefe del departamento de seguridad nacional bajo la administración de George W. Bush, fundó Ridge Global con similares objetivos. El objetivo no es solamente infiltrar y adelantarse a los movimientos de estos grupos, sino enviar un mensaje claro: te estamos observando.

El fenómeno de la vigilancia crece a escala global, alimentado por los intereses económicos, gubernamentales y la escasa fuerza de organización, aún de las asociaciones civiles más comprometidas y preparadas. En el 2006, la compañía francesa EDF (el más grande operador de reactores nucleares del mundo) contrató a la empresa privada Kargus Consultants para espiar a Greenpeace. La compañía entró ilegalmente en una de las computadoras de los líderes y compiló un dossier sobre la campaña estratégica para Europa en aquel año. En 2011, una corte francesa multó a EDF con 1.5 millones de euros y envió a dos empleados a la cárcel por cargos de espionaje, pero el daño estaba hecho.

Solamente en México más de 20 activistas ambientales han sido asesinados durante los últimos seis años en circunstancias no esclarecidas, y los tribunales, a diferencia de otros países, no se inmutan frente a la presión mediática en un país donde la opinión pública es construida por el gobierno en colaboración con los medios de comunicación. Las protestas medioambientales así como la detención arbitraria de activistas de organizaciones ambientales y sociales no tiene repercusión mediática, añadiendo el factor de desconocimiento a la injusticia.

Desde el boom del ambientalismo en las últimas décadas del siglo XX, la ingenuidad y colorido de la nueva conciencia sobre la Madre Tierra ha ido sustituyéndose poco a poco en el escenario global por las características del terrorismo, al menos en lo que compete a los encargados de la seguridad nacional. Manuales de contrainsurgencia de la CIA meten en una misma categoría a organizaciones civiles en pro de derechos humanos y ambientales a la vez que a organizaciones extremistas religiosas como Al-Qaeda.

Las importantes filtraciones que Edward Snowden facilitó a The Guardian (el hecho de que la Agencia de Seguridad Nacional esté desplegando de facto una importante fuerza de vigilancia informática sobre objetivos discrecionales con la connivencia de las principales empresas de Internet, como Google, Facebook y Skype, entre otras) no hace sino confirmar que el panóptico en la era de la información es más fuerte que nunca, y los objetivos corporativos son los que dictan las determinaciones gubernamentales (agencias de inteligencia privadas han solicitado información privada de distintos activistas que trabajan en universidades de Estados Unidos amparados en la ley de transparencia y acceso a la información).

Con todas estas fuerzas en contra, el activismo civil debe ser más organizado y preciso que nunca. Un verdadero contrapeso al avance de la vigilancia generalizada comienza por informarnos en micropolíticas comunitarias y en el amparo de los últimos restos de la ley civil. Vivimos tiempos de acelerados cambios, por lo que es preciso que nuestras tareas (comenzando por informarnos e informar a otros) sean más efectivas que nunca.

Con información de Alternet y Pijama Surf.

Ver Más
Close