Agua mala: la falsa medusa de simetría fractálica (FOTOS)

Con cierta frecuencia la Naturaleza se complace en bromear, en jugar ella misma con la realidad que construye para el mundo y otorgarnos ejemplos que, en el caso del ser humano, acaso la única especie capaz de dejar registro y constancia de lo que existe, son capaces de perturbar los sentidos, en una suerte de […]

Con cierta frecuencia la Naturaleza se complace en bromear, en jugar ella misma con la realidad que construye para el mundo y otorgarnos ejemplos que, en el caso del ser humano, acaso la única especie capaz de dejar registro y constancia de lo que existe, son capaces de perturbar los sentidos, en una suerte de arte natural que nos conmociona y nos toma por sorpresa.

En este sentido, la simulación parece ser uno de sus recursos preferidos, desde la mímesis de ciertos mecanismos defensivos de supervivencia, hasta la creación de elementos (como la pirita, el llamado “falso oro”) hasta organismos que simulan ser otros.

Como ejemplo de esto último tenemos al “agua mala”, una especie relativamente conocida que, a la distancia, tiene todo el aspecto de una medusa (de ahí otro de sus nombres: “falsa medusa”), pero la cual, sin embargo, es en realidad una suma de organismos, una colonia de zooides en la que cada individuo ha alcanzado un nivel de especialización tan notable que hace posible la supervivencia colectiva. Su amalgama es tal, que cada uno de estos simplemente no podría vivir por sí mismo.

Quizá por esta misma fragilidad las agua mala (cuya nomenclatura taxónomica es Physalia physalis) desarrollaron un tóxico potente y prácticamente letal para cualquier otro ser vivo que entre en contacto con ellas, concentrado especialmente en sus tentáculos. Su hábitat natural son las aguas cálidas y tropicales de los océanos Pacífico e Índico, aunque también se les encuentra en algunas zonas del Mediterráneo y en la zona atlántica de la Corriente del Golfo. Por estas últimas regiones a esta especie también se le conoce como carabela o fragata portuguesa, apelativo que nació en el siglo XVI por su supuesta semejanza con una embarcación de guerra de la época.

Ahora bien, si el agua mala es, a su modo, naturalmente bella, incluso así es posible operar una suerte de procedimiento sublimador (en el sentido químico pero quizá también alquímico) y extraer la quintaesencia de su poesía visual.

Este fue justamente la labor de Aaron Ansarov, fotógarfo que con su serie Zooids nos presenta diversos ejemplares de agua mala como, quizá, nunca nadie los había visto, una combinación armónica de colores y formas que da como resultado cierta simetría fractálica, patrones que creeríamos solo posibles por medio del trazo celosamente calculado.

El trabajo no fue sencillo. Junto con su esposa, Ansarov llevó a los organismos a su laboratorio fotográfico, donde los manipuló con guantes (no siempre efectivos contra el veneno) para después devolverlos al mar de donde los había tomado prestados.

En cuanto a las reacciones, resultó sorprendente para él mismo que cuando compartió una de sus fotografías en Facebook, sus contactos comenzaron a elaborar incontables teorías al respecto: algunos vieron rostros y otros mariposas, algunos más criaturas fantásticas e inexistentes e incluso hubo quien asignó a la imagen el inesperado parecido con una “vagina alienígena”. “Es el nuevo test de Rorschach”, dice Ansarov, no sin ironía.

Sea como fuere, sin duda los retratos nos recuerdan esa estética consustancial de la naturaleza, presente en casi cualquiera de sus rincones y especímenes, razón más que suficiente para que, siguiendo el ejemplo del fotógrafo, la admiremos y celebremos sin olvidar nunca respetar el curso de su existencia.

[Co.Design]



Sesión fotográfica de la ardilla más divertida del mundo

Este tipo de sesiones fotográficas no sólo saca un par de sonrisas, también facilita información valiosa sobre la conducta de esta especie así como de la biodiversidad de esa región.

Vladim Trunov, fotógrafo ruso, ha decidido adentrarse en los bosques de su país para fotografiar su biodiversidad. Y los resultados de dejar una cámara profesional, junto con piñas de pino, han sido extraordinarios, pues de pronto un par de ardillas llegaron a jugar como si estuviesen dispuestas a ser el centro de atención de su foco. 

Este tipo de sesiones fotográficas no sólo saca un par de sonrisas, también facilita información valiosa sobre la conducta de esta especie así como de la biodiversidad de esa región. Es, en otras palabras, fuente de información que simboliza la vida y el medio ambiente. Y de alguna manera, también un incentivo para cuidar al planeta mediante actividades ecológicas; como por ejemplo, reduciendo, reciclando y reusando; evitar tirar basura en la calle o áreas naturales; etcétera. 

