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¿Por qué las semillas baratas de Monsanto nos empobrecen a todos?

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Monsanto es la representación del infierno en la Tierra para todos los activistas en contra de los alimentos transgénicos. Sus prácticas industriales variaciones genéticamente modificadas de los cultivos, lo que teóricamente los vuelve más resistentes a las plagas y reduce los costos para los agricultores. Pero en su discurso “oficial”, Monsanto también parece muy preocupado por la salud a través de una fundación llamada “Food Health and Hope.”

Luego de comprar entre el 95 y el 2005 unas 50 compañías productoras de granos, Monsanto se dirige rápidamente a hacerse con el monopolio de semillas en los Estados Unidos y poco a poco en el resto de América. Como un buen monopolio, la compañía amenaza a los granjeros que traten de comprar semillas en otro lugar con aumento de precios o reducciones de crédito. El pesticida por elección debe ser también producido por ellos; y mientras este pesticida evita efectivamente el crecimiento de hierbas nocivas para el maíz, por ejemplo, la compañía se ha visto comprometida en cuanto a los potenciales efectos nocivos que estos químicos puedan tener en la población.

El discurso de la compañía también menciona en repetidas ocasiones la calidad de sus productos; sin embargo nunca deja claro a la calidad en cuanto a qué: ¿en cuanto a transportación, a producción, a salud, a prácticas de agricultura sustentable? En su página se lee: “Haremos lo último en la ciencia de manera inteligente y efectiva para ofrecer productos de alta calidad que sean benéficos para nuestros consumidores y para el ambiente.”

Pero los consumidores de Monsanto son granjeros, quienes se quedan poco a poco sin más opción que comprar las cuatro variedades de semillas modificadas genéticamente que ofrece Monsanto. ¿Estas semillas son necesariamente de mayor calidad que los cientos de variedades de maíz que tenemos en México? Además, lo único que tienen en común las variedades de transgénicos de Monsanto es que están hechas para hacer frente con más efectividad a los insectos. Bueno para los granjeros, pero no tan bueno para los humanos.

Algo que podemos aprender de los insectos es precisamente la variedad alimentaria: ¿han visto esas hojas con pequeños agujeros? Algunos insectos han desarrollado como estrategia evolutiva el comer sólo pequeñas partes de muchas plantas diferentes, de manera que las toxinas que la planta ha desarrollado para defenderse de ellos no los afecten; si comen de una sola, mueren. Algo similar pasa cuando comemos de un sólo tipo de alimento; además, es éticamente cuestionable que nuestras opciones de alimentación se reduzcan a los acuerdos que una sola compañía hace para introducir sus productos en el mercado.

La lógica, según ellos, es que producir semillas más baratas permitirá que la disponibilidad de alimentos reduzca su precio en el mercado, con lo que la gente pobre podrá alimentarse también, ¿cierto? Falso: los pobres tienen carencias alimentarias no porque la comida sea muy cara, sino porque no tienen dinero. Este es un problema del reparto social de la riqueza, es decir, un problema económico que la química no puede resolver directamente.

¿Qué hay sobre la salud? ¿Por qué la gente no debería tener derecho de informarse y consumir los alimentos que se ajusten a sus propias ideas sobre la salud? Orgánicos o no, ese no es necesariamente el problema de fondo: el problema es que esta tendencia se reproduzca hasta que sólo podamos conseguir un tipo de alimento en la tienda. Las agendas corporativas se llevan mal con la salud, por lo general: productos chatarra que son baratos de producir pero no necesariamente saludables. La lucha sigue en pie por la variedad y la libertad de consumir lo que sea mejor para nosotros sin que una compañía (y específicamente una sola) elija por nosotros.

[Waking Times]

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