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¿Mejor sabor? ¿Más nutritiva? Las expectativas equivocadas de la comida orgánica

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El rápido crecimiento de la popularidad de la comida orgánica puede considerarse un paso hacia un mejor futuro. En muchos casos refleja una concientización en torno a nuestros alimentos, lo que contienen y como se hacen. Comprar comida orgánica representa para mucho comer alimentos que no contendrán químicos o sustancias asociadas con enfermedades como el cáncer, así como alimentos que no apoyan a las nocivas multinacionales. Todo esto es cierto, la comida orgánica es comida sustentable, su producción no contamina ni envenena; lo que no es cierto es que sabe mejor o tiene un valor calórico diferente.

El problema con la rápida popularización de la comida orgánica es que debido a su crecimiento, esta industria con un valor estimado de $30 millones de dólares está rodeada de mitos a veces engañosos que le atribuyen características saludables que no contienen realmente. Un estudio conducido por investigadores de la Universidad de Cornell le dio a probar comida orgánica a 115 personas. Les daban dos muestras de comida, una tenía una etiqueta que correspondía a un producto orgánico y la otra un producto no-orgánico, sin embargo ambas muestras provenían del mismo producto orgánico. Las muestras incluían galletas, frituras y yogurt. Las personas debían calificar el sabor de la comida; si este sabía bien, si era apetitoso o si sabía artificial. También debían calificar el contenido nutricional, estimar el número de calorías e indicar cuanto estarían dispuestos a pagar por ellos.

Los resultados reflejaron que las personas pensaban que las galletas, frituras y yogurt orgánicos tenían entre el 20% y el 24% menos calorías que la versión normal. Pensaban que los alimentos orgánicos con frecuencia sabían menos grasos y calóricos, y similarmente, que contenían más fibra. Adicionalmente notaron que la gente sentía que las frituras y galletas (más no el yogurt) sabían más nutritivas, y estaban en promedio dispuestos a pagar hasta 23% más por los productos orgánicos.

Por el contrario en cuanto al sabor de los alimentos orgánicos la gente estaba más dividida: las papas orgánicas sabían más apetecibles y el yogurt orgánico tenía más sabor, pero los participantes preferían las galletas “normales”.

Algunos factores hacían que las personas fueran menos susceptibles a ser engañados, por ejemplo las personas que estaban acostumbrados a comprar productos orgánicos o a leer las etiquetas de valores nutricionales no cometían los mismos errores, aquellas personas que decían preocuparse por el medio ambiente, reciclaban y salían en excursiones tampoco se equivocaban tanto.

Lo que los resultados implican es que la comida orgánica está rodeada por una especie de halo de santidad, que refleja que mientras que la comida orgánica es más saludable lo es porque contiene menos químicos, no porque su valor calórico sea diferente. En pocas palabras una fresa orgánica y una normal tendrán el mismo valor nutricional, y hasta un sabor muy similar, pero la ventaja de la orgánica es que esta habrá sido cultivada más naturalmente.

Comprar comida orgánica es mejor para ti y para el planeta, mas no debemos atribuirles valores nutricionales que no tienen. Pagas más por un producto orgánico porque este fue cultivado sin pesticidas nocivos para ti y el medio ambiente, pagas por un producto sustentable, no por uno con más o menos calorías; más bien uno que no ha sido manipulado.

[The Atlantic]

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