A continuación te compartimos las fotografías de Vladim Trunov: 

*Dale click en la galería fotográfica para ampliarla a pantalla completa.

 



Tesoros en la basura: la fotografía de Chris Jordan

El fotógrafo prepara su primer documental donde explora estéticamente el efecto devastador de la polución en el Pacífico Sur.

¿Dónde estabas la primera vez que viste Los girasoles de Van Gogh, Desnudo bajando una escalera No. 2 de Duchamp o cualquiera que sea tu obra de arte favorita? En contraste, ¿dónde estabas cuando supiste que una enorme mancha de aceite se derramó en el golfo de México, amenazando la vida marina durante milenios por venir? El impacto del arte y de la polución dejan marcas muy distintas en nuestra conciencia, pero ambas apelan a nuestra capacidad de involucrarnos activamente en la vida del planeta y de nuestra sociedad.

El fotógrafo Chris Jordan sabe que el arte y la lucha contra la contaminación no están peladas; todo lo contrario: la belleza es aquello que es evidente en sí misma, y no tiene empacho en mostrar incluso el carácter más perturbador de sus representaciones. Su trabajo ha mostrado desde hace años el lado más perturbador del american way of life a través de elocuentes fotografías de basura, como los enigmáticos espirales de plástico hechos con millones de teléfonos celulares o la recreación de la famosa ola del japonés Hokusai hecha con cientos de kilos de plástico de desecho.

El último proyecto de Jordan se llama Midway Journey y se trata un recorrido fílmico por una pequeña isla del Pacífico donde los albatros se debaten cada día entre la vida y la muerte a causa de la contaminación imperante.

El albatros es el símbolo de un vínculo inquebrantable e histórico entre el hombre y la naturaleza desde que el poeta romántico Samuel Taylor Coleridge lo inmortalizara en el poema The Rime of the Ancient Mariner. La reconfiguración de Jordan en el filme parte de la anécdota del poema, donde un marinero le dispara al ave albatros que había acompañado a su barco durante una larga travesía, condenando a este y a toda su tripulación a los más temibles embates del mar, insinuando una maldición eterna. Nuestro planeta podría cobrarnos en los próximos años un precio que nada tiene que ver con la magia y sí con la irresponsabilidad si permitimos que la tierra y el mar sigan contaminándose en la medida actual, como si el albatros conjurara un hechizo irreversible sobre el planeta Tierra. O como Jordan mismo lo dice:

“La belleza es un elixir poderoso. No hay nada como la belleza. Cuando pones juntas la belleza y el dolor, no puedes mirarlo, porque es demasiado triste; y no puedes dejar de mirarlo porque es demasiado hermoso.”

Belleza y dolor se conjuntan precisamente en Midway, una visión descarnada y hermosa sobre nuestra responsabilidad como especie para con el planeta. La película está siendo financiada en parte con las contribuciones via crowdsourcing. Si quieres apoyar a la producción visita la página oficial.

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Sencillos pasos para construir un colector de lluvia para tu hogar

Existen alternativas que cada uno puede lograr en la comodidad de su hogar

Hemos sido testigos de cómo nuestros hábitos incrementaron el consumo desmedido del agua pura alrededor del mundo provocando, en consecuencia, 884 millones de personas sin acceso al agua potable, así como 1.4 millones de niños muriendo de enfermedades terminales asociadas con el consumo de agua sucia (OMS).

Frente a esta situación, existen alternativas que cada uno puede lograr en la comodidad de su hogar, como por ejemplo crear un económico sistema de recolección de agua de lluvia y así almacenar grandes cantidades de agua para reutilizarla en el hogar.

Materiales: 1 o más barriles para almacenar agua; 1 llave para manguera, de 2.4cm, con roscas para tubos de 1.8cm, que permita sacar el agua del barril; 1 junta de 1.8cm x 1.8cm; 1 buje de 1.8cm x 1.8cm; 1 rosca de tubo con adaptador para manguera de 2.5cm; 1 contratuerca de 1.8cm; 4 arandelas metálicas; 1 rollo de cinta de teflón; 1 tubo de sellador de silicona; 1 codo de bajante pluvial en forma de S, a fin de pasar el agua; 1 mosquitero de aluminio y 6 bloques de cemento.

Instrucciones:

Primero construye una plataforma para el sostén de los barriles. Aplana la zona lateral del desemboque del bajante pluvial o el tubo de metal que va de las canaletas del techo al piso.

Después coloca una copa de grava que dará un mejor drenaje alrededor de los barriles de lluvia, manteniendo el agua lejos de la casa. Para hacerlo, cava un rectángulo de 13cm de profundidad, llenándolo con 1.2cm de grava y con los bloques de cemento, y luego coloca los barriles.

Tercero, taladra un hueco en el barril para colocar un balde o una botella que reciba el agua que sale de la llave y a continuación haz un hueco de 1.8cm, a fin de que quepa la llave.

Coloca el sellador en el borde del hueco, tanto fuera como dentro del barril.

Pon la llave, reuniendo la junta y la llave. Para hacerlo utiliza la cinta de teflón que envuelven los bordes enroscados, haciendo que el sellamiento sea más hermético. Coloca una arandela en el tubo desde adentro, e inmediatamente después el buje para que fije la llave en el lugar.

Crea una válvula de desagüe taladrando otro hueco a unos centímetros de la parte superior del barril. Tras colocar el sellador, pon la arandela en el adaptador de la manguera metiéndola en el hueco desde afuera. Después, pon la otra arandela en las roscas de adentro, añadiendo algo de cinta de teflón y una tuerca para ajustar todo. Finalmente, coloca la manguera directamente sobre la válvula.

Monta el sistema de recolección armando el codo de bajante pluvial. Conecta poniendo el barril en la plataforma anteriormente hecha. Haz una marca en el bajante 2.5cm más abajo de la altura del barril para unir el codo al bajante y así, que el agua desemboque en el barril. Corta el bajante con una sierra, fijándola con tornillos y asegurándote de que estén bien apretados. Recuerda que el codo debe desembocar dentro del barril; no es suficiente que quede encima de él.

Conecta el barril al codo usando la sierra para cortar un hueco en la tapa del barril, de manera que el borde del codo quede dentro. Cubre el área del hueco con un mosquitero metálico (a fin de evitar que entren ramas o plantas).

Finalmente, pon un filtro encima del bajante.



Concurso de National Geographic abre su convocatoria a la magnificencia de la naturaleza

National Geographic recompensa este esfuerzo de libertad y arte con sus concursos de fotografía

Hay ocasiones en que la monotonía nos impide contemplar más allá de nuestras narices: la increíble diversidad de las personas, la belleza de la naturaleza en la cotidianidad del urbanismo y la simpleza del cuerpo humano en su complicidad diaria, entre otros.

En el momento en que alzamos los ojos, trasciende nuestra mirada hacia lo inmortal e inmaculado: la sonrisa, el statu quo de la naturaleza, las costumbres de diferentes sociedades, la indomabilidad del cosmos. Y ese momento, tan único y especial, es el ideal para la eternidad. Por ello, National Geographic recompensa este esfuerzo de libertad y arte con sus concursos de fotografía. Este año la convocatoria de este concurso cerrará el 31 de octubre, con un bono de 10 mil dólares para el ganador.

¿Deseas que tus fotografías concursen en este evento internacional? Dale clic aquí.

 



Fotos de personas que escaparon de la ciudad para vivir en el bosque

Con su serie Escape, la fotógrafa Danila Tkachenko sigue a aquellos que han decidido dejarlo todo y reencontrarse con su naturaleza interior

¿Dónde está la naturaleza humana? Estamos tan acostumbrados a la vida en las ciudades que raramente nos preguntamos quiénes seríamos si no tuviéramos asfalto bajo nuestros pies todo el tiempo.

La fotógrafa rusa Danila Tkachenko ha decidido salir a retratar a aquellos que han elegido abandonar a la manada y buscar su propia naturaleza en las profundidades del bosque. En su serie Escape documenta la vida de seres solitarios que han hecho del paisaje ruso y ucraniano su hogar, habitando en espacios construidos con sus propias manos.

Cada sujeto retratado por Tkachenko es diferente: difieren de la uniformidad de los tipos citadinos, algunos llevan en su rostro y en su caminar una calma extraordinaria, otros parecen demacrados, absorbidos por la vida, y alguno más lleva en los ojos una animalidad que nos es desconocida.

Ya sea que hayan decidido habitar en árboles, cuevas, o simplemente dormir en una banca a la orilla de un viejo camino, el verse reducidos a lo mínimo hace que cada objeto, cada detalle, tengan una fuerza y un simbolismo inusitados. Todo lo exterior se vuelve una manifestación de lo que sucede en su mente.

Si quieres saber más del proyecto de Tkachenko, puedes encontrarlo publicado en Peperoni Books.

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